lunes, 29 de diciembre de 2008

"Hace mil años que estoy aquí", Mariolina Venezia (2006)


La Basilicata es una región del sur de Italia, cerca del tacón de la bota .En una de sus provincias, Matera, está Grottole, el pueblo en que sucede esta larga historia: la de los hijos del rico D. Francesco Falcone y Concetta, la amante con la que nunca se casó porque le dio siete mujeres y un solo varón.

Me parece bueno comenzar por ubicar el territorio porque la novela se construye sobre la evolución a lo largo de la historia de cualquier pequeña población de la Italia pobre. Una historia desconocida para casi todos de la desconocida pero intensa historia de la Italia unificada. Con la excusa del relato de las (sobre todo) miserias y algunas alegrías de la familia Falcone durante más de un siglo, desde la unificación italiana hasta la caida del muro de Berlín, la autora dibuja un verdadero mural de la historia reciente de Italia vivida desde las regiones pobres del Sur.

Es un libro bellamente escrito, ágil y de lectura agradable. Hay mucha magia en su interior, con una gran capacidad de transmitir sentimientos y sensasiones más allá de las meras palabras. Es cierto, como he leído por ahí, que a veces nos recuerda al García Márquez de Cien años de soledad. Pero, precisamente parte de su intensidad se pierde porque la rapidez de los hechos hace que se fije más en los acontecimientos que en las personas. Las vicisitudes de la familia Falcone suceden a un ritmo tan vertiginoso que, al margen de perderse en los nombres (en eso también se parece a Cien Años...) de los hijos y nietos, maridos, cuñados y primos, también se diluyen parte de las historias personales. Resulta imposible fijarse demasiado tiempo en los personajes que circulan por la larga historia de la familia y de Grottole. La Historia se come a las pequeñas historias. Y es verdaderamente una pena, porque hay mucha fuerza en algunos y mucha literatura en el espléndido esbozo que se hace - sobre todo- de las mujeres que van circulando por la casa familiar.

No soy yo muy partidario de las largas sagas de mil páginas, y supongo que es un elogio en cierto modo acabar el libro pensando que se ha quedado corto. Pero necesitaría un ritmo más pausado o mayor extensión para pasar de ser una buena novela a una novela extraordinaria. No puedo evitar pensar que hay muchas historias dentro que parece que querían ser contadas y apenas lo han sido, engullidas por el relato bello y un poco atropellado de la historia de Italia.

viernes, 26 de diciembre de 2008

"Los hombres que no amaban a las mujeres", Stieg Larsson (2005)


Si morirse es siempre una mala cosa para el cuerpo, peor todavía si dejas sin publicar tres novelas y después éstas se convierten en un bombazo de ventas en media Europa. Tres millones en Suecia -que tiene nueve millones de habitantes-, más de un millón en Francia. Líder absoluto de ventas en España en los últimos meses de este 2008 que se acaba. Y eso es lo que le pasó a Stieg Larsson, que dejó cerrado un contrato para su publicación poco antes de morir de un infarto masivo a los cincuenta años en 2004.

La novela es la primera de la trilogía Millenium, nombre derivado de la revista en la que trabaja nuestro protagonista, Mikael Blomkvist, un cuarentón atractivo y divorciado que tras pasar una mala racha y ser condenado por difamación, resulta contratado por un viejo millonario para escribir la historia de la familia Vanger y de paso tratar de revisar un crimen cometido hace más de treinta años.

Sobre esa base se construye la novela, en la que Larsson va hilvanando de forma indudablemente ágil una historia tras otra, de modo que al poco de haber comenzado ya estamos profundamente enganchados a sus más de seiscientas páginas. Aunque no creo que literariamente el relato sea especialmente destacable (la narración es plana, demasiado descriptiva, como en un artículo periodístico) , en conjunto el libro sí es una buena novela policiaca moderna, que tiene un innegable ritmo casi visual -será pronto llevada al cine- y nos deja una adorable galería de personajes, algunos un poco imposibles como Lisbeth Salander, la joven hacker, superdotada y socialmente inadaptada con la que formará tandem investigador nuestro Mikael Blomkvist.

La primera noticia que tuve de este libro fue a través de Babelia, el suplemento cultural del diario El País. Allí pude enterarme también de la historia de Larsson, que es tan atractiva como su libro: No sólo por morirse sin ver el éxito de sus libros, sino también porque, a juego con el título de su primera novela, Stieg Larsson vivió casi treinta años con su mujer, pero nunca se casó con ella, por lo que ésta se quedó fuera del caudaloso río de coronas del que disfrutan ahora sus herederos legales, al parecer su padre y su hermano. Mejor no vivir para verlo.

Hay últimamente muchas cositas de novela negra nórdica que han venido a sumarse al tradicional y superventas Henning Mankel. Yo les recomiendo especialmente Petirrojo, una fantástica novela del noruego Jo Nesbo, que me parece bastante superior a Mankel y a Larson.

Pero como una cosa no quita la otra, ya tengo en casa recién publicada, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, la segunda novela de la saga Millenium de Larsson. Es que hace mucho frío y apetece quedarse en el sillón.

lunes, 24 de noviembre de 2008

"El Clan Inugami", Seishi Yokomizo (1950)


Aunque transcurre en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y fue publicada originalmente en los años cincuenta, El clan Inugami sólo recientemente ha encontrado edición en castellano, publicada por "La Factoría de las ideas".

El Clan es una novela de género con todas las de la ley, que engancha al estilo clásico, y cuya principal virtud es que provoca una adicción notoria. Prescinde de profundos análisis de los personajes y de complicadas descripciones de la naturaleza humana, para centrarse en la intriga, a la manera Agatha Christie.

Sahei Inugami muere a la respetable edad de ochenta y un años. Es el fundador y patriarca del poderoso Clan Inugami, y tras su fallecimiento y en torno a los derechos hereditarios de la familia, se sucederán una serie de terribles asesinatos.

Vale, que el argumento no es muy original, y el detective protagonista, Kindaichi, es un ser algo casposo, una mezcla de Hercules Poirot, Colombo y Torrente. Puede hasta que el final sea previsible y sus valores literarios sean más que discutibles, pero lo que nadie podrá negar es que como literatura de evasión está absolutamente lograda, y que tiene agilidad sorprendente para una novela escrita en el complejo Japón de la postguerra.

jueves, 30 de octubre de 2008

"Cabeza de perro", Morten Ramsland (2005)


Desde hace un tiempo se me ha dado por leer literatura nórdica, en lo que debe ser un intento de comprobar la influencia que tiene el frío intenso en las visiones de la vida Y, efectivamente es gratificante en primer lugar descubrir que hay vida allá arriba, que hay no pocos autores que han encontrado traducción al castellano e incluso que existe una editorial (www.nordicalibros.com) que se ha asignado la loable intención de acercarnos esa literatura con algunos títulos verdaderamente apetitosos (por aquí anda reseñado Arde el musgo gris y espero que próximamente caiga algún otro).

El caso es que Cabeza de perro llega con muy buenas críticas, avalado por nosecuantos premios y editado en España por Salamandra. Cuenta la historia de la familia Eriksson desde la perspectiva del joven Asger, que vuelve a Dinamarca ante la inminente muerte de su abuela. Bjork. Sobre sus abuelos se centra realmente toda la historia, en especial sobre Askild, el marido de Bjork, un tipo verdaderamente singular: ingeniero naval, contrabandista, alcohólico y artista incomprendido.

Sobre él, su peculiar manera de ver la vida se va construyendo esta saga familiar cuya lectura deja un poso agridulce: una historia en la que alterna la descripción de verdaderas cafradas, en el más puro estilo grotesco de Tom Sharpe (el de Wilt) a párrafos en los que describe con extrema perfección y sentimiento las miserias de la familia Eriksson. Que, de cualquier modo, no son muy diferentes de las de cualquier familia, incluso a la de uno mismo.

Quizá en que al final eso es lo que uno recuerda, está el talento de Morten Ramsland.


viernes, 26 de septiembre de 2008

"Una pantera en el sótano", Amos Oz (1994)


"Ambientada en 1947, en la Jerusalén de finales del Mandato británico en Palestina, Una pantera en el sótano nos cuenta la profunda y conmovedora relación que surge entre un niño judío, Profi, y un sargento de la policía británica muy interesado por el Israel bíblico y la lengua hebrea. Profi acepta mantener con él un intercambio de clases de hebreo e inglés pensando que así podrá sacar información al «enemigo», pero sus amigos le culparán de ser un traidor... Es esta idea la que sirve a Amos Oz para hacernos reflexionar sobre qué es la traición realmente".

Reconozco que en este caso me apetece más hacer un comentario sobre el comentario que va impreso en el libro que sobre el mismo libro. No creo que esencialmente la relación entre Profi y el soldado sea profunda ni conmovedora. Tampoco creo que el libro reflexione sobre la traición. Profi es un niño, casi adolescente, que vive su historia personal desde el seno de una rígida familia judía y en un momento particularmente intenso de la ya muy intensa historia de los judíos: las vísperas de la creación del estado de Israel. Yo sólo veo un muchacho de buen corazón que no acaba definitivamente de entender cómo el enemigo, una vez que deja de ser un uniforme y toma cuerpo en el sargento Stephen Dunlop, puede continuar generando odio. Una historia de infancia, que evidentemente no puede huir del contexto en el que se da, pero que habla mucho de idealismo, de amistad, del despertar del deseo y de los límites que familia y entorno ponen a la propia naturaleza de un niño.

