miércoles, 30 de diciembre de 2009

"Tríptico de mar y tierra", Álvaro Mutis (1993)


Ahora que he terminado los siete libros que componen las Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, se me ocurre que debería de conservarlos todos en mi biblioteca en un lugar preferente, como libro de consulta: además del enorme placer que provoca la lectura de una prosa infinitamente bella, constituyen un resumen, tal vez extenuado y excesivo, de las cosas que de verdad importan en la vida: la inmensa libertad del errabundo que no tiene nada , el mar liberador, la tierra hostil, la mujer protectora y amante y por encima de todo, y al calor de los alcoholes más variados, el valor imprescindible de la amistad y de la lealtad.

Distinto a todos los precedentes, despidámonos de nuestro amigo también con la propia presentación de Álvaro Mutis:

Se reunen aquí tres experiencias en la vida de Maqroll el Gaviero que le revelaron, cada una a su manera y en su momento, regiones del alma para él hasta entonces desconocidas y cuyo descubrimiento lo marcó para el resto de sus días. Poco solía hablar de ellas y, cuando lo hacía, buscaba prudentes vericuetos que le evitasen volver de lleno al arduo tránsito que le significaron al momento de vivirlas. Aludía a ellas con frases sibilinas, la más frecuente de las cuales era "He cruzado al borde de abismos junto a los que la muerte es un paso de títeres". No era nuestro amigo muy dado a tornar sobre el asunto y mucho nos ha costado hallar la ocasión para saber, por boca suya o de gentes de sus afectos, en que consistieron tales esquinas que le obligó a doblar el destino.

domingo, 27 de diciembre de 2009

"Abdul Bashur, soñador de navíos", Álvaro Mutis (1991)


Llegada tenía que ser la hora de intercalar entre las peripecias de Maqroll algunas piezas del rompecabezas que constituye su relación con Abdul Bashur. Unidos por su amor al mar, su sentido de la fatalidad, su desprecio al peligro y su inquebrantable sentido de la amistad, que no mina ni el amar a la misma mujer.

Bajo el nombre de Abdul, Mutis nos cuenta algunos episodios de su vida, aparentemente inconexos, pero que retratan su carácter y su búsqueda permanente de su barco,soñado, un tramp streamer que siempre se la ha escurrido entre las manos.

Pero como, ya he escrito ya mucho sobre ellos , no me resisto, casi a punto de terminar la saga, a que sea el propio Mutis quien les hable de Maqroll y de Bashur, en su hipnótico y bellísimo castellano:

La complicidad con Maqroll, sobre la cual ya tenía de antes más de una noticia, se explicaba fácilmente al conocer al Bashur. Estaba cimentada en un doble juego de rasgos de conducta opuestos y otros complementarios o afines que terminaba creando una armonía inquebrantable. Maqroll partía de la convicción de que todo estba perdido de antemano y sin remedio. Nacemos ya, decía, con vocación de vencidos. Bashur creía que todo estaba por hacer y que quienes en verdad acababan como perdedores eran los demás, los necios irredentos que minan el mundo con sus argucias de primera mano y sus camufladas debilidades ancestrales. Maqroll esperaba de las mujeres una amistad sin compromiso ni tráfico de culpas y siempre acababa abandonándolas. Bashur se enamoraba con infalible regularidad, como si fuera la primera vez, y aceptaba, sin examen ni juicio, como un don inestimable caído del cielo, todo lo que de ellas viniese. Maqroll en raras ocasiones enfrentaba a sus adversarios; prefería que la vida y las vueltas de la fortuna se encargaran de la lección y el castigo correspondientes. Abdul respondía de inmediato y brutalmente, sin calcular riesgos. Maqroll olvidaba las ofensas y, por lo tanto, la venganza. Bashur la cultivaba durante el tiempo que fuese necesario y la cobraba sin piedad, como si la ofensa hubiera ocurrido en ese instante. Maqroll carecía por completo de todo sentido del dinero. Abdul era generoso sin medida, pero en el fondo , mantenía un balance de pérdidas y ganancias. Maqroll no tuvo jamás lugar sobre la Tierra. Abdl, lejano descendinte de beduinos, añoró siempre al aduar que lo acogía con el calor de los suyos....

martes, 15 de diciembre de 2009

"El mundo de los prodigios", Robertson Davies (1975)


El mundo de los prodigios cierra la Trilogía de Deptford, cuyos otros dos títulos fueron oportunamente reseñados ahí atrás. Como el libro sólo encuentra sentido dentro y ligado a la trilogía, probablemente sea ahora buen momento de recordar el comienzo de la misma, cuando un niño lanza a otro una bola de nieve que, esquivada a tiempo, alcanza a Mary Demptser provocándole un parto prematuro y abocándola a la locura. El quinto en discordia contará la historia de Dunstan Ramsay (quien esquiva), Mantícora la de Boy Stauton (el que lanza) y esta última la de Paul Dempster, el hijo abruptamente nacido.

Ese hecho, casual y aparentemente inocente (que -será por la nieve- me recuerda la escena final de Ciudano Kane) será el hilo conductor y la conexión de por vida entre esas tres personas. Tres vidas ligadas entre sí hasta el la aparición del cuerpo de Boy Stauton en el fondo de puerto de Toronto, y que describe magistralmente Davies en cada uno de los libros.

Como ya me he deshecho en elogios en los comentarios anteriores, no me reiteraré bajo riesgo de resultar pesado. Hay simplemente quien tiene un don para escribir, y Robertson Davies lo tenía. Me han parecido todas magnificas, aunque de las tres me quedo con El quinto en discordia, por su poderoso ritmo narrativo y quizá por haber sido el descubrimiento de uno de los mejores escritores que he leído. Aunque probablemente las dos siguientes, algo más pausadas en su desarrollo, tengan más subtexto, como dirían sus propios personajes .

Este Mundo de los prodigios nos cuenta la historia de cómo Paul Dempster acaba siendo el famoso mago Magnus Eisengrim. Un relato que, como toda la trilogía, está lleno de símbolos y demuestra un conocimiento muy profundo de gran variedad de temas, con especial dedicación en este caso a homenajear al mundo del teatro y del ilusionismo. O tal vez a decirnos que no haya mucha diferencia entre el mundo del espectáculo y el espectáculo del mundo.

martes, 17 de noviembre de 2009

"El zorro ártico" (Skugga-Baldur), de Sjón (2005)


La literatura islandesa, por increible que pueda parecer en un país de 300.000 habitantes, tiene una rica tradición que viene desde las Sagas, historias en prosa casi siempre anónimas que tienen origen en la época medieval. Eso ayuda a comprender el significado de este libro, que sólo puede medio entenderse en el mar de la rica corriente literaria de Islandia: está tan lleno de códigos, de símbolos y de juegos de palabras que además sin el postfacio de Enrique Bernárdez, su traductor, sería en buena parte ininteligible.

