domingo, 27 de septiembre de 2009

"El cielo es azul, la tierra blanca", Hiromi Kawakami (2001)


Si este libro pudiera olerse, olería a sake. Al sake que, botella tras botella Tsukiko y su viejo maestro de japonés vacían en la taberna de Satoru. Allí acuden, sin cita, y se encuentran o no, para compartir su soledad con el alcohol y la comida. Huele a tofu y huele a soledad.

Poco a poco, una Tsukiko que va a entrar en la cuarentena y el maestro, treinta años mayor y de cuyo nombre no se acuerda, van estableciendo una relación de compañía y dependencia mutua, hecha de ver pasar el tiempo y compartir el taburete de al lado en la taberna. Una historia de amor poco convencional, que progresa con paciencia japonesa y que está contada con la sencillez de un haiku.

No es quizás una novela para los veloces tiempos de hoy: el progreso pausado de la historia, la omnipresencia de la comida y el sake como elementos fundamentales en la narración, el poder del paisaje y del silencio.

Nada occidental (lo que en este caso es un elogio) , con la belleza serena de lo esencial que por aquellos lares se maneja tan extraordinariamente. Una bonita manera de contar sentimientos profundos con párrafos sencillos. Muy zen. Muy japonés. Muy hermoso.

3 comentarios:

Cargada de Libros dijo...

Ya me había fijado en este libro. Me encantan la literatura japonesa y me llama mucho la historia. Creo que terminaré comprándomelo y leyéndolo ^^

Gracias por la reseña, me ha sido de mucha ayuda.

Elena dijo...

Pues precisamente lo compré el otro día y tengo muchas ganas de leerlo. Eso del ritmo pausado y alejado de lo occidental me ha gustado. Creo que hacen falta libros así.

Un saludo

El alquimista del tedio dijo...

Me gustó la portada. Y a un buen continente se sumó un mejor contenido. Una bella historia de amor, intergeneracional. El clásico libro donde parece que no pasa nada, hasta que lo acabas y entonces lo leído te anega y sumerge en un alud de reflexiones.