martes, 14 de febrero de 2017

"Tsugumi", Banana Yoshimoto (1994)

Banana Yoshimoto: una escritora  r a r i ta . Me gustó en Kitchen y Sueño Profundo, porque era distinta a lo conocido, capaz de crear una atmósfera muy personal y obsesiva, bastante turbadora.

En Tsugumi se ve la misma habilidad narrativa, eso sí:  María (sic) Shirakawa deja atrás su vida en la península de Izu al ir a la Universidad , y rememora sus recuerdos en los que es omnipresente  su amiga Tsugumi, , una chica enfermiza y maligna. Poco más:  un triángulo medio esbozado, una presencia inquietante pero que, a la postre, sale de ninguna parte para llegar a ningún lado.

Porque Tsugumi es eso, rarita también. Nothing else.

He leído cosas peores, pero me parece un mero ejercicio literario, bastante banal e intrascendente.

lunes, 13 de febrero de 2017

"Luna caliente", Mempo Giardinelli (2014)

Ramiro es un joven  treinteañero que acaba de regresar como licenciado en medicina desde Francia a la Argentina sumida en la etapa más negra de la dictadura. Invitado a cenar por un amigo de su padre, conoce a Araceli, una muchacha de trece años, de cuya belleza y sensualidad queda prendado.

Bajo la luna caliente del Chaco, se suceden a partir de ese momento y a una velocidad vertiginosa, una angustiosa sucesión de hechos cada vez más incontrolados y violentos, mientras el protagonista entra en una espiral que parece no tener fin y que ensaya cuáles son los límites de la moral de una persona aparentemente normal.

La novela, bastante breve, tiene un ritmo obsesivo e imparable. Leerla es sumergirse  en la piel de Roberto y hacerse con él algunas de las preguntas sobre las fronteras entre el bien y el mal. ¿De qué seríamos capaces llegado el caso?.

Un chute intenso en un contenedor pequeño.
Muy recomendable.

domingo, 5 de febrero de 2017

"Open. Mi historia", André Agasssi (2014)

El domingo pasado, Nadal perdía a cinco sets la final del Open de Australia frente a Federer. Algo así como un duelo de renacidos. Otro más, porque Nadal es mucho de renacer. Pero en esta ocasión tenía un significado diferente para mí, porque el día anterior había terminado "Open",la biografía del Agassi tenista:  el Nadal-Federer parecía una copia de la final del Open de Estados Unidos en el que Agassi se enfrentaba a Sampras, su particular bestia negra en la recta final de la carrera de ambos.

Como yo me crié cuando la tele era la TELE porque había sólo dos cadenas, los sábados -que era el día televisivo por excelencia- teníamos la suerte de que en algún momento podías ver Wimbeldon y Roland Garros (bueno, y el Cinco Naciones, y la Ryder Cup, todo de gratis...). Así que por pelotas te hacías aficionado al tenis, y eras fan u odiabas a McEnroe.

Así que sí, yo soy aficionado al tenis, desde mucho antes de Nadal. Seguramente si no les gusta nada pero nada el tenis y no tienen ni pajolera de quien era Agassi este no es su libro. Pero si les atrae aunque sea un poquito , no deben dejarlo pasar. De un lado, porque está magníficamente escrito (con la colaboración de J.R. Moehringer,  premio Pulitzer). Y de otra, porque seguramente, como me pasa a mí, no volverán a ver el tenis de la misma forma.

El chico que se atrevió a jugar por primera vez un grande con vaqueros, el de los problemas capilares,  que ahora sabemos más preocupado por que no se le cayesen los postizos que por el drive. El que odiaba profundamente el deporte que parecía habérselo dado todo. El que ajusta cuentas con su padre, que le ató una pequeña raqueta a la mano desde la cuna y modificó una máquina lanzapelotas, el dragón, para que el pequeño André tuviese que hacer cruzar la red a un millón de pelotas al año....