domingo, 6 de abril de 2008

"La ladrona de libros", Markus Zusak (2006)


Hay un ingrediente -poco secreto- en el que se recrean muchos autores para construir un superventas: incluir de una u otra manera los libros en la trama de la historia. Eso les da un plus de ansiedad a sus futuros lectores, de modo que como moscas caemos y nos rebozamos en los libros dentro de los libros. Con ese pretexto y contenido muchas veces hemos gozado libros y otras tantas los hemos sufrido, desde las maravillosas sensaciones de El nombre de la rosa, Firmin o La sombra del viento hasta productos mas o menos de consumo como esta ladrona...

No sé que es lo que hace que con demasiada frecuencia -al menos eso parece últimamente- autores en lengua inglesa se dediquen a novelar episodios en que los protagonistas son alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Pasa con el dichoso niño del pijama y sus rayas, y pasa también con La ladrona de libros, del ¡australiano! Markus Zusak.

Algo habrá. Una guerra da para novelar muchas historias y muchas desgracias. Lo que sucede es que, pudiendo sentirlas del lado propio, se van a verlas al lado alemán y eso, a mi modesto juicio, provoca que el autor caiga en todos los lugares comunes posibles para demostrar que conoce el tema: judíos perseguidos por malísimos nazis, alemanes buenos y alemanes malos, bombardeos aliados...y eso sí, libros por el medio de todo. Ah, y muchas palabras en deutsch, en original, que así nos metemos mejor en la historia. Dios mio...

Porque el libro va de eso, de la historia de la pequeña Liesel, una encantadora niña adoptada por una familia humilde en los duros tiempos de la guerra. Una historia que podría ser triste si fuera creíble, en que la narradora es en parte la misma muerte (¿se habrá leído este Zusak a Saramago, que falta le haría?). Un folletin muy, muy triste, amigos, porque la guerra es una cosa muy mala muy mala para el cuerpo...

Por ahí en algunos blogs amigos se han vertido opiniones un poco más benévolas que las mías. En cualquier caso me han servido para no gastarme los dineros en comprarme el libro, y leerlo de prestado. Puede que hasta me haya pasado. Quizá he sido demasiado demoledor. ¿Se me estará endureciendo el alma?.

Vamos, que lo lean si les apetece, porque ameno -eso sí- es, a pesar de sus quinientas páginas. Y por si las dudas, vayan a una biblioteca. Y, de todos modos, si quieren saber como se las gastaba la Alemania nacionalsocialista con sus jóvenes, déjense de caralladas, como decimos en mi tierra, y lean a Günter Grass. Que ése sabe de que iba, es alemán. Y premio Nobel.

5 comentarios:

Escriptorum54 dijo...

Me ha preguntado si valía la pena comprarlo. Mejor pedirlo prestado.
¿leerlo? bueno, es entretenido, como tú bien has dicho. De fácil lectura. Lo mejor, en todo caso, es que la narradora sea quien es.

Desde mi punto de vista es mejor que el dichoso niño con su pijama.

Anikaa dijo...

Simplemente, un aplauso!!!

Carlos Garvin dijo...

Ummm... alguna vez me lo habían recomendado pero mi intuición me decía siempre de no leerlo. Parece que fue buena elección.

Elena dijo...

El libro no es ninguna maravilla, pero es ameno y original en parte. A mí sí me gustó, aunque por supuesto no es de lo mejor que he leído. Sin embargo, aunque reconozco que Gunter Grass está muy por encima, el tambor de hojalata se me hizo mucho más pesado que este libro. La literatura tiene estas cosas. Eso sí, cuando terminé El tambor me sentía como si hubiese llegado a la cima del Everest.

Yo sí recomendaría el libro, sobre todo a determinados lectores. Tiene cosas que merecen la pena.

Saludos

Joaquín dijo...

Gracias a tod@s por vuestros comentarios. Elena: es cierto que es ameno. Lo que pasa es que, cuando era joven era muy aficionado a la Segunda Guerra Mundial y me parece que trivializa demasiado el lado alemán. Conste que no he leído "El tambor de hojalata", pero sí otras de Grass, en especial "El gato y el ratón", que me dejó bastante impresionado, y que sí relata las vivencias de la juventud alemana de modo impecable (vamos, eso creo. Hace tanto tiempo...)
Un saludo a todos.