jueves, 19 de junio de 2008

"Un bel morir", Álvaro Mutis (1989)


"Un bel morir tutta una vita onora": Una bella muerte honra toda una vida.

Con estas palabras de Francesco Petrarca comienza Mutis su libro, a modo de advertencia sobre el contenido de la novela más intensamente melancólica de la serie del Gaviero. Un Maqroll más cansado que nunca da con su cuerpo en el pueblo perdido de La Plata, a orillas del Gran Río testigo de otras pasadas aventuras. Allí permanece, con el espítu adormecido, añorando los viejos amigos que se han ido, dedicado a la charla con doña Empera, su patrona ciega y a la lectura de La Vida de San Francisco de Asís de Joergensen y las Cartas del Príncipe de Ligne.

Atraído de nuevo por la casualidad o por el destino, acepta la alocada empresa de subir un cargamento de cajas con materiales, supuestamente para la construcción del ferrocarril, hasta un campamento en plena cordillera, sumergiéndose en un mundo de violencia que seguramente tiene pleno sentido viniendo de un colombiano y escrito en la década de los ochenta.

Es también la aventura del postrer amor, de la última de las mujeres de su vida. De sus últimos amigos, llevado por esa idea tan permanente en sus historias de que en cada puerto hay el mismo tipo de rufianes, pero también en algún lugar tiene que haber gente en la que confiar o a la que confiarse.

Si las dos obras anteriores, La nieve del almirante e Ilona viene con la lluvia podían leerse separadamente, e incluso en cualquier orden, Un bel morir no tiene el mismo sentido si no hemos sabido antes de las aventuras y desventuras de Maqroll el Gaviero, de sus amigos Ilona y Abdul Bashur, y ello no tanto y no sólo por los relatos de los libros precedentes, sino porque en todos ellos es permanente su presencia, a través de las añoranzas y recuerdos del propio Gaviero.

Una historia circular y recurrente que es la que da sentido a todas las historias de Maqroll, pues no olvidemos que, a pesar de este pretendido epitafio, quedan todavía cuatro novelas por venir.