sábado, 15 de marzo de 2008

"La fórmula secreta del profesor", Yoko Ogawa (2003)



Alguna vez tenía que comenzar un comentario por la editorial, porque en el proceso de localizar un libro, y al margen de los engaños del marketing, también tiene su parte la belleza de la edición y el cuidado y afecto que pone el editor en la apariencia del libro. Los libros de editorial Funambulista son, ante todo, hermosos por fuera, y en el cálido y suave tacto del papel que utilizan uno cree ver el amor a ese negocio (de idéntico riesgo al del funambulista, supongo) que a las editoriales pequeñas les debe llenar más de satisfacción que de dinero.

Sólo con mucha pasión por los libros a alguien se le ocurriría añadir al final del libro un brevísimo "postfacio" (o sea, el prefacio pero al final) de un tal León González Sotos, de la Universidad de Alcalá, que, al margen de algunos excesos y floripondios en la redacción, es una joya que resume en poco espacio parte del sentido, no sólo de la obra, sino de las matemáticas en la educación moderna. Para quienes no me crean les anticipo el título: "Platón y Ramanujan en la cabaña de un ocioso".

¿Y la novela?. Pues la novela cuenta la historia de un viejo profesor de matemáticas, que tras un accidente sólo tiene una memoria de ochenta minutos, y a cuya casa llega una nueva asistenta. Por su hijo de diez años, al que el profesor bautiza como "root" (raíz cuadrada) debido a la forma de su cabeza, desarrollará un profundo afecto, renovado obviamente cada día, que le llevará a ir desgranando parte de los arcanos "del libro secreto de Dios" que desvelan las curiosas relaciones entre los números, onmipresentes en todos los momentos de la vida diaria.

Como otros libros de autores japoneses su lectura es placentera, agradable, y la sensación que deja es siempre más perdurable y consistente que el propio texto. Dice su contraportada que cuenta la historia "con la belleza sencilla y verdadera de un larguísimo haiku". Probablemente sea una exageración, pero sí es cierto que, al igual que en los tres versos de un haiku, no hay simpleza sino sencillez. La sencillez que permite en Japón admirar la belleza real de las cosas.

Una nota importante: para comprender parte del significado de relato hay que tener una idea, aunque sea básica de las reglas del béisbol, que es uno de los deportes más seguidos en Japón, y que ocupa un lugar muy importante en la novela. Así que, haced antes una breve incursión por internet para comprender lo que es un home run, una entrada o un bateador. De paso podréis tener contacto con el que es para muchos el deporte de equipo más bello que existe.

1 comentario:

Leira dijo...

Tengo ganas de leerlo. Gracias por avisar lo del beisbol.