miércoles, 5 de mayo de 2010

"La bendición", Nancy Mitford (1951)

A uno, que tiene el alma sensible, se le ponen a veces los dientes largos de ver como, otros blogueros menos correctos que yo (o más sinceros, vaya usted a saber), la emprenden, no ya con ironía sino con sano espíritu demoledor, con ciertos libros (véase sino v.gr. condonumbilical.blogspot.com, con comentarios a veces tremendos y geniales).

Lo digo porque me han entrado unas ganas tremendas de ser corrosivo y hasta salvaje con este libro.  Me viene la acidez porque lo leo después de haberlo regalado y porque me siento timado por haberme fiado de una buena editorial (Libros del Asteroide) y dejarme en la caja veinte eurillos en tiempos de crisis.

La tal Mitford, se ve, era una señora de muy buena familia, por lo que debía considerar que las andanzas y desventuras de la clase alta británica tienen particular interés para el resto de los mortales. Tal vez lo tuviesen en los años cincuenta, o quizá tenga yo alma proletaria, vaya usted a saber.  Porque el libro nos relata (eso sí, con algunos rasgos salvables de ironía y humor) la historieta de una inglesa rica que planta a su novio y se casa con un francés. Muy rico también, y al que le gustan más las mujeres que un tonto un lápiz. Y tienen muchos amigos y van a muchas fiestas (especialmente el marido). Y todos son igualmente tontos del culo.Y tienen un niño (la bendición), que es un cabroncete de tomo y lomo y que se dedica a hacer putaditas para que los padres se separen y así le hagan más caso. Vamos, el único tío normal de toda la novela.

Y no es es que esté mal escrito. Es que los personajes son absolutamente banales, vacíos, intrascendentes, triviales y definitivamente estúpidos. La historia carece de interés y sólo en tíos tan enfermos como yo es posible vencer la sana tentación de hacer una purificadora pira  con el ejemplar cuando llevas cien páginas y te das cuenta que no vas a ningún lado.

En francés: Une merde.