El Skugga Baldur es personaje de la mitología islandesa: mitad gato mitad zorra que devora el ganado. El zorro ártico comienza con la caza de un zorro por Baldur Skuggason, el pastor del pueblo (conviene saber que el zorro es el único depredador de la isla y su caza es una exclusiva del clero) y narra la leyenda de creación del Skugga, partiendo de cuatro historias que se entremezclan sólo al final: Abba, una extraña joven, será la medida tanto de la maldad del ser humano como de la bondad de la que el hombre es capaz; y como no podía ser menos, al final el espíritu del zorro se transformará en el arma de la justicia.

Una historia destacable, contada con elegante sencillez, aunque nos perdamos buena parte de los juegos de palabras (cuenta el traductor como los nombres de los personajes también tienen un significado en la historia) que han hecho que esta obra reciba el premio de literatura del Consejo Nórdico de 2005.

jueves, 29 de octubre de 2009

"Amirbar", Álvaro Mutis (1990)


La verdad es que el tiempo vuela. Vengo de repasar los comentarios a los cuatro libros precedentes de la saga de Maqroll el Gaviero ("La nieve del almirante", "Ilona llega con la lluvia", "La última escala del tramp streamer" y "Un bel morir") y les juro que creí que los había leído este año. Y resulta que leía el último de ellos hace catorce meses. Me pasa con estos libros como al Gaviero con sus amigos: no importa el tiempo que pase sin verlos, pero cuando vuelves siempre se continúa la conversación, sin más.

Qué decir a estas alturas de las peripecias de Maqroll. Convalenciente en un hotelucho de mala muerte de Los Ángeles de un grave episodio me malaria es el propio narrador quien lo lleva a un hospital y, para terminar su recuperación, a la casa de su hermano. Allí, en largas veladas en compañía del bourbon, el Gaviero cuenta a sus anfitriones la historia de su peculiar fiebre del oro, provocada por los comentarios escuchados a un gambusino de Vancouver.

Y allá lo tenemos, en busca de oro en las vetas abandonadas de las minas de los Andes. En esta nueva desventura, tenemos todos los ingredientes con los que Mutis dibuja su personaje: la errancia permanente, llevada al extremo de descolocar a un marino en las entrañas de la tierra; la brutalidad innecesaria del ejército, la soledad y el recuerdo de los amigos, la amistad y la bondad de Eulogio, que será su guía en esta nueva locura. Y -como no- la pemanente necesidad de la presencia femenina, que este caso se reparten las figuras de Antonia, que será su compañera y amante en la mina, y Dora Estela, que asume el papel maternal y protector que Maqroll siempre acaba encontrando en todas sus empresas.

Amirbar. Al Emir Bahr. Almirante. El eco que repite el discurrir del agua en la mina. Sonidos que recuerdan al mar al marino que se adentra en la tierra buscando el oro de un nuevo fracaso.

Por favor, que le den ya el Nobel a este hombre.

martes, 20 de octubre de 2009

"Némesis", Jo Nesbo (2002)


No es buena cosa comentar los libros por comparación. Tampoco tenía previsto leerlo tan pronto, pero me encontré tirado en Madrid....sin un libro en la maleta, así que faltando a mis principios más elementales, me lo compré en El Corte Inglés (qué mala cosa comprar libros en un supermercado: la señorita no sabía quien era Jo Nesbo y creía que Némesis era una pomada).

Bueno, pues como se ve ahí abajo que acabo de leerme la última de Millenium, les diré que ésta es más. Más absolvente. Más elegante. Más compleja. Más acabada . Y mejor escrita. Aún sin llegar a la altura de Petirrojo, no defraudará a los amantes de la novela negra, porque tiene en muchos capítulos un delicioso aroma a los clásicos norteamericanos. Y sobre todo porque es absorvente y engancha terriblemente...

Un Harry Hole que sigue intentando ordenar su caótica vida marcada por una peligrosa afición por el alcohol investiga un complejo caso de atraco con homicidio al tiempo que se va a ver implicado en la muerte de Anna, una antigua amante. Historias y personajes cruzados, problemas del pasado que vuelven para tejer una red que atrapa desde la primera página hasta el final.

Némesis es la diosa griega de la venganza y de venganza va sobre todo esta novela. Una reflexión sobre la justicia personal vista desde la trastienda del muy ordenado, pulcro y correcto estado del bienestar nórdico.

No se la pierdan.

domingo, 11 de octubre de 2009

"La reina en el palacio de las corrientes de aire", Stieg Larsson (2007)


Bueno. La tercera de la serie. En realidad, la continuación de La chica que soñaba con una cerilla un bidón de gasolina. Mejor que la segunda y peor que la primera. Entretenida. Si ha leído las dos primeras, no le queda más remedio.
Y como aprovecho siempre, para leer buena novela negra nórdica, acaba de salir el segundo libro en castellano de Jo Nesbo, Némesis. Yo todavía no lo he leído, pero ya me han dicho en algún comentario por ahí atrás que merece la pena.

domingo, 27 de septiembre de 2009

"El cielo es azul, la tierra blanca", Hiromi Kawakami (2001)


Si este libro pudiera olerse, olería a sake. Al sake que, botella tras botella Tsukiko y su viejo maestro de japonés vacían en la taberna de Satoru. Allí acuden, sin cita, y se encuentran o no, para compartir su soledad con el alcohol y la comida. Huele a tofu y huele a soledad.

Poco a poco, una Tsukiko que va a entrar en la cuarentena y el maestro, treinta años mayor y de cuyo nombre no se acuerda, van estableciendo una relación de compañía y dependencia mutua, hecha de ver pasar el tiempo y compartir el taburete de al lado en la taberna. Una historia de amor poco convencional, que progresa con paciencia japonesa y que está contada con la sencillez de un haiku.

No es quizás una novela para los veloces tiempos de hoy: el progreso pausado de la historia, la omnipresencia de la comida y el sake como elementos fundamentales en la narración, el poder del paisaje y del silencio.

Nada occidental (lo que en este caso es un elogio) , con la belleza serena de lo esencial que por aquellos lares se maneja tan extraordinariamente. Una bonita manera de contar sentimientos profundos con párrafos sencillos. Muy zen. Muy japonés. Muy hermoso.

domingo, 13 de septiembre de 2009

"La esposa deseada", Naguib Mahfuz (1981)


Si de algo sirve el premio Nobel es para dar a conocer a autores que, de otro modo hubieran pasado desapercibidos. De no ser por estas ediciones baratas que salen -como los hongos- en otoño, nunca hubiese conocido a Naguib Mahfuz.

Con él me pasa como tantas veces: cuando leí El callejón de los milagros no tenía blog, creo que ni siquiera tenía internet, así que aprovecho este comentario para decirles que es un libro absolutamente maravilloso, un pequeño tesoro que describe con impagable dulzura y realismo el pequeño y gran cosmos que vive en el estrecho callejón de Midaq.

