jueves, 27 de diciembre de 2007

"El libro de la almohada", Shei Shonagon (S. X)


Quienes conozcan ya este cuaderno sabrán que no gusto de extenderme en largas parrafadas sobre los libros, su contexto y circunstancias, sino que me limito (¿cortedad mental?¿consecuencias de la vida moderna?) a dar una breve valoración de las impresiones que el libro me provoca.

Sabrán también o sospecharán que me gusta la literatura japonesa, por lo que necesariamente tengo que introducir la lectura de este "libro de almohada", explicando que su autora era una dama de la corte Heian (s. X y XI) . La obra se inscribe dentro de lo que se conoce como “Zuihitsu”, un género que es más que un diario tal y como lo entendemos en occidente, y en el cual la autora (normalmente eran mujeres) escribe sobre las cosas que le ocurren, pero sobre todo sobre sentimientos, impresiones que provocan lo circundante (especialmente la naturaleza y las personas) o simples enumeraciones o listados de cosas.

El libro no puede entenderse si no hacemos un esfuerzo por comprender al menos un poco la época en la que se escribió, el crucial papel que tenían las mujeres de la corte en la cultura , especialmente la poesía, y la importancia en Japón de la contemplación sosegada, especialmente de la naturaleza. Visto así -de otra manera sería un galimatías sin sentido- este "cuaderno de impresiones antes de irse a dormir" es de un lado un documento histórico fabuloso para conocer mejor la cultura japonesa, y de otro y en muchas ocasiones un bellísimo cuadro literario.

Pero, sin duda es su autora quien nos lo describe mejor:


"Comencé a llenarlos con el relato de rarezas sobre hechos del pasado y toda clase de asuntos. Llené una enorme cantidad de hojas. En mis notas hay muchas cosas incomprensibles. Si hubiera elegido temas que las demás personas consideraban interesantes o espléndidos, o si hubiera escrito poemas sobre árboles, plantas, pájaros o insectos, los otros podrían juzgar mis escritos, tendrían derecho a afirmar "conocemos sus sentimientos". En otras palabras, la crítica sería admisible.
Pero mis notas no son de esta clase. Escribí para mi propio entretenimiento, y apunté únicamente lo que sentía. Nunca esperé recibir, sobre estos escritos causales, comentarios tan importantes como los que se dedican a notables libros de nuestro tiempo. Me sorprendo cuando escucho cómo los lectores aseguran que se sienten apabullados ante mi trabajo. Pero es natural que actúen así: conozco la mentalidad de aquellos que hablan bien de lo que detestan y critican lo que les gusta. Por eso todavía lamento que hayan leído mi libro."


domingo, 16 de diciembre de 2007

"Cuentos completos", Flannery O'Connor (1946-65)



No leer antes de acostarse si eres una persona sensible. Así debería figurar una etiqueta en este libro de la norteamericana Flannery O'Connor, y no porque sean cuentos de horror, sino porque hay tanta desolación en ellos que no creo que precisamente inviten a un plácido sueño.

No obstante, dejo claro que las limitaciones de lectura deben serlo sólo para antes de ir a dormir. Bueno, o también para depresivos de bajón. No es difícil entender que Flannery debió tener una vida dura y no demasiado feliz, porque pocas veces he podido leer un texto que transmite de un modo tan intenso la desesperanza y la miseria de unas vidas sin futuro. De angustias vitales de muchas personas que perfectamente podrían ocurrir en cualquier lugar, aunque las ubique en el profundo sur de los Estados Unidos, a menudo en un entorno rural pobre, racista y opresivo.

Sé que probablemente lo dicho hasta ahora no motivaría mucho a emprender la lectura de este libro, que en sus más de ochocientas páginas incluye los treinta y un cuentos que esta escritora norteamericana escribió entre el año 1946 y el 1965. Debe, no obstante, quedar claro que la dificultad de su lectura estriba sólo en el torrente de sensaciones que produce, en su capacidad de crear desasosiego y angustia, en su poder para situarnos en la misma historia que nos está contando. Porque su prosa es precisa, poderosa, tajante en las descripciones y los diálogos y a menudo bellísima incluso narrando las vilezas humanas.