Con todo, y en cualquier caso, un libro muy hermoso, espléndidamente escrito, lleno de amor por las palabras y en que no sobra ni falta nada. Y un autor que para mí era desconocido, Amos Oz, que a pesar del evidente peso que tiene ser israelí, mantiene en su vida personal una sincera aspiración hacia la justicia :

Nunca he visto el conflicto como una película del Oeste, con buenos y malos. Yo creo que tanto los judíos como los palestinos tienen una reivindicación muy fundamentada. Una causa muy justa, que ambos defienden a veces de forma equivocada. Lo triste es que esas dos reivindicaciones justas tiene que ver con la misma tierra. Esto es una tragedia porque ambas partes no poseen más territorio, no tienen ningún otro lugar al que dirigirse. Lo que yo siempre he tratado de hacer ha sido describir la dimensión trágica de un conflicto entre lo justo y lo justo.

lunes, 15 de septiembre de 2008

"Betty la negra", Walter Mosley (1994)


Hace no demasiados años me regalaron un libro de Walter Mosley, Mariposa Blanca. Como lector de novela negra tenía que gustarme Mosley, porque pocos autores que conozca son capaces de describir con tanto detalle, y de un modo tan fiel a las novelas de genero la vida de la sociedad negra de los cuarenta y cincuenta, y de sumergirnos de golpe en la violenta lucha por la supervivencia en los suburbios de Los Ángeles.

Quien haya visto El demonio vestido de azul, la película de Carl Franklin con Denzel Washington y Don Cheadle entenderá la atmósfera a la que me refiero: whisky, jazz, mujeres fatales, destinos más fatales todavía, policías -como no- corruptos, muchas armas circulando y mucha violencia, que ha de dejar siempre un buen puñado de muertos por aquí y por allá.

Easy Rawlins encaja como nadie en medio de ese decorado. Un hombre básicamente honrado pero duro, que no mata si no es necesario ni quiere morir si no está en su destino. Más cerca de la Justicia que de la Ley y sus agentes (que en su mayoría no le tienen en gran estima) y con amigos normalmente tan peligrosos como sus enemigos.

Y aquí nos lo encontramos a los cuarenta, abandonado por su segunda mujer, medio arruinado y con dos hijos adoptivos que alimentar. Por ello aceptará el buscar por encargo a Betty La Negra, la mujer que reinaba en el barrio de sus doce años y a la que se disputaba lo más granado del hampa local. Sumergirse en esa búsqueda será entrar en un camino de violencia que Mosley, como siempre pero si cabe mejor esta vez, narra como nadie, con una brevedad que casi produce dolor; y con una concepción del ritmo totalmente cinematográfica, que pide a gritos una versión en pantalla de esta novela.

Pero, si me lo permiten, yo creo que el papel de Easy debe ser -siempre debió ser- para Laurence Fishburne.

viernes, 12 de septiembre de 2008

"Tonto, muerto, bastardo e invisible", Juan José Millás (1995)


Nunca había leído a Millás, así que al principio de este libro fuí alternando los parecidos razonables, del Eduardo Mendoza desternillante de Sin noticias de Gurb o El laberinto de las aceitunas, al estilo barbitúrico de Palahniuk o Etgar Keret, reconozco que al principio llegué a no saber en qué extremo me encontraba.

Porque ante todo, me he reído un rato largo, con la historia del bigote de Jesús, el jefe de personal de una empresa papelera despedido por fijar un perfil de personal en el que al final, no cabe él mismo. Y hablo de la historia de su bigote porque el mostacho transforma a Jesús en su alter ego, aquel que hace todo o casi todo lo que él nunca hubiera osado hacer en su vida de ejecutivo idiota, construyéndose un mundo a su medida en un apartamento alquilado.

Con esos muy abundantes pero realistas guiños al absurdo, Millás construye un libro que, aunque de lectura desenfadada y veloz, está magníficamente escrito, y deja un poso de crítica salvaje a las múltiples estupideces de la vida de los yuppies urbanos que somos un poco todos, a la sociedad "socialdemócrata" ultraprotectora. Una conclusión terriblemente ácida, que ubica perfectamente además al libro en la época en que fue escrito, el año 95, en plena sociedad del "pelotazo".

En fin, en suma y como resumen: que su prosa es ágil, su mensaje inteligente y divertido. Vamos, que me ha gustado mucho la forma de escribir de Juan José Millás, así que es otro de los que me apunto para el futuro.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

"La herencia de Eszter", Sándor Márai (1939)


Con la literatura centroeuropea de mediados del siglo XX estamos viviendo (al menos, así lo parece viendo las últimas ediciones de los libros de Marai o de Stefan Zweig) un redescubrimiento que, aunque tardío, permite aflorar uno de los yacimientos más ricos de literatura que a muchos nos quedan pendientes.

El año pasado leía maravillado El último encuentro, una absoluta obra maestra que había permanecido desconocida y sin editar en España desde su edición original en 1942 hasta el año 2000, y desde la publicación de la misma se han ido sucediendo una tras otra las ediciones de las novelas de Sándor Márai.

Como este es el segundo de sus libros que leo, no tengo perspectiva para saber si es el tono de todas sus obras, pero en La herencia de Eszter se repiten muchas de las líneas que se veían en El último encuentro: en lo formal, un estilo elegante, sosegado, levemente melancólico y teatral En la historia, nuevamente una mirada desde el atardecer -casi el ocaso- de la vida hacia el pasado. Un repaso de oportunidades perdidas y un caminar hacia lo inevitable de unos personajes rígidamente caracterizados: Eszter, una mujer en el otoño de su vida triste y un tanto cobarde para oponerse a su destino, al que -tras veinte años- se aproxima nuevamente Lajos, un vividor embaucador y canalla a cuya magnética influencia al parecer no puede oponerse.

Una obra menor si la comparamos con el Encuentro, pero muy bellamente escrita y que se lee con sumo placer. Si muchas veces con algunos autores basta con leer un libro, Sándor Márai pertenece a aquellos de los que hay que conocer toda su obra.

martes, 2 de septiembre de 2008

"Un grito de amor desde el centro del mundo", Kyoichi Katayama (2001)


El centro del mundo está tal vez en los territorios del norte de Australia, y si no han leído el libro no puedo contarles más. Porque Australia, curiosamente, también tiene un pequeño papel en esta historia japonesa.

Este es el libro más vendido en Japón en toda la historia, lo cual no sé si es un poco exagerado, en caso de que sea cierto. Tal vez denota que los seres humanos necesitan encontrar los sentimientos escritos y descritos de forma sencilla en lugar de mirar alrededor y de ejercerlos. No lo sé. Porque la novela es simplemente una historia de amor adolescente entre Sakutaru y Aki, igual de bella y de profunda que cualquier otra historia de amor de cualquier edad. Y es también -no les adelanto nada, lo dice al principio- una historia de la pérdida, que deja un extraño poso entre serenidad y melancolía. Un libro que se lee sin parar una vez que has empezado.

Pero tal vez esperaba más, no lo niego. Sigue siendo una hermosa historia, impecablemente escrita, igual de impecablemente traducida del japonés por Lourdes Porta. Pero esperaba más. Me aficioné a la literatura japonesa hace años leyendo el "Samurai", de Hisako Matsubara, que entonces sí me pareció una de las más emotivas historias de amor que había leído nunca. Ya no recuerdo bien el argumento, han pasado muchos años, pero sí recuerdo el sentimiento. No creo que con este libro me pase lo mismo, probablemente refleje más la tristeza y el vacío.

No me hagan mucho caso, en cualquier caso es lo bastante bueno como para que merezca ser leído y juzgado por otros.

sábado, 30 de agosto de 2008

"Serpientes y piercings", Hitomi Kanehara (2004)

Era poco probable que hubiera leído este libro si no fuese japonés, y si no tuviese el aval de haber ganado el premio Akutagawa. La historia de una joven atrapada entre la pasión por un joven tatuado y con lengua bífida, Ama , y Shiba, un tatuador con tendencias sádicas, no parecía a priori entrar dentro de mis temas favoritos.

Por eso todavía no me explico muy bien el porqué me he leído este libro de un tirón, incluso a pesar de lo incómodo del tema, o del ligero desagrado que inspiran algunas de las imágenes que provoca. Como no puedo explicarlo, deduzco que estamos ante un buen libro.

La historia de Lui, la joven atraída por el dolor y los tatuajes: una historia envuelta en cerveza y brutalidad, totalmente desesperanzada y sin futuro. Un relato fascinante que da la impresión que encaja mejor que en ningún otro sitio en la sociedad japonesa, la de los contrastes entre las geishas por la calle y la juventud alucinada que ya leíamos en el Azul casi transparente de Ryu Murakami.

Nunca lo hubiese dicho a priori, pero una gran novela, aun con sus escasas cien páginas.


jueves, 21 de agosto de 2008

"Memorial del convento", José Saramago (1982)


Ya he dicho alguna vez que admiro a José Saramago y que me parece el prototipo de ibérico perfecto (después del jamón, claro), con esa saudade que me suena a conocida, su amor por las personas , su vinculación estrecha con España y su muy ibérica relación amor-odio con su país natal. Me parece admirable su dignidad personal, que la edad engrandece y no mengua y su implicación con todas las causas que considera justas.

Viene esto a cuento porque a veces el personaje supera al escritor, y reconozco que cuando leo uno de sus libros estoy totalmente predispuesto a que me guste, así que raramente puedo ser objetivo con la calidad del texto. Con Saramago -con el escritor y con la obra- no hay medias tintas, o te gusta o no eres capaz de leerlo. Yo soy de los primeros.

