domingo, 26 de abril de 2015

"La hierba de las noches", Patrick Modiano (2012)

Miren ustedes, es difícil estar a la altura. A Patrick Modiano no hace tanto que le han dado el Nobel y no voy a ir yo por ahí enmendándole la plana. Pero el libro me supera un tanto. Tal vez no me haya cogido en el momento Zen adecuado, que es cierto que para leer cuando te desvelas en medio de la noche no es. 

Yo soy un hombre sencillo. Casi diría simple. Los tíos como Modiano o como Pierre Michon me cuestan. No niego que escriban bien los jodíos, pero eso no impide que el progreso de sus libros me cueste un huevo. Son mas de una tarde de lectura sosegada delante del fuego o de una larga sesión oyendo jazz en un café de los que casi no hay. Pero no tengo chimenea en el piso , y los veinte minutos de café no dan para casi nada.

Así que la atmósfera enrarecida del siempre apetecible París, la búsqueda del pasado, el amor entrevisto, no me han cundido mucho. Debo ser una mezcla entre esnob y paleto.

A otros se ve que sí. Les dejo un excelente comentario. Si les gusta, léanse el libro, pero si ven que hay muchas palabras raras juntas, déjenlo para otra ocasión:  http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es/2014/10/la-hierba-de-las-noches-patrick-modiano.html


sábado, 25 de abril de 2015

"El lugar sin culpa", José María Merino (2006)

Novela breve y extraña. Todo en ella parece ser simbólico: una bióloga pide el destino de investigadora en una isla semidesierta. Allí, sólo algunos personajes, cada uno con su historia peculiar a cuestas, y de los que nunca sabremos el nombre: el apuesto oficial, el hombre de los tesoros...

Parece ser el Mediterráneo, pero podría ser cualquier lugar. Nada mejor que una isla como sitio en el que huir de la desolación interior, como si eso fuese posible.

La historia es, repito, extraña. Y extraño también es el tempo en el que está contada: a veces da la sensación de que está recordando un sueño. Un relato intencionadamente a medias, que nos permite conocer el origen, pero que no tiene en lo que cuenta principio ni fin.

En todo caso, la escritura de José María Merino es magnífica: un cuento que hipnotiza por la forma de escribir, tanto que a veces da igual que parezca no ir a ninguna parte. Pero el camino es tan hermoso....

sábado, 4 de abril de 2015

"La mesa de los galanes", Roberto Fontanarossa (1995)


En La mesa de los galanes (uno de los cuentos que da título al libro), hay de todo como en botica: unos (los menos) un tanto flojos y otros (los más) tremendamente divertidos. En algunos la lectura se hace para un español un tanto obtusa, por el uso y hasta el abuso de lo que no sé si es lunfardo o ganas de joder. Pero no sigo mucho por esta vía, que hoy la globalización hará que esto lo lean en cualquier sitio, lo entiendan mal y me quieran cagar a trompadas, o me acusen como la última vez de poco menos que ser el culpable de la compra de YPF por Repsol. Además he mejorado mucho en mi don de lenguas, la jerga bonaerense ya no tiene secretos para mí, aunque a veces me lo pongan difícil:

- ¿Y, che?, apuró después, pegándole una palmada a Ricardo en el brazo-. ¿Cómo fue lo del Negro con los trolos?- No -insistió Ricardo- Porque antes caía tupido por acá.- Déjalo, boludo. No le hagas fiestas que por ahí se viene. Contame lo de los trolos..-Venía siempre.-Ya sé, gil. Si yo también venía. ¿O no venía yo?.../...

Roberto el Negro Fontanarossa era sobre todo un extraordinario dibujante, y algunos de los cuentos son tan gráficos que resulta fácil imaginarse la viñeta resultante. Eso es seguramente lo que buscaba y desde luego lo que consigue. Lo tenía claro: 
De mi se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice. "Me cagué de risa con tu libro"


"Noticias de la noche", Petros Márkaris (1995)

Harto de las nada creíbles interpretaciones de la situación de Grecia que nos suele dar la prensa, de la mezcla entre dignidad y estupidez de Tsipras y de la chulería de la Europa rica (incluido algún tonto irredento de la patria que se olvida que somos de los PIGS); he decidido pasar de todos y basar mi homenaje al pueblo griego el calzarme este año buena parte de los libros de Márkaris. No sé si llegaré al último o a los últimos, fechados en plena crisis. Pero me conformaré con llegar a la Grecia de los Juegos Olímpicos. Pelotazo por aquí, pelotazo por allá. Seguro que les suena.

Lo que se agradece en primer lugar es que, como pasa con Camilleri y como pasaba con Vázquez Montalbán, el noir mediterráneo tiene un aire de barrio bajo y hasta un poco de fritanga, como la cena a veces incomible que le deja la parienta a Kostas Jaritos. No son los tíos más altos ni más guapos ni los más elegantes y (casi) nunca se ligan a la rubia. Ni siquiera son seguramente los más honrados ni los más listos, pero en el país de los ciegos...

De todos ellos, sin duda el menos glamuroso es Kostas Jaritos, pero tiene un no-se-qué entre honrado y funcionarial que hace que le cojas afición. "Noticias de la noche" es la primera de la saga de Jaritos, pero en ella ya figuran las que serán constantes: los  tomates de Adrianí, la devoción por su hija, las putadas de los jefes....

Ah, ¿el argumento?: Dos albaneses son asesinados, y a nadie parece importarle. La policía griega cumple con el expediente y empapela al primero que hace un amago de confesión. Pero nada es tan sencillo...


jueves, 2 de abril de 2015

"Brooklyn", Colm Tóibín (2009)

He visto tantas veces reflejada la Irlanda emigrante en películas y series que forzosamente este Brooklyn tiene demasiado aroma a ya visto: poco novedosa en su arranque,  la historia de la joven Eilis, emigrada desde Enniscorthy a Nueva York huyendo de una Irlanda pobre en la que no tiene cabida.

Da un poco de rabia decepcionarse un tanto después de las muy buenas críticas que había leído de Colm Tóibín. Aunque el relato es formalmente impecable, y a pesar de su poderoso final; el tránsito hasta la vuelta de Eilis a su país se me ha hecho lento, minucioso y sin tensión. Sólo con la protagonista nuevamente en Irlanda todo parece cobrar sentido, aunque yo ya me había dormido bastante y no conseguí despertar a tiempo.

Toibín promete, pero se queda a medias.