viernes, 16 de noviembre de 2007

"Los trazos de la canción", Bruce Chatwin (1987)


El encuentro con Bruce Chatwin debe ser el caso más raro de conocimiento de un autor de los que he leído. Hace ya algunos años descubrí en una librería de Madrid unas libretas fantásticas, elegantemente encuadernadas en negro y cerradas con una goma. Ideales por tanto para llevar de viaje, pero tan resistentes y bonitas que terminé por usarlas hasta para tomar notas en el trabajo. Conseguirlas entonces tenía un cierto atrativo, porque sólo en muy contados lugares se podían adquir: determinadas papelerías, librerías y museos. Hoy, generalizadas ya hasta en los grandes almacenes han perdido parte de su glamour, pero siguen siendo las libretas más elegantes y duras que conozco. Lo habrán adivinado: son las Moleskine.

Pues bien, a cualquiera que alguna vez haya adquirido una Moleskine le sonará el nombre de Bruce Chatwin, porque en cada una de ellas se explica la pequeña historia de las libretas de notas que al parecer usaban Hemingway, Picasso y, sobre todo, Chatwin, para el cual (lo reconoce en este libro), estos cuadernos con sus notas eran tan importantes que fijaba una recompensa en la primera página para quien se los devolviese en caso de pérdida.

He aquí la razón por la que, tantos años después de mi primera Moleskine, me hice con Los trazos de la canción en cuanto lo vi. Era, al parecer, la obra más famosa de Chatwin, un hombre cuya vida es tan interesante como sus libros.

En él se narra un viaje por Australia en busca de los trazos de la canción, un concepto un tanto difícil de explicar -para algunos autores difícíl de creer- según el cual cada territorio, cada camino, cada accidente del terreno, están descritos en una canción aborigen. Y es esa canción, de cada tribu, de cada familia, la que identifica al terreno y permite poseerlo. Marca los límites, las zonas de paso. Perder la canción es perderlo todo.

Es una obra anárquica en su estructura: algo de tratado de Antropología, mucho de libro de viajes, con frecuentes salpicaduras de pensamientos filosóficos (propios o ajenos) sacados de las notas de sus cuadernos. A veces caótico y a veces brillante. Brillante sobre todo en su descripción de los personajes y amigos con los que se va cruzando en su viaje, a los que logra definir en pocas palabras pero con una precisión casi fotográfica.

En definitiva, es sobre todo un tratado de nomadismo, en que el propio viaje por Australia es una excusa para defender ante todo que el hombre es en esencia un ser nómada. : Sobre todo, no pierdas tu deseo de caminar: Todos los días camino hasta encontrarme en un estado de bienestar y para evitar cualquier enfermedad; caminando he logrado mis mejores ideas, y no conozco pensamiento alguno, por gravoso que sea, del cual uno no pueda librarse caminando... si uno se sienta y se queda inmóvil, más posibilidades habrá de que se sienta enfermo... De manera que si uno sigue caminando, todo estará bien.
Soren Kierkegaard, Carta a Jette (1847).

9 comentarios:

Elena dijo...

Hace poco regalé una moleskine a mi marido que, aunque no escribe, siempre anda escribiendo donde puede cosas e ideas que se le vienen a la cabeza en cualquier momento. Es cierto que estas libretas tienen algo de mágico, que les da un aura de inspiración, como si con una en la mano todos pudiésemos convertirnos en ese escritor que siempre hemos querido ser.

Me he identificado con Chatwin en la afición por caminar. A mí me encanta, y es cierto que muchas de las mejores ideas se encuentran mientras caminamos. Es el mejor ejercicio posible. Será nuestro instinto nómada que perdura aún en lo más profundo de nosotros.

Un saludo

joaquin.varela@gmail.com dijo...

Pues sí que parece que te inspiran. Luego, claro está, milagros no hacen. Pero son una bonita manera de guardar los recuerdos.

Escriptorum54 dijo...

Yo llevo una en el bolso donde escribo las ideas que pretendo transformar en relato.
Es cómoda, agradable, respirable. Pero llevarla no te concede el honor de ser escritor, por desgracia.

Roberto dijo...

Por hacer un comentario sobre el libro, y no sobre las moleskine (tendré que ver cómo son, que me habéis despertado la curiosidad), decir que, como dice Joaquín, es un libro que mezcla la antropología, las memorias y la filosofía personal del autor, que coincide en cierto sentido con el sentido de la vida de Knut Hamsun o Kerouac, es decir, que el hombre sólo es feliz cuando es nómada, cuando cambia constantemente y no se aferra a nada.
Sobre el significado de estos trazos de canción del Tiempo de los Sueños hay muchas interpretaciones; pero sin duda se trata de un tema apasionante, al filo entre la antropología, la mitología y la religión.

varín dijo...

Hola,

Me ha gustado esta entrada y me ha apetecido enlazar este sitio, para lo cual he utilizado imágen de portada; si te parece incorrecto, lo borro.

Gracias por tu aportar,

Abrazos

Joaquín dijo...

La imagen de portada es un cuadro de Giorgio de Chirico, así que yo tampoco tengo derechos...

kerkira dijo...

Gracias por esta entrada. Es el dia justo para leerla, saludos.

Alfredo Vidal Phototraveller dijo...

Algo más de 40 años viajando y siempre me ha venido la misma pregunta que Bruce se hacía a la mitad de sus viajes, especialmente si estos eran largos. ¿Que hago yo aquí? Pregunta que es título de uno de sus libros, que recomiendo.
Es opinión personal que cuando superas esa pregunta, en ese viaje, es cuando te reencuentras con tu yo nómada. Estoy plenamente convencido que nuestra verdadera condición es la del nomadismo y que todos los problemas y conflictos que nos suceden son consecuencia del sedentarismo que nos lleva al conformismo.
En tanto vivos, nuestra mente tiene una tendencia natural a ir de un lugar a otro, reconocerse viva; enérgica. Es el asentamiento la que la lleva del "liviano acomodo al acomodo total". El asentamiento asesina a nuestra mente.

Clari dijo...

ese es un gran libro de viaje, en mis ultimos vuelos a Buenos Aires desde Comodoro Rivadavia por trabajo lo leí y en una sentada ya había aterrizado. lo recomiendo sin duda!