sábado, 25 de diciembre de 2010

"Algo que brilla como el mar". Hiromi Kawakami (2009)

Es difícil superarse después de "El cielo es azul, la tierra blanca", supongo. Una primera obra tan buena traza una línea de la que es fácil bajar, pero probablemente muy difícil subir e incluso sólo sostenerse.

Midori Edo es un adolescente poco al uso: vive con su madre soltera Aiko y su abuela Masako, y periódicamente soporta las visitas de Otori, su padre biológico. Su novia Mizue le reprocha su lejanía y su mejor amigo, Hamada, sueña con vestirse de mujer para sentirse acuchillado por todas las miradas.

Con semejantes mimbres la autora construye un relato sobre la búsqueda adolescente, la identidad y no sé cuántas cosas más. Pero no es fácil hacer un cesto con materiales tan sensibles, y tal vez se pierda la oportunidad de utilizar los personajes para construir un mundo un poco más mágico, al modo en que Murakami crea su realismo imposible con total naturalidad. En el fondo es eso lo que he echado de menos: una historia que podría ser potente y se queda en retazos poco hilvanados, lo que pudo ser y no fue. Tierra de nadie.

Y con todo no está mal , porque la chica tiene indudable talento.


viernes, 24 de diciembre de 2010

"Los hermosos años del castigo", Fleur Jaeggy (1989)

Un Oceano di Silenzio scorre lento
senza centro né principio
cosa avrei visto del mondo
senza questa luce che illumina
i miei pensieri neri.
(Der Schmerz, der Stillstand des Lebens
Lassen die Zeit zu lang erscheinen)

Todos los que hayan oído la canción que comienza con  esos párrafos, la maravillosa Oceano di silenzio del maestro siciliano Franco Battiato, pueden tener una idea más o menos clara de si les va a gustar este libro de Fleur Jaeggy. 

Porque aunque me haya enterado hace no tanto de que Jaeggy tenía obra publicada, su nombre me sonaba hace más de quince años como autora de la letra de ese maravilloso himno a la calma que es el Oceano de Silencio, que musica de manera impresionante como casi siempre Franco Battiato.

La impresionante calma fría y belleza de esa canción es lo que de modo magistral recoge un título no menos bello: "Los hermosos años del castigo": Los recuerdos que la narradora cuenta desde la madurez de su estancia en el Bausler Institut en Appenzell, en el cantón suizo junto al lago Constanza, contados con una prosa acerada, intensa, de frases cortas y punzantes, casi agresiva porque llega directamente a tocar carne.  

Hay gente que lo resume mejor que yo: "Una prosa extraordinaria. Duración de la lectura: cerca de cuatro horas. Duración del recuerdo y de la autora: el resto de la vida" (Josif Brodskij, premio Nobel de  literatura 1987).

Y si todavía no les vale les pongo el comienzo. Allá ustedes:

A los catorce años yo era alumna de un internado de Appenzell. El lugar por el Robert Walser había dado muchos paseos cuando estaba en el manicomio, en Herisau, no lejos de nuestro instituto. Murió en la nieve. Hay fotografías que muestran sus huellas y la posición del cuerpo en la nieve. Nosotras no conocíamos al escritor. Ni siquiera nuestra profesora de literatura lo conocía. A veces pienso que es hermoso morir así, después de un paseo, dejarse caer en un sepulcro natural, en la nieve de Appenzell, al cabo de casi treinta años de manicomio en Herisau.

lunes, 20 de diciembre de 2010

"Mendel el de los libros", Stefan Zweig (1929)

Menos de una hora, poco más de cincuenta páginas con letra grande, con la cuidada -y cara- edición de Acantilado. Pero una delicia extrema, un pequeño sorbo de buena literatura, de las mágicas historias del Zweig que nunca falla: cuántos párrafos hermosos, en una historia tan corta como intensa. Qué manera de definir la abstracción del mundo que siente el lector, la inmensa y absurda felicidad del saber, el sinsentido del mundo real frente al que es capaz de vivir en el duermevela que produce la lectura.

Esas páginas dan para mucho: para criticar la guerra, para renegar de las fronteras de la burocracia frente al saber que no conoce fronteras. Para convertir a un café en un personaje trascendental de la historia. Sé que no les he contado nada pero no les cuento más, léanlo:

Bienvenidos amigos al café Gluck de Viena, donde en un tiempo pudieron encontrar, sentado en una mesa cada día a Jackob Mendel,  librero de viejo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

"La señora Dalloway", Virginia Woolf (1925)

La señora Dalloway relata la vida en un día de junio de los años veinte de Clarissa Dalloway. Con cincuenta y dos años y centradas sus preocupaciones en la organización de  una fiesta para ese día, Virginia Woolf construye como si fuese una grabadora las impresiones, visuales y mentales que en ese día transitan por la cabeza de Clarissa.

No pongo en duda el valor literario del libro: el manejo del lenguaje, las descripciones del entorno, la gente y hasta del estado de ánimo de la protagonista son precisas y a menudo muy bellas. Pero -es el sino de los tiempos modernos, sin duda- el transcurso del día de la doña se me ha hecho muy largo. Vamos, que como no pasa nada me aburro: que te puede gustar la miel, pero comer un tarro acaba siendo empalagoso. Y que me ha costado un esfuerzo acabar el librito.