Así que durante las primeras páginas de este Memorial del Convento tuve verdaderamente que convencerme que era Saramago y que me iba a acabar el libro: su personal estilo, pero más denso que nunca, con ausencia total de diálogos, largas descripciones y riqueza de lenguaje casi al modo del Quijote no parecían predisponer a lo que se supone debe suponer una lectura en el verano.

Y la verdad es que la paciencia merece la pena, en cuanto nos prendamos de la mágica historia de Blimunda, la mujer que puede ver dentro de las personas cuando está en ayunas; su soldado Baltasar, manco de la guerra, por Sietesoles conocido y el padre Bartolomé Lourenzo de Gusmao, que en la realidad consiguió elevar un aerostato de papel y en la novela tal vez haga volar su passarola con ellos a bordo.

Sobre la base de estos tres personajes, y con el trasfondo de la construcción del imponente convento-palacio de Mafra que el rey D. Juan V. ofreció a los franciscanos si su esposa le daba un descendiente, Saramago construye un relato en el que encontramos buena parte de los temas que le acompañan a lo largo de toda su obra: los abusos del poder de los poderosos, las miserias y los goces de la gente humilde, el omnipresente poder de la Iglesia y los miedos que provoca y, sobre todo y por encima de todo, una bellísima historia de un amor sin palabras de amor.

Tienes la barba blanca, Baltasar, tienes la frente cargada de arrugas, Baltasar, tienes el cuello como cuero seco, Baltasar, se te caen ya los hombros, Baltasar, no pareces el mismo, Baltasar, pero esto es defecto de los oojos que usamos, por ahi viene una mujer, y donde nosotros veiamos un hombre viejo, ve ella un hombre joven, un soldado a quien preguntó un día, Cuál es su gracia, o ni ve siquiera a ése, sólo a este hombre que baja, sucio, canoso y manco. Sietesoles de apodo, si lo merece tanto cansancio, pero es un constante sol para esta mujer, no porque siempre brille, sino por existir, escondido de nubes, tapado de eclipses, pero vivo...

martes, 5 de agosto de 2008

"Bajo los vientos de Neptuno", Fred Vargas (2004)


Fred Vargas se llama en realidad Frédérique Audoin y durante más de veinte años trabajó como investigadora, estudiando cosas tan apasionantes como la pulga que transmitía la peste en la Edad Media o el tamaño de los bueyes en la civilización romana. Comenzó escribiendo para distraerse, y así la descubrí hace unos meses en Babelia, la separata de libros del periódico El País. Allí decía que ella no hace novela negra, sino novela de enigmas, al más puro estilo Agatha Christie. Y reconocía también que al principio no compraba nadie sus libros, aunque de los últimos ha vendido más de 400.000 ejemplares en Francia y tiene lectores en todo el mundo.

Pero, siendo el mundo tan grande y mi cabeza tan pequeña, nunca había leído a Fred Vargas, y aunque buscaba su último libro "La Tercera virgen", lo que conseguí encontrar resultó este "Bajo los vientos de Neptuno". En él, su protagonista, el comisario Adamsberg intentará encontrar, entre las calles de París y los hielos de Quebec, al Tridente, un asesino al que persigue desde el comienzo de su carrera y con el que tiene una personal cuenta pendiente.

Es ciertamente, un modelo distinto de la novela negra ahora más frecuente, con mucha menos preocupación por el entorno, los rollos sociales o la coyuntura política. Hay un asesino, y por tanto unos muertos, y punto. Bueno, y punto no, porque el proceso de investigación se produce atando un cabo tras otro y juntando cosas que no parecen ligadas. O sea, que sí que se aproxima más al estilo de Hercules Poirot, pero no por ello me parece una novela menos meritoria: es totalmente adictiva, se lee con facilidad, está bien escrita y con abundantes rasgos de humor, (aunque con la traducción seguro que nos perdemos parte del juego con el francés que hablan en Quebec). Todo eso hace que, aunque el grado de improbabilidad de que los hechos se encadenen como la autora lo cuenta es alto, nos lo creamos todo y sigamos leyendo como obsesos para saber si - al final- cae el asesino.

Pero eso no se lo cuento.

jueves, 31 de julio de 2008

"Lluvia negra", Masuji Ibuse (1966)


Platón dijo que sólo los muertos conocen el final de la guerra. La cita, muy apropiada, está al final de la edición de este libro de Libros del Asteroide (una edición estupenda y bien cuidada, por cierto), y resume de manera simple y contundente lo que, de otra manera hace este libro: una guerra sirve sobre todo para que muera gente.

Dentro de pocos días será 6 de agosto, y se cumplirán sesenta y tres años de una historia por todos conocida: un bombardero B 29 de la fuerza aérea americana, al que su tripulación había bautizado como Enola Gay por la madre del piloto, lanzó una única bomba sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. En cinco segundos, una explosión de fuerza hasta entonces desconocida mató a más de 120.000 personas y provocó heridas a 70.000 más, muchas de las cuales morirían en los días y semanas siguientes. Media hora más tarde, una lluvia negra, formada por los materiales radioactivos de la bomba y los restos de bienes y personas carbonizados caía sobre la ciudad.

De esa lluvia, y de lo que sucedió en esos días con los supervivientes trata este libro . La excusa es la historia de Yasuko, una joven que se encontraba en Hiroshima el día del bombardeo: con objeto de conjurar las habladurías de que está afectada por los efectos de la radiación que parecen interponerse en un futuro compromiso, sus tíos transcriben los diarios de aquellos días. Podemos revivir así el intenso horror de los efectos de la bomba entre la población civil, el temor al daño desconocido, la solidariedad sencilla entre vecinos. El relato de Shigematsu y la presunta transcripción de los diarios es muy sencilla, y aunque trata de ser meramente descriptiva, el horror es tal que impresiona la ferocidad de la situación.

Si busca una lectura para la playa, no lo intente: hay poca novela y mucho documento. Da igual qué parte es cada cosa, porque cuando uno sabe que la bomba fue verdad se te pone la carne de gallina. Para recordar la historia del mundo y sus barbaridades, una lectura imprescindible que no se olvida fácilmente.

miércoles, 23 de julio de 2008

"Pizzería kamikaze y otros relatos", Etgar Keret (2008)


Aquellos que hayan visto "Abierto hasta el amanecer", de Robert Rodriguez, y -aún reconociendo que es un delirio absoluto- se han quedado magnéticamente pegados a la pantalla hasta el final, podrán sentir -tal vez- una sensación parecida leyendo estas historias del israelí Etgar Keret.

"Pizzería Kamikaze", que ocupa la mayor parte de este libro , y el resto de los cuentos igual de disparatados que contiene, van del surrealismo más delirante al humor negro y la ironía, pasado todo ello por un espíritu notablemente gamberro y provocador: da para mucho la historia del suicida que, tras su muerte, encuentra trabajo estable en la Pizzería Kamikaze y emprende una especie de road story en compañía de otros suicidas y en búsqueda de su novia recientemente también suicidada. No, no estoy bebido. Lo ha escrito él.

Pero no se engañen: por un lado, engancha que te mueres (perdón por la gracia). Y por otro, y arriesgando mucho en las curvas, pero sin salirse, Keret consigue salir indemne con una manera de escribir que podría parecer inspirada directamente en el uso de sustancias aluginógenas, pero que deja un poso de que hemos leído algo más serio de lo que parece, con irónicos directos a la sociedad que nos rodea, y en particular, a la peculiar sociedad israelí que le circunda a él.

Por cierto, parece ser que de Pizzería Kamikaze hay un comic. Yo me lo recomiendo a mí mismo y se lo recomiendo a todo el mundo aún sin conocerlo, porque la historia tiene, y mucho, estructura para un comic. O para que la filmen Tarantino o Robert Rodríguez.

martes, 22 de julio de 2008

"El asombroso viaje de Pomponio Flato", Eduardo Mendoza (2007)


"Que los dioses te guarden, Fabio, de esta plaga, pues de todas las formas de purificar el cuerpo que el hado nos envía, la diarrea es la más pertinaz y diligente. A menudo he debido sufrirla, como ocurre a quien, como yo, se adentra en los más remotos rincones del Imperio e incluso allende sus fronteras en busca del saber y la certeza. Pues es el caso que habiendo llegado a mis manos un papiro supuestamente hallado en una tumba etrusca, aunque procedente, según afirmaba quien me lo vendió, de un país más lejano, leí en él noticia de un arroyo cuyas aguas proporcionan la sabiduría a quien las bebe, así como ciertos datos que me permitieron barruntar su ubicación. De modo que emprendí viaje y hace ya dos años que ando probando todas las aguas que encuentro sin más resultado, Fabio, que el creciente menoscabo de mi salud, por cuanto la afección antes citada ha sido durante este periplo mi compañera más constante y también, por Hércules, la más conspicua".Ocurre que, siendo tan evidente el principio, pues tampoco voy a extenderme mucho más: quien lea esto y haya probado otros libros de Eduardo Mendoza ya sabe a lo que se enfrenta. Literatura hispánica de reir, que no es poco. Ya sabemos que no es El Quijote (aunque las citas de promoción parecen creer que casi)

Bueno, es verano. Pero veinte eurillos es mucho, según se mire, para lo que dura. Y con Sin noticias de Gurb te ríes más.

lunes, 21 de julio de 2008

"Petirrojo", Jo Nesbo (2000)


El petirrojo es un pájaro con un comportamiento curioso: cuando llega la época de las migraciones, hay un porcentaje de la bandada que no emigra, y se queda en las zonas frías, en espera de que el invierno sea llevadero. Cuando es así, en la primavera se ha hecho con los mejores nidos. Cuando hay un invierno crudo, mueren de frío. Una especie de ruleta rusa del mundo de los pájaros.

