martes, 30 de agosto de 2011

"El curioso incidente del perro a medianoche", Mark Haddon (2003)

Christopher Boone tiene quince años, puede explicar la teoría de la relatividad y contar los números primos hasta más de siete mil. No le gusta que lo toquen y si ve cuatro coches amarillos seguidos sabe que tendrá un día muy malo. Vive con su padre y va a un colegio para niños especiales.

Premiado hasta arriba en todos los países anglosajones, fue un superventas hace unos años. A mí , modestamente, me parece un plato fusión entre El niño del pijama de rayas y Rain man. Empieza algo bien, pero tiene mucho relleno y un final previsible y edulcorado. La parte de Rain Man es evidente, le cogemos cariño como a Dustin Hoffman. Lo del pijama viene porque es Christopher quien relata en primera persona y su visión al principio nos llama la atención, aunque ya vamos anticipando el paso siguiente.

Pero no todo va a ser malo: es fácil, extremadamente fácil de leer, así que es una buena lectura para el verano y la playa. Que pa eso es un beseler.

lunes, 22 de agosto de 2011

"Guía del autoestopista galáctico", Douglas Adams (1979)

Ni Tom Sharpe borracho perdido tras una fiesta de una semana con los Monty Python hubiera sido capaz de alcanzar estos niveles. Cierto es que gusto del absurdo, pero últimamente para saciarse sólo hay que leer los periódicos o el timeline del twitter, así que nuestro amigo Douglas aquí me supera. Tiene mucho mérito, no obstante, porque si bien él mismo reconoció que la idea había nacido mientras dormía la mona en un prado de Innsbruck, es de suponer que a lo largo del resto del proceso de escritura estuvo sobrio alguna vez.

La Tierra se destruye porque van a construir una autopista intergaláctica, y nuestro prota es salvado por un amigo que resulta ser un extraterrestre del planeta Betelgeuse. Así que, armado con una toalla (elemento imprescindible en todo autoestopista galáctico) se va a recorrer esos mundos de Dios. Y ésto es sólo el principio.

No digan que no les avisé. Su lectura comprensiva puede producir serias alteraciones cerebrales, a menos que se lea en el mismo estado en que presumiblemente fue escrito: con un pedal del catorce.

lunes, 8 de agosto de 2011

"Kinshu. Tapiz de otoño", Teru Miyamoto (1982)

No quisiera que el comentario que acabo de hacer sobre el libro de Ogai Mori les agríe el espíritu: siempre tarde o temprano aparece un motivo para volver a confiar en la literatura del Sol Naciente.

Con este libro vuelvo a recordar porque empecé a buscar y leer literatura japonesa: sí, por esos que parecen quedarse maravillosamente pasmados mirando el tono de las hojas del otoño o las tonalidades de la nieve. Algo imprescindible en este tiempo y especialmente desde la verde Galicia, donde mayoritariamente  sus habitantes sólo ven de un bosque un almacén de tantos metros cúbicos de madera.


Kinshu utiliza como recurso algo muy común en literatura: un intercambio de cartas, en este caso entre dos divorciados, Yasuaki y Aki, que tras diez años se encuentran fortuitamente en una visita al monte Zao. Comienza así un cruce de largas cartas en las que ambos tratan de limpiar las brumas del pasado para entender lo que pasó y lo que los ha llevado a su infeliz existencia actual.

Un libro magnífico, tanto por la historia, que se va desgranando carta a carta, con esa ineluctable fatalidad de la historia y su evidente carga de tristeza; como y sobre todo por la  belleza de la escritura y las imágenes que evoca. Si han leído a Kawabata saben de qué les hablo.

"Después de pasar casi dos horas sentados en la roca, decidimos volver al hostal. Cogimos el ascensor que bajaba al estanque de Dokko y de nuevo llegamos al embarcadero de las góndolas. Esta vez solo íbamos los dos a bordo, de modo que me quedé contemplando de nuevo las hojas de los árboles, cuyo colorido otoñal había alcanzado todo su esplendor. la montaña no estaba enteramente cubierta de follaje carmesí; a los lados de la góndola se veían manchas de un rojo subido salpicadas del verde de los árboles de hoja perenne, otros de color pardo y unos parecidos a ginkgos de hojas doradas. Estos otros colores hacían que las hojas resaltaran aún más, como si estuvieran ardiendo..."

"La bailarina", Ogai Mori (1890)

Algunas veces, cuando la lectura de un libro me sugiere pocas cosas -no siempre porque sea malo, entiendan- , me doy una vuelta por el hiperespacio para ver lo que blogueros y as de pro han escrito sobre un libro, a ver si se me abren las entendedereras.

En el caso que nos ocupa, la lectura de los comentarios alusivos me ha demostrado nuevamente dos cosas: a) que soy un bicho raro y b) que más de la mitad de los comentarios reproducen la contraportada del libro . Me explico:

a) A todo el mundo le gusta y a mí me parece un timo (76 páginas de un relato menor que empieza en la 25): Con mucho lo mejor es el prólogo de Fernando Cordobés, que reconoce que literariamente está a distancia de Natsume Soseki, coetáneo de la Era Meiji.  Eso sí, la impecable edición de Impedimenta merece el desembolso si lo haces como objeto, porque bonito, bonito sí que es.

b) Estoy hasta los mismos de "hermosa alegoría sobre el amor y la renuncia", y sobre que es una "imagen especular de la Madame Butterfly de Puccini". Busquen, busquen en el google y verán en cuantas páginas la lectura del libro les ha sugerido tan curiosa coincidencia.

Aviso desde aquí que a mí también me pueden regalar los libros las editoriales. En este caso diría, escuetamente y porque soy muy correcto, que la edición (repito) es impecablemente hermosa y que el libro es muy curioso, porque podría haber sido escrito por un europeo. 

jueves, 4 de agosto de 2011

"Purga", Sofi Oksanen (2010)

Premio al mejor libro europeo del año 2010, Purga se introduce en el interior del totalitarismo soviético posterior a la Segunda Guerra Mundial, en este caso en la ocupada Estonia.  Ésa es, precisamente,  la mejor aportación del libro: poner en nuestro mapa mental a la pequeña Estonia, que aunque creemos vinculada a las otras dos repúblicas bálticas, está étnica e históricamente unida a Finlandia (Oksanen es de hecho finlandesa). Hemos descubierto pues al pariente pobre de los paises nórdicos.

La novela cuenta el encuentro entre una veinteañera rusa, Zara, que huye de las redes de la prostitución, y Aliide Truu, una anciana estonia en cuya casa se refugia. Zara es una mera excusa, un personaje metido a calzador,   para trabajar a través del personaje de Aliide la ocupación rusa, la resistencia y la terrible política de deportaciones y colonización que dejaron años más tarde un 30% de rusos en la población del país.

Purga es muy interesante por lo que recoje y cuenta de la historia, seguramente no distinta de muchas de la Europa de postguerra (hay partes que podrían situarse claramente en los maquis de Asturias) . Lo que tiene de novela no sé cómo definirlo: para mi gusto excesivamente tosca y mal enlazada. Cierto es que a veces parece que la autora lo haga a propósito, pero hay una buena historia detrás que hubiera podido dar un libro extraordianario y ha parido uno simplemente bueno.