Creo que me estoy haciendo mayor, pues desafío con este comentario a mi apreciado Vargas  Llosa en el año de su merecido Nobel. Un Mario que se deshacía en elogios de la Woolf en La verdad de las mentiras. Sin duda me estoy embruteciendo.

Supongo que hay un momento para cada libro. Uno de los mejores consejos literarios que he leído se refería al Ulises de Joyce: decía que la única manera de poder leerlo era arrebujado en un sillón de orejas,   aislado del mundo y con una botella de whisky al lado en la que ya faltaba contenido. Como no tengo sillón, ni tiempo y además no me gusta el whisky, tal vez tenga que esperar otro momento para disfrutar con ellos.

jueves, 11 de noviembre de 2010

"Las aventuras del buen soldado Svejk", Jaroslav Hâsek (1922)

Hace ya una eternidad, ni recuerdo qué edad tendría, era fijo seguidor de una serie de televisión que me divertía contando las historias del soldado Svejk, que era así como la absurda mezcla de Don Quijote y Sancho en el mismo cuerpo. Que aunque a veces parecía tonto, estaba siempre rodeado de gente a la postre más idiota que él.

Algunos años después me enteré que estaba basada en un libro del escritor Jaroslav Hasek, pero hasta ahora no me había puesto a leerla, aprovechando una magnífica edición que por primera vez está traducida directamente del checo.

Del libro pueden decirse muchas cosas, y hay sobrados motivos para recomendar su lectura, a pesar de que su autor murió antes de poder acabarlo. Podría decir que es un clásico, en el que se retratan muchas bajezas humanas, pero sobre todo la estupidez de un modo magistral. Pero es que además lo hace un sentido de la sátira tan intenso y fino que, literalmente, muchas veces tenía que parar de leer para reir a carcajada limpia. Episodios como las homilías del capellán castrense Katz, borracho como una cuba; o las órdenes, contraórdenes y disparatadas instrucciones de los mandos del ejército austrohúngaro deberían figurar en un manual de descripción del ser humano. Los que lo hayan leído recordarán sin duda al político de turno, al presidente de su club de fútbol, al alcalde de su pueblo, ....o a su jefe.

Y además, y seguramente sobre todo, es un maravilloso alegato contra la mayor de las estupideces humanas: la guerra. Demuestra que el humor es también un arma contra un mundo en que, acomplejados, cabrones o definitivamente tontos del culo, se disponen a mandar y a convencer a los demás que vayan a matarse.

viernes, 29 de octubre de 2010

"La estrella del diablo", Jo Nesbo (2003)

RBA publica por fin la tercera novela del noruego Nesbo, para mí uno e los mejores escritores actuales de novela negra, y del que soy fan acérrimo desde su Petirrojo (la mejor de sus tres novelas publicadas en castellano).
Jo Nesbo es una muestra de lo mal repartido que anda el talento: con una pinta a medias entre uno de los asesinos de  sus libros y protagonista de Trainspotting es el líder y cantante del grupo de rock noruego Di Derre, pero le da por escribir novela negra y lo hace de fábula.

En cuanto a la obra, cumple todos los requisitos para ser una magnífica heredera de lo mejor de la novela negra clásica: un Harry Hola totalmente hecho polvo y alcoholizado perdido, a punto de perder novia y trabajo; unos compañeros corruptos y un jefe gilipollas. Y sí, un asesino en serie, aunque no todo es como parece.

Y un aviso final: es muy recomendable leer antes su segunda novela Némesis, porque aunque cambia el asesino, la trama y los demonios personales de Hola nacen y crecen en la novela anterior. No me ha parecido tan buena como ésta, pero en muchos detalles resulta imprescindible para conocer el entorno del protagonista.



miércoles, 25 de agosto de 2010

"Indigno de ser humano", Osamu Dazai (1948)

Algunas veces, desafortunadamente pocas, uno tiene la suerte de cara en esa lotería de comprarse un libro a la buena de Dios, sin recomendación alguna y topándose con él en la mesa de novedades de una librería.

Ayuda sin duda a que el resultado sea bueno esta hornada de nuevas editoriales pequeñas (Sajalín es ésta, pero también me valen Impedimenta, Funambulista y hasta al consagrada Acantilado) que tienen a bien llevar la condición de editores con decencia, y traer al castellano obras injustamente olvidadas.

Benditos sean, porque me gusta mucho la literatura japonesa, pero como soy lector inconstante y nada académico lo mismo me leo los desbarres de Ryu Murakami que me olvido de Kawabata. Así que desconocía la existencia de este hombre, a pesar de que al parecer esta obra es de culto en Japón.

El hombre es Osamu Dazai y también tiene una vida para contar, pero lo dejamos para otro día. Les digo sólo que acabó como tantos de allá, un joven suicida.

