martes, 2 de mayo de 2017

"La mujer es una isla", Auður Ava Ólafsdóttir (2004)

Ya voy por la tercera, después de Rosa Cándida y La Excepción. No se me quejará, por una u otra razón ya he leído más libros de esta islandesa que de muchos escritores en castellano.

Si hasta ahora teníamos una de cal y otra de arena, con La mujer es una isla tenemos la casa entera. Aunque cuando lees a esta mujer  siempre parece que falta algo, que la historia no está acabada del todo, en este caso la sensación mientras iba pasando el relato era  el deseo cada vez más fuerte de que no acabase.

El comienzo te deja un tanto perplejo, porque básicamente consiste en que el marido de la protagonista, gilipollas manifiesto, decide darse el piro porque tiene una amante con la que va a tener un hijo. Tras el notición y con una carga extra (un niño), decide olvidar en una especie de road movie por las duras carreteras islandesas en medio de un clima atroz .Sorprendentemente, el desarrollo de la historia transmite enormes aires de paz, y te deja deseando echarse a la carretera a pasarlas cantas
bajo la lluvia islandesa.

No sé si se nota pero me ha gustado.

miércoles, 29 de marzo de 2017

"El mapa y el territorio", Michel Houellebecq (2011)

No es novedad que Houellebecq está un poco zumbado, y que es o se lo hace , un escritor que goza y se reboza de esa cualidad provocadora de estar  pasado de vueltas. Lo bordó con Sumisión, que supera de largo lo políticamente incorrecto con una distopía que admite más de una interpretación. Aunque nada puede superar los desbarres de Las partículas elementales, que a todo esto me parece su mejor novela.

La humorada en este caso viene de que él se sitúa como parte de la novela. En concreto como el muerto, en una última parte-thriller tan desubicada como delirante, probablemente el aspecto más houelebequiano de este libro. Porque , de otra parte, estamos ante el más cuasi-hilvanada de sus obras, la -si se le quiere llamar así- más literaria, donde parece que hasta logra construir una casi tradicional historia de amor entre Jed Martin, un artista extraño y Olga, una galerista. Hay, como siempre diversas menciones a temas que no vienen mucho al caso. Y poco sexo para ser de Huelebecq

Premio Gongourt, tan erráticos ellos a veces.  No es su  mejor obra desde luego, pero indudablemente es Él, y a mí me gusta casi siempre como mira a este puñetero mundo que nos rodea.

martes, 28 de marzo de 2017

"Carol", Patricia Highsmith (1952)

He de reconocer que he leído el libro más como nota histórica que buscando sus valores literarios. Patricia Highsmith , tal y como nos cuenta al final, escribió este libro en la Norteamérica de 1952, y para no ser tachada de "escritora lesbiana", lo hizo bajo el seudónimo de Claire Morgan y con el título de El precio de la sal. Escribió el libro de un tirón, al volver a casa cuando era dependienta en los almacenes Bloomingdale`s, y bajo el shock causado por la aparición de una clienta.

Es muy interesante comprobar cómo la estupidez , aunque dista mucho de haber desaparecido del todo, era en lo tocante a este tema muy notable en los años 50, pues aunque había novelas Pulp (las de kiosco, vamos) que trataban el tema de la homosexualidad, debían para no ser censuradas tener un final correcto:  que dos señoras podían amarse lo que quisieran y dentro de un orden, pero antes de que el libro se acabase debían volver al recto camino y casarse, hacerse monjas, volverse locas o tener un accidente. Y esto no es coña, es historia.

La nota curiosa, y la misma Patricia Highsmith lo recoge, es que la novela llama la atención porque, a pesar de la época en la que se escribió, se atreve con un final casi feliz. Lo que es en sí, y después de lo que les he contado, una declaración de lucha en sí misma. Como cuenta en el epílogo: Me alegra pensar que les dio a varios miles de personas solitarias y asustadas algo en que apoyarse. Los tiempos han cambiado, o no tanto como parece

La novela es correcta, está bien escrita pero es un tanto plana, más destacable por lo que significa como documento de una época de la vida de una gran novelista que por sus propios valores. También hay película, de Todd Haynes en 2015, y con buenas críticas.

lunes, 27 de marzo de 2017

"El bar de las grandes esperanzas" (The tender bar), J.R. Moheringer (2005)

Las probabilidades de que hubiese leído este libro de no haber pasado antes por el mucho más conocido "Open", de André Agassi son probablemente nulas. Moheringer es el periodista que ayudó, con resultado bastante brillante, a dar forma a los recuerdos del tenista y que tiene buena parte del mérito de que el libro se convirtiese en un bestseller.  En los últimos capítulos de Open, el mismo André se deshace en elogios acerca de The tender bar, que es el título original del que aquí han llamado (sic) El bar de las grandes esperanzas. 

