martes, 1 de febrero de 2011

"Marcos Montes", David Monteagudo (2010)

Lo mejor de lo que puedo hablarles es de David Monteagudo: un escritor gallego, aunque afincado en Catalunya que decidió a los 40 años que su vocación verdadera era ser escritor, hasta que, con varios libros escritos, consiguió que -nada menos- que Acantilado le publicase Fin, novela que ha conseguido una buena cifra de ventas y hasta la traducción a otros idiomas.

Trabajaba -no sé si todavía lo hace- en una fábrica de cartonajes de Vilafranca, "Meto cajas en la máquina". "No quiero hacerme falsas ilusiones. Te crees un genio y estás currando en una fábrica. Los sueños son una cosa y las aspiraciones otra. En realidad, quería que se editara uno de mis libros para poder seguir publicando. Pero, claro, tal como está funcionando empiezo a plantearme que quizá..." (El País, hace un año). 

No he leído Fin, así que no puedo comentarles. Me seduce obviamente cualquiera que tiene la osadía de ponerse a escribir  a la vuelta de su jornada de trabajo, cuando otros -cuando no habia niña- sólo teníamos la aspiración de poner la tele. Me recuerda otros casos, como Magnus Mills, que se hizo escritor famoso cuando conducía un bus por Londres. O como  Gesualdo Bufalino, que publicó su primer libro, la maravillosa Perorata del apestado pasados los sesenta. En fin, que la esperanza es lo único que no puede perderse.

Por eso les he hablado de David Monteagudo, y no de Marcos Montes. Monteagudo tiene tesón, perseverancia, fe y seguro que hasta talento. Marcos Montes es una novelita de principiante (la escribió antes de Fin), empieza más o menos bien pero se va perdiendo por el camino para apagarse en un final -se lo podría contar y ya les chafo la novela- ingenuo y simple. Como un bizcocho que no ha subido, igual tenía ricos ingredientes, pero se ha quedado en una masa que, falta del calor necesario, se deja comer sin entusiasmo para resultar algo indigesta al final.

6 comentarios:

Estonetes dijo...

Su historia es esperanzadora, no hay edad paa conseguir los sueños. Tengo pendiente "fin", la leeré próximanente. Emotivo post.

Valeria dijo...

LA verdad que en este momento tendría que estar escribiendo y acá estoy... bueno, por lo menos hablando de libros y visitando a los amigos de la web. Tendré muy en cuenta a este autor, que no conocía.

Houellebecq dijo...

Este es de los que me motivan a seguir a pesar de que mis trabajos alimenticios son de ese estilo.Probaré con "Fin".

Marisa dijo...

Realmente esclarecedor y muy gráfico lo del bizcocho que no ha subido, qué buena comparación y cuántos libros hemos leído que hacia el final ni con todo nuestro mayor deseo de empujarlos un poquito para que suban, son capaces de hacerlo. Y sin embargo nos dejas con ganas de Monteagudo, al que probaremos, yo al menos, para ver qué se cuece en ese talento..

Un saludo

Angéline dijo...

Perdona, te he dejado un comentario que ha salido como Marisa, sin perfil disponible. Quiero corregir ese error y saludarte de nuevo, ya con mi identidad de blogger.

Eva dijo...

Yo sí que he leído Fin. Quizás no sea una obra tan fallida como la que comentas, pero tampoco es redonda. Han llegado a compararla con La carretera de McCarthy y nada más lejos. Cuantas más espectativas tengas al leerla más te decepcionará, aún así yo la leí con gusto porque va mejorando poco a poco.