martes, 25 de septiembre de 2007

"O fio das missangas", Mia Couto (2003)


Dentro de la enorme pena que da saber que, de tantas cosas como hay escritas, sólo vas a poder leer una pequeña parte, está además la certeza que hay muchos buenos escritores (dejando aparte los que nunca han escrito nada) a los que nunca vamos a conocer: prohibidos, rechazados por editores botarates, publicados pero invendibles, o simplemente, que no han sido traducidos y por tanto son incomprensibles para nosotros (miserias de Babel)

Por eso, una de las buenas cosas que tiene ser gallego es (comida y otras maravillas aparte) que, con un poco de esfuerzo, se puede leer razonablemente bien en portugués. Una lengua que ha dado extraordinarios escritores no siempre apreciados en lo que valen a este lado de la frontera. Cuento todo este rollo porque he tenido el placer de leer este libro de enorme belleza.

Mia Couto es un escritor mozambiqueño, muy conocido en los paises lusófonos, y al que he tenido fortuito acceso porque un amigo se lo trajo de Mozambique en la maleta . Es blanco, que no sé si es un dato que venga a cuento, e hijo de portugueses. Pero su escritura destila amor a África , con un estilo a veces algo surrealista, y cercano en ocasiones al "realismo mágico" (algún autor le ha llamado "realismo animista").
O fio das missangas es un conjunto de 29 cuentos, cuyo título hace alusión al hilo que une las cuentas o piedras (missangas) de un collar. Y cada una de esas missangas es un relato breve, una rara joya cuya suma da como resultado un hermoso collar que nos habla de las pequeñas historias que pasan desapercibidas cada día, contadas casi siempre desde la perspectiva de un niño o de una mujer. Historias cortas, a veces sólo esbozadas, pero con una prosa sencilla capaz de transmitir imágenes de gran fuerza y belleza .

El único problema para disfrutar de esta maravilla es que, hasta el momento, creo que no está editada en castellano (Alfaguara sí ha editado otras obras de Couto :"Cada hombre es una raza" o "Tierra Sonámbula" -que no me he leído-) Así que, mientras tanto, queda el intentarlo hacer en portugués (con la pequeña dificultad añadida de que Couto tiene la tendencia a inventarse palabras) o conformarse con la traducción del relato Os olhos dos mortos, que he tenido que hacer yo mismo para disfrute del respetable.

Espero que os guste (y perdón lusófonos del mundo por la tal vez lamentable traducción).

lunes, 17 de septiembre de 2007

"Historias de cronopios y de famas", Julio Cortázar (1962)

Resulta muy difícil valorar como un único libro lo que es una sucesión, no sé si desordenada, de cuentos breves, alguna prosa ¿poética?, historias surrealistas y pruebas de escritura de un autor sin duda superdotado. Porque ese es el balance conjunto, de la lectura de este libro-contenedor.


Porque cuando un genio escribe es, al igual que cuando pinta, muy difícil saber cuál es el límite entre la genialidad, la experimentación o la pura y dura gamberrada. Y Cortázar era indudablemente un escritor mayúsculo, y de ahí que aquí podamos encontrar párrafos absolutamente delirantes, escritos por el placer de construir, junto a relatos breves o brevísimos pero absolutamente bellos y/o impresionantes.


Para no perderse, el maravilloso " preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj".
Un libro absolutamente incalificable. Cada lector debe sacar sus propias conclusiones.

sábado, 15 de septiembre de 2007

"El último encuentro", Sándor Márai (1942)


"El último encuentro" es un libro con un planteamiento aparentemente simple: narra, en una sola voz, el encuentro de dos viejos amigos cuarenta y un años después de la última vez que estuvieron juntos. Desde que algo, que poco a poco vamos primero adivinando y progresivamente entendiendo, los separó.

Pero el final es algo secundario, lo importante es seguir el relato de un hombre que busca explicaciones a unos hechos que marcaron su vida desde entonces. Márai describe con maestría el escenario: ese viejo salón de un viejo castillo de caza al pié de los Cárpatos, reflejo de la decadencia de una época que se va perdiendo en el tiempo, como los mismos protagonistas. La historia que avanza mientras la noche cae. Un retrato de una época, de dos maneras de vivir y de ser, unidas por la amistad. Un retrato de dos hombres que han vivido para llegar a este momento. Para saber la verdad.

