viernes, 27 de junio de 2008

"Un tranvía en SP", Unai Elorriaga (2001)


Hay catorce ochomiles en el mundo. El Shisha Pangma (SP) es el más pequeño de ellos con sus ochomil veintisiete metros. Lucas es un viejo muy viejo que sueña con Rosa, con los tranvías de su amigo Matías y con escalar los catorce ochomiles. Mientras tanto hace duras ascensiones hasta su tercero sin ascensor. María es la hermana de Lucas, y escribe. Marcos es el okupa de su casa. Es músico, toca en el metro y se enamora de Roma, que siempre había estado enamorado de Lucas sin conocerlo y es ginecóloga.

Esa es la historia de este libro: la de Lucas, María, Marcos y Roma. Un cuento más esbozado que escrito, que parece una pintura impresionista, en la que los sentimientos se cuelan entre los retazos de lo escrito. Escritura que parece a veces hecha de apuntes sueltos, pero de la que emana una ternura y un amor tan grande que se sale del texto y se hace en unos párrafos con el lector.

Una verdadera joya que (de estas cosas uno se entera después) ganó en 2001 el Premio Nacional de Narrativa del Ministerio de Cultura con SPrako Tranbia, que es su título original en euskera, y sin haber sido traducida todavía. Pocas veces habrán estado tan acertados los señores del jurado.

Y como de bien nacido es ser agradecido, les recomiendo que lean el comentario en El gusanillo de los libros, que ha sido la causa feliz de mi encuentro con Unai Elorriaga. Autor al que, por otra parte, le va a costar superar esta maravilla.

martes, 24 de junio de 2008

"Botchan", Natsume Soseki (1906)


Natsume Soseki (de nombre auténtico Natsume Kinnosuke) es considerado por los propios japoneses uno de sus mejores escritores, autor de la bellísima Kokoro, que es un clásico de las letras niponas especialmente recomendable a los que deseen conocer más sobre litertura japonesa. Soseki es un escritor que representa la llamada"Era Meiji", el puente entre el siglo XIX y el XX, y también la apertura de un Japón tradicional a las corrientes europeas. Un cambio cultural que él mismo ejemplifica, pues era traductor de inglés y vivió algunos años en Londres.

Durante su juventud fue destinado como profesor durante dos años a una escuela de provincias , y probablemente ése es el origen de Botchan, pues en la novela relata con una prosa ágil y sencilla y con un fino sentido del humor las peripecias de un maestro recién titulado en una escuela de la remota isla de Shikoku.

El prólogo y otras opiniones la definen como una obra cómica, y hay hasta quien relaciona al protagonista con el Holden Caudfield de El Guardian entre el Centeno. Para mí , Soseki hace un repaso magistral, aun con forma de obra bufa , de un lado de la hipocresía que preside en general todas las relaciones humanas, pero muy especialmente las que se dan en grupos reducidos: en el heterogéneo conjunto de botarates que forman el claustro de profesores, a los que Botchan denomina durante toda la novela con motes (El Camisaroja, el Puercoespín, el Calabaza...) muchos -sobre todo los que pertenezcan al ámbito educativo- reconocerán a sus compañeros de trabajo.

Pero hay además un rasgo de Botchan que, a pesar de ser irreflexivo y alocado en sus comportamientos, lo hace entrañable para el lector: inseguro, rodeado de hipócritas y de cínicos que se despellejan a conciencia, de alumnos brutos como arados, sigue un patrón de comportamiento tan loable como inútil: trata a toda costa de mantener su código de conciencia, de mantener su propio honor, como un samurai de baratillo.

Un empeño por la decencia, a lo que se ve, igual de lamentablemente absurdo y de adorablemente respetable cien años después de que Soseki lo escribiese.

jueves, 19 de junio de 2008

"Un bel morir", Álvaro Mutis (1989)


"Un bel morir tutta una vita onora": Una bella muerte honra toda una vida.

Con estas palabras de Francesco Petrarca comienza Mutis su libro, a modo de advertencia sobre el contenido de la novela más intensamente melancólica de la serie del Gaviero. Un Maqroll más cansado que nunca da con su cuerpo en el pueblo perdido de La Plata, a orillas del Gran Río testigo de otras pasadas aventuras. Allí permanece, con el espítu adormecido, añorando los viejos amigos que se han ido, dedicado a la charla con doña Empera, su patrona ciega y a la lectura de La Vida de San Francisco de Asís de Joergensen y las Cartas del Príncipe de Ligne.

Atraído de nuevo por la casualidad o por el destino, acepta la alocada empresa de subir un cargamento de cajas con materiales, supuestamente para la construcción del ferrocarril, hasta un campamento en plena cordillera, sumergiéndose en un mundo de violencia que seguramente tiene pleno sentido viniendo de un colombiano y escrito en la década de los ochenta.

Es también la aventura del postrer amor, de la última de las mujeres de su vida. De sus últimos amigos, llevado por esa idea tan permanente en sus historias de que en cada puerto hay el mismo tipo de rufianes, pero también en algún lugar tiene que haber gente en la que confiar o a la que confiarse.

Si las dos obras anteriores, La nieve del almirante e Ilona viene con la lluvia podían leerse separadamente, e incluso en cualquier orden, Un bel morir no tiene el mismo sentido si no hemos sabido antes de las aventuras y desventuras de Maqroll el Gaviero, de sus amigos Ilona y Abdul Bashur, y ello no tanto y no sólo por los relatos de los libros precedentes, sino porque en todos ellos es permanente su presencia, a través de las añoranzas y recuerdos del propio Gaviero.

