miércoles, 30 de abril de 2008

"La hora de la estrella", Clarice Lispector (2002)


Algunas veces establezco algo así como los "parecidos razonables" entre dos obras literarias, en una especie de comparación que seguramente no se sostiene para nadie excepto para mí mismo. Así, si le tuviera que explicar a alguien la sensación que me ha producido este primer encuentro con Clarice Lispector le diría que es la misma que en su momento me trajo En medio de ninguna parte, de J.M. Coetzee: una especie de relato de la vida desde dentro, contada con la crudeza y -por qué no- la belleza de quien sabe mirar en el interior de las personas para relatar el vacío existencial.

Y eso, a pesar de que La hora de la estrella tiene un contenido muy sencillo y dibuja un recorrido muy breve por la vida de Macabea, la muchacha nordestina permanentemente anonadada, un personaje del que el narrador hace un dibujo que no se sabe si es cruel o entrañable. Un narrador que se coloca también como parte imprescindible del relato:

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días. Pero estoy preparado para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aun la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
Un libro extraño, e intenso a pesar de lo breve. Una manera de escribir en donde las palabras transmiten más de lo que parecen decir, como si al juntarse hicieran un dibujo. Se puede ver la pobreza, la tristeza, la desidia, el vacío. No sé cómo lo hace, y ni siquiera sé si me gusta, pero sí sé que hay pocos autores con una cualidad así.

No sé explicarlo mejor. No soy Clarice Lispector, me temo.

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