Me crié en un pequeño pueblo, así que fue en su momento un descubrimiento fascinante ver muchos de mis recuerdos de infancia trasladados miles de kilómetros, en medio de Egipto. Debe ser que, a pesar del empeño de algunos, no hay tanta distancia entre los seres humanos.

No me pasó sólo a mí. Mi mujer quedó igualmente maravillada de ver en El Cairo que describe Mahfuz muchos de los recuerdos y los personajes de su niñez, así que se convirtió en admiradora irredenta de su obra, y se leyó de un tirón su Trilogía de El Cairo (Entre dos palacios, El palacio del deseo y La azucarera) que, ahora que he vuelto a este autor, no puedo dejar pasar.

Será entonces el momento de hablar también de Naguib Mahfuz, un merecido Nobel, por la calidad de su escritura y por su compromiso en pro de la libertad y la tolerancia que casi le cuesta la vida.

La esposa deseada (me olvidaba), es más de lo mismo: un cuento maravillosamente escrito, aún sin llegar al nivel de El callejón, que nos cuenta la historia de Izzat, un niño hijo de madre rica y que verá toda su vida marcada por una manifesta incapacidad para tomar decisiones, yendo a dónde lo lleva la corriente. Una reflexión sobre la abulia de los que lo tienen fácil, en medio de un entorno -el barrio- omnipresente en toda la obra.

sábado, 5 de septiembre de 2009

"La túnica negra", Wilkie Collins (1881)


Conocí la obra de Wilkie Collins hace unos años, cuando nos regalaron "La mujer de blanco", un libro que se autodefinía como el origen del género de misterio, y que -milagrosamente- hacía honor a las maravillas que prometía la portada: una novela fantástica, en que la misma historia es narrada por tres personajes diferentes y que es capaz de mantener la tensión hasta el final como muy pocos autores han sido capaces.

Sé que este no es el libro que toca, pero con él me hice fan de Collins y por eso me compré La túnica negra. Además, para un amante de la literatura , es un placer recomendar un libro del siglo XIX, por el que han pasado más de 125 años, y hacerlo porque mantiene una calidad y una capacidad de enganchar al lector bastante mayor que la saga de Millenium.

Afortunado me siento porque La túnica negra es más de lo mismo. Visto es que Collins, que fue contemporáneo, amigo de Dickens y un escritor muy popular en su tiempo, tenía un don para la creación de historias de misterio, para mantener la tensión en le lector, para hacer giros imprevisibles en el guión y hasta para que los personajes no tengan los papeles tan claros como en las novelas al uso.

Porque así es Wilkie Collins: una historia en que un jesuita, el padre Benwell trata de interponerse entre el amor de la joven Stella y el torturado Romayne, con el fin -no tanto pero también- de convertir a Romayne al catolismo pero sobre todo de hacerse con la herencia en beneficio de la Iglesia. Todo parece una historia clásica, pero no lo es, y sin duda en la galería de personajes que desfilan, todos tienen su papel para hacernos dudar de quién es el bueno y quién es el malo.

En suma, un libro estupendo, que aunque sin llegar a la altura de la fantástica La mujer de blanco, se lee con sorpresa y atención creciente hasta su verdaderamente inesesperado final.

viernes, 28 de agosto de 2009

"Mantícora", Robertson Davies (1972)

A mí me gusta leer porque me produce placer. Placer cuando puedo identificame con una historia y placer cuando puedo disfrutar de la belleza de la escritura.

Por eso, si padecen com yo este este mal, les recomiendo a Robertson Davies: entrar en uno de sus libros es recuperar el goce de leer: la intensidad de la historia, la profundidad de las reflexiones, la erudición sin pedantería. Hacía tiempo que no encontraba un conjunto de historias humanas tan gozosamente bien enlazadas y descritas.

Mantícora es el segundo de los libros de la Trilogía de Deptford, que sigue a El quinto en discordia, que reseñaba ahí atrás. Es verdad que puede leerse aisladamente y seguiría siendo una buena obra, pero es dentro de la trilogía como encuentra todo su sentido. Una mirada desde otra óptica a algunos hechos y personajes que aparecían en el primer libro.

Una mantícora, creo que esto puedo anticiparlo, es un animal mitológico con cuerpo de león, cabeza de hombre y un aguijón en la cola. Mito, que tiene mucho que ver con esta trilogía. Y que tiene que ver mucho también con los sueños, que juegan un papel muy importante en esta historia: Boy Staunton ha muerto, ahogado en su coche en el fondo del puerto de Toronto con una piedra en la boca. Si en el primer libro la historia de Boy nos la cuenta su mejor ¿amigo? Dunstan Ramsay, es ahora su hijo David Staunton quien, afectado por la muerte de su padre, acuede a una clínica de psicoanlálisis de Zurich para tratar de revisar su historia y dar solución a muchas interrogantes.

A lo largo de un año de tratamiento con la doctora Von Haller, David hará un feed-back de la historia de su padre y de su propia historia. Análisis que -al margen de algunos conceptos psicoanalíticos junguianos que tal vez espesen por momentos la trama, dará algunas frases verdaderamente antológicas.

Una obra magnífica, con un enfoque y una estructura totalmente diferente a El quinto en discordia, pero íntimamente unida a ésta. Y un escritor extraordinario, que no entiendo como ha podido ser tan tardíamente publicado en castellano. A propósito de Davies, leía en El país que decía Nabokov que el don más importante de un escritor es shamanstvo, una palabra rusa que hace referencia a "la cualidad del encantador". Robertson Davies sin duda iba sobrado.


miércoles, 19 de agosto de 2009

"Todos los cuentos", Cristina Fernández Cubas (2008)



Todos los cuentos agrupa (obvio ¿no?) toda la producción de historias cortas de la carrera literaria de Cristina Fernández Cubas. Una autora de cuya existencia -mea culpa- me enteré por los entresijos de la red -internet gratias-. Fueron varios los lugares en los que vi reseñado el libro hablando elogiosamente de su contenido.

He terminado el libro con una sensación un tanto extraña, porque aunque hay de todo, muchas historias me han dejado un poco frío. Tal vez sería más justo, no obstante, no tratarlo como una obra única, porque en realidad incluye cinco libros distintos, publicados desde 1980 (Mi hermana Elba) hasta 2006 (Parientes pobres del diablo). El punto común a todos ellos, que sí reconozco que está magníficamente conseguido, es mantener una atmósfera en el relato que no sé si llamar de inquietud, de desasosiego, de intranquilidad, que te mantiene en la historia esperando a que en cualquier momento pase algo. Eso y que algunas de los temas sobre las que se construyen los cuentos son muy buenas.

No obstante, esos elementos provocan en algunos de los cuentos una cierta sensación de barullo esotérico que no me lleva a ninguna parte, como si estuvieran resueltos a medias. A menos en la mitad de la obra, porque en las historias de dos últimos libros, Con Agatha en Estabul y Parientes pobres del diablo sí veo cuentos mucho mejor rematados, algunos realmente muy buenos (La mujer de verde me ha parecido una obra maestra).