No les voy a decir quién es el petirrojo de esta historia, pero lo hay. Sólo les diré que hace mucho tiempo que una historia no me atrapaba tanto. Vale que es verano y que es una época ideal para zamparse una novela negra, pero que sus más de quinientas páginas no pasen de dos días dice mucho: Petirrojo es una historia absolutamente adictiva, y un relato de serie negra de primer orden: narrado con una visión absolutamente cinematográfica del ritmo, a la americana pero en Noruega, mezclando varias historias que parten de un grupo de soldados noruegos en el frente ruso, en el año 1942. Porque, de paso, se entra a cuchillo (nunca mejor dicho) en una parte oscura de la peculiar historia del país nórdico (les recuerdo que no quieren ser miembros de la UE), que incluye que muchos jóvenes sirvieron voluntariemente en las SS para luchar contra el comunismo ruso.

Con un protagonista, Harry Hole (guiño comercial del autor al ponerle un nombre tan poco noruego) que cumple todas las previsiones del género: honrado, un poco alcohólico y un poco también soslayando los límites de la ley. Vamos, una especie de Kurt Wallander pero con más ritmo. Dicen que le han dado el premio a la mejor novela negra escandinava de todos los tiempos. Igual es un premio un poco tonto, pero desde luego es la mejor novela negra escandinava que he leído.

Les ahorraré el trabajo. No busquen más libros de Jo Nesbo. Los hay, pero están en noruego. Nuestra esperanza es que, después del éxito que a buen seguro le espera a este pajarito, a la editorial que corresponda se le dé por traducirlos.

sábado, 19 de julio de 2008

"La última escala del Tramp Streamer", Álvaro Mutis (1989)

Cuenta el propio Álvaro Mutis que un tramp Streamer es un mercante que surca los mares poniendo en cada puerto su bodega en alquiler, como un mercenario del cabotaje. Es ésta la más intensamente marinera de las novelas de la serie de Maqroll, y resulta cuando menos curioso que cuando más protagonismo tiene la mar más ausente se encuentra el Gaviero.

Porque tanto Maqroll como su amigo Abdul Bashur pasan por la historia como sombras, meros personajes secundarios, excusa apenas para contar la historia del "Alción", un viejo y oxidado buque con cuya terminal dignidad, a pesar de la vejez y la herrumbre nos encontramos en diversos mares del planeta.

Y la historia de ese tramp streamer es a su vez la excusa para contarnos en paralelo , con la belleza y el sentimiento habitual en Álvaro Mutis, la historia de amor entre el vasco Jon Iturri, capitán del "Alción" y la bella Warda, propietaria del carguero y hermana de Bashur. Una que habrá de durar no más que el propio barco -como hace saber Bashur al capitán- y condenada por tanto a ser disfrutada cada día como el último. Una historia corta e intensa, como el mismo libro, que es casi a lo largo de sus setenta páginas un poema dedicado al mar y a los amantes.

sábado, 12 de julio de 2008

"Perorata del apestado", Gesualdo Bufalino (1981)


Será casualidad, pero resulta curioso en mi caso el aparente vínculo que existe con los escritores sicilianos, que ocupan un significativo porcentaje de la -por otro lado escasa - literatura italiana que he leído: Sciascia, Lampedusa, Pirandello o Andrea Camilleri. Recomendables -mucho- todos, y a los que se suma este Gesualdo Bufalino al que llegué de la mano de la impresionante Las mentiras de la noche. Una historia literaria la de este hombre verdaderamente digna por sí de un libro, pues publicó su primera obra a la edad de sesenta años, tras er un escritor "secreto" toda su vida.

Y esta Perorata del apestado es aquella opera prima, publicada en 1981, años después de ser escrita. Con ella saltó de inmediato al estrellato de las letras italianas, a las que incorporaría durante los quince años siguientes hasta su muerte en 1996, y a la que proporcionó algunas obras absolutamente memorables.

Sin duda inspirada en su propia vida (estuvo interno en un sanatorio para tuberculosos), Bufalino escribe una verdadera "perorata" casi para ser contada en voz alta: con un dominio prodigioso de un lenguaje (tal vez intencionadamente) un tanto sobrecargado consigue crear una atmósfera enfermiza para ponernos entre los enfermos. Una reflexión en la que permanentemente circunda la idea de la muerte, del destino, del carpe diem. De la levedad del ser en un entorno que a veces -permítanme la imagen- me recuerda la opresión del Los Angeles de Blade Runner.

Una historia entre un soldado de veinte años y una bailarina en un sanatorio de la Conca d'Oro, en el Palermo de Postguerra. Un cuento de amor imposible y de deseo urgido por la permanente amenaza de la enfermedad y de la muerte. Un libro para lectura pausada, casi minuciosa, no pesado sino intenso. Un tanto amargo, pero una calidad sobresaliente y cuya lectura recordaremos durante mucho tiempo.

sábado, 5 de julio de 2008

"Samarcanda", Amin Maalouf (1988)


No recuerdo haber leído "León el Africano", que es probablemente la obra más famosa de Aamin Malouf, así que mi afición a este escritor libanés viene de la lectura hace unos años de "Las cruzadas vistas por los árabes", un libro que me impresionó por cambiar totalmente la óptica de un hecho histórico tan conocido, y por reflejar -probablemente con mayor fidelidad a la verdad - el ataque de una panda de bárbaros fanatizados a unas tierras que pertenecían a otros y en los que otros vivían en paz. Algo así como cuando te enteras de mayor que el general Custer era un redomado cabrón y Toro Sentado un tío que luchaba por proteger a sus hijos y su forma de vida.

Quería llegar -una vez hechas estas reflexiones un tanto extemporáneas- a que desde ese momento Maalouf se ganó para mí una credibilidad como escritor, por el oficio con el que resolvía su relato, y un valor como informante del otro lado: puerta a poder ver las cosas desde una cultura diferente. Así leí después con regocijo "El viaje de Baldasarre" y me topé en una librería con el mítico nombre de Samarcanda.

El libro comienza con la historia en la Persia medieval del poeta, matemático y astrónomo Omar Jayyám y dos de sus contemporáneos: el ismaelí Hassam Sabbath, fundador de la secta de los asesinos, y el gran visir Nizam-el-Molk. Sobre sus historias se desarrolla la primera parte del relato, y sin duda la más interesante. En las demás nos encontramos ya a finales del siglo XIX acompañando al americano Benjamin Lessage en sus peripecias por la abrupta historia moderna de Persia...

La novela es de lectura agradable, plenamente veraniega, dicho sin mala intención: un bestseller de calidad. Interesará a todos los que gusten de la Historia, porque es una aproximación a un país (hoy Irán) cuya historia apasionante nos es en general absolutamente desconocida . Podremos comprender algo mejor porqué pasa lo que pasa, y lo que pueden sentir sus habitantes después de años de abusos occidentales.

Lo mejor sin duda es el descubrimiento del personaje fascinante de Omar Jayyám: sabio, matemático (a él se debe el llamar "x" a la incógnita de las ecuaciones) y sobre todo poeta, autor -aunque no se sabe cuánto de originales tienen las que se conservan- de las Rubaiyat, cuartetas escritas en farsi y llenas de belleza y misterio:

Cuando vaciles bajo el peso del dolor, y estén ya secas las fuentes de tu llanto,
piensa en el césped que brilla tras la lluvia;
cuando el resplandor del día te exaspere, y llegues a desear que una noche sin aurora se abata sobre el mundo,
piensa en el despertar de un niño.



jueves, 3 de julio de 2008

"Mil cretinos", Quim Monzó (2007)



Mil cretinos me parecen pocos. Si tienes un trabajo que te hace estar en contacto con mucha gente, o ves mucho la tele, o oyes mucho la radio, o.... definitivamente son pocos. No obstante, han debido de parecerle suficientes a Quim Monzó, que, a lo que parece es un agudo observador de su entorno. Mira al día a día de lo que le rodea de una manera directa y un tanto descarnada, como con ironía y cabreo. Y eso le lleva a escribir una serie de relatos que oscilan entre el humor negro y una cierta sensación de desamparo y sensibilidad por la fragilidad del ser humano.

El libro está dividido en dos partes: siete cuentos en la primera y doce relatos muy breves en la segunda. El resultado es dispar . A mi juicio, es en los cuentos donde, con mayor recorrido Monzó es capaz de crear una atmósfera que permite contar con una curiosa mezcla de acidez y ternura qué cretinos y qué débiles podemos llegar a ser. Hay algunos cuentos especialmente recomendables, y por encima de todos, La llegada de la primavera, que trata de una manera extraordinariamente sensible, aunque con ironía la relación entre un hombre y sus padres mayores internos en una residencia. Un derechazo en toda la cara. Un golpe de realidad sobre un tema duro y necesario por el que sabe pasar con extraordinaria maestría.

Es éste mi primer encuentro con Quim Monzó, al que había visto muy recomendado por la blogosfera. Y aunque dicen que no es su mejor libro, no me ha decepcionado, así que prometo perseverar con la nueva literatura catalana.

viernes, 27 de junio de 2008

"Un tranvía en SP", Unai Elorriaga (2001)


Hay catorce ochomiles en el mundo. El Shisha Pangma (SP) es el más pequeño de ellos con sus ochomil veintisiete metros. Lucas es un viejo muy viejo que sueña con Rosa, con los tranvías de su amigo Matías y con escalar los catorce ochomiles. Mientras tanto hace duras ascensiones hasta su tercero sin ascensor. María es la hermana de Lucas, y escribe. Marcos es el okupa de su casa. Es músico, toca en el metro y se enamora de Roma, que siempre había estado enamorado de Lucas sin conocerlo y es ginecóloga.

