jueves, 28 de febrero de 2008

"La elegancia del erizo", Muriel Barbery (2006)



Reconozco como uno de mis defectos que a veces el único criterio que empleo para comprarme un libro es el título. Me ha costado probablemente bastantes euros que estarían mejor gastados en otras cosas, pero errar es humano y no me parece un vicio tan detestable. Coincidirán conmigo en que por lo menos el título es bonito, aunque por sí no signifique gran cosa: "la elegancia del erizo", L'élegance du herisson: en francés suena tan bien que debe ser por eso que va hacia el millón de copias vendidas.

Si uno le da la vuelta y se va a la contraportada ya le resumen el contenido (cuando sea mayor quiero ser escritor de contraportadas, por cierto):
En el número 7 de la calle Grenelle, un inmueble burgués de París, nada es lo que parece. Dos de sus habitantes esconden un secreto. Renée, la portera, lleva mucho tiempo fingiendo ser una mujer común. Paloma tiene doce años y oculta una inteligencia extraordinaria. Ambas llevan una vida solitaria, mientras se esfuerzan por sobrevivir y vencer la desesperanza. La llegada de un hombre misterioso al edificio propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas.


La verdad es que se me hace difícil explicar la impresión de esta novela, porque a mí me parece que hay una especie de esquizofrenia en la autora, y que hay dos libros dentro. De hecho, buscando por ahí he encontrado que ya había escrito el 80 % de la novela con la portera Renée como protagonista cuando se le ocurrió incluir el diario de Paloma, la niña de 12 años. Menos mal.

Porque si la figura de Renée, aunque se le coge cariño, es previsible y su relato suena a novela juvenil, algunos de los apuntes del diario de Paloma, una niña superdotada de 12 años, bastan para justificar por sí toda la lectura de la novela: rebosan acidez y humor cáustico, cargando duro contra la burguesía francesa y probablemente contra la visión del mundo de toda la clase acomodada.

A pesar de eso, y de algunos párrafos verdaderamente bellos por aquí y por allá, en conjunto la novela me parece que va de más a menos, y se pierde en la pretensión de juntar tantas cosas: el amor a lo japonés, a los libros, a la pintura, a la buena comida, y algunas peroratas filosóficas, que si Kant que si Guillermo de Ockham. Demasiadas alforjas para un viaje demasiado corto.

Pero bueno, les recomiendo que la lean: por lo menos hasta la mitad, que hasta ahí les insuflará espíritu y energía vital. Y así, como en España también será un superventas como el niño ese del pijama, lo podrán comentar con sus vecinos. E incluso con la portera, que nada es nunca lo que parece.

domingo, 17 de febrero de 2008

"La llave maestra", Masako Togawa (1962)


Intentar encontrar un libro de Masako Togawa en una librería española es tarea harto difícil, advierto. Siempre queda la arqueología de los libreros de viejo, rebuscando entre las colecciones de novela negra de hace años (el que yo tengo es de la colección "Cosecha Roja", de ediciones B) o el sustituto de buscarla en las librerías de internet.

Fruto del vagar por librerías de ocasión llegó a mis manos hace unos años. Sin duda estaba predestinada a gustarme, porque siendo yo ya entones aficionado a la literatura japonesa y a la novela negra, un texto donde se unan las dos cosas tenía muchos puntos . Por eso, en aras de la imparcialidad la pasé (con las garantías oportunas para su devolución: se había convertido en una pieza única) a otros lectores más objetivos, logrando en todos ellos el mismo resultado: Una tranquila satisfacción de haber leído un buen libro, aunque no te gusten ni las novelas de misterio ni la novela japonesa.

Porque realmente lo más destacado del libro es que, sin estar construido con una prosa compleja, engancha. Sin hablar mucho de Japón, resume cuenta muchas cosas de su cultura. Y, sin haber policías (aunque sí ladronas), es una maravillosa novela de intriga. Como comerse un plato aparentemente corriente que sin embargo deja un sabor que se recuerda mucho tiempo. Ya metido en la metáfora culinaria, es como una buena tortilla de patatas: todas llevan los mismos ingredientes, comunes y sencillos, pero sólo algunas nos hacen alcanzar el Nirvana .

Un argumento simple: un viejo edificio, residencia sólo de mujeres desde la postguerra, va a ser desplazado en bloque unos metros para poder ampliar una calle: el evento inclluye en la vida, aparentemente tranquila de sus habitantes, y puede descubrir un secreto enterrado en su sótano...

Y una última nota curiosa: el libro editado en España en su día (allá por 1992), tiene la portada que se ve en la imagen,una preciosa imagen del ilustrador Sergio Camporeale monda y lironda: el título está por el otro lado, como si se leyese desde atrás, al igual que muchos libros en japonés y los manga.