miércoles, 18 de junio de 2008

"Nana", Chuck Palahniuk (2002)


Puede que el símil sea exagerado, pero sumergirse en este libro es lo más parecido que recuerdo a meterse en una pelea. Porque a Paliahniuk no se le lee sin más: tu abres el libro y entonces la historia de golpea y te obliga a meterte dentro: violencia en el ritmo de las frases, cortas y directas. Juicios en boca de los protagonistas nada complacientes con el ser humano y la sociedad que nos rodea. Es casi imposible sustraerse de la atracción de Nana, incluso aunque suponga acabar creyéndose a pies juntillas una historia de lo más rocambolesco.

Una investigación sobre el Síndrome de la muerte súbita termina con el protagonista -un atípico periodista-, concluyendo que la causa de las mismas es una canción ritual, una Nana que figura en un libro recopilación de poesías del mundo: tras haber comprobado la efectividad de la misma matando a seis personas con la mera voluntad en una sola mañana, se lanza a la carretera, a la búsqueda y destrucción de todos los ejemplares del libro, en una especie de delirante road movie en la que acompañan una vendedora de casas ocupadas por fantasmas, su secretaria y el novio de éste, Oyster (ostra), que es a la vez el personaje más freaky y el menos loco de los cuatro.

Construir con la mezcla de esos -y muchos otros- elementos una historia que a veces puede parecer trabada bajo los efectos del alcohol u otras sustancias, pero nunca absurda a pesar del argumento. Ser capaz de manipular las reglas ordinarias de construir una novela para que al final todo encaje por imposible que parezca. Hacer que creamos lo increíble y que encontremos justificación razonable para episodios absolutamente surrealistas. Hay que ser un provocador y también un escritor con mayúsculas para conseguirlo y dar a la vez un verdadero repaso a la hipocresía de este mundo nuestro y buena parte de sus instituciones.

Porque si Palahniuk se toma algo para escribir el resultado final es brillante. Y si acaso estuviera sobrio, de verdad que ser capaz de crear el delirio organizado tiene si cabe más mérito.

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