miércoles, 29 de marzo de 2017

"El mapa y el territorio", Michel Houellebecq (2011)

No es novedad que Houellebecq está un poco zumbado, y que es o se lo hace , un escritor que goza y se reboza de esa cualidad provocadora de estar  pasado de vueltas. Lo bordó con Sumisión, que supera de largo lo políticamente incorrecto con una distopía que admite más de una interpretación. Aunque nada puede superar los desbarres de Las partículas elementales, que a todo esto me parece su mejor novela.

La humorada en este caso viene de que él se sitúa como parte de la novela. En concreto como el muerto, en una última parte-thriller tan desubicada como delirante, probablemente el aspecto más houelebequiano de este libro. Porque , de otra parte, estamos ante el más cuasi-hilvanada de sus obras, la -si se le quiere llamar así- más literaria, donde parece que hasta logra construir una casi tradicional historia de amor entre Jed Martin, un artista extraño y Olga, una galerista. Hay, como siempre diversas menciones a temas que no vienen mucho al caso. Y poco sexo para ser de Huelebecq

Premio Gongourt, tan erráticos ellos a veces.  No es su  mejor obra desde luego, pero indudablemente es Él, y a mí me gusta casi siempre como mira a este puñetero mundo que nos rodea.

martes, 28 de marzo de 2017

"Carol", Patricia Highsmith (1952)

He de reconocer que he leído el libro más como nota histórica que buscando sus valores literarios. Patricia Highsmith , tal y como nos cuenta al final, escribió este libro en la Norteamérica de 1952, y para no ser tachada de "escritora lesbiana", lo hizo bajo el seudónimo de Claire Morgan y con el título de El precio de la sal. Escribió el libro de un tirón, al volver a casa cuando era dependienta en los almacenes Bloomingdale`s, y bajo el shock causado por la aparición de una clienta.

Es muy interesante comprobar cómo la estupidez , aunque dista mucho de haber desaparecido del todo, era en lo tocante a este tema muy notable en los años 50, pues aunque había novelas Pulp (las de kiosco, vamos) que trataban el tema de la homosexualidad, debían para no ser censuradas tener un final correcto:  que dos señoras podían amarse lo que quisieran y dentro de un orden, pero antes de que el libro se acabase debían volver al recto camino y casarse, hacerse monjas, volverse locas o tener un accidente. Y esto no es coña, es historia.

La nota curiosa, y la misma Patricia Highsmith lo recoge, es que la novela llama la atención porque, a pesar de la época en la que se escribió, se atreve con un final casi feliz. Lo que es en sí, y después de lo que les he contado, una declaración de lucha en sí misma. Como cuenta en el epílogo: Me alegra pensar que les dio a varios miles de personas solitarias y asustadas algo en que apoyarse. Los tiempos han cambiado, o no tanto como parece

La novela es correcta, está bien escrita pero es un tanto plana, más destacable por lo que significa como documento de una época de la vida de una gran novelista que por sus propios valores. También hay película, de Todd Haynes en 2015, y con buenas críticas.

lunes, 27 de marzo de 2017

"El bar de las grandes esperanzas" (The tender bar), J.R. Moheringer (2005)

Las probabilidades de que hubiese leído este libro de no haber pasado antes por el mucho más conocido "Open", de André Agassi son probablemente nulas. Moheringer es el periodista que ayudó, con resultado bastante brillante, a dar forma a los recuerdos del tenista y que tiene buena parte del mérito de que el libro se convirtiese en un bestseller.  En los últimos capítulos de Open, el mismo André se deshace en elogios acerca de The tender bar, que es el título original del que aquí han llamado (sic) El bar de las grandes esperanzas. 

Puede parecer poco edificante el centrar toda la infancia y buena parte de la juventud poniendo como faro contra todas las tormentas al Dickens, literario nombre del pub luego conocido por Publicans, lugar al que van a parar más temprano o más tarde casi todas las almas de Manhasset, en Nueva York; a todo esto la ciudad en la que transcurre El Gran Gatsby.

Los bares, a lo que se ve, son de importancia generalizada para la humanidad, pero adquieren ya proporciones de cosa imprescindible si alguien tiene alma de escritor. Y a esto parece dar igual que uno sea Galdós o Valle Inclán en el Café Gijón que Hemingway mazándose a vino barato en los bares de París. Ya lo dijo Gabinete Caligari: Bares, ¡qué lugares!.

Dejando al margen los aspectos filoalcohólicos que debieran hacer que el libro tuviese -como las cajetillas de tabaco- advertencias impresas en la portada para no ser consumido por menores de edad;  está muy bien escrito, combinando envidiablemente la sinceridad, la ternura y la mejor versión de los propios recuerdos . Y lo más curioso: que un libro sobre bares y hombres, escrito por un niño criado sin padre, sea un hermoso y enorme homenaje a una madre corajuda y valiente.

Muy recomendable.

(Aunque tal vez el libro lo merezca, si leen que Moheringer tiene el premio Pulitzer, es el de Periodismo).

lunes, 13 de marzo de 2017

"Bajo el hielo", Bertrand Minier (2011)

Novela negra tipo "río", se me ha hecho un poco larga, que no aburrida. A veces la acción avanza tan lentamente que te desesperas un poco, pero lo que es innegable es que es capaz de construir una atmósfera muy lograda. Acabas sintiendo un frío que pela.

Hay poli melómano amante de Mahler,  hay psicóloga suiza, hay psicópata culto y refinado que recuerda bastante a Annibal Lecter.  Hay cuerda para rato y no les voy a contar más por si la leen.

Está en las antípodas de las novelas de Antonio Manzini, que se leen de una sentada, pero me ha gustado.