Tal vez esa vida atormentada fué el germen de estos cuadernos que forman "indigno de ser humano": la ruta de la autodestrucción  progresiva narrada desde dentro y con una fuerza literaria perturbadora: sin estridencias y describiendo, con esa oriental calma, su rumbo al abismo.

En sus poco más de cien páginas hay mucha literatura con mayúscula. No es muy frecuente que incluya textos en los comentarios (además este no especialmente significativo del contenido), pero no quería que lo perdiesen cosas como esta:


A la orilla del mar, tan cerca que podría parecer que allí mismo rompían las olas, crecía una hilera de más de veinte enormes cerezos silvestres de tono negruzco. Cada abril, cuando comenzaba el curso, los cerezos abrían sus espléndidas flores, junto con las hojas nuevas de color verde pardo y apariencia húmeda, que se recortaban contra el azul del mar. Después caían los pétalos como una tormenta de nieve, se esparcían sobre el agua, se quedaban flotando como pálidas incrustaciones de nácar y volvían a la arena...

martes, 24 de agosto de 2010

"La pulga de acero", Nikolai Leskov (1881)

Además de tener la oportunidad de poseer un bonito libro, en una edición impecable de la editorial Impedimenta, posiblemente lo mejor de esta obra es descubrir a un autor como Leskov, perjudicado sin duda por el pecado de ser coetáneo de Dostoyevski y Tolstói.

La pulga de acero narra, en una forma literaria de cuento breve, una sencilla historia en la que el Zar  Alejandro recibe como regalo en un visita a Inglaterra, una minúscula pulga de acero, que al ser accionado su mecanismo con una más minúscula llave, ejecuta una danse. Queda el soberano fascinado  por el regalo y la inventiva inglesa... Pero una vez vueltos a Rusia, el cosaco Platov, que había acompañado al anglófilo zar, entrega la pulga a los artesanos de la ciudad de Tula, pues considera que cualquier invento puede ser mejorado por los  rusos. 

La historia de la reelaboración rusa de la pulga, el consiguiente viaje de nuevo a Inglaterra de Platov y su defensa de la insuperable calidad de todo lo ruso es una delicia, construida con un humor caústico que parece ridiculizar por igual a unos y otros.

De todos modos, y como decía al principio, lo que me ha gustado más es la oportunidad de saber de la existencia de este Nikolai Leskov , a lo que parece autor de vida turbulenta y obra lamentablemente poco conocida. A ver si así voy saldando deudas con la literatura rusa, que últimamente los tengo muy olvidados...

miércoles, 18 de agosto de 2010

"La visita del arzobispo", Adam Bódor (1992)

No sabría exactamente decir en qué se parecen entre sí, ni en qué se distinguen de otras, pero me está pasando que con algunos autores del este de Europa, -al margen de darme cuenta de las grandes cosas que uno se está probablemente perdiendo- encuentro una manera de contar que me resulta extraña, sorprendente a veces, definitivamente rara, pero que -sin acabar de agradarme al principio- siempre consigue mantener el interés a lo largo del libro y hace que su recuerdo permanezca mucho tiempo. Algo así como cuando uno se inicia en las bondades del vino tinto para el cuerpo y el espíritu.

Lo digo, aunque no se parecen, porque ha coincidido la lectura de este pequeño libro con la que tengo a medias de las Aventuras del buen soldado Svejk, del checho Hasek y la manera de escribir me parece igual de brusca y chocante a pesar de los distintos países y épocas de los libros.

Adam Bódor es un autor húngaro, aunque nacido en la Transilvania rumana. Una circunstancia que no debe de ser ajena a su obra, porque por aquellos lares hay una de cristos no resueltos con las minorías que dejan en ná los follones patrios. Pero dejo la historia para que me la explique mi amigo JM, para eso me ha regalado el libro. Lo que yo les quiero decir es que la historia es como una cata, un corte al medio de una sociedad miserable, donde las personas no importan y estamos todo el rato esperando lo único importante del único que importa: la visita del arzobispo, culmen del poder absoluto, que en este caso es la Iglesia, pero que podría ser cualquier otro.
Pues eso, como el buen vino tinto: un poco áspero al principio, pero lleno de matices, de simbolismos y de mensajes que van mucho más allá de lo que dice el mero texto. Un autor a seguir.


martes, 17 de agosto de 2010

"Bilbao- New York-Bilbao", Kirmen Uribe (2008)

 Hace unos meses leía Un tranvía en Sp, un libro escrito originalmente en euskera y que fué (merecidamente) premiado en 2001 con el Premio Nacional de narrativa. Una novela maravillosa y distinta que daba paso a un mundo diferente.

Tal vez guiado por esos precedentes me compré este Bilbao-New York-Bilbao, también original en vasco e igualmente premiada con el Nacional de narrativa sin haber sido traducida al castellano.