En fin, un libro con contenido dispar, como corresponde a toda una vida literaria, escrito impecablemente y que nos introduce -eso es verdad- en un universo distinto y propio. Y con un prólogo de Fernando Valls que recomiendo que se lean....AL FINAL DEL LIBRO. Debería ser penalmente sancionable poner un prólogo que de destripa las historias...de misterio que vas a leer.

jueves, 6 de agosto de 2009

"La maravillosa vida breve de Oscar Wao", Junot Díaz (2008)


En la cocina hay con frecuencia ingredientes que aparentemente no deberían de ir juntos: las lentejas y la pasta, el pollo y las cigalas, la lechuga y las fresas...Qué quieren qué les diga, me costó hasta acostumbrarme a comer piña en la ensalada.

Por eso, durante las primeras páginas de la novela, pensé seriamente en dejarla: no parecía a priori compatible con la buena literatura el mezclar spanglish, palabras de argot dominicano, élficas o razonamientos y comparaciones que van desde los X-Men hasta los personajes de la Tierra Media, pasando por Akira, todos los de la Marvel y la Guerra de las Galaxias. Todo junto y todo revuelto.

Pero ya ven: igual que las fresas en la ensalada, o el pollo con las cigalas, todo es cuestión de seguir un poco más, de hacer el intento, de tomarle el sabor.

Oscar es un nerd. Un chaval dominicano, negro y tremendamente gordo. Inteligente, sumamente enamoradizo, aislado en su mundo de pelis, cómics e historias de fantasía y ciencia ficción. Un tío cuyo mayor problema es su incapacidad para rapar con las jevitas (si les cuesta seguirme, no saben lo que les espera...). Cuyo mayor miedo es ser el primer varón dominicano que muera virgen.

Pero la historia de Óscar es también un pretexto para dar un repaso a muchas otras cosas en clave dominicana: De un lado, el infausto recuerdo de la negra etapa de la dictadura de Trujillo , aquella que también recogía Vargas Llosa en magnífica La fiesta del Chivo (a la que el autor de la novela le manda un par de andanadas). Y también y sobre todo para hablar del papel y de la fortaleza de las mujeres, ejemplificadas aquí por la tía, la madre y su hermana Lola.

No quisiera extenderme más. A pesar de saltarse todas las reglas y alguna más, de mezclar registros, idiomas. De utilizar como recurso narrativo las notas al pie o de disponer la historia en una caótica sucesión de capítulos, el libro es fokin bueno. Jodidamente tierno y terrible a la vez. Como la historia, supongo, de muchos que han tenido que emigrar a los USA. Incluso puede que del autor, que escribe una obra dominicana hasta la médula...en inglés.

Pero como se diría en el libro, Igual es la maldición de la RD, el fukú. O igual es la puta vida.

Ah. Y les juro que sólo después de leerlo me enteré que había ganado el Pulitzer en 2008. Palabrita.

domingo, 2 de agosto de 2009

"La zapatilla de cristal", Shotaro Yasuoka (1951-1954)


Con este libro voy a hacer lo mismo que en los diarios deportivos con los jugadores que salen a diez minutos del final del partido: n.c. No califica: la edición es físicamente horrorosa y sólo encuentro una palabra castellana para definirla: cutre. "Pobre, descuidado, sucio o de mala calidad", dice la RAE.

Y además -mejor contratamos un traductor del inglés, que los hay a cientos- la edición es una traducción desde la versión en lengua inglesa. Así que no sé por dónde se han perdido algunas cosas buenas que se atisban en algunos cuentos: si en el que tradujo del japonés al inglés, o en el contratao para traducir del inglés al español. Voy a pensar en traducirlo al gallego, para ir enriqueciendo la cosa.

El Tercer hombre. Y todavía dicen que son una editorial. Señor, señor, ....

lunes, 27 de julio de 2009

"El quinto en discordia", Robertson Davies (1970)


En primer lugar, y comenzando por la edición, es sumamente gratificante que Libros del Asteroide se dedique, no ya a rescatar escritores y obras poco conocidas, sino a hacerlo con un resultado final tan sencillo y elegante, que tiene a bien cuidar hasta la tipografía utilizada y agradecer al final al lector el tiempo que ha dedicado al libro. Algo para felicitar a los editores, que han sabido encontrar una línea gráfica que hace identificables sus volúmenes entre los demás.

La obra. Yo no les voy a contar mucho del argumento, porque para mi gusto hasta la contraportada cuenta demasiado. Baste saber quelo que va a leer es lo que Dunstan Ramsay , un profesor al borde de la jubilación, relata al director de su colegio: buena parte de su vida y su relación con Percy Boyd Stauton, criados ambos en el hipotético pueblo canadiense de Depford..Porque Boy Stauton será el hilo conductor de una historia que se prolongará más allá de este libro....

No me quiero liar mucho -tentaciones no me faltan- , pero baste decir que a pesar del escaso tiempo libre que tengo últimamente, he sacado ratos debajo de las piedras para leerlo en cuatro días: un relato aparentemente sencillo, de lenguaje nada artificioso y lectura fácil...en la superficie. Sin embargo, a medida que uno se introduce en la historia, van apareciendo más y más matices que reflejan un análisis minucioso de muchos comportamientos humanos: Ramsay, oscuro profesor experto en vidas de santos, se nos aparece a la luz de su propio examen como un ser intenso en sus sentimientos y en sus experiencias (riqueza interior que tal vez sea como la suya, la mía o la de su vecino ) , un agudo analista de las absurdas convenciones sociales y un sui generis relator de la historia de la primera mitad del siglo XX cruzada por las dos guerras mundiales y la Depresión del 29.

En suma: una obra magnífica, de lo mejor que he leído en mucho tiempo, llena de frases acertadas y pasajes memorables . Y lo mejor del libro, espero, es que hay más: alrededor de esa historia se teje la llamada Trilogía Depford, así que, ahí fuera, me esperan Manticora y El mundo de los prodigios.

Allá voy. No puedo esperar más. Y si no se fía, mire por el ciberespacio y verá que somos muchos los deslumbrados.


lunes, 29 de junio de 2009

"Lo que sé de los vampiros", Francisco Casavella (2007)


Llevaba mucho tiempo tentándome este libro. Reacio a los premios literarios (a pesar de ser el Nadal, que pasa por premiar buenas novelas), me resistía a comprarlo una y otra vez, hasta que tuve la oportunidad de leer una reseña en El País. O más que una reseña, un homenaje, porque Francisco Casavella murió, joven, a finales de 2008. No recuerdo de quien era , pero estaba tan llena de afecto, por el autor y por la obra, que me sentí obligado. Aunque no encontré lo que suponía, no me arrepiento.

