martes, 10 de marzo de 2009

"La madre del capitán Shigemoto", Junichiro Tanizaki (1949)



Probablemente hubiera debido comprar Hay quien prefiere las ortigas, que es con mucho la obra más famosa -y dicen que la mejor- de Tanizaki, pero es que Siruela tiene unas ediciones tan, tan cuidadas, que me compré ésta -lo confieso- porque el libro era precioso, y con él comienza la editorial a publicar toda la obra completa de Junichiro Tanizaki.

Aviso para navegantes. No es nuestro hombre un escritor fácil para un occidental.,así que si quiere comenzar a leer novela japonesa, puede que ésta no sea su obra. Nacido a finales del siglo XIX, su escritura está profundamente marcada por los valores estéticos del Japón tradicional . Y en un marco tradicional debe considerarse esta novela, en la que retoma una historia japonesa basada en textos de la era Heian (s. VIII-XI): La dama de Ariwara, una joven de veinte años y extraordinaria belleza se casa con el viejo Kunitsune, con el que tiene un hijo, Shigemoto. Abrumado por el peso y las limitaciones sexuales de la vejez, Kunitsune deja que su sobrino Shiei le arrebate a Ariwara , dejando al viejo languidecer en compañía de Shigemoto.

Estos días está por Galicia Haruki Murakami. En una entrevista en prensa, ante la pregunta de si la gente comenzaba a leer literatura japonesa por exotismo, decía que hay muchos tipos de literatura japonesa, y aunque una parte es plenamente internacional, otra es especialmente localista. Un apunte que me viene muy al caso, porque si Murakami puede ser de consumo masivo en Europa, seguramente Junichiro Tanizaki requiere más paciencia y más ganas de introducirse en los modos más tradicionales de la literatura japonesa .

Hago esta disgresión porque, si se lee sin tener en cuenta esto, puede parecer demasiado plana y lenta. Pero estamos dispuestos a leerla con un ritmo menos occidental, más pausado y dejándose llevar por el entorno de la historia, seguramente conseguiremos disfrutar de una bella reflexión sobre la vejez, el deseo y la pérdida.

Y si al acabar les ha gustado, entonces ya pueden ir a por El Elogio de la sombra, un bellísimo y muy oriental ensayo del mismo Tanizaki sobre el poder de la luz y la estética. E incluso podrían ir cargando las pilas para empezar la monumental Historia de Genji...

2 comentarios:

Valeria dijo...

Era el 93 y eran mis primeros meses como universitaria en Buenos Aires. Tenía 18 años. Me invitaron a ver una obra de teatro NO japonés. Los actores tardaron como diez minutos sólo para entrar a escena. Me acuerdo que me removía en la silla, y me contenía para no reirme junto a una amiga que me acompañaba. Poco a poco comencé a meterme en la historia y en el tiempo oriental. Me olvidé que afuera estaba la calle Corrientes. Pocas veces vi algo tan hermoso y conmovedor. Tus recomendaciones a algún lector desprevenido me recordaron esta anécdota.

condonumbilical dijo...

Tengo pendiente leer al supuesto maestro de Mishima (Kawabata) que le dieron el Nobel.

La verdad es que la literatura japonesa/china (Oe, Xingjian, Mishima, etc.) tiene como cierta ligereza que la literatura occidental no tiene, eso en parte puede ser un bienintencionado toque espiritual pero si a eso no se le da espesor, esas palabras se las lleva el viento.

Recordando, creo que Siddharta de Hermann Hesse (es uno de mis libros favoritos) tiene esa cualidad ligera y a la vez ese espesor conceptual.