jueves, 25 de febrero de 2010

"La Rosa", Robert Walser (1925)

Seguramente conocerán la historia de los tres hombres y el elefante, una fábula tradicional recogida por el místico sufí Jalal al-Din Rumi en el siglo XIII: tres hombres ciegos tocan un elefante, tratando de averiguar cómo es: así para uno un elefante será algo curvo y duro, como un sable; para otro algo grueso y fuerte, como la columna de un templo;  para otro una cuerda delgada y fuerte.

Sirva esta metáfora de la imposibilidad de conocer el todo tocando sus partes aisladas para confesar que, tras haber leído La Rosa, prefiero reconocer que no doy por leído a Robert Walser. Porque, sin duda algo debe tener un autor que mucha gente defiende como tocado por la gracia: el favorito de Kafka, especialmente apreciado por Robert Musil o Elías Canetti. No seré yo quien los contradiga, líbreme el Señor.

Por eso prefiero esperar para opinar. Porque, entrar en la Rosa, la última de sus obras, sin antes conocer al autor, es perderse en un maremágnum de ideas, pensamientos, momentos, cuentos y cuentitos que en la mayoría de las ocasiones a uno se le antojan ininteligibles, como no sea como apuntes del camino del que al parecer era un gran caminante.

Lo dicho, lo dejo en los pendientes. Porque, hay demasiadas recomendaciones de Walser por ahí como para que se equivoquen. Pero les recomiendo que empiecen por otra.

miércoles, 24 de febrero de 2010

"Caín", José Saramago (2009)

Las discusiones entre Dios y un ateo son casi siempre impagables. Si, en este caso el ateo es premio Nobel, y toma a Caín por alter ego , sale esta especie de fábula irreverente y gamberra que, aunque literariamente no está entre lo mejor del portugués, merece mucho la pena,  como divertimento literario y como conjunto de reflexiones acerca del dios que la Biblia nos relata.

Si es usted ateo, agnóstico, o incluso creyente con sentido del humor (sé que los hay), puede leer tranquilo e incluso partirse de risa con un cain que, tras matar a su hermano abel emprende una ruta errabunda por los paisajes bíblicos, saltos espacio-temporales incluídos. Lo verán yacer con lilit -aspecto erótico-festivo inventado para la ocasión, pero también contemplar la cólera divina -demasiado generalizada, tal vez-  en sodoma y gomorra , salvar el pellejo por los pelos a Isaac (un verdadero ultra, ese Abraham) o acompañar a Noé viviendo el diluvio desde dentro del arca.

Un sabio Saramago, que da caña a la versión iracunda de un Dios vengativo , pero que reconoce también que la Biblia “tem coisas admiráveis do ponto de vista literário” e “muita coisa que vale a pena ler” – nomeadamente o livro dos Salmos, com páginas “belíssimas", o Cântico dos Cânticos, ou a parábola do semeador contada por Jesus.