sábado, 23 de mayo de 2009

"La importancia de las cosas", Marta Rivera de la Cruz (2009)


Alguna vez he hablado de mi perversión por los parecidos razonables. Dícese de la costumbre de comparar los libros comparando las sensaciones que los mismos me producen. Pues continuando con la enfermedad, leyendo La importancia de las cosas me venía a la mente Juntos nada más, un best seller de Anna Gavalda que roza a veces lo ñoño pero cuya lectura me produjo una sensación vigorizante de amor a la vida y a la creencia en las segundas y hasta terceras oportunidades que se le cruzan al ser humano.

La importancia de las cosas me produce sensaciones encontradas: en lo peor, una descripción de los malos demasiado burda: ese rector malo malísimo y un notorio abuso descriptivo de lo pijos que son los estudiantes pijos (conste que lo comparto, pero Freud tendría algo que decir -seguro que Marta Rivera estudió en una Universidad Pública como yo-). En lo bueno, una historia positiva, consistente, y atractiva, bien construída y tramada de manera progresiva que te va atrapando sin remisión. Con historias cruzadas y giños al azar a la manera Paul Auster.

De todo, como en botica: algunos agujeros en el guión (personajes poco consistentes que pasaban por allí) y un estilo que a mí me ha parecido francamente mejor en algunos tramos que en otros). Y también algunos aciertos evidentes: el esbozado personaje del suicida Montalvo, un hermoso título, una buena trama y sobre todo esa cualidad que al menos para mí no es tan fácil de conseguir: es un libro absorbente, que no puedes dejar una vez empezado hasta conocer el final.

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