viernes, 28 de agosto de 2009

"Mantícora", Robertson Davies (1972)

A mí me gusta leer porque me produce placer. Placer cuando puedo identificame con una historia y placer cuando puedo disfrutar de la belleza de la escritura.

Por eso, si padecen com yo este este mal, les recomiendo a Robertson Davies: entrar en uno de sus libros es recuperar el goce de leer: la intensidad de la historia, la profundidad de las reflexiones, la erudición sin pedantería. Hacía tiempo que no encontraba un conjunto de historias humanas tan gozosamente bien enlazadas y descritas.

Mantícora es el segundo de los libros de la Trilogía de Deptford, que sigue a El quinto en discordia, que reseñaba ahí atrás. Es verdad que puede leerse aisladamente y seguiría siendo una buena obra, pero es dentro de la trilogía como encuentra todo su sentido. Una mirada desde otra óptica a algunos hechos y personajes que aparecían en el primer libro.

Una mantícora, creo que esto puedo anticiparlo, es un animal mitológico con cuerpo de león, cabeza de hombre y un aguijón en la cola. Mito, que tiene mucho que ver con esta trilogía. Y que tiene que ver mucho también con los sueños, que juegan un papel muy importante en esta historia: Boy Staunton ha muerto, ahogado en su coche en el fondo del puerto de Toronto con una piedra en la boca. Si en el primer libro la historia de Boy nos la cuenta su mejor ¿amigo? Dunstan Ramsay, es ahora su hijo David Staunton quien, afectado por la muerte de su padre, acuede a una clínica de psicoanlálisis de Zurich para tratar de revisar su historia y dar solución a muchas interrogantes.

A lo largo de un año de tratamiento con la doctora Von Haller, David hará un feed-back de la historia de su padre y de su propia historia. Análisis que -al margen de algunos conceptos psicoanalíticos junguianos que tal vez espesen por momentos la trama, dará algunas frases verdaderamente antológicas.

Una obra magnífica, con un enfoque y una estructura totalmente diferente a El quinto en discordia, pero íntimamente unida a ésta. Y un escritor extraordinario, que no entiendo como ha podido ser tan tardíamente publicado en castellano. A propósito de Davies, leía en El país que decía Nabokov que el don más importante de un escritor es shamanstvo, una palabra rusa que hace referencia a "la cualidad del encantador". Robertson Davies sin duda iba sobrado.


miércoles, 19 de agosto de 2009

"Todos los cuentos", Cristina Fernández Cubas (2008)



Todos los cuentos agrupa (obvio ¿no?) toda la producción de historias cortas de la carrera literaria de Cristina Fernández Cubas. Una autora de cuya existencia -mea culpa- me enteré por los entresijos de la red -internet gratias-. Fueron varios los lugares en los que vi reseñado el libro hablando elogiosamente de su contenido.

He terminado el libro con una sensación un tanto extraña, porque aunque hay de todo, muchas historias me han dejado un poco frío. Tal vez sería más justo, no obstante, no tratarlo como una obra única, porque en realidad incluye cinco libros distintos, publicados desde 1980 (Mi hermana Elba) hasta 2006 (Parientes pobres del diablo). El punto común a todos ellos, que sí reconozco que está magníficamente conseguido, es mantener una atmósfera en el relato que no sé si llamar de inquietud, de desasosiego, de intranquilidad, que te mantiene en la historia esperando a que en cualquier momento pase algo. Eso y que algunas de los temas sobre las que se construyen los cuentos son muy buenas.

No obstante, esos elementos provocan en algunos de los cuentos una cierta sensación de barullo esotérico que no me lleva a ninguna parte, como si estuvieran resueltos a medias. A menos en la mitad de la obra, porque en las historias de dos últimos libros, Con Agatha en Estabul y Parientes pobres del diablo sí veo cuentos mucho mejor rematados, algunos realmente muy buenos (La mujer de verde me ha parecido una obra maestra).

En fin, un libro con contenido dispar, como corresponde a toda una vida literaria, escrito impecablemente y que nos introduce -eso es verdad- en un universo distinto y propio. Y con un prólogo de Fernando Valls que recomiendo que se lean....AL FINAL DEL LIBRO. Debería ser penalmente sancionable poner un prólogo que de destripa las historias...de misterio que vas a leer.

jueves, 6 de agosto de 2009

"La maravillosa vida breve de Oscar Wao", Junot Díaz (2008)


En la cocina hay con frecuencia ingredientes que aparentemente no deberían de ir juntos: las lentejas y la pasta, el pollo y las cigalas, la lechuga y las fresas...Qué quieren qué les diga, me costó hasta acostumbrarme a comer piña en la ensalada.

Por eso, durante las primeras páginas de la novela, pensé seriamente en dejarla: no parecía a priori compatible con la buena literatura el mezclar spanglish, palabras de argot dominicano, élficas o razonamientos y comparaciones que van desde los X-Men hasta los personajes de la Tierra Media, pasando por Akira, todos los de la Marvel y la Guerra de las Galaxias. Todo junto y todo revuelto.

Pero ya ven: igual que las fresas en la ensalada, o el pollo con las cigalas, todo es cuestión de seguir un poco más, de hacer el intento, de tomarle el sabor.

Oscar es un nerd. Un chaval dominicano, negro y tremendamente gordo. Inteligente, sumamente enamoradizo, aislado en su mundo de pelis, cómics e historias de fantasía y ciencia ficción. Un tío cuyo mayor problema es su incapacidad para rapar con las jevitas (si les cuesta seguirme, no saben lo que les espera...). Cuyo mayor miedo es ser el primer varón dominicano que muera virgen.

Pero la historia de Óscar es también un pretexto para dar un repaso a muchas otras cosas en clave dominicana: De un lado, el infausto recuerdo de la negra etapa de la dictadura de Trujillo , aquella que también recogía Vargas Llosa en magnífica La fiesta del Chivo (a la que el autor de la novela le manda un par de andanadas). Y también y sobre todo para hablar del papel y de la fortaleza de las mujeres, ejemplificadas aquí por la tía, la madre y su hermana Lola.

No quisiera extenderme más. A pesar de saltarse todas las reglas y alguna más, de mezclar registros, idiomas. De utilizar como recurso narrativo las notas al pie o de disponer la historia en una caótica sucesión de capítulos, el libro es fokin bueno. Jodidamente tierno y terrible a la vez. Como la historia, supongo, de muchos que han tenido que emigrar a los USA. Incluso puede que del autor, que escribe una obra dominicana hasta la médula...en inglés.

Pero como se diría en el libro, Igual es la maldición de la RD, el fukú. O igual es la puta vida.

Ah. Y les juro que sólo después de leerlo me enteré que había ganado el Pulitzer en 2008. Palabrita.

domingo, 2 de agosto de 2009

"La zapatilla de cristal", Shotaro Yasuoka (1951-1954)


Con este libro voy a hacer lo mismo que en los diarios deportivos con los jugadores que salen a diez minutos del final del partido: n.c. No califica: la edición es físicamente horrorosa y sólo encuentro una palabra castellana para definirla: cutre. "Pobre, descuidado, sucio o de mala calidad", dice la RAE.

Y además -mejor contratamos un traductor del inglés, que los hay a cientos- la edición es una traducción desde la versión en lengua inglesa. Así que no sé por dónde se han perdido algunas cosas buenas que se atisban en algunos cuentos: si en el que tradujo del japonés al inglés, o en el contratao para traducir del inglés al español. Voy a pensar en traducirlo al gallego, para ir enriqueciendo la cosa.

El Tercer hombre. Y todavía dicen que son una editorial. Señor, señor, ....