Kirmen Uribe empezó, o sigue siendo, digo yo, básicamente poeta (lo dice la contratapa, que yo en euskera leo poco) , y seguramente lo de más valor en el libro es ser capaz de construir una historia hilvanada en torno a un viaje de Bilbao a New York en avión, agrupando los más heterogéneos recuerdos familiares (reales o inventados, quien lo sabe), cartas, correos electrónicos, historias varias . Relato armado en torno al pintor Aurelio Arteta y su mecenas, y sobre todo en torno a la vida de los hombres del mar. Algo que reconozco me seduce , pues de un pueblo marinero soy, y por ello agradezco ese toque de poesía y una cierta mitificación que haga parecer tan bella la casi siempre jodida vida de los marineros. Ah, los poetas...

Un  poco excesivo para ser Premio Nacional de Narrativa, pero un bonito libro,  bien escrito.

jueves, 29 de julio de 2010

"La caza del carnero salvaje", Haruki Murakami (1982)

Debo haber dicho alguna vez que comencé a leer a Murakami cuando compré una edición de Círculo de Lectores de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Y como no estaba yo en aquella época introducido en los vericuetos del mundo de los blogs (o probablemente no existían), me llevó al Haruki mi conocida (al menos en mi casa) afición por la literatura japonesa y sobre todo ese enfermizo cosquilleo que me producen algunos títulos (alguien debería escribir algo, si no se ha hecho, sobre el arte de poner título a los libros).

Me he leído desde entonces casi todas sus novelas, cierto  que en el caótico orden en que iban cayendo en mis manos (aunque les parezca increíble, no era tan fácil hace años conseguirlas...), y resumo para mí tres tipos de Murakamis:

El de Norwegian Wood (Tokio Blues). Para mí una buena novela, pero demasiado convencional: no me da la sensación que resuma su obra ni su estilo si es lo único que has leído.

El Murakami que  me gusta y que reconozco, donde la historia se mezcla con elementos mágicos y surrealistas, lo que hace que lerr una de sus novelas sea un verdadero viaje: "Al sur de la frontera, al oeste del sol",  "Sputnik, mi amor"  y sobre todo "Kafka en la orilla".

Y por fin, el Murakami un poco flipado, decididamente surrealista pero abrumador creando un mundo propio:  El de Crónica del pájaro que da cuerda la mundo (para mí su mejor título y su mejor novela), y un poco también el de La caza...  No es ésta (que fue su primera novela) una obra tan redonda, tan acabada y completa, pero sí tiene una fuerte identidad propia, que puede gustar o no a quien lo lea, pero que anticipaba en 1982 que estábamos ante un escritor distinto.

No les cuento nada del argumento, que va de eso: de la búsqueda de un carnero. Un carnero distinto a todos que aparece en una foto publicitaria y que el protagonista tendrá un mes para encontrar si quiere que no le arruinen la vida. Un carnero que es el símbolo de muchas cosas, seguramente del poder y también de todo lo que cada uno quiera encontrar.


lunes, 28 de junio de 2010

"El hombre que se esfumó", Per Wahloo & Maj Sjöwal (1966)

En esta especie de nórdico delirio que le ha entrado a todo el mundo (para regocijo del mundo editorial, que se está forrando a base de vender a todo autor que tenga un nombre parecido a los muebles de Ikea), llegamos al origen del mal, el lugar al que conducen todos los caminos: Maj Sjöwal y Per Wahloo, autores que van siempre juntos, como Villeroy & Boch, como Bang & Olufsen,  como Vittorio y Lucchino,

Vamos, los padres de todo este sarao de la novela negra nórdica: un matrimonio majete que allá por los años 60 comenzó a escribir las aventuras del comisario Martin Beck y (es de justicia reconocerlo), marcó los trazos del policía honesto y con problemas personales que probablemente iluminaron el camino al Wallander de Henning Mankel.

Aunque sólo sea por eso, merece por tanto la pena leerlo. El segundo libro de una serie de diez que comienza con Roseanna y que RBA está ahora publicando de nuevo desde el principio. No es un libro de enorme calidad, pero se lee con agrado, recordando los tiempos que ahora parecen tan lejanos, en los que para hacer una llamada telefónica había que pedir centralita, en lugar de echarse la mano al bolsillo.

Porque sí, amigos. Hubo un tiempo en que no existían los móviles.



sábado, 19 de junio de 2010

Un homem decente

Ha muerto José Saramago. Un hombre decente consigo mismo. A pesar del Nobel,. A pesar de ser de un maravilloso país lleno de Caínes en el que veía cosas odiosas (como sólo las puedes ver en lo que amas profundamente).

Este es un sitio para comentar libros, no personas. Pero era de las pocas personas a las que me hubiera gustado conocer, así que sirva este estéril homenaje. Nos quedan su iberismo, la convicción  que comparto de que España y Portugal son dos hermanos unidos (pero por la espalda como los siameses). Y sus libros.

Decía que el hombre más sabio que había conocido no sabía leer ni escribir. Era su abuelo.


miércoles, 5 de mayo de 2010

"La bendición", Nancy Mitford (1951)

A uno, que tiene el alma sensible, se le ponen a veces los dientes largos de ver como, otros blogueros menos correctos que yo (o más sinceros, vaya usted a saber), la emprenden, no ya con ironía sino con sano espíritu demoledor, con ciertos libros (véase sino v.gr. condonumbilical.blogspot.com, con comentarios a veces tremendos y geniales).