No busquen vampiros, que si los hay no son los que ustede piensan. Lo que sé de los vampiros es (supongo) una novela histórica, o al menos ambientada en el siglo XVIII. Cuenta, a trazos, la vida de Martín de Viloalle, un joven hijo de un modesto noble gallego, en su errabunda vida por media Europa, en un periplo que comienza con la expulsión de los jesuitas de España y pasa entre otros lugares por Italia y la Francia de la Revolución: Madame Pompadour, Cagliostro, Federico de Prusia, Voltaire o Mirabeau transitan con naturalidad por el relato.

Es difícil hacer una reseña que le haga justicia a este libro. Prefiero empezar con el único pero que le encuentro: la historia en si misma es nebulosa, discontinua, hecha a trazos y devorada por el prodigioso -eso sí- retrato que hace del siglo en que transcurre y de la fuerza de los personajes y los momentos históricos que pueblan el relato. Es la única traba para que sea una obra maestra.

Porque está cerca. He leído pocos libros en castellano tan bien escritos, con un manejo tan hábil del lenguaje que leerlo constituye, cuente lo que cuente, un inmenso placer. Lleve a dónde lleve la historia, me he leído el libro como un breviario, a pequeños trozos. Un verdadero ejemplo de que, muchas veces, lo importante no es la meta sino disfrutar por el camino.

domingo, 28 de junio de 2009

"La princesa de hielo", Camilla Läckberg (2002)


Ahora que, poco a poco asoma el calor veraniego, voy a tener que ir dejando de momento la novela nórdica. Tanta nieve me empieza a dar dentera y ni la calefacción más eficiente me saca el frío. Reconozco que me he metido yo sólo en este lío, porque soy un hombre débil y caigo una y otra vez en las garras de las pérfidas editoriales, que -ansiosas de la noble aspiración de vender libros- tratan de convencernos que, una vez muerto Stieg Larsson, hay cientos y cientos de buenos escritores de novela negra en los países nórdicos.

Pues va a ser que por aquí empezamos mal. Si se supone que Camila Läckberg es la reina de la novela negra nórdica, me voy a hacer republicano. Porque vender muchos libros (Corín Tellado vendía más) y entretener (también lo hace Paulo Coelho) no es necesariamente hacer literatura. O al menos son valores escasos para hacer buena literatura.

Creo que se ve que no me ha gustado mucho. Me ha dejado frío como el título, que sea dicho de pasada, me parece una horterada. Chica aparece muerta en la bañera, fría como un polo de limón. Era guapísima y estaba forrada. El pueblo es muy tranquilo, pero al parecer el que no corre vuela y todo el mundo tiene secretos (vamos, como en el mío). Y hay una escritora que se le da por averiguar qué pasó. Y también un poli de pueblo que es muy bueno, casi tanto como la escritora, y que tiene un jefe trepa y tontolculo. Poli bueno y escritora se gustan... Hay muchos personajes más, todos descritos con la profundidad psicológica de un consultorio de revista.

Bueno, no les cuento más. Cuando pase el verano, juro por lo más sagrado que para reconciliarme con los suecos me voy a leer todas las novelas del inspector Wallander.

sábado, 6 de junio de 2009

"Los ojos del hermano eterno", Stefan Zweig (1922)


Los ojos del hermano eterno relata, a modo de cuento antiguo la historia de Viratá, sucedida mucho antes de Buda, un hombre bueno y justo, en su peregrinar en busca de la verdad y la justicia.

No es lo mejor que he leído de Stefan Zweig. Tampoco es que sea un mal relato, porque no creo que Zweig hubiera podido escribir nada malo: hay gente tan dotada que habría hecho un buen texto literario de la lista de la compra. El caso es que el cuento se lee con interés y atención, y da para sacar las conclusiones filosóficas que uno quiera, que no han sido muchas en mi caso salvo que leerlo es un placer.

Quizá lo mejor es que me da una excusa para -si todavía hay alguno de ustedes que no ha leído a este hombre- recomendar efusivamente que no lo dejen pasar. Hayan leído lo que hayan leído este año, Zweig es seguramente mejor. Acantilado está haciendo una reedición de todos sus cuentos (un pequeño timo, porque son libros brevísimos y los saca uno a uno y no en edición conjunta) que permite descubrir verdaderas joyas: nada de lo que he leído me ha decepcionado, sea algo tan lejano a mi cultura como la historia de la menorá, el candelabro sagrado de los judíos (El candelabro enterrado) ; la profundidad y elegancia de Veinticuatro horas en la vida de una mujer o Carta de una desconocida y sobre todo la atracción magnética de dos relatos que para mí son de difícil superación: Amok y la Novela de Ajedrez.

Cuando acabé esta última, yo que soy un zote escasamente dotado para más que colocar las figuras, me pasé el resto de la tarde jugando al ajedrez ...contra mi ordenador, eso sí. Además ganó él.

miércoles, 3 de junio de 2009

"Estoy desnudo", Yasutaka Tsutsui (2009)


Aunque suelo comprar todo japonés que encuentro (en libro, aclaro), la primera vez que vi un libro de Yasutaka Tsutsui no lo compré. Se titulaba Hombres salmonela en el planeta porno. Demasiado título para mí.

Algunos meses más tarde. Misma ciudad: Madrid. Misma librería: La casa del libro. Se me vuelve a aparecer Yasutaka Tsutsui, pero esta vez con un título más fumable, Estoy desnudo. Está claro que era mi destino, a la butxaca.

No me arrepiento, conste. Aunque no estemos ante una obra cumbre de la literatura japonesa, en este repaso a los cuentos de Tsutsui (en una selección realizada por él mismo para Atalanta) podemos disfrutar de una ácida visión de la sociedad japonesa y por extensión de cualquier sociedad moderna : Cuentos poseídos casi todos por un humor extremadamente corrosivo, y algunos por la violencia como espectáculo. Incluso alguno francamente incomprensible estando sobrio. Oficinistas trepas y pirados, locos variopintos, extraterrestres y hasta un oni, demonio de la mitología japonesa, que entra en una oficina a cargarse a todo el personal con su mazo de hierro, lo que le sirve al autor para ilustrar diez maneras de morir.

Lo mejor, sin duda, la impagable descripción de la progresión de estupideces que pueden poblar la cabeza de un hombre moderno (lectura muy recomendable para las mujeres que quieran comprobar cuan gilipollas puede ser un tío) , en la que casi todos podremos recrear alguno de los diálogos mentales propios. Y también un par de cuentos, sobre todo Estoy desnudo, que da título al libro y con el que me he partido de risa como pocas veces.



sábado, 23 de mayo de 2009

"La importancia de las cosas", Marta Rivera de la Cruz (2009)


Alguna vez he hablado de mi perversión por los parecidos razonables. Dícese de la costumbre de comparar los libros comparando las sensaciones que los mismos me producen. Pues continuando con la enfermedad, leyendo La importancia de las cosas me venía a la mente Juntos nada más, un best seller de Anna Gavalda que roza a veces lo ñoño pero cuya lectura me produjo una sensación vigorizante de amor a la vida y a la creencia en las segundas y hasta terceras oportunidades que se le cruzan al ser humano.