Un creador extrordinario de atmósferas, que te coloca allí como si estuvieses entre el público, viendo una escena de una obra de teatro. Descripciones precisas, tajantes y breves, pero minuciosas en lo esencial. Un monólogo lleno de melancolía y belleza sobre la amistad y la lealtad , pero también sobre muchas otras cosas del hecho de vivir.

Hay tantas reflexiones y tan bien escritas que querrías copiarlas todas. (La vida se vuelve casi interesante cuando ya has aprendido las mentiras de los demás, y empiezas a disfrutar observándolos, viendo que siempre dicen otra cosa de lo que piensan, de lo que quieren en verdad...") Para tener y releer. Un libro inolvidable. Una obra maestra.



viernes, 7 de septiembre de 2007

"Brooklyn Follies", Paul Auster


Nathan Glass ha sobrevivido a un cáncer de pulmón y a un divorcio después de trenta y tres años de matrimonio, y ha vuelto a Brooklyn, el lugar donde nació y pasó su infancia...

Brooklyn Follies es, básicamente, otra vez Paul Auster. Si fuera de los que piensan que se repite a sí mismo lo diría con mala cara. Pero yo creo que es como el jamón ibérico, y por tanto, a nadie en su sano juicio le cansa comer una y otra vez jamón del bueno (claro que en esto, al igual que para apreciar a Auster, hay que respetar la opinión de los vegetarianos. Ellos se lo pierden).

El caso es que aquí por tanto encontramos algunos de sus paradas habituales: su Brooklyn tan lleno de tipos interesantes que ya me van entrando muchas ganas de ir. Los libros, que siempre andan por algún lado en las novelas de Auster. La amistad. La familia. El amor. Y sobre todo, el increíble poder del azar sobre las vidas humanas. Un canto a la fuerza de la casualidad pero también a la manera en que las personas la utilizan para cambiar sus vidas.
Y por supuesto, otra vez también la creencia absoluta y absolutamente meritoria de que el mundo, a pesar de todo, está lleno de buenas personas. Si el azar te las pone delante y tú las dejas pasar, es tu problema, amigo. En cualquier caso, que le vayan dando algún premio por hacerme pasar tan buenos ratos. El Óscar. Y el Nobel. Y si no le quieren dar el de Literatura, que le den el de la Paz. Tanta fe en el ser humano se la merece.

domingo, 2 de septiembre de 2007

"Juegos de la edad tardía", Luis Landero


Tenía este libro en casa desde hace mucho tiempo. Me sonaba su título a conocido, pero a pesar de todo comencé a leerlo por su contraportada: ...relata la existencia de un hombre maduro que pretende recuperar las inquietudes que tenía en su juventud, ocultándose bajo la máscara de una nueva identidad, la del poeta bohemio Augusto Faroni... ¡ como iba a dejar pasar el tema...!

Ya desde la primera página tuve la sensación de ir a adentrarme en un bosque espeso, porque a primera vista parece un texto denso y la verdad es que leyendo un párrafo aislado intimida un poco, con un lenguaje muy trabajado y hasta florido.

Y efectivamente, es un espeso bosque. Pero dentro se avanza por un sendero perfectamente trazado, y llegas tan adentro que cuesta trabajo salir. Lo que parece al principio un habilidoso manejo de la lengua, que hace que sigas leyendo por la simple belleza de un texto que no sabes adonde te va a llevar, se transforma poco y a poco y progresivamente en una profunda inmersión en la historia, en una identificación casi preocupante con el protagonista. En un compatir sus agobios a medida que se acerca el final.

Ni quiero escribir tanto ni sé escribir tan bien como para contar lo que hay dentro. Si en algunos casos la literatura no alcanza a la pintura para retratar el mundo, aquí la supera con creces. Un "realismo mágico" que transmite sensaciones sobre la poca distancia que separa la realidad y los sueños, la felicidad de la monotonía de la vida.

Menos mal que Luis Landero tardó diez años en escribirla. En menos tiempo, seguramente, sólo habría podido terminarla el Gran Faroni.