lunes, 24 de enero de 2011

"El sueño del celta", Mario Vargas Llosa (2010)

Les juro que no me lo he leído porque le hayan dado el Nobel. Además de que tengo una extraña relación con los últimos premiados (siempre me prometo leerlos pero descubro algo más apetecible), si no encuentran en este blog ninguna novela de Vargas Llosa es porque me las he leído (casi) todas desde la adolescencia.

Lo primero que pensé al empezar el libro es que El corazón de las tinieblas ya lo había escrito Joseph Conrad, así que me sonaba lejísimos que el que había pasado por las visitadoras, hecho la guerra en el fin del mundo o novelado como nadie las atrocidades de Trujillo se diese una vuelta por el Congo para contar las salvajadas de la época de Leopoldo II.

Luego seguí tratando de entender qué había llevado a Vargas Llosa a documentarse a conciencia para hacer un biopic literario de un héroe de la lucha ¡irlandesa! por la independencia. La vida de Roger Casement, indudablemente interesante aunque desconocida supongo que hasta por los propios irlandeses.

A estas alturas, mediada la novela, ya andaba yo bastante mosca, entre los saltos espacio-temporales que van desde Pentonville Prison al Congo y de Irlanda a las caucherías del Putumayo, pasando otra vez por la celda de Pentonville en la que Roger espera ser indultado o morir en la horca . Así que ya me preparaba  para un comentario negativo de mi en tiempos admirado Vargas Llosa, en clara venganza por tanto tiempo sin escribir novelas y haciendo pijadas por los teatros con la Aitana Sánchez-Gijón.

Pues no he podido. No es desde luego su mejor novela. De hecho no sé siquiera si es una novela, de tanto pretendido dato histórico como se percibe, pero el que tuvo retuvo y hay sobrados atisbos del maestro. Así que, al final, a pesar de tanto lío, de pasar porLondres, París, el Congo, Irlanda, La Amazonía y la Alemania del Kaiser. A pesar de todo eso, que recorre la novela como un documental de la 2 de factura impecable, me quedo con los momentos de la prisión, las sensaciones que ahí es capaz de transmitir merecen por sí solas la lectura del libro.

8 comentarios:

Goizeder Lamariano Martín dijo...

Siento que no te haya gustado tanto como esperabas. De Vargas Llosa solo he leído La ciudad y los perros y me gustó muchísimo, me sorprendió y me impactó y estoy deseando seguir descubriendo y disfrutando con este autor, aunque creo que antes de leer El sueño del celta leeré otras novelas suyas. Saludos.

Valeria dijo...

Vargas llosas ha sido también para mi una letura de la adolescencia, y también en esa época leí casi todo lo suyo. La verdad que no me interesa para nada la novela histórica, salvo las de la Yourcenar. Saludos.

Estonetes dijo...

Me da mucha pereza leer este libro, cada vez que voy a la libería lo mira de reojo. Él y yo sabemos que finalmente caerá.

Houellebecq dijo...

He leído casi todo Varguitas y me temo que este es su libro más plano. Tiene los aciertos que señalas, sin duda, pero por lo demás no hay profundidad psicológica(no en el conjunto, si en algunas partes), es más ensayo que novela y los datos que aporta en ocasiones son repetitivos. Sí, es su libro más redundante. Demasiada documentación y muy poca emoción. Y ojo que a mí me gustan los libros informados pero esto...

Adela dijo...

Es que aún haciendo este comentario, hay que leerlo. Desgraciadamente aquí en Cuba, Vargas Llosa no se vende, porque cierta vez hizo algunos comentarios en contra de la revolución cubana o qué sé yo por qué causa, no obstante, la gente lo lleva y lo trae hasta que llega a ojos ansiosos, como los míos. De manera que pondré este en la lista de los libros a "mendigar".
Estaba perdida pero ya llegué, ahora, mándame a callar, jeje.
Un abrazo, amigo.
PD: eres una de las pocas personas que leo usando correctamente el adverbio superlativo "lejísimos"

Miguel Alcobendas dijo...

Me produce vergüenza ajena que un premio nobel de literatura firme "El sueño del celta". Es lamentable. Una de las peores novelas que he leído últimamente. Nada que ver con el Vargas Llosa de hace veinte años. Al parecer sus coqueteos con la política y sus narcisismo teatral le han secado la médula literaria.

María Peltre dijo...

Lamentable novela y más lamentable pensamiento moral tras las letras.

mario que no llosa dijo...

Puffff... ¡pesadísima!