Puede parecer poco edificante el centrar toda la infancia y buena parte de la juventud poniendo como faro contra todas las tormentas al Dickens, literario nombre del pub luego conocido por Publicans, lugar al que van a parar más temprano o más tarde casi todas las almas de Manhasset, en Nueva York; a todo esto la ciudad en la que transcurre El Gran Gatsby.

Los bares, a lo que se ve, son de importancia generalizada para la humanidad, pero adquieren ya proporciones de cosa imprescindible si alguien tiene alma de escritor. Y a esto parece dar igual que uno sea Galdós o Valle Inclán en el Café Gijón que Hemingway mazándose a vino barato en los bares de París. Ya lo dijo Gabinete Caligari: Bares, ¡qué lugares!.

Dejando al margen los aspectos filoalcohólicos que debieran hacer que el libro tuviese -como las cajetillas de tabaco- advertencias impresas en la portada para no ser consumido por menores de edad;  está muy bien escrito, combinando envidiablemente la sinceridad, la ternura y la mejor versión de los propios recuerdos . Y lo más curioso: que un libro sobre bares y hombres, escrito por un niño criado sin padre, sea un hermoso y enorme homenaje a una madre corajuda y valiente.

Muy recomendable.

(Aunque tal vez el libro lo merezca, si leen que Moheringer tiene el premio Pulitzer, es el de Periodismo).

lunes, 13 de marzo de 2017

"Bajo el hielo", Bertrand Minier (2011)

Novela negra tipo "río", se me ha hecho un poco larga, que no aburrida. A veces la acción avanza tan lentamente que te desesperas un poco, pero lo que es innegable es que es capaz de construir una atmósfera muy lograda. Acabas sintiendo un frío que pela.

Hay poli melómano amante de Mahler,  hay psicóloga suiza, hay psicópata culto y refinado que recuerda bastante a Annibal Lecter.  Hay cuerda para rato y no les voy a contar más por si la leen.

Está en las antípodas de las novelas de Antonio Manzini, que se leen de una sentada, pero me ha gustado. 

martes, 14 de febrero de 2017

"Tsugumi", Banana Yoshimoto (1994)

Banana Yoshimoto: una escritora  r a r i ta . Me gustó en Kitchen y Sueño Profundo, porque era distinta a lo conocido, capaz de crear una atmósfera muy personal y obsesiva, bastante turbadora.

En Tsugumi se ve la misma habilidad narrativa, eso sí:  María (sic) Shirakawa deja atrás su vida en la península de Izu al ir a la Universidad , y rememora sus recuerdos en los que es omnipresente  su amiga Tsugumi, , una chica enfermiza y maligna. Poco más:  un triángulo medio esbozado, una presencia inquietante pero que, a la postre, sale de ninguna parte para llegar a ningún lado.

Porque Tsugumi es eso, rarita también. Nothing else.

He leído cosas peores, pero me parece un mero ejercicio literario, bastante banal e intrascendente.

lunes, 13 de febrero de 2017

"Luna caliente", Mempo Giardinelli (2014)

Ramiro es un joven  treinteañero que acaba de regresar como licenciado en medicina desde Francia a la Argentina sumida en la etapa más negra de la dictadura. Invitado a cenar por un amigo de su padre, conoce a Araceli, una muchacha de trece años, de cuya belleza y sensualidad queda prendado.

Bajo la luna caliente del Chaco, se suceden a partir de ese momento y a una velocidad vertiginosa, una angustiosa sucesión de hechos cada vez más incontrolados y violentos, mientras el protagonista entra en una espiral que parece no tener fin y que ensaya cuáles son los límites de la moral de una persona aparentemente normal.