La importancia de las cosas me produce sensaciones encontradas: en lo peor, una descripción de los malos demasiado burda: ese rector malo malísimo y un notorio abuso descriptivo de lo pijos que son los estudiantes pijos (conste que lo comparto, pero Freud tendría algo que decir -seguro que Marta Rivera estudió en una Universidad Pública como yo-). En lo bueno, una historia positiva, consistente, y atractiva, bien construída y tramada de manera progresiva que te va atrapando sin remisión. Con historias cruzadas y giños al azar a la manera Paul Auster.

De todo, como en botica: algunos agujeros en el guión (personajes poco consistentes que pasaban por allí) y un estilo que a mí me ha parecido francamente mejor en algunos tramos que en otros). Y también algunos aciertos evidentes: el esbozado personaje del suicida Montalvo, un hermoso título, una buena trama y sobre todo esa cualidad que al menos para mí no es tan fácil de conseguir: es un libro absorbente, que no puedes dejar una vez empezado hasta conocer el final.

miércoles, 6 de mayo de 2009

"La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", Stieg Larsson (2007)



Si usted llega a este comentario y no ha leído la primera parte de la trilogía, pásese si tiene a bien por el post de Los hombres que no amaban a las mujeres y decida primero si lo va a leer. Ya de empezar, empiece por el principio.

En caso contrario, leerse esta novela puede colocarle -o mejor descolocarle- en medio de la historia de una Lisbeth Salander ya decididamente superdotada hasta en el cuerpo a cuerpo, que va camino de dejar en nada a 007 (y mira que es difícil hoy en día con lo bruto que es Daniel Craig). Y con un pobre Mikael Bloomkvist que (sería por los excesos de la primera) en esta entrega no se come un colín. Mucha mafia rusa o báltica en lugar de la más lograda e interesante familia de industriales corruptos de Millenium 1, y el consabido aroma a la defensa de los derechos de las mujeres al tratar el tema de las redes de prostitución. Y -eso me hizo sentirme muy identificado- una retahila de muebles de Ikea por aquí y por allá: que si un sofá Skangoo, una mecedora Besta, o un cojín Esfintergin (supóngase todo con este circulito tan bonito que los nórdicos ponen por acento pero que yo no encuentro en el teclado).

En suma , que esta segunda entrega de la triología Millenium, que se está forrando a vender libros, me parece considerablemente más simple y facilona que la primera. Permítaseme el símil: si la anterior era una correcta película de serie B, ésta es algo así como el episodio trailer de la serie de televisión: más disparos, más movimiento, más ruido. Muy televisivo todo.

Pues eso, que es muy gorda y el verano se acerca y hay más tiempo libre. Allá ustedes.

martes, 5 de mayo de 2009

"Sauce ciego, mujer dormida", Haruki Murakami (1981-2005)



What I talk about when I talk about running, "De qué hablo cuando hablo de correr", algo así como un ensayo autobiográfico de Murakami no se publicará, que yo sepa, hasta fines de año. A Haruki le gusta mucho corrrer, y correr distancias prolongadas. Murakami es pues un corredor de fondo. Las cualidades del corredor de fondo son -es una ley biológica- opuestas a las del sprinter: son personas menudas, que necesitan de recorridos largos para poder desarrollar sus cualidades atléticas.

Estoy un tanto decepcionado. Resulta que el buen Haruki es también un fondista de las letras. Capaz de escribir quinientas o seiscientas páginas y de hacer que permanezca pegado a ellas, viendo como la historia se desdobla y nos lleva a otros mundos (no sé si paralelos). Capaz de hacer pensar a los gatos o de convertir a personas corrientes en seres casi dotados de cualidades mágicas. Pero, a lo que se ve, lamentablemente incapaz de mantener esa atmósfera en las distancias cortas, en esos cien o doscientos metros de un relato breve.

No consigo encontrar en estos cuentos la magia del mejor Murakami. Son, eso sí, elementos útiles (él mismo lo dice) para explorar sus mundos, incluso para encontrar elementos que después se habrán de convertir en novelas. Un verdadero taller de escritura creativa. La mayoría de estas veinticuatro historias me siguen pareciendo en construcción, o acabadas de urgencia, en su mayoría incapaces de contener esa sensación un tanto surreal que me suelen producir sus libros. Sólo, a mi juicio, se salvan algunas cosas: las múltiples menciones al jazz que tanto aprecia, realizadas con tanta pasión que crean ganas urgentes de poner a John Coltrane; y algunos cuentos con más poso del que parece a primera vista, en especial El séptimo hombre y Hanalei Bay.

Bueno, es Murakami. Había que leerlo.



lunes, 30 de marzo de 2009

"Bartleby el escribiente", Herman Melville (1853)


Es probable que sea la única vez que un relato tan corto tenga entrada en mi blog, pero es igualmente poco probable que encuentre un relato aislado tan condenadamente bueno. Barleby el escribiente, que acabo de leer en una muy modesta edición de libros de ultrabolsillo, aúna los modos de la época con algunos detalles sorprendentes en los que muchos ven al precursor de la literatura del absurdo y que otros autores vinculan directamente con Kafka. Ya se sabe, hay gente para todo.

Quienes hayan leído Moby Dick, que no se asusten por el autor. Somos muchos los que hemos quedado sepultados bajo la ballena y los enjundiosos conocimientos de marinería de Melville. Escritor sin duda extraordinario, aquí ha decidido que es posible hacer un relato de gran profundidad psicológica sin darnos la vara describiendo minuciosamente los diversos tipos de cabos, arpones y velas. Máxima lección de economía de palabras, no en vano se publicó en un periódico local y dividido en dos partes (por cierto-curiosidad- si quieren ver copia facsimil del Bartleby the Scrivener que se publicó en el Putnam's Magazine pulsen aquí).

Podría decir muchas cosas más para que lean, si no lo han hecho, este maravilloso relato: que es una obra maestra de la literatura universal, que está construído de manera prodigiosa a pesar de su brevedad, que se lee en veinte o treinta minutos, que si lo empiezan no podrán dejarlo, o que tras haberlo leído adquirirán un latiguillo que difícilmente olvidarán .Podría informarles incluso que Nórdica Libros tiene una preciosa edición ilustrada.

Podría hasta contarles el argumento.

Pero, la verdad, preferiría no hacerlo.

domingo, 22 de marzo de 2009

"A viagem do elefante" (El viaje del elefante), José Saramago (2008)



Cuenta el propio Saramago en una nota al comienzo del libro el origen de esta curiosa historia: conferenciante en la Universidad de Salzburgo, fue invitado a comer en un restaurante llamado "El elefante", en el que le llamaron la atención unas figuras entre las cuales se encontraban, además del elefante una Torre de Belém. Preguntado el porqué, le explicaron que las figuras aludían a un hecho acaecido en el siglo XVI: un elefante asiático llegó a Viena como regalo del rey de Portugal. Allí supo que había un libro...