Esa es la historia de este libro: la de Lucas, María, Marcos y Roma. Un cuento más esbozado que escrito, que parece una pintura impresionista, en la que los sentimientos se cuelan entre los retazos de lo escrito. Escritura que parece a veces hecha de apuntes sueltos, pero de la que emana una ternura y un amor tan grande que se sale del texto y se hace en unos párrafos con el lector.

Una verdadera joya que (de estas cosas uno se entera después) ganó en 2001 el Premio Nacional de Narrativa del Ministerio de Cultura con SPrako Tranbia, que es su título original en euskera, y sin haber sido traducida todavía. Pocas veces habrán estado tan acertados los señores del jurado.

Y como de bien nacido es ser agradecido, les recomiendo que lean el comentario en El gusanillo de los libros, que ha sido la causa feliz de mi encuentro con Unai Elorriaga. Autor al que, por otra parte, le va a costar superar esta maravilla.

martes, 24 de junio de 2008

"Botchan", Natsume Soseki (1906)


Natsume Soseki (de nombre auténtico Natsume Kinnosuke) es considerado por los propios japoneses uno de sus mejores escritores, autor de la bellísima Kokoro, que es un clásico de las letras niponas especialmente recomendable a los que deseen conocer más sobre litertura japonesa. Soseki es un escritor que representa la llamada"Era Meiji", el puente entre el siglo XIX y el XX, y también la apertura de un Japón tradicional a las corrientes europeas. Un cambio cultural que él mismo ejemplifica, pues era traductor de inglés y vivió algunos años en Londres.

Durante su juventud fue destinado como profesor durante dos años a una escuela de provincias , y probablemente ése es el origen de Botchan, pues en la novela relata con una prosa ágil y sencilla y con un fino sentido del humor las peripecias de un maestro recién titulado en una escuela de la remota isla de Shikoku.

El prólogo y otras opiniones la definen como una obra cómica, y hay hasta quien relaciona al protagonista con el Holden Caudfield de El Guardian entre el Centeno. Para mí , Soseki hace un repaso magistral, aun con forma de obra bufa , de un lado de la hipocresía que preside en general todas las relaciones humanas, pero muy especialmente las que se dan en grupos reducidos: en el heterogéneo conjunto de botarates que forman el claustro de profesores, a los que Botchan denomina durante toda la novela con motes (El Camisaroja, el Puercoespín, el Calabaza...) muchos -sobre todo los que pertenezcan al ámbito educativo- reconocerán a sus compañeros de trabajo.

Pero hay además un rasgo de Botchan que, a pesar de ser irreflexivo y alocado en sus comportamientos, lo hace entrañable para el lector: inseguro, rodeado de hipócritas y de cínicos que se despellejan a conciencia, de alumnos brutos como arados, sigue un patrón de comportamiento tan loable como inútil: trata a toda costa de mantener su código de conciencia, de mantener su propio honor, como un samurai de baratillo.

Un empeño por la decencia, a lo que se ve, igual de lamentablemente absurdo y de adorablemente respetable cien años después de que Soseki lo escribiese.

jueves, 19 de junio de 2008

"Un bel morir", Álvaro Mutis (1989)


"Un bel morir tutta una vita onora": Una bella muerte honra toda una vida.

Con estas palabras de Francesco Petrarca comienza Mutis su libro, a modo de advertencia sobre el contenido de la novela más intensamente melancólica de la serie del Gaviero. Un Maqroll más cansado que nunca da con su cuerpo en el pueblo perdido de La Plata, a orillas del Gran Río testigo de otras pasadas aventuras. Allí permanece, con el espítu adormecido, añorando los viejos amigos que se han ido, dedicado a la charla con doña Empera, su patrona ciega y a la lectura de La Vida de San Francisco de Asís de Joergensen y las Cartas del Príncipe de Ligne.

Atraído de nuevo por la casualidad o por el destino, acepta la alocada empresa de subir un cargamento de cajas con materiales, supuestamente para la construcción del ferrocarril, hasta un campamento en plena cordillera, sumergiéndose en un mundo de violencia que seguramente tiene pleno sentido viniendo de un colombiano y escrito en la década de los ochenta.

Es también la aventura del postrer amor, de la última de las mujeres de su vida. De sus últimos amigos, llevado por esa idea tan permanente en sus historias de que en cada puerto hay el mismo tipo de rufianes, pero también en algún lugar tiene que haber gente en la que confiar o a la que confiarse.

Si las dos obras anteriores, La nieve del almirante e Ilona viene con la lluvia podían leerse separadamente, e incluso en cualquier orden, Un bel morir no tiene el mismo sentido si no hemos sabido antes de las aventuras y desventuras de Maqroll el Gaviero, de sus amigos Ilona y Abdul Bashur, y ello no tanto y no sólo por los relatos de los libros precedentes, sino porque en todos ellos es permanente su presencia, a través de las añoranzas y recuerdos del propio Gaviero.

Una historia circular y recurrente que es la que da sentido a todas las historias de Maqroll, pues no olvidemos que, a pesar de este pretendido epitafio, quedan todavía cuatro novelas por venir.

miércoles, 18 de junio de 2008

"Nana", Chuck Palahniuk (2002)


Puede que el símil sea exagerado, pero sumergirse en este libro es lo más parecido que recuerdo a meterse en una pelea. Porque a Paliahniuk no se le lee sin más: tu abres el libro y entonces la historia de golpea y te obliga a meterte dentro: violencia en el ritmo de las frases, cortas y directas. Juicios en boca de los protagonistas nada complacientes con el ser humano y la sociedad que nos rodea. Es casi imposible sustraerse de la atracción de Nana, incluso aunque suponga acabar creyéndose a pies juntillas una historia de lo más rocambolesco.

Una investigación sobre el Síndrome de la muerte súbita termina con el protagonista -un atípico periodista-, concluyendo que la causa de las mismas es una canción ritual, una Nana que figura en un libro recopilación de poesías del mundo: tras haber comprobado la efectividad de la misma matando a seis personas con la mera voluntad en una sola mañana, se lanza a la carretera, a la búsqueda y destrucción de todos los ejemplares del libro, en una especie de delirante road movie en la que acompañan una vendedora de casas ocupadas por fantasmas, su secretaria y el novio de éste, Oyster (ostra), que es a la vez el personaje más freaky y el menos loco de los cuatro.

Construir con la mezcla de esos -y muchos otros- elementos una historia que a veces puede parecer trabada bajo los efectos del alcohol u otras sustancias, pero nunca absurda a pesar del argumento. Ser capaz de manipular las reglas ordinarias de construir una novela para que al final todo encaje por imposible que parezca. Hacer que creamos lo increíble y que encontremos justificación razonable para episodios absolutamente surrealistas. Hay que ser un provocador y también un escritor con mayúsculas para conseguirlo y dar a la vez un verdadero repaso a la hipocresía de este mundo nuestro y buena parte de sus instituciones.

Porque si Palahniuk se toma algo para escribir el resultado final es brillante. Y si acaso estuviera sobrio, de verdad que ser capaz de crear el delirio organizado tiene si cabe más mérito.

domingo, 8 de junio de 2008

"Luna mentirosa", Ben Pastor (2002)



Martin Bora es un oficial de la Wermacht destinado en Italia, en un puesto de segunda debido a su poca adhesión a las consignas de Hitler. Mutilado en el cuerpo por un atentado partisano en el que ha perdido una mano, y en el alma por la dureza de una guerra en la que ha caido su hermano y que le mantiene alejado de su mujer, ayuda a la policía italiana a resolver el asesinato de un preboste fascista.

Con estos mimbres, Ben Pastor (que aunque con ese nombre podía ser cualquier cosa es una mujer -italiana de origen y norteamericana de nacionalidad-), construye la segunda novela de la serie de Martin Bora, que tiene probablemente más de recorrido interior por los tortuosos recuerdos del mayor alemán que de novela negra. Porque aunque asesinato -como no podía ser menos- hay, su importancia en la trama se diluye a veces entre las sensaciones de la dureza de la guerra y los propios demonios que acompañan al protagonista.

Es en cualquier caso el de Bora un personaje bien trabajado : militar de carrera y de buena familia, que se debate a veces entre su deber y las desagradables misiones a que le conmina la propia guerra. Su personaje recuerda casi milimétricamente a Claus Von Stauffeberg, que en unión de un grupo de militares alemanes intentó en 1944 asesinar a Hitler. Por cierto, creo que Tom Cruise amenaza con contarnos su versión de la "Operación Valkiria" en una película de próximo estreno. Qué suerte.

En definitiva, y para no andarme por las ramas: una novela (negra) original y destacable. Prometo leer más.

lunes, 2 de junio de 2008

"Los buenos deseos", Yiyun Li (2006)


Hace unas semanas intenté, infructuosamente, ver en el cine Mil años de oración, una película de Wayne Wang (el mismito de Smoke y Blue on the face), una obra que la mayor parte de los críticos ponían por las nubes. Misión imposible, hay veintitantas pantallas de cine en mi ciudad, pero estaban demasiado ocupadas con bodrios diversos (incluso cinco con el mismo).

