viernes, 25 de septiembre de 2015

"El caso Telak", Zygmunt Miloszewski (2007)

Curiosa. No es ninguna maravilla fuera de serie, pero no es peor que la mayoría y demuestra que Polonia también existe. Y esta vez, a golpe de originalidad, el prota no es un policía ni un detective privado, sino un fiscal.

Aprovecha para poner a caldo a casi todos los estamentos de su país: si no fuera por el apellido impronunciable podría ser español....

Y por último,  una aportación a la cultura de los lectores: una introducción rápida a la teoría psicoanalítica de las constelaciones familiares (yo creí que el autor se lo había inventado pero ¡existe!

domingo, 20 de septiembre de 2015

"El club de la lucha", Chuck Palahniuk (1996)

No he conseguido saber qué clase de droga se mete el Palahniuk para escribir estas cosas. Pero aquí comenzó su carrera y resulta difícil creer que lo hubiese hecho sin tomar nada: whisky, coca, LSD o lo que se metan ahora, algo se pondrá fijo antes de darle a la tecla.

Supongo que como casi todo el mundo, llego a la novela a través de la película de David Fincher (Brad Pitt, Edward Norton...), ya que fui el primer sorprendido al descubrir que estaba basada en un libro de Chuck Palahniuk.

El libro es bastante violento  Tanto por lo que cuenta como  por la manera que tiene de presentar la historia : Frases cortas, episodios aparentemente sin sentido... A pesar de todo, el contenido impacta. Hay algunos libros que, por la razón que sea, tienen episodios que te vienen a la mente en momentos concretos y reales de la propia vida. El club de la lucha es uno de ellos.

El narrador odia su forma de vida y su trabajo  (estudiar si las indemnizaciones por las muertes que provocan los modelos de coches defectuosos son superiores a lo que costaría corregirlas). Padece insomnio, y para poder dormir acude a grupos de autoapoyo de enfermos de cáncer, en donde conoce a otra tarada como Marla Singer, que acude por la misma razón. Su vida cambia definitivamente cuando entra en contacto con  Tyler Durdeen. Guiado por Tyler, el narrador comienza una espiral de violencia al participar en la mayor creación de Durdeen: el Club de Lucha, en el que oscuros trabajadores sacan brillo a sus vidas partiéndose la cara a guantazos en una pelea sin reglas.

Esto viene siendo un resumen muy simple, porque hay contenido para dar y tomar. Pero no sigo, porque no todo es lo que parece y no quiero reventarles el libro. O la película.

Un último y gratuito consejo: Palahniuk es un escritor peculiar, y su estilo alucinatorio no será del gusto de todo el mundo. Y además, si están en un momento de bajo control emocional, dejen el libro para otra ocasión, igual acaban cagando a trompadas a ese hijoputa en el que están pensando.

viernes, 18 de septiembre de 2015

"Saber perder", David Trueba (2008)

Pertenece David Trueba a la escasa estirpe de los tíos que me caen bien a pesar de darme cierta envidia. Capaz de hacer varias cosas bien, forma parte además de las pocas personas a las que puedes ver y oir en los medios diciendo cosas sensatas de cualquier tema.

Venía yo por eso bien predispuesto, pues por principios no saco la navaja cuando el autor me cae bien.  A pesar de todo, la novela (un corte en unas semanas de la vida de una familia) es demasiado larga.  Y es que pegar tanto elemento no es fácil: abuelo con abuela terminal se va de putas. Su hijo, separado  se carga al cabrón de su socio que lo ha arruinado. Y la nieta adolescente, la más sensata de todos, es atropellada por un joven futbolista argentino que se acaba liando con ella. Casi ná.

Ahora que sé lo que significa la palabreja, espero no haberles hecho un spoiler porque arrejuntar todo y salir bien parado.
 que ya no sé en que momento vamos descubriendo cada historieta. Se lo cuento para que vean lo difícil que es

A pesar de todo, la novela es de lectura agradable, está bien escrita, aunque le falta profundidad y un poco de poso.  Le sobra metraje.

domingo, 13 de septiembre de 2015

"Viajes con Charley", John Steinbeck (1960)

Un par de años antes de que le diesen el Nobel, John Steinbeck decidió conocer la verdadera alma de los Estados Unidos embarcándose en un viaje que le permitiría recorrer treinta y cuatro estados a lo largo de 16.000 kilómetros. Era ya un reconocido escritor y no debía de tener problemas de liquidez, por lo que encargó fabricar una especie de roulotte especial montada sobre la caja de una pick-up. No sabemos si existía un precedente o si ahí está el origen de las autocaravanas. 

Construído el bicho, le puso el literario -no podía ser menos- nombre de Rocinante, y buscó como Sancho Panza a un caniche gigante, ya achacoso como él, de nombre Charley.

Antes de meterme en el libro, también me encontré -maldito internet- que hay un tipo que ha debido de dedicar media vida a tratar de demostrar que buena parte del viaje es una bola, que no pudo haber recorrido los kilómetros que dice y que en realidad se recorrió una parte de hotel en hotel de lujo. Pues mejor para él, sólo demostraría que verdaderamente sabía vivir. Unicamente  un idiota puede dedicar su tiempo a tratar de desmontar el viaje que un escritor refleja en un libro, como si lo que importase fuera el viaje y no el libro. Ya sería una estupidez si el libro fuese de Frank de la Jungla, pero poner en cuestión al autor de Las uvas de la ira es simplemente propio de un rematado idiota. No les mencionaré al ganso, no quiero darle publicidad innecesaria.

El libro, en una de esas maravillosas ediciones de Nórdica, es una pura delicia. Llevaba yo un cierto tiempo desganao,  sobreviviendo a base de novela negra en el Kindle, que es en el fondo un poco como comer de lata: que aunque esté buena, no deja de ser comida de lata. De verdad les digo que da lo mismo lo que sea verdad o invento, pero los paisajes, las personas, los acentos, el aroma del café y hasta los árboles a los que Charley saluda frecuentemente son verídicos y están ahí. Afortunadamente estarán ahí para siempre.

Yo también quiero, claro. Hoy como casualidad del destino me saltó en el ordenador publicidad de una furgoneta California. Las herederas de esas míticas Volkswagen con techo elevable. ¡Qué envidia!. Sólo son 50.000 del ala.