Lo digo porque me han entrado unas ganas tremendas de ser corrosivo y hasta salvaje con este libro.  Me viene la acidez porque lo leo después de haberlo regalado y porque me siento timado por haberme fiado de una buena editorial (Libros del Asteroide) y dejarme en la caja veinte eurillos en tiempos de crisis.

La tal Mitford, se ve, era una señora de muy buena familia, por lo que debía considerar que las andanzas y desventuras de la clase alta británica tienen particular interés para el resto de los mortales. Tal vez lo tuviesen en los años cincuenta, o quizá tenga yo alma proletaria, vaya usted a saber.  Porque el libro nos relata (eso sí, con algunos rasgos salvables de ironía y humor) la historieta de una inglesa rica que planta a su novio y se casa con un francés. Muy rico también, y al que le gustan más las mujeres que un tonto un lápiz. Y tienen muchos amigos y van a muchas fiestas (especialmente el marido). Y todos son igualmente tontos del culo.Y tienen un niño (la bendición), que es un cabroncete de tomo y lomo y que se dedica a hacer putaditas para que los padres se separen y así le hagan más caso. Vamos, el único tío normal de toda la novela.

Y no es es que esté mal escrito. Es que los personajes son absolutamente banales, vacíos, intrascendentes, triviales y definitivamente estúpidos. La historia carece de interés y sólo en tíos tan enfermos como yo es posible vencer la sana tentación de hacer una purificadora pira  con el ejemplar cuando llevas cien páginas y te das cuenta que no vas a ningún lado.

En francés: Une merde.




sábado, 24 de abril de 2010

"Rashomon y otros relatos", Ryunosuke Akutagawa (1915)

Seguro que todos los buenos aficionados al cine conocen el Rashomon de Akira Kurosawa, considerada una absoluta obra maestra. E incluso los no tan cinéfilos habrán visto el western Cuatro confesiones (The outrage), de Martin Ritt , con Paul Newman y Edward G. Robinson (una versión a la americana de la película de Kurosawa)

Esta enciclopédica y fílmica introducción, además de un homenaje al séptimo arte ahora que mi hija no nos deja ir al cine, viene a cuento porque la película de Kurosawa está basada en los dos primeros relatos de este libro: Rashomon y En el bosque ( realidad, la historia en El Bosque y la atmósfera en Rashomon) . Una razón suficiente seguramente para leerlos. Dos relatos con una tremenda fuerza expresiva, que no olvidarán facilmente aunque no hayan visto el film de Kurosawa, y que no olvidarán nunca si la han visto. La historia de un homicidio contada en cuatro versiones.

Pero como esto va de literatura procede recordar que Akutagawa es uno de los escritores más importantes de su generación, y que el premio literario más prestigioso de Japón lleva su nombre. Y aunque el tiempo (casi cien años) ha pasado de manera desigual por los relatos, en su mayoría resisten , pues además muchos  están basados en revisiones de  cuentos medievales.

Bueno, literatura japonesa en estado puro. Con autor como debe ser, de vida atormentada que, para variar, se suicidó en 1927.

sábado, 17 de abril de 2010

"A praia dos afogados" , Domingo Villar (2009)

Que su editorial en castellano sea Siruela es un lujo que no todos los que escriben en gallego pueden permitirse. Y aunque también las buenas editoriales publiquen alguna castaña, siempre es un aval que una novela en gallego  , además de que la compren y  lean en su lengua original, se considere digna de traducirse para que la entiendan allende Pedrafita.

Hallábame yo ya un poco cansado de los que consideran que como ésta es una lengua minoritaria hay que proteger a toquisqui que escribe en gallego, olvidándose que los libros sólo deberían dividirse según dos criterios: los que hay que conservar o los que hay que quemar (si puede ser, para encender la chimenea ,como hacía el impagable Carvalho). Así he padecido pestazos infumables de autores bendecidos con fondos públicos, mientras olvidaban algunos que Torrente Ballester era gallego hasta la médula, aunque para rechinar de alguno escribiese en castellano.

Vaya  rollo. Bueno, cansado estaba, les decía, y he aquí que me encuentro una novela de polis, que además de que es en gallego y sucede en Galicia, está bien escrita. Así que  no recorrerán los barrios del frío Estocolmo ni comerán salmón, tendrán de conformarse con las calles de un lluvioso Vigo  (en realidad no llueve tanto) y con los percebes del Elixio (tampoco es mal  plan) . Así que les invito a venirse a la húmeda y marinera vertiente atlántica, para que vean como en todos los sitios cuecen habas...


sábado, 10 de abril de 2010

"La piedra lunar", Wilkie Collins (1868)

Al parecer, T.S. Eliot dijo de ella que era la "primera, la más larga y la mejor de las novelas detectivescas de Inglaterra". En ella aparecen muchos de los elementos que muchos años más tarde podemos ver en las novelas, por ejemplo, de Agatha Chistie: mucho personaje, mucho sospechoso,  y dos figuras que nos cansaremos de ver en las novelas de misterio: el policía tonto y el policía listo (un memorable sargento Cuff).