Normalmente la duda es si es mejor leer el libro primero o después de ver la película. No es este el caso: cuando me encontré el libro me lo compré para sustituir a la película que no me han dejado ver. Tal vez sea una suerte.

Aunque su autora es china de origen (y a lo que se ve de pensamiento), ha crecido literariamente en los Estados Unidos, y el libro está escrito en inglés lo cual tal vez explique el parco uso del lenguaje, la sencillez extrema de algunas descripciones, la aparente simplicidad del texto. Pero hay mucho poso que nos sorprende mirando desde dentro a una cultura muy ajena a la nuestra: la China de hoy, y ese tímido despertar de la sociedad comunista a algunas ¿libertades? de la economía de mercado. Un esbozo de lo que está pasando, en las vidas de algunas personas, que aparecen a nuestros ojos como huérfanas de guía en un mundo que cambia lenta pero irremisiblemente.

Son en su mayoría historias de personajes frágiles, a menudo enternecedoras. Como en "De más", la historia que abre el libro, en que la Abuela Lin se casa a sus cincuenta y un años para huir del paro y la pobreza. En "Inmortalidad", las historias hoy de una aldea que proveía de eunucos a la Corte imperial. O como en el hermoso "Mil años de buenos deseos", que cierra el libro, y que le sirvió a Wayne Wang para hacer la película.

miércoles, 21 de mayo de 2008

"Cometas en el cielo", Khaled Hosseini (2003)


Si conservamos la mala costumbre de ver las noticias de cada día, seguramente hoy comeremos o cenaremos viendo impasibles como habrá estallado otra bomba en Bagdad o en Kabul, matando a nosecuantas personas. Seguramente también, habremos ya perdido la capacidad de entristernos de la maldad y la estupidez humana, y prestaremos mayor atención a la moda del próximo otoño, el penúltimo alcalde chorizo o el nuevo fichaje del Real Madrid.


Vivimos en un mundo al revés, y por eso es importante leer esta novela. Porque nos enseña que, detrás de esas personas que vemos cada día vestidas con ropas para nosotros extrañas, detrás de esas imágenes que intencionadamente nos muestran hordas enloquecidas pegando tiros al aire, o detrás de las mujeres con la cabeza cubierta, hay personas. Mujeres. Hombres. Niños y niñas como los nuestros. Con los mismos miedos, los mismos sueños, los mismos deseos, la misma alegría, las mismas ganas de vivir dignamente y ser feliz. Ya sé que todos lo sabemos, pero como cada día renovamos el olvido, es bueno que un libro sirva de vez en cuando para recordar que todos los seres humanos somos iguales.

Es hermoso descubrir lo importante que podía ser una cometa en Afganistán. Porque el libro es un homenaje a un volador de cometas, Hassan, un niño de la etnia hazara que corría a recoger las cometas cuyos cables conseguía cortar su amigo Amir, un pastún al que sirve su familia. Una historia de lealtad y de afecto. Y también de traición y de perdón. Amir cuenta la historia de ese "kite runner" (traducido en el libro como volador de cometas) , título inglés del libro que algún iluminado de la editorial convirtió en el originalísimo "Cometas en el cielo".

El único "pero" es que estamos ante un caso más de "escribo pero no paro cuando debo": la primera parte del libro (más o menos hacia la mitad), es auténtica y emocionante casi hasta las lágrimas. Coincide con la infancia vivida por el autor en Afganistán, y ya sólo por eso merece la lectura . Pero, desde la huída de Afganistán de los protagonistas, y bajo la influencia de lo que podríamos llamar efecto bestseller, el libro se va hundiendo lenta e irremediablemente en una especie de guión cinematográfico poco creíble. Con lo bien que habíamos empezado...

Pero aunque sea sólo la mitad, por favor, lean este libro.

viernes, 16 de mayo de 2008

"Ilona llega con la lluvia", Álvaro Mutis (1988)


Algo menos de dos horas maravillosas horas separan el comienzo y el final de la lectura de este libro. Maqroll viaja a bordo del Hansa Stern hacia Panamá, punto y final -otra vez- del viaje del barco, que acabará embargado por las deudas del capitán.

Comienza así para el Gaviero una nueva aventura, pero esta vez en tierra firme, ese lugar que "acaba provocándome un fastidio abrumador". Su reencuentro con Ilona Grabowska,antigua amiga y amante, viajera como él y como él amiga de Abdul Bashur, acaba con nuestro Maqroll en la impensable tarea de codirigir una curiosa casa de citas en Panamá, en que las chicas se hacen pasar por azafatas de aerolínea. Sus aventuras y más bien desventuras llenan este episodio hasta que otra mujer, Larissa, se cruza en el camino de ambos.

Hace no me acuerdo cuánto, ni dónde, ni de quién, anoté una frase que me quedó grabada: "en la vida, amigo, no se va a ninguna parte, se camina, nomás". Y esa parece ser la filosofía de vida de nuestro protagonista, porque si hay algo común a todas las novelas de Maqroll es ese tumbo incesante por los puntos más dispares del planeta, casi nunca buscando, casi siempre limitándose a vivir.

Y hay algo que se repite en todas sus historias, y que más allá del bellísimo lenguaje de Mutis seduce hasta emocionar: aunque como espíritu libre, no puede atarse definitivamente a nadie ni quedarse en el mismo lugar, siempre tiene como puntos de referencia sus escasos pero buenos amigos, aunque estén en el otro extremo del Globo. En suma, una historia de amor y de amistad. Una reflexión sobre la confianza y el valor de la lealtad por encima de todo, tan pasada de moda en esta sociedad urbana occidental en que la verdadera amistad parece a menudo cosa de otros tiempos.

No quiero ponerme filosófico. Pero es Álvaro Mutis y es Maqroll el Gaviero. ¿Les he dicho que me gusta?

lunes, 12 de mayo de 2008

"Sputnik, mi amor", Haruki Murakami (1999)


Aunque durante mucho tiempo costaba encontrarla más que las trufas, desde hace unos años una especie de tsunami está trayendo olas y olas de literatura japonesa, así que aunque sea en el orden inverso a su creación, podemos acceder a la práctica totalidad de la obra de Murakami...

Tanta producción tiene como consecuencia que, paralelamente el asunto Murakami haya pasado también a ser objeto de atención por los críticos de la prensa. Críticos que, en no pocos casos ponen sus obras de vuelta y media. Opiniones encontradas que últimamente veo también cada vez más en los blogs, que van de la sumisión absoluta al efecto de sus novelas hasta el rechazo a lo que consideran temáticas banales, lugares comunes, bestsellers de culto.

En la valoración de una obra literaria desde luego es lícita cualquier opinión, pues las opiniones responden a lo que se busca y a lo que se encuentra. Supongo que responden también a la propia forma de ver la vida. Hay quienes parece que buscan permanentemente Guerra y Paz y quienes alcanzan el éxtasis con Paulo Coelho. Aunque yo prefiera un poquito más a Tolstoi, todo es relativo (especialmente relativo cuando hablamos de Murakami)

Con tanta disgresión me estoy apartando del objeto de este comentario, que es este Sputnik de Haruki Murakami. Al final la disgresión era para contarles que yo, que soy a veces simple como una ameba, sólo puedo decirles que he pasado buenos momentos leyendo este libro. Que el argumento puede que sea plano -a chico narrador le gusta chica rara, lectora ávida y novelista en ciernes- Sumire-. Chica quiere mucho a chico pero como amigo. Chica se enamora hasta las cachas de mujer madura atractiva y culta -Myu-. Que algunos de los recursos que utiliza también están vistos: el texto dentro del texto, los viajes, los personajes prototípicos...

Me da igual. Supongo que hay un tipo de lectores a los que Murakami consigue tocarnos la fibra, porque lo importante no es lo que cuenta. Hay algo en su manera de escribir que nos atrapa, como si mostrase retazos de otras cosas no tan reales como la realidad. Somos los que creemos, al contrario de todos los críticos, que Crónica del Pájaro que da cuerda al mundo es mucho mejor que Norwegian Wood (Tokio Blues). Porque probablemente esté peor escrita, pero transmite algo, aunque sólo sean dudas.

Para ellos, que suelen ser los que también devoran y se creen las historias increíbles de Paul Auster sobre el azar sin despeinarse, está Murakami. Y eso es "Sputnik, mi amor". Simplemente Murakami, para el que guste.

Críticos absténganse.

lunes, 5 de mayo de 2008

"Misterios", Knut Hamsun (1892)


Tener en cuenta los premios que ha recibido un autor como aval para dedicar una parte de nuestro tiempo a leerlo no es a veces el mejor camino. Bucear entre las estanterías de una biblioteca pública esperando que algo llame nuestra atención no es a veces el mejor camino. Pero en cualquier caso sí es una manera de encontrar cosas nuevas. A veces sale bien. A veces no.

Knut Hansum es el seudónimo del escritor noruego Knut Pedersen, cuya existencia desconocía hasta que tropecé con él (con su libro, entiéndase) en el estante de "literatura nórdica" de la Biblioteca Pública . Llevado por los consabidos elogios tramposos de la solapa interna (malditos escritores de solapas internas) y porque le habían concedido el Premio Nobel de literatura en 1920, decidí leerlo.

Misterios cuenta la historia de Nagel, un joven de comportamientos extremadamente raros , extravagantes y estrafalarios ( vamos, a día de hoy, un verdadero friki) que llega un buen día a una localidad costera de Noruega, procedente no se se sabe dónde. La novela gira en torno a sus relaciones con la gente del lugar, especialmente con el loco del pueblo, apodado El Minuto; y su amor fou por la bella Dagny Kiegelland. Todo ello aderezado por notorias ensoñaciones de diverso tipo, que alargan la historia y la hacen a veces ciertamente pesada.

