miércoles, 9 de enero de 2019

“Jardín de cemento”, Ian McEwan (1978)

Al final, voy a acabar juzgando las novelas simplemente por si soy capaz de acordarme de ellas. Aunque no leo tanto,   con frecuencia me olvido de la mayoría de los argumentos de lo que leo, por lo que habré de inaugurar una categoría nueva de recomendables: los "inolvidados". He mirado cuánto hace que terminé Chesil Beach, y aunque hace ya dos años, recuerdo casi todo el libro, pero muy especialmente de la increíble atmósfera que McEwan era capaz de crear.

Va a ser que con Jardín de cemento va a pasar lo mismo. Es grandioso que un libro pueda provocar imágenes tan nítidas, de modo que probablemente en un tiempo juraré que esta historia la he visto en una película. (Si la han leído, no me digan que ustedes no han visto ese sótano.)

¿El argumento? Probablemente sea lo de menos. Va de supervivencia, de iniciación,
y de niños un poco o bastante  terribles, como cuando descubres cómo se las gastan en  El señor de las moscas.


McEwan.  Este tío por ahí y yo me entero a estas alturas.




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