Recién salido de una grave enfermedad que casi se lo lleva por delante y de la que deja testimonio en la dedicatoria del libro (a Pilar, que non deixou que eu morrese) Saramago despliega una portentosa ironía para describir, con un estilo tan personal como en Memorial del Convento un hecho de base real pero que novela libremente al más puro estilo de una road movie: el viaje del elefante que el rey de Portugal Juan III regala a su primo el duque Maximiliano de Austria.

Siguiendo al elefante Salomón nos moveremos de Portugal a Austria, pasando por España e Italia, periplo durante el cual Saramago, en un monólogo cargado de humor y algunas reflexiones más profundas de lo que aparentan , acoge algunos tipos verdaderamente inolvidables: sobre todo el sufrido cornaca (palabreja que he descubierto que existe: el que lleva o amansa elefantes), de nombre inicial Subhro y al que en Austria mudarían en Fritz . Con mucho el tipo más cuerdo que pasa por el relato entre militares, clérigos, nobles y plebeyos, y al que no puedo dejar de comparar un poco -perdón por el atrevimiento- con la figura de Sancho Panza.

En fin, veinticinco años más tarde de Memorial , a pesar de enfermedades, y fatigas , un Saramago más viejo pero más sabio que nunca nos ofrece un -como él mismo lo llama -cuento- absolutamente magnífico cuya lectura es -y eso es lo principal- una gozada.

martes, 10 de marzo de 2009

"La madre del capitán Shigemoto", Junichiro Tanizaki (1949)



Probablemente hubiera debido comprar Hay quien prefiere las ortigas, que es con mucho la obra más famosa -y dicen que la mejor- de Tanizaki, pero es que Siruela tiene unas ediciones tan, tan cuidadas, que me compré ésta -lo confieso- porque el libro era precioso, y con él comienza la editorial a publicar toda la obra completa de Junichiro Tanizaki.

Aviso para navegantes. No es nuestro hombre un escritor fácil para un occidental.,así que si quiere comenzar a leer novela japonesa, puede que ésta no sea su obra. Nacido a finales del siglo XIX, su escritura está profundamente marcada por los valores estéticos del Japón tradicional . Y en un marco tradicional debe considerarse esta novela, en la que retoma una historia japonesa basada en textos de la era Heian (s. VIII-XI): La dama de Ariwara, una joven de veinte años y extraordinaria belleza se casa con el viejo Kunitsune, con el que tiene un hijo, Shigemoto. Abrumado por el peso y las limitaciones sexuales de la vejez, Kunitsune deja que su sobrino Shiei le arrebate a Ariwara , dejando al viejo languidecer en compañía de Shigemoto.

Estos días está por Galicia Haruki Murakami. En una entrevista en prensa, ante la pregunta de si la gente comenzaba a leer literatura japonesa por exotismo, decía que hay muchos tipos de literatura japonesa, y aunque una parte es plenamente internacional, otra es especialmente localista. Un apunte que me viene muy al caso, porque si Murakami puede ser de consumo masivo en Europa, seguramente Junichiro Tanizaki requiere más paciencia y más ganas de introducirse en los modos más tradicionales de la literatura japonesa .

Hago esta disgresión porque, si se lee sin tener en cuenta esto, puede parecer demasiado plana y lenta. Pero estamos dispuestos a leerla con un ritmo menos occidental, más pausado y dejándose llevar por el entorno de la historia, seguramente conseguiremos disfrutar de una bella reflexión sobre la vejez, el deseo y la pérdida.

Y si al acabar les ha gustado, entonces ya pueden ir a por El Elogio de la sombra, un bellísimo y muy oriental ensayo del mismo Tanizaki sobre el poder de la luz y la estética. E incluso podrían ir cargando las pilas para empezar la monumental Historia de Genji...

martes, 24 de febrero de 2009

"Diarios 1984-1989", Sándor Márai (1990)


Hace muy pocos días, el 21 de este mes de febrero, se cumplieron veinte años de la muerte de Sándor Márai. Tenía ochenta y nueve años y se pegó un tiro en la cabeza. Hasta ahí lo que ya sabíamos, lo que sale en la breve reseña de su vida en las tapas de sus libros.

El porqué ese tiro, está en este libro. Unas páginas hermosas, a pesar de la devastación que las recorre, la de la vejez y la muerte que le ronda. Con una lucidez asombrosa para su avanzada edad y su notable deterioro físico, que recoge con contundencia y precisión, Márai escribe sobre su estado, alternando sus breves notas (que se irán haciendo cada vez más escasas) con algunos comentarios sobre la actualidad de los Estados Unidos en que vive desde hace años , y con reseñas de las lecturas que sigue haciendo cada día, en las que no faltan muchos autores húngaros que le sirven para recordar a su amado país del que está exiliado hace cuarenta años.

Pero relata sobre todo el deterioro y la muerte de su esposa, Lola Metzer, de la que no se ha separado en sesenta y dos años y con la que ha vivido su juventud, su madurez, su exilio y su vejez. Las notas llenas de amor y de dolor igualmente intensos , su angustia y sufrimiento y finalmente su soledad. El dolor de su ausencia, la falta de sentido de su vida sin Lola, para la que había escrito todo. Resulta imposible no vivir como propios el inmenso amor y la vasta desolación que significa vivir sin todos los que amas.

Una lectura emocionante, imprescindible para los que han descubierto a un autor extraordinario injustamente olvidado durante mucho tiempo. Duro y a la vez hermoso. Como la vida.

domingo, 25 de enero de 2009

"El mundo", Juan José Millás (2007)



No creo yo que hoy en día el premio Planeta sea una razón para leer un libro, y menos para comprarlo. Por eso tal vez deba exponer las razones para recomendarlo, a pesar de haber ¿ganado? el Planeta. Valga, no obstante que tiene parcialmente perdonado dicho pecado al haber obtenido ese mismo año el Premio Nacional de Narrativa, un poquito más prestigioso en sus obras y en sus autores (es que sólo da 15.000 euros).

No soy un experto en Millás, éste es el segundo libro que leo, después de Tonto, muerto, bastardo e invisible. Así que me tiene desconcertado. Ni siquiera creo que El mundo sea una novela. Estaría mejor considerada como una biografía parcial. Una original biografía a retazos de una infancia donde tal vez no haya fronteras entre dónde acaba lo real y comienza lo inventado. Porque tal vez todo fuese creación, pero tal vez todo fuese verdad.

Literatura asimétrica. No tiene nudo, ni desenlace. Todo el libro nos movemos en la cabeza de Millás, en los pensamientos de Millás. Somos Juan José Millás y recordamos lo que hemos vivido en nuestra infancia. No salimos de ahí,no vamos a ninguna parte. Ajustamos algunas cuentas pendientes con el pasado, sea con el del autor real, sea con el del protagonista.

