domingo, 25 de enero de 2009

"El mundo", Juan José Millás (2007)



No creo yo que hoy en día el premio Planeta sea una razón para leer un libro, y menos para comprarlo. Por eso tal vez deba exponer las razones para recomendarlo, a pesar de haber ¿ganado? el Planeta. Valga, no obstante que tiene parcialmente perdonado dicho pecado al haber obtenido ese mismo año el Premio Nacional de Narrativa, un poquito más prestigioso en sus obras y en sus autores (es que sólo da 15.000 euros).

No soy un experto en Millás, éste es el segundo libro que leo, después de Tonto, muerto, bastardo e invisible. Así que me tiene desconcertado. Ni siquiera creo que El mundo sea una novela. Estaría mejor considerada como una biografía parcial. Una original biografía a retazos de una infancia donde tal vez no haya fronteras entre dónde acaba lo real y comienza lo inventado. Porque tal vez todo fuese creación, pero tal vez todo fuese verdad.

Literatura asimétrica. No tiene nudo, ni desenlace. Todo el libro nos movemos en la cabeza de Millás, en los pensamientos de Millás. Somos Juan José Millás y recordamos lo que hemos vivido en nuestra infancia. No salimos de ahí,no vamos a ninguna parte. Ajustamos algunas cuentas pendientes con el pasado, sea con el del autor real, sea con el del protagonista.

Lo original de esa construcción es para mí el aspecto más valorable del libro. En su interior, luces y sombras. Millás es -sin duda- un hábil contador de historias, que se lee sin parar una vez que has comenzado. Tiene un innegable lado gamberro, y con él ejerce a lo largo de estas páginas, para eso son suyas y de su pasado. Así pasamos de momentos costumbristas a otros cuasisinceros, pero también caemos en episodios que -eso si- son para partirse de risa pero quizá no acaban de encajar bien en el repaso. Me ha recordado mucho lo que le pasa a Eduardo Mendoza, capaz de escribir grandes libros y de sacarse unos duros con Pomponio Flato.

A pesar de todo, es un buen libro. Algunos de los episodios de su infancia están espléndidamente narrados, en especial las historias de su calle y del barrio de los muertos; del Vitaminas, poseedor de una bicicleta que no iba a ninguna parte y de un padre que era agente de la Interpol. La historia de María José en el hotel de la calle 42. Y las permanentes alusiones a sus padres, llenas de intensa ironía pero tambien de afecto y de un cierto poso de culpa.

domingo, 18 de enero de 2009

"La carretera", Cormac McCarthy (2006)


Cuando compré este libro ya me había olvidado que le habían dado el premio Pulitzer. Pero recordaba vagamente alguna entusiasta recomendación leída en algún lado, porque lo compré sin dudar mucho. Del autor sabía únicamente que había escrito "No es país para viejos", así que por Cormac MacCarthy sólo me venía a la mente la melena imposible de Bardem entrando en aquella tienda de carretera.

Tengo una edición barata de bolsillo. En un libro tan modesto no impresiona mucho la contraportada en la que alguien que normalmente no conoces -a veces seguro que ni existen- te cuenta dice que estamos "ante un libro que quedará como una de las grandes obras de la literatura universal", o algo peor. Y, sin embargo, va a resultar que esta vez es verdad: hay libros que parecen contar con una cualidad invisible, que hace que te peguen a la piel y para siempre formen parte de tus recuerdos. Es curioso que, ahora que ando indagando por otras literaturas y dejo un poco de lado a los anglosajones, muchos son norteamericanos: me pasó con Las uvas de la ira, con El guardian entre el centeno, con París era una fiesta... . Afortunadamente me ha pasado con unos cuantos.

Me pasará con este libro. Un padre y su hijo caminan por la carretera nevada rumbo a un sur que esperan más cálido. Dos personas, a las que nunca se llama por el nombre, y el paisaje como tercer protagonista. Un protagonista tan intenso y tan extraordinariamente bien reflejado en la novela que la capitaliza de principio a fin: un territorio yermo y desolado, entre vientos de ceniza y restos de lo que el mundo era antes de una catástrofe que la que no se habla pero que suponemos. Un mundo con pocos supervivientes, recorrido por bandas de salteadores convertidos en animales que están dispuestos a todo por un poco más de tiempo de una vida miserable....