Una vez terminado el libro, he podido comprobar tres cosas: Una: Que el tiempo no pasa por las obras maestras, pero sí por esta, que tiene más de cien años. Dos: Que los nórdicos suelen ser fríos hasta literariamente. Y tercero: que al comienzo de los Premios Nobel, el jurado barría bastante para casa. Que de otra manera no me explico lo del premio.

miércoles, 30 de abril de 2008

"La hora de la estrella", Clarice Lispector (2002)


Algunas veces establezco algo así como los "parecidos razonables" entre dos obras literarias, en una especie de comparación que seguramente no se sostiene para nadie excepto para mí mismo. Así, si le tuviera que explicar a alguien la sensación que me ha producido este primer encuentro con Clarice Lispector le diría que es la misma que en su momento me trajo En medio de ninguna parte, de J.M. Coetzee: una especie de relato de la vida desde dentro, contada con la crudeza y -por qué no- la belleza de quien sabe mirar en el interior de las personas para relatar el vacío existencial.

Y eso, a pesar de que La hora de la estrella tiene un contenido muy sencillo y dibuja un recorrido muy breve por la vida de Macabea, la muchacha nordestina permanentemente anonadada, un personaje del que el narrador hace un dibujo que no se sabe si es cruel o entrañable. Un narrador que se coloca también como parte imprescindible del relato:

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días. Pero estoy preparado para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aun la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
Un libro extraño, e intenso a pesar de lo breve. Una manera de escribir en donde las palabras transmiten más de lo que parecen decir, como si al juntarse hicieran un dibujo. Se puede ver la pobreza, la tristeza, la desidia, el vacío. No sé cómo lo hace, y ni siquiera sé si me gusta, pero sí sé que hay pocos autores con una cualidad así.

No sé explicarlo mejor. No soy Clarice Lispector, me temo.

lunes, 28 de abril de 2008

"Días imaginarios", José María Merino (2002)


Llevados por las prisas de este mundo moderno, me da a mí la impresión de que cada vez hay más escritores de cuentos, relatos breves y hasta brevísimos. Tal vez se deba sólo a que ahora se publicitan más, en un intento de cazar yuppies acelerados. Tal vez, lo que pasa es que soy yo el yuppie acelerado y por eso soy el que inconscientemente busco y encuentro tanta brevedad. Que igual no están los tiempos para Ana Karenina.

Hago esta reflexión para introducir este libro del leonés José María Merino, que agrupa un centenar de historias cortas, de variada pluma y pelaje, entre las que no encuentro otro nexo que juntar en un texto único las divagaciones literarias que va generando la cabeza del escritor. Entiéndase que eso no es malo (bendita profesión la suya), sino una demostración del sano ejercicio del escribir. Lo que sucede es que, siendo como son historias nacidas de lo cotidiano, el resultado final depende mucho del día que se tenga: desde los divertidos desvaríos que explican el santoral o las estaciones del año hasta las historias nacidas en aeropuertos, me resulta imposible juzgar en conjunto el libro, más allá de ser un contenedor de historias.

Decir por tanto que hay de todo en la cesta, incluyendo algunos bocados muy suculentos, especialmente cuando se mete de lleno en la narración de lo fantástico. Y que el resultado general es por tanto muy dispar.

Ah. Y que es especialmente indicado para leer en el autobús.

lunes, 21 de abril de 2008

"La nieve del almirante", Álvaro Mutis (1984)


Estamos aquí ante un caso extremo de necesidad de leer. El mes pasado terminaba los Relatos de mar y tierra (vid.), y tenía tantas ganas de volver a leer a Álvaro Mutis que, recuperando de nuevo el amor por las bibliotecas públicas decidí internarme así de golpe en los siete libros que componen la Suma de Maqroll el Gaviero.

Maqroll es el personaje central de toda la obra de Mutis, y su nombre ronda tanto por su prosa como por su poesía, si es que ambas pueden diferenciarse de alguna manera. Un marino bregado en todos los mares y en todas las vidas posibles, soñador y añorando siempre la compañía de una mujer. Un tipo tan interesante por cómo es como por los tipos irrepetibles de los que se rodea, en lo bueno y en lo malo. En definitiva, una figura que le sirve a Álvaro Mutis para ver y contar todo lo que lo circunda, la vida toda. No en vano, un gaviero es el marinero que se sube al mástil mayor, el de la gavia, y desde allí avista y alerta de los peligros y las costas.

En esta primera novela, Maqroll remonta el inventado río Xurandó a bordo de un destartalado planchón de fondo plano, acompañado por cuatro tipos a los que el destino reserva finales diferentes y tremendos. Va en busca de unos misteriosos aserraderos río arriba, persiguiendo un negocio de compra de madera que progresivamente se va desvelando totalmente ilusorio. Pero, como a menudo sucede en los viajes, no es importante la meta, sino el camino: su diario de la lamentable expedición, de las dificultades del río, su retrato de los hechos y las personas que se encuentran, sus permanentes recuerdos de Flor Estévez y la cordillera de la que nunca debió salir, y sobre todo su estoica resignación cuando analiza lo absurdo del viaje y hasta de su vida, pero prosigue imperturbable hasta llegar al destino.

Una maravilla, simplemente.

domingo, 20 de abril de 2008

"Out", Natsuo Kirino (1994)


Normalmente , una novela negra es un instrumento literario que, con historias más o menos violentas, sirve también para reflejar un retrato, con frecuencia bastante fideligno, de una parte de la sociedad en la que sucede.

Y digo esto porque "Out" es una novela negra, sin duda. Negrísima. Con asesinatos y todo. Pero sobre todo es un retrato de una parte de la sociedad industrial japonesa. Una visión más sórdida y más oscura de quienes padecen un trabajo alienante y una vida personal vacía.

Porque de eso va. Cuatro mujeres, compañeras en el turno de noche de una fábrica de comida preparada, unen sus destinos el día en que una de ellas mata a su marido: Masako, cuarentona inteligente y capacitada que ha tenido que cambiar de trabajo por mobbing. Yoshie, La Maestra, en los sesenta, cuidadora de una suegra inválida y dos hijas que sacar adelante. Kuniko, en los treinta, fashion victim insatisfecha con su trabajo y con su vida. Y Yayoi, joven, atractiva, con dos niños y casada con un marido "alcohólico y jugador".

El asesinato del marido de Yayoi (conste que se lo merecía) abre una espiral de violencia de resultados impredecibles, porque "Out" es ante todo una buena novela negra. Pero además, y dejando al margen algún momento gore tan propio del imaginario japonés (el relato de cómo se deshacen del cadáver no es apto para estómagos débiles), la novela es más un brillante cuento sobre los límites del ser humano y una foto de la situación de una parte (lo que no sé es qué parte) de las mujeres japonesas. Más que una historia de criminales, es una historia de los límites criminales de la gente corriente.

sábado, 12 de abril de 2008

"Memorias de ultratumba", Chateaubriand (1811-1841)


Algunas veces, muy pocas, uno tiene la sensación de que lo que acaba de terminar es tan grande que difícilmente un modesto comentario pueda explicar la aventura de leer las "Memorias de ultratumba", de François René de Chateaubriand (1768-1848), una obra con título impresionante como su impresionante vida, que escribió con la libertad de quien sabía que sólo vería la luz tras su muerte.

Muchas veces habremos oído nombrar a Chateaubriand, pero en mi caso, sólo Paul Auster (le debo una) tuvo a bien provocarme lo suficiente para moverme a leer este libro: David Zimmer, el profesor de una de sus mejores obras , El libro de las ilusiones, está traduciendo las que llama "Memorias de un muerto" de Chateaubriand. Hoy, algo más de un año después , tras haber leído con calma y satisfacción las Memorias hojeo el libro de Auster y encuentro con simpatía que ambos hemos recogido para el recuerdo las mismas palabras contenidas en el extraordinario comienzo del libro (vid.)

No es en absoluto extraño, porque con la lectura de las primeras (y de las últimas) palabras del libro resulta fácil resumir su tono y quedarse prendado de la prosa, intensamente bella e intemporal, de este bretón viajero incansable, amante de la naturaleza, político de principios, escritor magnífico, ferviente católico y protagonista destacado de su tiempo.

Habrá quienes lo lean como un libro de historia, y seguramente no quedarán decepcionados, porque pocas veces podrá vivirse tan en vivo la Revolución Francesa o la etapa de Napoleón. Tampoco lo estarán si lo que buscan es un buen número de reflexiones políticas y filosóficas -algunas notoriamente acertadas y adelantadas a su tiempo- . No es mi caso. Porque lo que hace diferente a este libro magnífico, más allá de su capacidad de revivir su época o de hacernos envidiar la dignidad política y personal de Chateaubriand, es la manera en que está escrito: con un tono preciso, sencillo y a la vez poético, que nunca he visto sostenidoa lo largo de un texto tan extenso.

Hay libros que son para leer y pasar, pero hay libros que son para tener y quedarse, para releer cada cierto tiempo, para hojear al vuelo en cualquier momento de la vida. Para llevarse a una isla desierta. Uno de la docena que siempre hay que tener cerca.

domingo, 6 de abril de 2008

"La ladrona de libros", Markus Zusak (2006)


Hay un ingrediente -poco secreto- en el que se recrean muchos autores para construir un superventas: incluir de una u otra manera los libros en la trama de la historia. Eso les da un plus de ansiedad a sus futuros lectores, de modo que como moscas caemos y nos rebozamos en los libros dentro de los libros. Con ese pretexto y contenido muchas veces hemos gozado libros y otras tantas los hemos sufrido, desde las maravillosas sensaciones de El nombre de la rosa, Firmin o La sombra del viento hasta productos mas o menos de consumo como esta ladrona...

