domingo, 27 de diciembre de 2009

"Abdul Bashur, soñador de navíos", Álvaro Mutis (1991)


Llegada tenía que ser la hora de intercalar entre las peripecias de Maqroll algunas piezas del rompecabezas que constituye su relación con Abdul Bashur. Unidos por su amor al mar, su sentido de la fatalidad, su desprecio al peligro y su inquebrantable sentido de la amistad, que no mina ni el amar a la misma mujer.

Bajo el nombre de Abdul, Mutis nos cuenta algunos episodios de su vida, aparentemente inconexos, pero que retratan su carácter y su búsqueda permanente de su barco,soñado, un tramp streamer que siempre se la ha escurrido entre las manos.

Pero como, ya he escrito ya mucho sobre ellos , no me resisto, casi a punto de terminar la saga, a que sea el propio Mutis quien les hable de Maqroll y de Bashur, en su hipnótico y bellísimo castellano:

La complicidad con Maqroll, sobre la cual ya tenía de antes más de una noticia, se explicaba fácilmente al conocer al Bashur. Estaba cimentada en un doble juego de rasgos de conducta opuestos y otros complementarios o afines que terminaba creando una armonía inquebrantable. Maqroll partía de la convicción de que todo estba perdido de antemano y sin remedio. Nacemos ya, decía, con vocación de vencidos. Bashur creía que todo estaba por hacer y que quienes en verdad acababan como perdedores eran los demás, los necios irredentos que minan el mundo con sus argucias de primera mano y sus camufladas debilidades ancestrales. Maqroll esperaba de las mujeres una amistad sin compromiso ni tráfico de culpas y siempre acababa abandonándolas. Bashur se enamoraba con infalible regularidad, como si fuera la primera vez, y aceptaba, sin examen ni juicio, como un don inestimable caído del cielo, todo lo que de ellas viniese. Maqroll en raras ocasiones enfrentaba a sus adversarios; prefería que la vida y las vueltas de la fortuna se encargaran de la lección y el castigo correspondientes. Abdul respondía de inmediato y brutalmente, sin calcular riesgos. Maqroll olvidaba las ofensas y, por lo tanto, la venganza. Bashur la cultivaba durante el tiempo que fuese necesario y la cobraba sin piedad, como si la ofensa hubiera ocurrido en ese instante. Maqroll carecía por completo de todo sentido del dinero. Abdul era generoso sin medida, pero en el fondo , mantenía un balance de pérdidas y ganancias. Maqroll no tuvo jamás lugar sobre la Tierra. Abdl, lejano descendinte de beduinos, añoró siempre al aduar que lo acogía con el calor de los suyos....

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