sábado, 12 de abril de 2008

"Memorias de ultratumba", Chateaubriand (1811-1841)


Algunas veces, muy pocas, uno tiene la sensación de que lo que acaba de terminar es tan grande que difícilmente un modesto comentario pueda explicar la aventura de leer las "Memorias de ultratumba", de François René de Chateaubriand (1768-1848), una obra con título impresionante como su impresionante vida, que escribió con la libertad de quien sabía que sólo vería la luz tras su muerte.

Muchas veces habremos oído nombrar a Chateaubriand, pero en mi caso, sólo Paul Auster (le debo una) tuvo a bien provocarme lo suficiente para moverme a leer este libro: David Zimmer, el profesor de una de sus mejores obras , El libro de las ilusiones, está traduciendo las que llama "Memorias de un muerto" de Chateaubriand. Hoy, algo más de un año después , tras haber leído con calma y satisfacción las Memorias hojeo el libro de Auster y encuentro con simpatía que ambos hemos recogido para el recuerdo las mismas palabras contenidas en el extraordinario comienzo del libro (vid.)

No es en absoluto extraño, porque con la lectura de las primeras (y de las últimas) palabras del libro resulta fácil resumir su tono y quedarse prendado de la prosa, intensamente bella e intemporal, de este bretón viajero incansable, amante de la naturaleza, político de principios, escritor magnífico, ferviente católico y protagonista destacado de su tiempo.

Habrá quienes lo lean como un libro de historia, y seguramente no quedarán decepcionados, porque pocas veces podrá vivirse tan en vivo la Revolución Francesa o la etapa de Napoleón. Tampoco lo estarán si lo que buscan es un buen número de reflexiones políticas y filosóficas -algunas notoriamente acertadas y adelantadas a su tiempo- . No es mi caso. Porque lo que hace diferente a este libro magnífico, más allá de su capacidad de revivir su época o de hacernos envidiar la dignidad política y personal de Chateaubriand, es la manera en que está escrito: con un tono preciso, sencillo y a la vez poético, que nunca he visto sostenidoa lo largo de un texto tan extenso.

Hay libros que son para leer y pasar, pero hay libros que son para tener y quedarse, para releer cada cierto tiempo, para hojear al vuelo en cualquier momento de la vida. Para llevarse a una isla desierta. Uno de la docena que siempre hay que tener cerca.

5 comentarios:

Elena dijo...

Me has convencido totalmente. Y al mencionar a Auster aún más. Cierto que hay libros grandes, que no sabes muy bien como verter en unas cuantas líneas en tu blog. Porque te han aportado muchas cosas. Porque te han llegado muy adentro. A mí me ha ocurrido hace poco con Steinbeck y sus Uvas de la ira. Imprescindible.

No he leído muchos libros de memorias, pero es un género que me atrae bastante.

Un saludo

Joaquín dijo...

Pues si te gustan las memorias, no te lo puedes perder. Yo no suelo leer libros de memorias y fíjate....

Toñi dijo...

Me gusta tu blog y los comentarios que haces.

En cuanto a este escritor, lo conocía poco, pero dan ganas de leer el libro que recomiendas.

Un saludo.

gobar dijo...

Estoy terminando "El libro de las ilusiones" de Auster, que me trajo hasta aca y donde recivo otro empujon hacia Chateaubriand y sus memorias.......Gracias

Eyqüem dijo...

Uno de los grandes entre los maestros.... este Ghateaubriand.... un mistificador que volaba con la mente siglos delante de sus contemporáneos.... Lectura única y deslumbrante!!!!!