Lo original de esa construcción es para mí el aspecto más valorable del libro. En su interior, luces y sombras. Millás es -sin duda- un hábil contador de historias, que se lee sin parar una vez que has comenzado. Tiene un innegable lado gamberro, y con él ejerce a lo largo de estas páginas, para eso son suyas y de su pasado. Así pasamos de momentos costumbristas a otros cuasisinceros, pero también caemos en episodios que -eso si- son para partirse de risa pero quizá no acaban de encajar bien en el repaso. Me ha recordado mucho lo que le pasa a Eduardo Mendoza, capaz de escribir grandes libros y de sacarse unos duros con Pomponio Flato.

A pesar de todo, es un buen libro. Algunos de los episodios de su infancia están espléndidamente narrados, en especial las historias de su calle y del barrio de los muertos; del Vitaminas, poseedor de una bicicleta que no iba a ninguna parte y de un padre que era agente de la Interpol. La historia de María José en el hotel de la calle 42. Y las permanentes alusiones a sus padres, llenas de intensa ironía pero tambien de afecto y de un cierto poso de culpa.

domingo, 18 de enero de 2009

"La carretera", Cormac McCarthy (2006)


Cuando compré este libro ya me había olvidado que le habían dado el premio Pulitzer. Pero recordaba vagamente alguna entusiasta recomendación leída en algún lado, porque lo compré sin dudar mucho. Del autor sabía únicamente que había escrito "No es país para viejos", así que por Cormac MacCarthy sólo me venía a la mente la melena imposible de Bardem entrando en aquella tienda de carretera.

Tengo una edición barata de bolsillo. En un libro tan modesto no impresiona mucho la contraportada en la que alguien que normalmente no conoces -a veces seguro que ni existen- te cuenta dice que estamos "ante un libro que quedará como una de las grandes obras de la literatura universal", o algo peor. Y, sin embargo, va a resultar que esta vez es verdad: hay libros que parecen contar con una cualidad invisible, que hace que te peguen a la piel y para siempre formen parte de tus recuerdos. Es curioso que, ahora que ando indagando por otras literaturas y dejo un poco de lado a los anglosajones, muchos son norteamericanos: me pasó con Las uvas de la ira, con El guardian entre el centeno, con París era una fiesta... . Afortunadamente me ha pasado con unos cuantos.

Me pasará con este libro. Un padre y su hijo caminan por la carretera nevada rumbo a un sur que esperan más cálido. Dos personas, a las que nunca se llama por el nombre, y el paisaje como tercer protagonista. Un protagonista tan intenso y tan extraordinariamente bien reflejado en la novela que la capitaliza de principio a fin: un territorio yermo y desolado, entre vientos de ceniza y restos de lo que el mundo era antes de una catástrofe que la que no se habla pero que suponemos. Un mundo con pocos supervivientes, recorrido por bandas de salteadores convertidos en animales que están dispuestos a todo por un poco más de tiempo de una vida miserable....

Y, en medio de todo eso, de un mundo que no tiene futuro, padre e hijo empujando un carro de supermercado con sus escasas pertenencias. Entre ellas, como un protagonista más, un revólver: para defenderse o para matarse. La lucha diaria por la supervivencia. Y, en medio de la miseria y la desesperanza, el amor de un padre y la bondad de un hijo como única luz en un mundo permanentemente oscuro.

Soberbia. Qué buena manera de empezar el año.

miércoles, 14 de enero de 2009

"Agua y otros cuentos", Torgny Lindgren (2004)


Ya he hablado por ahí atrás de la editorial Nórdica Libros. Un catálogo corto, sobre todo de literatura nórdica (obvio, ¿no?) y unas ediciones sobrias y cuidadas, muy nórdico todo. En esta edición agrupan tres libros de cuentos de Torgny Lindgren, escritos entre 1983 y 1999.

No resulta fácil dar una impresión única después de la lectura de estos diecinueve cuentos. Unidos por una escritura sencilla y efectiva, con frases y párrafos cortos y directos, envueltas algunas en una cierta niebla de cinismo, las historias que cuenta son enormemente diversas, y van desde relatos de tema rural (el propio "Agua") hasta historias relacionados con escritores reales (La muerte de Thomas Mann o Selma y Verner) o temática bíblica (Lot y su esposa).

El resultado es dispar y la lectura conjunta del libro ofrece un panorama realmente sorprendente, porque pasamos de cuentos como Agua, o La patata de cinco dedos,-es éste parece que estamos leyendo a Poe- a otros de temática contemporánea y un tanto surrealista, como El pase atrás, en el que narra la historia del cambio total que se produce en la vida de un defensa de fútbol el día en que da el único pase al portero de su carrera.

En cualquier caso, reseñar que en general los cuentos son magníficos, y algunos verdaderamente imprescindibles. Bellísimo por completo Agua. Lovercraft firmaría La patata de cinco dedos. Brillantes y plenos de ironía Alfred Krummes y El entierro de Tomas Mann.

Pero el mejor, sin duda, La escalera, el breve cuento que cierra el libro: el relato impresionante, apasionante y demoledor de la subida por un anciano de los diecinueve escalones hasta su puerta. Un prodigio del manejo del tempo del relato, del lenguaje y de los sentimientos del lector. Sólo su lectura vale para recomendar, no sólo que lean, sino que se compren este libro.

Bueno, a mí me lo han traído los Reyes. Siempre aciertan. Por eso los prefiero a Papá Noel.

jueves, 1 de enero de 2009

El cuaderno del 2008

Al igual que el año pasado, el primer post de este 2009 será para recordar las mejores lecturas del 2008, un año en el que empecé leyendo como nunca y acabé leyendo lo poco que pude feliz y medio sepultado por los pañales de mi hija. Martina ha sido, sin duda, el mejor libro del 2008.

Del resto, y no necesariamente en orden, ahí van mis diez favoritos:

- Arde el musgo gris, Thor Vilmjánssom. Comenzaba mi romance con la literatura nórdica.
- Memorias de ultratumba, Chateaubriand. Larga, muy larga....pero no pierde intensidad con los años.
- La nieve del Almirante, y todos los libros de la Suma de Maqrol el Gaviero que me he leído en 2008, sin duda lo mejor del año y lo mejor de cualquier año, Álvaro Mutis
- Out, Natsuo Kirino. Negra, muy negra, japonesa y de mujeres...
- Sputnik, mi amor, Murakami. A otros les aburre, a mí me sigue encantando.
- Nana, Chuck Palahniuk. Creí que lo había visto todo hasta llegar a él.
- Un tranvía en SP, Unai Elorriaga. La enorme belleza de lo sencillo.
- Petirrojo, Jo Nesbo. La mejor novela negra que he leído en mucho tiempo.
- Memorial del convento, Saramago. Porque nunca me decepciona.
- Los hombres que no amaban a las mujeres, Stieg Larsson. Porque, aunque literariamente no es la mejor, me lo he pasado bien, está de moda y todavía me quedan las dos siguientes.