sábado, 6 de octubre de 2007

"El Golem", Gustav Meyrink (1915)


Vaya por delante que me gustan sobremanera los autores de literatura fantástica del XIX y comienzos del XX: Poe, Lovercraft y el resto de la banda. Esos del terror psicológico en lúgubres paisajes urbanos con aroma victoriano. Qué gusto. Un montón de angustia momentánea de la que puedes liberarte cerrando el libro. Así que si a usted no le va este tema, ya puede ir pasando, porque El Golem no es su libro.


Sin embargo, si es de los míos, de la legión de Frankenstein, no se puede perder este libro, aunque sea para incorporar a nuestro común imaginario de criaturas al Golem: El Golem es una figura clásica de la mitología y el esoterismo hebreo: un ser inanimado que cobra vida desde el barro con la pronunciación de determinadas palabras... Meyrink recoge en este relato de 1915 una serie de tradiciones y leyendas judías y construye una historia directamente emparentada con la tradición de misterio de la época. Describe con frases a menudo telegráficas el ambiente del gueto de Praga en el que cada treinta y tres años vuelve a aparecer el Golem. Y lo hace con maneras extremadamente efectistas de escribir y de describir, ya que el lector se sumerge en esa atmósfera opresiva de calles estrechas, luz difusa, casas viejas, pasadizos, humedad...y personajes de notoria maldad.

No obstante, es un libro extraño en su desarrollo, a tavés del cual el Golem pasa como una presencia que recorre las páginas sin ser en absoluto el protagonista; y la misma novela parece a veces la suma de muchas historias inconclusas. Como si lo importante, más que el relato a veces de coherencia forzada, fuesen las sensaciones que produce leerlo.

En fin, un libro complejo de valorar, a veces intenso y otras muy oscuro y difícil de seguir, como si el mismo autor se hubiese perdido por los caminos de la ensoñación . Interesante en cualquier caso para los amantes de lo fantástico, que en muchos momentos disfrutarán siguiendo por la Praga de comienzos del XX, el periplo vital del judío Athanasius Pernath, tallador de joyas.


2 comentarios:

Gatito viejo dijo...

Apunto la recomendación. Buen blog. Saludos

Apostillas literarias dijo...

De Gustav Meyrink solo he leído El Cardenal Napellus, fabulosos relatos. Tengo debilidad por los autores austrohúngaros, aunque no es facil, algunas veces, conseguir sus libros.