No sé que es lo que hace que con demasiada frecuencia -al menos eso parece últimamente- autores en lengua inglesa se dediquen a novelar episodios en que los protagonistas son alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Pasa con el dichoso niño del pijama y sus rayas, y pasa también con La ladrona de libros, del ¡australiano! Markus Zusak.

Algo habrá. Una guerra da para novelar muchas historias y muchas desgracias. Lo que sucede es que, pudiendo sentirlas del lado propio, se van a verlas al lado alemán y eso, a mi modesto juicio, provoca que el autor caiga en todos los lugares comunes posibles para demostrar que conoce el tema: judíos perseguidos por malísimos nazis, alemanes buenos y alemanes malos, bombardeos aliados...y eso sí, libros por el medio de todo. Ah, y muchas palabras en deutsch, en original, que así nos metemos mejor en la historia. Dios mio...

Porque el libro va de eso, de la historia de la pequeña Liesel, una encantadora niña adoptada por una familia humilde en los duros tiempos de la guerra. Una historia que podría ser triste si fuera creíble, en que la narradora es en parte la misma muerte (¿se habrá leído este Zusak a Saramago, que falta le haría?). Un folletin muy, muy triste, amigos, porque la guerra es una cosa muy mala muy mala para el cuerpo...

Por ahí en algunos blogs amigos se han vertido opiniones un poco más benévolas que las mías. En cualquier caso me han servido para no gastarme los dineros en comprarme el libro, y leerlo de prestado. Puede que hasta me haya pasado. Quizá he sido demasiado demoledor. ¿Se me estará endureciendo el alma?.

Vamos, que lo lean si les apetece, porque ameno -eso sí- es, a pesar de sus quinientas páginas. Y por si las dudas, vayan a una biblioteca. Y, de todos modos, si quieren saber como se las gastaba la Alemania nacionalsocialista con sus jóvenes, déjense de caralladas, como decimos en mi tierra, y lean a Günter Grass. Que ése sabe de que iba, es alemán. Y premio Nobel.

lunes, 24 de marzo de 2008

"París no se acaba nunca", Enrique Vila-Matas (2006)



Hace tiempo que andaba yo detrás de leer a Enrique Vila-Matas. Y he aquí que, en plena expansión patriótica por los autores en castellano (que uno ya empieza a preocuparse del dominio literario del mundo anglosajón) regalan a mi mujer este libro que, confesado por el autor, es una revisión de sus años de juventud en París, y sobre todo un profundo homenaje a una obra inolvidable e imprescindible: París era una fiesta, de Ernest Hemingway.

De un lado, en lo tocante a Vila-Matas, no creo que sea éste el libro adecuado para conocerlo: demasiadas citas, demasiados personajes, demasiado ir de acá para allá, que si mi casera era Marguerite Duras, que si estuve en una fiesta con tal o cual, que si todo no me llevó a ningún lado. Eso sí, contado todo de modo ameno y fácil de leer, con mucha ironía y notable oficio. Se nota que ha aprendido desde aquellos tiempos aunque -resumo- para mí queda pendiente la revisión del verdadero novelista. Al menos lo que te imaginas permite tener esperanza.

Lo mejor que el libro tiene es sin duda que me ha dado un deseo terrible de volver a leer el París original, un libro a la vez sencillo y extraordinario, un puro derroche de amor a la vida y a la pasión por escribir. Un libro que tienen que leer todos los que han estado, o han soñado estar, sentados en un café de París viendo la vida pasar con un libro en las manos. Sólo por poder recordar, y por poder sugerir que si por aquí pasa algún alma perdida que no lo haya leído no puede dejarlo para más tarde, merece la pena el París de Vila-Matas.

viernes, 21 de marzo de 2008

"Alegres y en compañía", Alexander McCall Smith (2004)


Tiempo de vacaciones. Momento perfecto para lecturas poco complicadas. Así que me he zampado en dos días esta novela de detectives "a la africana", parte de una serie protagonizada por Mma Ramowse, una detective que vive en Gaborone (Botswana), que con su físico de "complexión tradicional" se aleja bastante de todos los detectives al uso en occidente, siempre acompañada por su ayudante Mma Makutsi (que obtuvo un noventa y siete por ciento en la escuela de secretariado) y que ha aprendido la profesión en un manual de detectives.

Aquí no hay complejos asesinatos ni tramas internacionales. Sólo casos más bien de andar por casa, problemas domésticos y pequeños o grandes encargos, resueltos con trabajo y un gran conocimiento de la manera de ser de los botsuanos. La novela es sencilla, pero está llena de sentido del humor y cariño por África, así que sólo por dar una imagen diferente de ese continente merece la pena su lectura. Defiende además como arma la honradez, la preocupación por los demás y el valor del trabajo y el afecto por encima de lo material, de una manera simple y sin falsas moralinas.

Y para que me hagan caso, el recientemente fallecido director Antony Minghella (nueve oscar por la emocionante El paciente inglés) acababa de rodar "The n.1 detective agency", basada en la serie de novelas de McCall Smith. Así que ya ven que no soy el único al que le gusta.

miércoles, 19 de marzo de 2008

"Relatos de mar y tierra", Álvaro Mutis " (1960-2004)



García Marquez, el primer lector de sus borradores, dice que Mutis escribe mejor que él. Será, en todo caso, cuestión de gustos, pero hay poca duda en que este autor colombiano está entre lo más brillante que ha dado en los últimos cuarenta años la literatura en castellano.

Quienes lo conozcan sabrán ya de las andanzas de Maqroll el Gaviero, personaje inolvidable en cuya búsqueda andaba yo, tras haber leído uno de sus episodios en Abdul Basur, soñador de navíos. Me topé así con estos Relatos de mar y tierra. En ellos, y con un prodigioso dominio de la belleza de la lengua, podemos introducirnos en la evolución de la escritura en prosa de este poeta desde los años 60 casi hasta la actualidad.

Un repertorio breve, pero significativo, que comienza con los impactantes Diarios de Lecumberri, en los que relata sus vivencias en una prisión mexicana (lo mejor, a mi juicio) ; y en el que podemos encontrar también un pseudo-cuento gótico, La mansión de Araucaima, y varios relatos breves contenidos en La muerte del estratega, en los que interpreta con maestría momentos finales de significados protagonistas de la historia. El libro termina con Un rey mago en Pollensa, a modo de episodio perdido de las aventuras de Maqroll el Gaviero.

Siendo sincero, la sensación más fuerte tras leer el libro, es sentir una insana envidia de esa increible capacidad de novelar y hacer una historia de cualquier detalle, sea crucial o nimio. De poder convertir en material literario, desde la dureza de la prisión a Napoleón Bonaparte o Bolívar con idéntica y aparente facilidad.

Envidia cochina, si.

sábado, 15 de marzo de 2008

"La fórmula secreta del profesor", Yoko Ogawa (2003)



Alguna vez tenía que comenzar un comentario por la editorial, porque en el proceso de localizar un libro, y al margen de los engaños del marketing, también tiene su parte la belleza de la edición y el cuidado y afecto que pone el editor en la apariencia del libro. Los libros de editorial Funambulista son, ante todo, hermosos por fuera, y en el cálido y suave tacto del papel que utilizan uno cree ver el amor a ese negocio (de idéntico riesgo al del funambulista, supongo) que a las editoriales pequeñas les debe llenar más de satisfacción que de dinero.

Sólo con mucha pasión por los libros a alguien se le ocurriría añadir al final del libro un brevísimo "postfacio" (o sea, el prefacio pero al final) de un tal León González Sotos, de la Universidad de Alcalá, que, al margen de algunos excesos y floripondios en la redacción, es una joya que resume en poco espacio parte del sentido, no sólo de la obra, sino de las matemáticas en la educación moderna. Para quienes no me crean les anticipo el título: "Platón y Ramanujan en la cabaña de un ocioso".

¿Y la novela?. Pues la novela cuenta la historia de un viejo profesor de matemáticas, que tras un accidente sólo tiene una memoria de ochenta minutos, y a cuya casa llega una nueva asistenta. Por su hijo de diez años, al que el profesor bautiza como "root" (raíz cuadrada) debido a la forma de su cabeza, desarrollará un profundo afecto, renovado obviamente cada día, que le llevará a ir desgranando parte de los arcanos "del libro secreto de Dios" que desvelan las curiosas relaciones entre los números, onmipresentes en todos los momentos de la vida diaria.

Como otros libros de autores japoneses su lectura es placentera, agradable, y la sensación que deja es siempre más perdurable y consistente que el propio texto. Dice su contraportada que cuenta la historia "con la belleza sencilla y verdadera de un larguísimo haiku". Probablemente sea una exageración, pero sí es cierto que, al igual que en los tres versos de un haiku, no hay simpleza sino sencillez. La sencillez que permite en Japón admirar la belleza real de las cosas.

Una nota importante: para comprender parte del significado de relato hay que tener una idea, aunque sea básica de las reglas del béisbol, que es uno de los deportes más seguidos en Japón, y que ocupa un lugar muy importante en la novela. Así que, haced antes una breve incursión por internet para comprender lo que es un home run, una entrada o un bateador. De paso podréis tener contacto con el que es para muchos el deporte de equipo más bello que existe.