Collins lo hace en el estilo que ha había ensayado con éxito en La mujer de blanco, a través de una historia relatada en estilo epistolar por varios de los testigos del hecho (un robo). Historias que se van sucediendo y construyendo la narración complementándose y sin pisarse, cada una realizada con un estilo particular tan logrado que de verdad creemos que han sido escritas por personas diferentes: el peso principal lo lleva la narración de...(cómo no en una novela de ambiente victoriano)...el mayordomo, Gabriel Betteregde, un personaje inolvidable, conservador como procede y lector fanático del Robinson Crusoe. El relato del mayordomo, incluyendo las perlas de humor inglés que dedica a su extinta esposa ,no  tiene desperdicio. Si bien donde el humor ácido relumbra es en el relato de la tía de Rachel, una Drusilla Clark obsesiva repartidora de folletos religiosos a la que Collins castiga despiadadamente con su ironía.

A todo esto, la piedra en cuestión es un diamante de origen indio, robado por un miembro de la familia de un templo sagrado  y que lega en el día de su cumpleaños a la joven Rachel Verinder.Con él llega su posible malidición y tres brahmanes que han consagrado su vida a la recuperación del diamante.

No les cuento más, que me extiendo. Sirva simplemente decir que son más de 700 páginas, y es capaz de mantener el interés durante todas ellas, algo meritorio para cualquier libro, pero más para uno por el que han pasado ciento cincuenta años...

domingo, 14 de marzo de 2010

"Invisible", Paul Auster (2009)

Hacía tiempo que no leía a Paul Auster, y como es uno de mis fijos y  algunas de últimas novelas habían tenido unas críticas horribles, me había dado un austeriano descanso. No lo pensé mucho cuando compré Invisible, y a la postre resultó que por lo menos estaba bendecido por buena parte de la crítica, incluso  por el  New York Times, que en su Sunday Book Review  la calificaba como su mejor novela.

 No diría yo tanto. Es este un Auster que me parece un poco más oscuro, ocupado en contar la historia de atrás adelante, a través de varias voces que leen e interpretan sus escritos y relatado por varias personas. Un Auster más osado que  -novedad- dota a la novela de un fuerte contenido erótico (aunque con la elegancia que le caracteriza aquí no escandalice a nadie, supongo que en USA quedará como un pornógrafo), capaz de incluir un incesto sin despeinarse . Un Auster-eso sí- lector conspicuo, que recurre al siempre agradecido elemento de introducir  la literatura  en la novela, desde la poesía provenzal hasta alusiones a Perec y Vila Matas.

Invisible me parece una buena novela, un grato reencuentro con un Paul Auster diferente. El pero es que  al final me ha dado la impresión que la estructura que utiliza para contar la historia es como un ensayo de cosas nuevas, o como una prueba de renovación que  me parece absolutamente innecesaria. Cuando se tiene un poderío tan insultante para contar, una facilidad para crear imágenes tan nítidas en el lector, no parece necesario un artificio como el que se monta en la novela. Algo así sólo sirve para despistar a los austerianos que, como yo, estamos ya convencidos de antemano y buscamos encontrar ese camino que, a través del azar siempre conduce al lugar adecuado.

martes, 9 de marzo de 2010

"Entre la promesa del verano y el frío del invierno", Leif Gw Persson (2002)

Entre la promesa del verano y el frío del inverno es el primer libro de la trilogía El declive del estado del bienestar (ya ven que este año tampoco me libro de las novelas por grupitos), sugerente título bajo el cual se esconde una novela más política que policíaca y más de espías que del género negro.

Aún desde aquí abajo, en la península, fuimos conscientes del mazazo que supuso para la tranquila y desarrollada sociedad sueca el asesinato de Olof Palme, primer ministro, en 1986. Un golpe al eje de la sociedad paradigma del estado del bienestar.

Sin mencionarlo una sola vez por su nombre, Leif GW Persson, un criminólogo que trabaja para la policía sueca elabora una tesis que acaba con el asesinato del Primer Ministro, pero que sobre le sirve de excusa para dar un despiadado repaso a la policía y los servicios secretos suecos, (la Sapö que salía tanto en la trilogía de Millenium). Un repaso del que la solvencia y profesionalidad de los polis de la cuasi perfecta Suecia no sale demasiado bien parado, porque la novela es sobre todo, más que una novela policíaca, una novela de policías.

El aparente suicidio de un anónimo ciudadano americano será el punto en que la madeja se empieza a desliar, o a liar, -quien sabe-. Dos investigaciones paralelas, de la policía convencional y de la policía secreta nos van contando la historia que ya saben como acaba. Lamentablemente, una buena idea de partida se queda un poco por el camino, porque los valores literarios son un tanto justitos y es demasiado larga para lo que cuenta.

