lunes, 21 de enero de 2008

"Arde el musgo gris", Thor Vilhjálmsson (1988)


Cuando era estudiante universitario, a influencia de uno de los pocos amigos de los que en aquella época se aprendían cosas interesantes, comencé a leer obras de las Sagas islandesas . Además de pasar muy buenos ratos, aprendí así que los pueblos del norte albergaban un profundo amor por la poesía y por la naturaleza, a la vez que atesoraban un buen número de obras absolutamente brillantes y modernas, que aún hoy se leen con gusto. Lo cierto es que muchos de los que habrán alucinado con "El señor de los anillos" podrían descubrir mucho de su origen en la mitología escandinava. Así al vuelo, recomiendo la "Saga de Egil Skallagrimsson" , que fue la primera que leí y de la que todavía me acuerdo un montón de años después.

Decía Borges que las guerras y los libros escandinavos "son para la historia como si no hubieran sido: todo queda incomunicado y sin rastro, como si acontecieran en un sueño o en esas bolas de cristal que miran los videntes. En el siglo XII, los islandeses descubren la novela, el arte de Cervantes y de Flaubert, y ese descubrimiento es tan secreto y tan estéril, para el resto del mundo, como su descubrimiento de América" (cita de El País- tampoco he leído tanto a Borges-).

Viene esta apología al caso porque seguramente una pequeña introducción a la literatura islandesa nos ayuda al leer mejor este sorprendente libro con un nombre hermoso y evocador. Su protagonista Ásmundur, a la vez juez y poeta en la Islandia del siglo XIX, ha de juzgar el caso de dos hermanos acusados de incesto y de matar al fruto de su relación .......

Recomiendo un poco de paciencia al principio , porque el estilo está muy alejado de lo habitual, siempre relatando en tercera persona, sin signos de diálogo, pero con una prosa bella y profundamente poética, que se lee con agrado incluso cuando no sabemos hacia donde nos lleva. Al comienzo todo es como un rompecabezas, tolerable porque el protagonista absoluto es el vasto paisaje islandés. Después, y sobre todo desde el comienzo del juicio a los hermanos, el relato se hace imparable hasta el desenlace. Al final de todo, hemos montado a piezas un espléndido lienzo que habla sobre todo de la dureza de la vida de la gente sencilla, y de cómo la justicia (la humana) se ensaña, sobre todo, con los que menos tienen.

Por cierto, dos notas: Una, la traducción de Enrique Bernárdez es especialmente brillante y denota un dominio del castellano que para mí quisiera. Dos: hay muchas alusiones a Dinamarca, porque Islandia fue provincia danesa hasta 1914 y hasta 1944 no fue plenamente independiente (Encyclopaedia dixit).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy buena crítica, al leer el libro tuve la sensación de revivir una película de Ingmar Bergman, descarnada y en blanco y negro. La descripción de los recios paisajes escandinavos es bellísima, aunque el libro me resultó en algunas ocasiones algo espeso.

A. Málaga