lunes, 31 de marzo de 2014

"El tren nocturno de la vía láctea", Kenji Miyazawa (1927)

A finales del año pasado recogía las magníficas impresiones que me había dejado La vida de Budori Gusko , y por eso no acabo de comprender cómo, una obra más famosa y conocida en Japón como El tren nocturno de la vía láctea, me ha dejado totalmente frío. El pobre Miyazawa vivió tan poco que se trata además de relatos muy cercanos en el tiempo. Sin embargo con éste no he llegado a meterme en el relato nunca. He estado perdido todo el rato, y lo que debería haber sido un maravilloso mundo imaginario al que comparan con El Principito se me quedó en un relato absolutamente plano y totalmente ausente. Está lleno de simbolismos, pero yo me los he perdido casi todos.

Por eso, o yo me encontraba en un estado de total desorden del Yin y el Yang o qué sé yo, un desalineamiento de los chakras. O directamente la traducción es una castaña, cosa que a veces pasa y lo notas.  En cualquier caso, si a este puerto llegase alguien que lea libros con algo más de criterio, ya anticipo que agradecería que si lo ha leído me dé su opinión, por aquello de corroborar la mía o acabar pensando que ya voy perdiendo facultades.

Porque el libro (entendido como objeto) es bonito, el jodío: le perdono la pasta que me he dejado porque es una edición preciosa, con sobrecubierta y ese detallito en la portada de ponerla al modo Manga, empezando por atrás. Y es que debo reconocer el valor y todo lo que aportan a los amantes de los libros editoriales como Nórdica Libros o, en este caso Satori Ediciones (www.satoriediciones.com), que nos permiten acceder a autores hasta ahora imposibles en castellano. 

Y eso, con la mala conciencia que tengo ahora con el Kindle, me reivindica.

martes, 25 de marzo de 2014

"Ensaio sobre a cegueira" , José Saramago (1995)

Si todavía queda por ahí alguno de los lectores históricos del blog, no debería de resultar muy difícil deducir mi pasión por la literatura de Saramago. Seguramente era más fácil apasionarse por la persona, cuya lucidez seducía a no pocos aunque no a todos cautivaba igualmente su literatura.

Quizá leer a Saramago no es sencillo en un principio, pero una vez que ya eres de los suyos no importa. Aprendes sus maneras, sus largos párrafos en que los diálogos se suceden separados únicamente por un heterodoxo punto o una coma. La increíble belleza de sus palabras y del paisaje humano que dibujan. 

Además, y ya puestos a superar dificultades que merezcan la pena, desde "A viagem do elefante"decidí leerlo sólo en portugués: un ejercicio bastante llevadero para los que vivimos del otro lado de la raia, y que de verdad recomiendo encarecidamente: el beneficio supera con mucho la dificultad. Ni el mejor traductor es capaz de transmitir la belleza de las palabras de Saramago.

Claro, está el libro, que para eso es una reseña. 

Pues es bien sencillo. Ésta es la mejor obra suya que he leído. Todas me gustan y me parecen buenas. Este Ensaio sobre a cegueira me parece una obra maestra. Uno de esos libros que -como pueden ser La Colmena o La familia de Pascual Duarte- justifican de largo un Nobel. Hay más conocimiento del ser humano, más descripción y análisis de sus miserias y de sus proezas que en una biblioteca de sociología o filosofía. Casi todo lo que importa. Casi todo lo que nos mueve. Casi todo lo que merece la pena y lo que lo parece pero no lo merece está aquí. Es absolutamente magistral.

Queres que te diga o que penso, Diz, penso que não cegamos, penso que estamos cegos, Cegos que vêem. , Cegos que, vendo, não vem.

domingo, 16 de marzo de 2014

"El marino que perdió la gracia del mar", Yukio Mishima (1963)

Debo reconocer ante todo que tengo debilidad por esta obra porque fue la primera novela de Mishima que leí, ya hace probablemente más de veinte años; y sin duda una de los motivos que despertaron mi interés por la literatura japonesa, de la que me hice lector habitual y comprador compulsivo en momentos en que encontrar un libro japonés publicado en español era extremadamente difícil.

Me pareció en su momento un libro impactante, y recobrado tantos años después me sigue pareciendo una obra brillante. Ahora que conozco algo mejor la obra de Mishima y sus extremas peripecias vitales, parece un resumen de partes de su ideario: la historia de Ryuji, el rudo marino y Fusako, la bella y delicada viuda por la que abandonará su vida a bordo. El mar, el amor, la belleza y el deseo. Lo oriental y lo occidental. Y también los sueños abandonados y Noboru, el adolescente hijo de Fusako y verdadero protagonista: él y su clan de atroces adolescentes inadaptados (imposible no acordarse de El señor de las moscas) habrán de hacer justicia al marino que -bellísimo e inolvidable título- eligió perder la gracia del Mar.

Junto con El rumor del oleaje (una breve y positiva delicia entre su compleja obra) la más occidental y fácil de leer de sus novelas, pero en mi opinión una de las más brillantes.

domingo, 9 de marzo de 2014

"Abandonarse a la pasión", Hiromi Kawakami (2006)

Hace no demasiados días que reseñaba Grotesco, una mirada a las relaciones humanas tan gélida y desprovista de sentimientos que impresionaba. Ya decía allí que es probable que sólo en una sociedad como la japonesa y su para nosotros incomprensible manera de ver muchas veces la vida puedan darse relatos tan extremos donde el amor, el dolor y la muerte están tan peligrosamente cerca.

Hiromi Kawakami, que es la autora de ese canto al amor que es  El cielo es azul, la tierra blanca , y que más tarde ya se deslizaba por mayores pendientes con Algo que brilla como el mar (ambas aqui comentadas) da una vuelta de tuerca a su visión del amor para sorprendernos con ocho historias de pareja que llamaré no convencionales por no llamarlas extremas

Ocho historias sorprendentes, unas mejores que otras sin duda, pero que en conjunto constituyen una ocasión para reflexionar sobre  las muchas formas que toma el amor -algunas dolorosas y crueles- Amor que -a menudo- es el nombre que damos a  nuestra angustiosa huida de la soledad. 

jueves, 6 de marzo de 2014

"Texas", Jim Thompson (1965)

Al año siguiente de escribir su obra maestra, la celebrada 1.280 almas (Pop.1280), Jim Thompson escribió este homenaje a Texas, una novela en la que -incluso más que en otras- hay mucho de autobiográfico: no sólo por la Texas que conoce bien, y de la que recorre buena parte de sus ciudades en el texto , sino sobre todo por el prota: un jugador profesional de dados, honesto y puteado por la vida. Tal vez el tipo que quiso ser un Jim Thompson al que nunca las cosas se le pusieron fáciles.

No se parece a ninguna otra novela suya que haya leído (1.280 almas, El asesino dentro de mi, Noche salvaje). Extraña no encontrar aquí ese relato perfecto del psicópata asesino que -frecuentemente- está del lado de la Ley, sino un personaje como Mitch Corley, en el fondo adorable -como-de-bueno-de-la-pelicula , y por cuya integridad física nos pasamos temiendo toda la novela.

Hay petróleo, juego,  dinero, poder, corrupción, no poca sensualidad (descrita con enorme maestría) y menos violencia explícita que nunca: por no haber, no hay ni muerto. Pero da lo mismo: Jim Thompson, un grande de la novela negra, escribe una magnífica obra que nos atrapa como si en nuestra cabeza ya hubiésemos filmado lo que hubiera sido... un fantástico guión de cine.