sábado, 17 de noviembre de 2012

"Maldito sea Dosdoievski", Atiq Rahimi (2011)

Si he leído Crimen y Castigo ha debido de ser hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo. Supongo que eso me incapacita para un comentario de altura de esta novela, que comienza cuando Rasul mata de un hachazo en la cabeza a una alcahueta para evitar que su novia caiga en la prostitución. Así que les ahorraré el comparado de ambas historias, aun reconociendo que Raskólnikov ha trascendido ya mucho más allá de la novela de Dostoyevski.

Como soy un burdo, pues, me centraré en la desesperanza. Ya sé que no son buenos tiempos para mentar el tema, pero  ¡qué quieren que les diga!. El recorrido por el paisaje y por el paisanaje de Kabul es tan poco apetente en la novela como aparece en las noticias. O peor. Ya se sabe que la realidad supera a la ficción.

Vaga pues nuestro Rasul-Raslkólnikov por una ciudad devastada, en busca, no se sabe si de castigo o de redención. En cualquier caso, su lucha interior es pareja a las imágenes que intuimos del exterior. De Dostoyevski sí he leído Memorias del subsuelo, y debo reconocer que en esta novela Rahimi consigue incomodar tanto como el maestro ruso.

Si no han leído a Dostoyevski no habrán entendido nada, y es probable que tampoco aunque lo hayan leído. Qué se le va a hacer. Hay literatura buena buena pero que da bajón.

viernes, 16 de noviembre de 2012

"No mires debajo de la cama", Juan José Millás (1999)

Miren: lo primero que he hecho al terminar este libro, lo reconozco, es irme a buscar qué orden ocupaba este libro en la bibliografía de Millás, porque como lo voy leyendo sin sentido cronológico alguno, desconocía si  la ida de olla venía de serie o en algún momento específico le había dado la locura.

Hasta ahora tenía a Millás por el gamberro supremo de la literatura española contemporánea: un tío capaz de rozar lo sublime (el demasiado breve primer capítulo es brillante) y pasarse directamente al esperpento sin tramos intermedios (la excusión de una panda de zapatos al cementerio del segundo es para nota).

Lo que sucede es que, al final se le acaba tomando un cierto gusto la  visión de la realidad que nos aporta:   hecha a medias de las neurosis de cada uno y de los pensamientos y aventuras de los objetos  del relato, que deberían de ser inertes y no lo son. Una mirada diferente a las personas comunes en historias comunes, o no tanto.

Una nota poco tranquilizadora de que -además de la nuestra- hay otras visiones cercanas de nuestra propia vida.

Millás. Lo tomas o lo dejas.