En suma, un libro que podría ser mejor, pero interesante al fin, así que igual hago hueco para ver en qué para este declive del estado del bienestar. Será por la crisis.

martes, 2 de marzo de 2010

"La soledad de los números primos", Paolo Giordano (2009)


Antes de empezar este comentario, me he dado una vuelta por el ciberespacio literario, a ver si  soy una rara avis (que sí), porque puedo entender que haya vendido más de un millón y medio de libros en Italia, pero no que le hayan dado el premio Strega (el mismo que El Gatopardo). Como veo que son multitud los comentarios de lectores seducidos por el libro (algunos francamente mejores que la novela), no hagan mucho caso a lo que les voy a contar, habré tenido un mal día.

Porque reconozco que adictivo sí que es, me lo he leído en tres horas. Y al terminar, tenía la sensación de haber tomado una CocaCola: es fácil de beber, da incluso algo de gustito mientras la vas tomando, pero al final sólo tienes un regusto a algo dulce y el estómago lleno de gas. Qué le vamos a hacer, yo soy más de vino.

El recurso a la matemática suele funcionar bien, ya se sabe que a los que somos de letras nos mentan dos teoremas y  la Tesisde Riemann  y nos perdemos de esotérico que parece.  Pero el puzle no me encaja, y además las relaciones y los sentimientos  me parecen obvias y descritas de forma incompleta y un tanto torpe: que si traumas infantiles, que si él es un genio y ella una anoréxica. Ahora describo un amigo un poco homosexual y después un episodio de violencia conyugal. Qué lío.

jueves, 25 de febrero de 2010

"La Rosa", Robert Walser (1925)

Seguramente conocerán la historia de los tres hombres y el elefante, una fábula tradicional recogida por el místico sufí Jalal al-Din Rumi en el siglo XIII: tres hombres ciegos tocan un elefante, tratando de averiguar cómo es: así para uno un elefante será algo curvo y duro, como un sable; para otro algo grueso y fuerte, como la columna de un templo;  para otro una cuerda delgada y fuerte.

Sirva esta metáfora de la imposibilidad de conocer el todo tocando sus partes aisladas para confesar que, tras haber leído La Rosa, prefiero reconocer que no doy por leído a Robert Walser. Porque, sin duda algo debe tener un autor que mucha gente defiende como tocado por la gracia: el favorito de Kafka, especialmente apreciado por Robert Musil o Elías Canetti. No seré yo quien los contradiga, líbreme el Señor.

Por eso prefiero esperar para opinar. Porque, entrar en la Rosa, la última de sus obras, sin antes conocer al autor, es perderse en un maremágnum de ideas, pensamientos, momentos, cuentos y cuentitos que en la mayoría de las ocasiones a uno se le antojan ininteligibles, como no sea como apuntes del camino del que al parecer era un gran caminante.

Lo dicho, lo dejo en los pendientes. Porque, hay demasiadas recomendaciones de Walser por ahí como para que se equivoquen. Pero les recomiendo que empiecen por otra.

miércoles, 24 de febrero de 2010

"Caín", José Saramago (2009)

Las discusiones entre Dios y un ateo son casi siempre impagables. Si, en este caso el ateo es premio Nobel, y toma a Caín por alter ego , sale esta especie de fábula irreverente y gamberra que, aunque literariamente no está entre lo mejor del portugués, merece mucho la pena,  como divertimento literario y como conjunto de reflexiones acerca del dios que la Biblia nos relata.

Si es usted ateo, agnóstico, o incluso creyente con sentido del humor (sé que los hay), puede leer tranquilo e incluso partirse de risa con un cain que, tras matar a su hermano abel emprende una ruta errabunda por los paisajes bíblicos, saltos espacio-temporales incluídos. Lo verán yacer con lilit -aspecto erótico-festivo inventado para la ocasión, pero también contemplar la cólera divina -demasiado generalizada, tal vez-  en sodoma y gomorra , salvar el pellejo por los pelos a Isaac (un verdadero ultra, ese Abraham) o acompañar a Noé viviendo el diluvio desde dentro del arca.

Un sabio Saramago, que da caña a la versión iracunda de un Dios vengativo , pero que reconoce también que la Biblia “tem coisas admiráveis do ponto de vista literário” e “muita coisa que vale a pena ler” – nomeadamente o livro dos Salmos, com páginas “belíssimas", o Cântico dos Cânticos, ou a parábola do semeador contada por Jesus.

martes, 26 de enero de 2010

"Kitchen", Banana Yoshimoto (1988)


Kitchen es la historia de Mikage Sakurai, una joven que queda absolutamente sola en el mundo al morir su abuela, y se refugia en la tranquilidad de la cocina hasta que su vecino Yuichi llama a su puerta. Mikage se mudará a la casa de los Tanabe y entablará una extraña relación con Yuichi y su madre Eriko, un personaje absolutamente alucinado, un travestido que antes fué el padre de Yuichi (sic) , pero  algunas de cuyas reflexiones son de lo mejor del libro.

Un relato que fue el primer libro de Banana Yoshimoto, y que como ella reconoce  parece un poco verde y problemente falto de un remate definitivo que la haga más redondo. En cualquier caso, promete y recuerda las inquietantes sensaciones  de algunos relatos de Murakami (Haruki, pero también Ryu) o de El embarazo de mi hermana, de Yoko Ogawa. Una visión que luego sí remataría acertadamente, porque aunque sólo he leído los relatos de Sueño Profundo, escritos seis años más tarde, en ellos se consigue transmitir intensamente las mismas turbadoras sensaciones de pérdida y soledad, una constante a lo que se ve en las obsesiones de la autora.

