martes, 19 de noviembre de 2013

"El abuelo que saltó por la ventana y se largó", Jonas Jonasson (2012)


Ya les he dicho alguna vez que el frío produce siempre algún efecto. En el amigo Jonas Jonasson tuvo previsiblemente algo que ver el consumo compulsivo de vodka, que en Suecia es una forma muy común de combatir el frío reinante.


Sólo así puede entenderse la deriva narrativa de este abuelo que (título dixit) salta por la ventana y se larga. O sea que eso, la historia es la de un viejete que el día de su cumpleaños número cien y cuando todos están preparando la fiesta conmemorativa a la que debería acudir en pantuflas, lisa y llanamente se las pira.

Hasta aquí, todo normal y  comprensible. Yo tampoco  pienso acudir a la fiesta que den en el asilo por mi centésimo aniversario. Que los parta un jodido rayo, como diría Pérez Reverte. Lo que pasa es que detrás de esa decisión hay una vida tan, tan. Pero tan, tan llena de episodios memorables que nadie puede esperar que Allan Karlsson haga otra cosa.

No  sé que decirles, salvo que la lean. Es algo así como un híbrido a medio camino desde Wilt de  Tom Sharpe (de menos) al Diario del autoestopista galáctico (a más ). O como si la hubiera escrito  Arto Passilinna harto de vodka (perdón por el juego de palabras lamentable, no he podido resistirlo).

Pero es muy divertida. Surrealista. Una revisión histórica de locos.