miércoles, 29 de enero de 2014

"El sótano", Thomas Bernhard (1976)

Mi existencia, durante toda mi vida, ha molestado siempre, y siempre he irritado. Todo lo que escribo, todo lo que hago, es molestia e irritación. Toda mi vida como existencia no es otra cosa que un molestar y un irritar ininterrumpidos. Al llamar la atención sobre hechos que molestan e irritan. Unos dejan a las personas en paz, y otros, y entre esos otros me cuento, molestan e irritan. 

Toda una declaración de intenciones.

 El sótano es la segunda parte de la autobiografía de Thomas Bernhard, un autor al que -imperdonablemente- no había leído hasta ahora. Su prosa es sencillamente brillante:  cuando llevas cuatro páginas ya te has dejado transportar por esa manera de contar con frases largas, con intencionadas repeticiones de palabras, con un narrador que mira hacia sí y hacia los demás con una claridad que asusta, con pocas concesiones, como si efectivamente su mayor cualidad fuese molestar.

Bernard, que nació y se crió pobre, nos cuenta cómo un día, sencillamente, en lugar de tomar la dirección del colegio, al que va a hacer algo al que no le ve sentido,  toma sencillamente la dirección contraria y acaba de aprendiz en el almacén del señor Podlaha, en el poblado de Scherzhauserfeld, el más miserable de todo Salzburgo.

Repasa tan profundamente las miserias de su sociedad  que leerlo es recibir una verdadera paliza, porque no te cuenta, sino que te golpea con las palabras: a poco que leas con calma estás allí, en el colmado de Karl Podlaha, en medio del miserable poblado de Scherzhauserfeld, que fabrica gente sin esperanza que nutrirá los juzgados, las cárceles y los cementerios de Salzburgo.

Tremendo.

3 comentarios:

Bea Mendes dijo...

¿Cómo se llama la primera parte?

Joaquín dijo...

"El origen"

Bea Mendes dijo...

Gracias. Apuntado queda.