jueves, 31 de enero de 2008

"Las partículas elementales", Michel Houellebecq (1998)


Hace algunos meses pasó por mi ciudad la representación teatral de "Plataforma", basada en una novela de este señor de apellido (artístico) tan impronunciable. Sus críticas en prensa relataban no tanto la obra como el hecho de que algunas personas abandonaban escandalizadas el patio de butacas (los que vamos al gallinero casi nunca abandonamos ). Eso reavivó mi viejo interés por leer a este autor acusado de casi todo lo posible y políticamente incorrecto: pornógrafo, homófobo, misógino y de regalo también islamófobo. Debe ser interesante, me dije, cuando lo acusan con palabras tan raras.

"Las partículas elementales" cuenta la historia de dos medio hermanos, Michel y Bruno, inteligentes y de clase acomodada, que han crecido medio abandonados a su suerte por unos padres de paso y una madre hippie. Uno científico de prestigio y otro profesor de literatura. Michel sin vida más allá de sus investigaciones. Bruno obseso pornógrafo. Ambos con vidas igualmente vacías de sentido. Ambos con idéntica incapacidad de amar.

Es un libro de lectura a veces incómoda, extremadamente cáustico con la sociedad occidental actual , a la que retrata en sus aspectos más oscuros pero fácilmente reconocibles en los dos hermanos: la obsesión por la tecnología , por el sexo, la preocupación por el estado físico y la muerte, la falta de sentido de una vida en la que sólo se llenan los vacíos yendo de compras.

Es una obra también llena de provocaciones al lector, con abundantes parrafadas sobre Niels Bohr y la física de partículas, que al principio pueden parecer interesantes, pero acaban produciendo unas enormes ganas a veces de meterle a Houellebecq el libro por ahí ( ...según la hipótesis de Margenau, la conciencia individual se podía comparar a un campo de probabilidades en un espacio de Fock, definido como suma directa de espacios de Hilbert...). Maldito cabrón, prueba conseguida, ya ha logrado producirnos un rebote. Ahora entiendo a las señoras que abandonan el patio de butacas. La provocación también es un recurso.

En resumen, hay un retrato negativo y desesperanzado, una profecía brutal de final de la civilización occidental , una disección cruda de los males de la sociedad de clase media . Y eso, de modo sorprendente y paradójico, y con base en las breves y casi imperceptibles alusiones a la posibilidad de otra forma de vivir, le lleva a concluir a uno ("uno" soy yo) que sólo el amor puede dar algo de sentido a tanto sinsentido.

Pero eso algunos ya lo saben.

7 comentarios:

Anikaa dijo...

Me gusta la reseña. A mí el libro me gustó también, pero sin "grandes aspavientos" Me resultó algo cansino, especialmente en las partes que se ocupaban de la vida sexual de Bruno. Al final a Houellebecq se le veía un poco el plumero: en eso de provocar, como tú dices, me parece demasiado trillado utilizar el sexo. Con todo, es entretenido. ¡Un saludo!

Elena dijo...

No he leído nada de este autor, aunque he escuchado mucho hablar de él. Hace poco le entrevistaron en El País Semanal, pero no consiguió llamar mi atención. Sin embargo, puede que le dé una oportunidad en el futuro.

Un saludo

Garvín dijo...

Es un autor que siempre he querido leer, aunque en este caso lo de la física de particulas me echa un poco hacia atrás. Quizás yo también le de una oportunidad.

Un saludo.

Juanqui dijo...

Hola!!
Soy un chico madrileño que hace poco he descubierto tu blog y estoy encantado. La selección de libros que haces es francamente buena y tus comentarios muy acertados.
Yo no soy un gran lector de literatura contemporánea aunque algunos de los ejemplos que citas sí he tenido la suerte de leerlos y son auténticas maravillas.
Para mí uno de los grandes es Julio Cortázar y si te gustó "Historias de cronopios y de famas" no puedes dejar de leer "La vuelta al día en 80 mundos". Es una auténtica joya. El año pasado lo reeditaron en 2 volúmenes en Siglo Veintiuno Editores, después de bastantes años siendo imposible de localizar. Te lo recomiendo!!
Muchas gracias por tus reseñas literarias, es un lujo en los tiempos que corren.


Aunque mi blog poco tiene que ver con literatura te adjunto mi dirección por si quieres comentarme algo:
http://jccavila.blogspot.com

Joaquín dijo...

Gracias por vuestros comentarios:
Anikaa, conste que a mí me provoca más por mezclar la física de partículas que por el sexo. Que eso, que ya está muy trillado.
Juanqui, gracias por tu amable comentario. Hace que me aplique más, aunque lo único que pretendo es expresar lo que me producen los libros, no vaya a ser que a alguna alma perdida le sirvan para leerlos. Me apunto a Cortázar.

Anónimo dijo...

Yo creo que es buena como metáfora y como crítica, y mala como novela. Al final uno entiende por qué cuenta lo que cuenta, pero es que con párrafos exasperantes como el que transcribes y personajes y situaciones absurdos, resulta difícil llegar al final.

Gabriel González Maurazos dijo...

Yo tengo una deuda pendiente con Houellebecq, porque no he leído nada de él, pero soy consciente que en los próximos meses voy a leer algo de este autor, y será en parte gracias a tu reseña: hay que leer a los iconoclastas. Gracias.