El libro tiene término con otro cuento: Moonlight Shadow (sí: como la canción de Mike Oldfield:) que me ha gustado mucho, a pesar que es una historia mucho más sencilla, y escrita cuando era una estudiante de veintiún años que a lo que se ve prometía ....

martes, 12 de enero de 2010

"El hombre que plantaba árboles", Jean Giono (1953)

Para los que creen que todavía no es tarde, que siempre hay esperanza. Para los que creen que la fe en la honestidad personal todavía puede hacer que las cosas cambien. Seguramente para ellos escribió Jean Giono esta breve y bella historia. Para ellos también seguramente la recordó Saramago en su blog en agosto pasado (Em verdade, estamos esperando o aparecimento de uns quantos Elzéard Bouffier reais. Antes que seja demasiado tarde para o mundo).

Porque el hombre que plantaba árboles en esta historia, ese Elzéard Bouffier, el pastor que dedicó su vida a recorrer paisajes desolados dejando semillas y plantones,  sin esperar a cambio más que recuperar la serena belleza del bosque, es lamentablemente un personaje inventado, fruto de la imaginación de Giono.


Todos los que amamos los árboles sabemos que en ellos reside la esencia de la tierra. Forman parte de la vida y de la literatura de todos los tiempos, desde el fresno Yggdrasil de la mitología nórdica hasta los ents de Tolkien. Por eso el abuelo de Saramago (y mi mujer) se abrazan a ellos con los pies desnudos para tomar energía. Por eso Waangari Maathai recibió el Nobel por luchar por el futuro de África plantando treinta millones de árboles. Por eso no deben dejar de leer este libro si aman el bosque.

En fin, que aunque no deberían renunciar a comprarse o pedir este libro para quedárselo, siguiendo los deseos del propio Giono,  pueden leer el texto aquí.

lunes, 4 de enero de 2010

"Desde ahora te acompañaré a casa", Kjell Askildsen (1953-1994)


Desde ahora te acompañaré a casa recoge una selección de relatos que abarcan desde el del mismo título, con el que comenzó a publicar en 1953, hasta relatos de otras épocas, lo que nos permite trazar algún recorrido por la personal manera de escribir de este autor.

Gracias sean dadas a la moda de lo nórdico, que ha permitido que llegue a conocer (con la mediación de algunos destellos que a veces -pocas- conserva el suplemento Babelia de El País) a un escritor que, de todos los calificativos que he podido leer de él, se define fácil y rapidamente con uno: su escritura es cortante como un cuchillo. O diría mejor, incisiva como un punzón:, poca apariencia exterior, pero con muchas secuelas internas: historias breves, descripciones concisas, hechos aparentemente triviales que denotan los más ocultos y tremendos conflictos del alma.

Casi ninguno de los breves cuentos tiene desperdicio, pero yo me quedo con Desde ahora te acompañaré a casa, o de como se puede contar con desgarradora sencillez el inicio sexual (un relato que fue prohibido en sus orígienes) hasta, y sobre todo, los últimos cuentos del libro, episodios apenas esbozados de pequeños conflictos conyugales que retratan con una maestría insuperable miedos, dudas y hasta el hastío momentáneo de una vida en pareja.

domingo, 3 de enero de 2010

El cuaderno del 2009

Como ya he convertido en costumbre, y a modo de autorecuerdo de los -lamentablemente pocos- libros que este año me ha dejado leer la pequeña Martina, resumo para quien a esto llegue lo mejor que ha pasado por mis manos :

  1. La Suma de Maqroll el Gaviero, de Álvaro Mutis, porque he terminado de leer la mejor saga literaria que jamás ha llegado a mis manos. Beleza pura, como la canción de Caetano Veloso. Imposible decidir cuál es la mejor de las siete novelas.
  2. La Trilogía de Deptford, de Robertson Davies. Ya se ve que este año las novelas vienen en grupos. Seguramente el descubrimiento literario del año. Como ya he dicho por ahí, me quedo con El quinto en discordia, aunque ni Mantícora ni El mundo de los prodigios tienen desperdicio.
  3. La Carretera, Cormac Mccarthy. Sencillamente impresionante. La leí hace justo un año y las imágenes que provoca las sigo teniendo en la cabeza.
  4. Diarios 1984-89, Sándor Márai. La increíble belleza del amor como resumen de toda una vida.
  5. A viagem do elefante. Porque Saramago no debe faltar. Cuando Sancho Panza va en elefante.
  6. Lo que sé de los vampiros, Francisco Casavella.Un descubrimiento tardío de un prosa de belleza poco frecuente.
  7. La maravillosa vida breve de Oscar Wao, Junot Díaz. No me lo podía creer, me estaba gustando: una mezcla alucinante llena de vida.
  8. El cielo es azul, la tierra blanca, Hiromi Kawakami. La soledad y el amor entre sake y comida. Simple y hermosa.