miércoles, 13 de abril de 2011

"Aurora Boreal" , Asa Larsson (2003)

Si son ustedes aficionados al cine, una policía embarazada sobre un blanquísimo manto de nieve será siempre la Frances McDormand de Fargo. Les aseguro que haber leído este libro, a pesar de que se juntan también la nieve, una policía embarazada y la cara un tanto caballuna de Asa Larsson con gorro de piel incluído, no cambiará ese recuerdo.

Y será así tanto porque la película de los Coen no se olvida fácilmente como, sobre todo, porque esta Aurora Boreal no pasará a la historia del género negro. De verdad que no soy misógino, pero me veo obligado a advertirles que esta chica, sin llegar a los niveles de estupidez de La princesa de hielo de Camila Lackberg, tampoco da la talla. Se ve que el mito de las suecas está muy sobrevalorado desde las películas españolas de los sesenta.

Miren ustedes: es que me he aburrido un rato. Y con tanta nieve y tan poco movimiento me pelaba de frío, a pesar que esta primavera del norte se está portando bastante bien. Unas descripciones sosas, deteniendo la mirada en detalles intrascendentes, unos flashbacks (o sea, ir patrás) que dejan bastante poco a la imaginación para dejarnos c l a r i t o porqué las cosas son como son en estos personajes, por lo demás bastante planos y carentes de matices.

Un rollo macabeo, en suma. 

sábado, 9 de abril de 2011

"Lo que sé de los hombrecillos", Juan José Millás (2010)

Un algo oscuro profesor universitario, recién jubilado y de vida anodina, recibe un día la visita de unos hombrecillos de apariencia enteramente humana que, vestidos con impecable traje y sombrero, comienzan por comerse los mendrugos de pan que a modo de relajante lleva en el bolsillo y siguen metiéndose en su vida hasta que le fabrican un clon de tamaño hombrecillo, que le permite -el sueño de todos- llevar una doble vida en la que tienen cabida todos los vicios, desde los más confesables del alcohol y el tabaco hasta el desenfrenado sexo y el crimen.

Para comentar el libro me he visto obligado a releer el comentario que en su día hice de El Mundo en  2009, para comprobar que el Millás me crea a lo que se ve siempre el mismo desconcierto: indudable talento para narrar, un indomable espíritu gamberro y una lectura que al final me deja siempre un poco descolocado, que no es tanto un quiero-y-no-puedo como un puedo-y-no-me-da-la-puta-gana de hacer algo más redondo.

No sé. Divertido de leer. Y si no lo lees tampoco pasa nada.