La novela, bastante breve, tiene un ritmo obsesivo e imparable. Leerla es sumergirse  en la piel de Roberto y hacerse con él algunas de las preguntas sobre las fronteras entre el bien y el mal. ¿De qué seríamos capaces llegado el caso?.

Un chute intenso en un contenedor pequeño.
Muy recomendable.

domingo, 5 de febrero de 2017

"Open. Mi historia", André Agasssi (2014)

El domingo pasado, Nadal perdía a cinco sets la final del Open de Australia frente a Federer. Algo así como un duelo de renacidos. Otro más, porque Nadal es mucho de renacer. Pero en esta ocasión tenía un significado diferente para mí, porque el día anterior había terminado "Open",la biografía del Agassi tenista:  el Nadal-Federer parecía una copia de la final del Open de Estados Unidos en el que Agassi se enfrentaba a Sampras, su particular bestia negra en la recta final de la carrera de ambos.

Como yo me crié cuando la tele era la TELE porque había sólo dos cadenas, los sábados -que era el día televisivo por excelencia- teníamos la suerte de que en algún momento podías ver Wimbeldon y Roland Garros (bueno, y el Cinco Naciones, y la Ryder Cup, todo de gratis...). Así que por pelotas te hacías aficionado al tenis, y eras fan u odiabas a McEnroe.

Así que sí, yo soy aficionado al tenis, desde mucho antes de Nadal. Seguramente si no les gusta nada pero nada el tenis y no tienen ni pajolera de quien era Agassi este no es su libro. Pero si les atrae aunque sea un poquito , no deben dejarlo pasar. De un lado, porque está magníficamente escrito (con la colaboración de J.R. Moehringer,  premio Pulitzer). Y de otra, porque seguramente, como me pasa a mí, no volverán a ver el tenis de la misma forma.

El chico que se atrevió a jugar por primera vez un grande con vaqueros, el de los problemas capilares,  que ahora sabemos más preocupado por que no se le cayesen los postizos que por el drive. El que odiaba profundamente el deporte que parecía habérselo dado todo. El que ajusta cuentas con su padre, que le ató una pequeña raqueta a la mano desde la cuna y modificó una máquina lanzapelotas, el dragón, para que el pequeño André tuviese que hacer cruzar la red a un millón de pelotas al año....

martes, 31 de enero de 2017

"La costilla de Adán", Antonio Manzini (2014)

Ya se ve por la poca distancia que media entre este libro y Pista Negra, que estoy bastante enganchado a la historia de Rocco Schiavone. Si hay un autor que me está provocando una adherencia similar a que en su momento me producían los tebeos de Mortadelo y las novelas de Marcial Lafuente, es Antonio Manzini. 

 En estos tiempos en los que ver la tele o el periódico provoca escalofríos, con dos psicópatas en la presidencia de las dos grandes potencias al mando de la manija nuclear y el planeta lleno de idiotas ofreciendo soluciones simples a todos los males , meterse en la historia de Schiavone es como un bálsamo, un particular santuario en el que refugiarse del mundo durante un rato.

Historia que, les recomiendo lean en orden, porque aunque cambien los casos que investiga con su natural cabreo y dejadez, trata sobre todo de la personalidad del subjefe (que no comisario), de los fantasmas de su pasado  y de su muy mediterránea visión de la honestidad.

sábado, 28 de enero de 2017

"Riña de gatos", Eduardo Mendoza (2010)

Un inglés experto en arte viaja al Madrid anterior a la Guerra Civil para tasar unas obras de arte antes de sacarlas de España. Premio Planeta 2010. Si el premio Planeta no fuese tan prestigioso como es (-sonrisa-) parecería un encargo, como si se lo hubiesen dado por el autor y no por la obra (-nueva sonrisa-).

No es lo suficientemente seria para parecerse (ni de lejos) a La ciudad de los prodigios, y no es lo suficientemente desmadrada para estar a la altura de Sin noticias de Gurb. Así que ni chicha ni limoná. Y ya si me aderezan la historia con los generales golpistas y con el papel de actor de reparto de Primo de Rivera, ya me empieza a parecer que estoy con El tiempo entre costuras.

Me aburro. No está a la altura de Eduardo Mendoza. Del Planeta claro que sí.