jueves, 9 de diciembre de 2010

"La señora Dalloway", Virginia Woolf (1925)

La señora Dalloway relata la vida en un día de junio de los años veinte de Clarissa Dalloway. Con cincuenta y dos años y centradas sus preocupaciones en la organización de  una fiesta para ese día, Virginia Woolf construye como si fuese una grabadora las impresiones, visuales y mentales que en ese día transitan por la cabeza de Clarissa.

No pongo en duda el valor literario del libro: el manejo del lenguaje, las descripciones del entorno, la gente y hasta del estado de ánimo de la protagonista son precisas y a menudo muy bellas. Pero -es el sino de los tiempos modernos, sin duda- el transcurso del día de la doña se me ha hecho muy largo. Vamos, que como no pasa nada me aburro: que te puede gustar la miel, pero comer un tarro acaba siendo empalagoso. Y que me ha costado un esfuerzo acabar el librito.

Creo que me estoy haciendo mayor, pues desafío con este comentario a mi apreciado Vargas  Llosa en el año de su merecido Nobel. Un Mario que se deshacía en elogios de la Woolf en La verdad de las mentiras. Sin duda me estoy embruteciendo.

Supongo que hay un momento para cada libro. Uno de los mejores consejos literarios que he leído se refería al Ulises de Joyce: decía que la única manera de poder leerlo era arrebujado en un sillón de orejas,   aislado del mundo y con una botella de whisky al lado en la que ya faltaba contenido. Como no tengo sillón, ni tiempo y además no me gusta el whisky, tal vez tenga que esperar otro momento para disfrutar con ellos.

2 comentarios:

Valeria dijo...

Me saco el sombrero porque terminaste de leerlo. Yo no pude. Y me pasa con casi todos los libros de la Woolf: Cuando empiezo quedo maravillada por la densidad poética de su escritura, por las imágenes... pero luego ya no sé qué estoy leyendo, qué es lo que está PASANDO concretamente en la historia. La percepción tan subjetiva del mundo por los personajes me despista y termina dejándome afuera. Me pasó también, por ejemplo, con "Las Olas".
Vengo siguiendo tu blog hace tiempo y no tenés de qué preocuparte: Tenés credencial de excelente lector igualmente.
(Ah... y el Ulises lo empecé tres veces y me derrotó las tres...)

Joaquín dijo...

El absurdo de la lucha libro/hombre. No me curo. A mí sin embargo sorprendentemente me encantó "Orlando", todavía no sé el motivo, porque efectivamente no hay Dios que entienda a la Woolf.
Me alegra que coincidas, y además que reflejes mejor que yo lo que quería decir: Tanta belleza formal hace que no me entere de nada.