Una historia circular y recurrente que es la que da sentido a todas las historias de Maqroll, pues no olvidemos que, a pesar de este pretendido epitafio, quedan todavía cuatro novelas por venir.

miércoles, 18 de junio de 2008

"Nana", Chuck Palahniuk (2002)


Puede que el símil sea exagerado, pero sumergirse en este libro es lo más parecido que recuerdo a meterse en una pelea. Porque a Paliahniuk no se le lee sin más: tu abres el libro y entonces la historia de golpea y te obliga a meterte dentro: violencia en el ritmo de las frases, cortas y directas. Juicios en boca de los protagonistas nada complacientes con el ser humano y la sociedad que nos rodea. Es casi imposible sustraerse de la atracción de Nana, incluso aunque suponga acabar creyéndose a pies juntillas una historia de lo más rocambolesco.

Una investigación sobre el Síndrome de la muerte súbita termina con el protagonista -un atípico periodista-, concluyendo que la causa de las mismas es una canción ritual, una Nana que figura en un libro recopilación de poesías del mundo: tras haber comprobado la efectividad de la misma matando a seis personas con la mera voluntad en una sola mañana, se lanza a la carretera, a la búsqueda y destrucción de todos los ejemplares del libro, en una especie de delirante road movie en la que acompañan una vendedora de casas ocupadas por fantasmas, su secretaria y el novio de éste, Oyster (ostra), que es a la vez el personaje más freaky y el menos loco de los cuatro.

Construir con la mezcla de esos -y muchos otros- elementos una historia que a veces puede parecer trabada bajo los efectos del alcohol u otras sustancias, pero nunca absurda a pesar del argumento. Ser capaz de manipular las reglas ordinarias de construir una novela para que al final todo encaje por imposible que parezca. Hacer que creamos lo increíble y que encontremos justificación razonable para episodios absolutamente surrealistas. Hay que ser un provocador y también un escritor con mayúsculas para conseguirlo y dar a la vez un verdadero repaso a la hipocresía de este mundo nuestro y buena parte de sus instituciones.

Porque si Palahniuk se toma algo para escribir el resultado final es brillante. Y si acaso estuviera sobrio, de verdad que ser capaz de crear el delirio organizado tiene si cabe más mérito.

domingo, 8 de junio de 2008

"Luna mentirosa", Ben Pastor (2002)



Martin Bora es un oficial de la Wermacht destinado en Italia, en un puesto de segunda debido a su poca adhesión a las consignas de Hitler. Mutilado en el cuerpo por un atentado partisano en el que ha perdido una mano, y en el alma por la dureza de una guerra en la que ha caido su hermano y que le mantiene alejado de su mujer, ayuda a la policía italiana a resolver el asesinato de un preboste fascista.

Con estos mimbres, Ben Pastor (que aunque con ese nombre podía ser cualquier cosa es una mujer -italiana de origen y norteamericana de nacionalidad-), construye la segunda novela de la serie de Martin Bora, que tiene probablemente más de recorrido interior por los tortuosos recuerdos del mayor alemán que de novela negra. Porque aunque asesinato -como no podía ser menos- hay, su importancia en la trama se diluye a veces entre las sensaciones de la dureza de la guerra y los propios demonios que acompañan al protagonista.

Es en cualquier caso el de Bora un personaje bien trabajado : militar de carrera y de buena familia, que se debate a veces entre su deber y las desagradables misiones a que le conmina la propia guerra. Su personaje recuerda casi milimétricamente a Claus Von Stauffeberg, que en unión de un grupo de militares alemanes intentó en 1944 asesinar a Hitler. Por cierto, creo que Tom Cruise amenaza con contarnos su versión de la "Operación Valkiria" en una película de próximo estreno. Qué suerte.

En definitiva, y para no andarme por las ramas: una novela (negra) original y destacable. Prometo leer más.

lunes, 2 de junio de 2008

"Los buenos deseos", Yiyun Li (2006)


Hace unas semanas intenté, infructuosamente, ver en el cine Mil años de oración, una película de Wayne Wang (el mismito de Smoke y Blue on the face), una obra que la mayor parte de los críticos ponían por las nubes. Misión imposible, hay veintitantas pantallas de cine en mi ciudad, pero estaban demasiado ocupadas con bodrios diversos (incluso cinco con el mismo).

Normalmente la duda es si es mejor leer el libro primero o después de ver la película. No es este el caso: cuando me encontré el libro me lo compré para sustituir a la película que no me han dejado ver. Tal vez sea una suerte.

Aunque su autora es china de origen (y a lo que se ve de pensamiento), ha crecido literariamente en los Estados Unidos, y el libro está escrito en inglés lo cual tal vez explique el parco uso del lenguaje, la sencillez extrema de algunas descripciones, la aparente simplicidad del texto. Pero hay mucho poso que nos sorprende mirando desde dentro a una cultura muy ajena a la nuestra: la China de hoy, y ese tímido despertar de la sociedad comunista a algunas ¿libertades? de la economía de mercado. Un esbozo de lo que está pasando, en las vidas de algunas personas, que aparecen a nuestros ojos como huérfanas de guía en un mundo que cambia lenta pero irremisiblemente.

Son en su mayoría historias de personajes frágiles, a menudo enternecedoras. Como en "De más", la historia que abre el libro, en que la Abuela Lin se casa a sus cincuenta y un años para huir del paro y la pobreza. En "Inmortalidad", las historias hoy de una aldea que proveía de eunucos a la Corte imperial. O como en el hermoso "Mil años de buenos deseos", que cierra el libro, y que le sirvió a Wayne Wang para hacer la película.