Y, en medio de todo eso, de un mundo que no tiene futuro, padre e hijo empujando un carro de supermercado con sus escasas pertenencias. Entre ellas, como un protagonista más, un revólver: para defenderse o para matarse. La lucha diaria por la supervivencia. Y, en medio de la miseria y la desesperanza, el amor de un padre y la bondad de un hijo como única luz en un mundo permanentemente oscuro.

Soberbia. Qué buena manera de empezar el año.

miércoles, 14 de enero de 2009

"Agua y otros cuentos", Torgny Lindgren (2004)


Ya he hablado por ahí atrás de la editorial Nórdica Libros. Un catálogo corto, sobre todo de literatura nórdica (obvio, ¿no?) y unas ediciones sobrias y cuidadas, muy nórdico todo. En esta edición agrupan tres libros de cuentos de Torgny Lindgren, escritos entre 1983 y 1999.

No resulta fácil dar una impresión única después de la lectura de estos diecinueve cuentos. Unidos por una escritura sencilla y efectiva, con frases y párrafos cortos y directos, envueltas algunas en una cierta niebla de cinismo, las historias que cuenta son enormemente diversas, y van desde relatos de tema rural (el propio "Agua") hasta historias relacionados con escritores reales (La muerte de Thomas Mann o Selma y Verner) o temática bíblica (Lot y su esposa).

El resultado es dispar y la lectura conjunta del libro ofrece un panorama realmente sorprendente, porque pasamos de cuentos como Agua, o La patata de cinco dedos,-es éste parece que estamos leyendo a Poe- a otros de temática contemporánea y un tanto surrealista, como El pase atrás, en el que narra la historia del cambio total que se produce en la vida de un defensa de fútbol el día en que da el único pase al portero de su carrera.

En cualquier caso, reseñar que en general los cuentos son magníficos, y algunos verdaderamente imprescindibles. Bellísimo por completo Agua. Lovercraft firmaría La patata de cinco dedos. Brillantes y plenos de ironía Alfred Krummes y El entierro de Tomas Mann.

Pero el mejor, sin duda, La escalera, el breve cuento que cierra el libro: el relato impresionante, apasionante y demoledor de la subida por un anciano de los diecinueve escalones hasta su puerta. Un prodigio del manejo del tempo del relato, del lenguaje y de los sentimientos del lector. Sólo su lectura vale para recomendar, no sólo que lean, sino que se compren este libro.

Bueno, a mí me lo han traído los Reyes. Siempre aciertan. Por eso los prefiero a Papá Noel.

jueves, 1 de enero de 2009

El cuaderno del 2008

Al igual que el año pasado, el primer post de este 2009 será para recordar las mejores lecturas del 2008, un año en el que empecé leyendo como nunca y acabé leyendo lo poco que pude feliz y medio sepultado por los pañales de mi hija. Martina ha sido, sin duda, el mejor libro del 2008.

Del resto, y no necesariamente en orden, ahí van mis diez favoritos:

- Arde el musgo gris, Thor Vilmjánssom. Comenzaba mi romance con la literatura nórdica.
- Memorias de ultratumba, Chateaubriand. Larga, muy larga....pero no pierde intensidad con los años.
- La nieve del Almirante, y todos los libros de la Suma de Maqrol el Gaviero que me he leído en 2008, sin duda lo mejor del año y lo mejor de cualquier año, Álvaro Mutis
- Out, Natsuo Kirino. Negra, muy negra, japonesa y de mujeres...
- Sputnik, mi amor, Murakami. A otros les aburre, a mí me sigue encantando.
- Nana, Chuck Palahniuk. Creí que lo había visto todo hasta llegar a él.
- Un tranvía en SP, Unai Elorriaga. La enorme belleza de lo sencillo.
- Petirrojo, Jo Nesbo. La mejor novela negra que he leído en mucho tiempo.
- Memorial del convento, Saramago. Porque nunca me decepciona.
- Los hombres que no amaban a las mujeres, Stieg Larsson. Porque, aunque literariamente no es la mejor, me lo he pasado bien, está de moda y todavía me quedan las dos siguientes.