Estamos, en definitiva, delante de literatura extraordinaria. Seguramente hubiera sido mejor enfrentarse a todos ellos poco a poco (recomendación que hago a algún futuro lector), tomar aire entre su lectura, dejárselo para un par de meses, porque a pesar de su brevedad están lastrados del enorme peso de la vida y del destino. Son relatos con un fondo extraño, a veces inquietante que a menudo hablan de la maldad, la estupidez o la dureza de las relaciones familiares. Reconozco que pocos libros han sido capaz de resultarme tan desasosegantes, casi desde aquellas Uvas de la ira que leí, hace ya demasiado tiempo.

jueves, 6 de diciembre de 2007

"Firmin", Sam Savage (2006)


¿Han estado alguna vez prendados de una rata? Yo sí. Se llama Firmin, y les desafío a que lean diez páginas de este libro sin quedarse absolutamente enganchados a este roedor.

Firmin es una rata que vive en un librería del Boston de los 60. Hijo de madre alcohólica, e incomprendido por la caterva de hermanos de la que siempre fué el más débil, comenzó su amor por la litertura comiéndosela, hasta que descubrió que la mejor manera de interiorizar los libros era leerlos. No podía ser de otra manera, ya que vino a este mundo entre las bolas de papel sacadas del Finnegans Wake de James Joyce, "la obra maestra menos leída del mundo".

Firmin es el trasunto de muchos lectores. De muchos seres humanos. Con su cerebro colocado en un envoltorio que le disgusta (él se reconoce como una fea rata), utiliza la literatura como elemento liberador, que le permite recorrer el mundo, tener aventuras con hermosas mujeres, disfrutar de muchos amigos y morirse de muchas muertes.

Es imposible no dejarse seducir por esta rata erotómana, admiradora de la belleza femenina y amante del cine y de los libros. No sentir como propias sus frustraciones, sus dificultades para comunicarse con el mundo y poder contar que , como tantas veces pasa, dentro de él hay más de lo que parece.

Un libro original, de lectura lamentablemente breve, cargado de ironía y humor, pero también de sensibilidad y poesía. Un libro que ningún amante de los libros se puede perder.

domingo, 2 de diciembre de 2007

"El agente secreto", Joseph Conrad (1909)


A comienzos del siglo XX, un frustrado atentado anarquista contra el observatorio de Greenwich, que acabó con la vida del terrorista y prácticamente no llegó ni a dañar el muro del edificio, sirvió a Joseph Conrad como excusa para escribir este "relato sencillo" del siglo XIX, en palabras del mismo Conrad.

En el prefacio del libro podemos asistir al relato por el propio autor del proceso que culminó con la novela, que siguió directamente a "Nostromo" y "El Espejo del mar". Unas páginas absolutamente maestras, en las que describe el proceso que le ha llevado a la creación de la obra: "y entonces se produjo en mí mente lo que un estudioso de química entendería mejor por la analogía de la adición de una gota minúscula, la adecuada, que precipita el proceso de cristalización en una probeta que contiene alguna solución incolora. Fue para mí al comienzo un cambio mental, que removió una imaginación en calma...".

Al final de ese proceso creador, y con los retazos que él mismo relata cómo va encontrando, Conrad construye una historia en la que mezcla de un lado una reflexión sobre los idearios , los móviles y la propia estupidez de la violencia (el atentado es, en sí, un acto supremo chapuza) y de otra, y sobre todo, una reflexión sobre algunos aspectos de la sociedad inglesa de su época (probablemente válida para todas las sociedades y todas las épocas).

La última parte de la novela es impagable, y acaba transformando una novela que empezó como de intriga política en un retrato angustioso del vacío, la frustración y la miseria humana, de la mano del personaje de la señora Verloc (la abnegada esposa de nuestro agente) . Y todo contado por alguien que es capaz de introducir la noche de Londres diciendo que “El frutero de la esquina había apagado la gloria resplandeciente de sus naranjas y limones”.