jueves, 11 de noviembre de 2010

"Las aventuras del buen soldado Svejk", Jaroslav Hâsek (1922)

Hace ya una eternidad, ni recuerdo qué edad tendría, era fijo seguidor de una serie de televisión que me divertía contando las historias del soldado Svejk, que era así como la absurda mezcla de Don Quijote y Sancho en el mismo cuerpo. Que aunque a veces parecía tonto, estaba siempre rodeado de gente a la postre más idiota que él.

Algunos años después me enteré que estaba basada en un libro del escritor Jaroslav Hasek, pero hasta ahora no me había puesto a leerla, aprovechando una magnífica edición que por primera vez está traducida directamente del checo.

Del libro pueden decirse muchas cosas, y hay sobrados motivos para recomendar su lectura, a pesar de que su autor murió antes de poder acabarlo. Podría decir que es un clásico, en el que se retratan muchas bajezas humanas, pero sobre todo la estupidez de un modo magistral. Pero es que además lo hace un sentido de la sátira tan intenso y fino que, literalmente, muchas veces tenía que parar de leer para reir a carcajada limpia. Episodios como las homilías del capellán castrense Katz, borracho como una cuba; o las órdenes, contraórdenes y disparatadas instrucciones de los mandos del ejército austrohúngaro deberían figurar en un manual de descripción del ser humano. Los que lo hayan leído recordarán sin duda al político de turno, al presidente de su club de fútbol, al alcalde de su pueblo, ....o a su jefe.

Y además, y seguramente sobre todo, es un maravilloso alegato contra la mayor de las estupideces humanas: la guerra. Demuestra que el humor es también un arma contra un mundo en que, acomplejados, cabrones o definitivamente tontos del culo, se disponen a mandar y a convencer a los demás que vayan a matarse.