martes, 27 de enero de 2015

"De que hablo cuando hablo de correr", Haruki Murakami (2007)

No soy muy aficionado a leer biografías, pero otra cosa muy distinta son aquellos libros en los que los propios escritores renuncian a su mundo de ficción y aterrizan en el planeta para hablarnos de ellos mismos.

En esos casos, las cosas normales que todos hacemos, relatadas por la pluma del maestro, toman otro cariz y pasan a magnífico contenido literario. Así, aunque he leído casi toda la obra de Saramago, parte de lo que más recuerdo son algunos de sus inocentes recuerdos recogidos en Cadernos de Lanzarote.

Seguramente sin valor para alguien que no haya leído a Murakami o al que no le guste su muy particular mundo literario, para un fiel como menda  es un ejercicio estimulante poder conocer al escritor y al hombre desde una de las cosas que, además de escribir y el jazz, más le gustan: correr.

Hace años, yo corría casi a diario, y aunque nunca fuí especialmente bueno, todavía puedo reconocer en lo que cuenta esa sensación de luchar contra uno mismo y los elementos, el "zen del corredor". Y como  justo andaba yo en estas fechas volviendo al tema pues me ha venido al pelo como motivación extra. Y eso que estoy totalmente demodé, ahora que todo el mundo corre puestísimo con ropa transpirante, reflectante y supongo que hasta efervescente. Hemos pasado del canguro cutre que  te hacía sudar nada más ponértelo a tal nivel en la peña que resulta tan caro salir a hacer running como jugar al golf o esquiar en Baqueira. O más. El otro día mientras esperaba el bus había tanta gente corriendo con ropa de marca reflectante que no sabía si era una manifestación de trabajadores de la limpieza pública o toda la plantilla de la policía local en tromba.

En fin. Y también me he comprado unas zapatillas. Mizuno. Siempre hay que hacer caso a los que saben.

1 comentario:

El lector Invisible dijo...

A mi también me inspiró para retomar el running. Es bueno descubrir de vez en cuando que se esconde tras el telón.

Saludos!