viernes, 7 de septiembre de 2007

"Brooklyn Follies", Paul Auster


Nathan Glass ha sobrevivido a un cáncer de pulmón y a un divorcio después de trenta y tres años de matrimonio, y ha vuelto a Brooklyn, el lugar donde nació y pasó su infancia...

Brooklyn Follies es, básicamente, otra vez Paul Auster. Si fuera de los que piensan que se repite a sí mismo lo diría con mala cara. Pero yo creo que es como el jamón ibérico, y por tanto, a nadie en su sano juicio le cansa comer una y otra vez jamón del bueno (claro que en esto, al igual que para apreciar a Auster, hay que respetar la opinión de los vegetarianos. Ellos se lo pierden).

El caso es que aquí por tanto encontramos algunos de sus paradas habituales: su Brooklyn tan lleno de tipos interesantes que ya me van entrando muchas ganas de ir. Los libros, que siempre andan por algún lado en las novelas de Auster. La amistad. La familia. El amor. Y sobre todo, el increíble poder del azar sobre las vidas humanas. Un canto a la fuerza de la casualidad pero también a la manera en que las personas la utilizan para cambiar sus vidas.
Y por supuesto, otra vez también la creencia absoluta y absolutamente meritoria de que el mundo, a pesar de todo, está lleno de buenas personas. Si el azar te las pone delante y tú las dejas pasar, es tu problema, amigo. En cualquier caso, que le vayan dando algún premio por hacerme pasar tan buenos ratos. El Óscar. Y el Nobel. Y si no le quieren dar el de Literatura, que le den el de la Paz. Tanta fe en el ser humano se la merece.

4 comentarios:

Elena dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. Me confieso una austeriana o jamonera convencida. Es el autor más reseñado en mi blog, y mi próxima entrada también será para él (acabo de leer la Trilogía de Nueva York, quizás más fascinante aún que sus últimos libros). Brooklyn Follies me encantó. Te dejo el link de mi reseña por si te apetece echarle un vistazo.

http://perdidaentrelibros.blogspot.com/2006/12/paul-auster-brooklyn-follies.html

Saluditos

joaquin.varela@gmail.com dijo...

Me he leído tu reseña. Veo que en general estamos de acuerdo. Es cierto que tanto buen rollo happy end puede resultar irreal, pero es que de la manera en que escribe te lo acabas creyendo. En cualquier caso, de vez en cuando no viene mal que alguien nos positivice todo. También tiene otros libros con final más duro. Yo no soy muy proUSA, pero es inevitable querer ir a Brooklyn después de leerlo (Qué envidia). Claro que si sus personajes viviesen en Laponia, querría ir a Laponia.

Elena dijo...

Estuve en Brooklyn el verano antes de leer este libro, pero no tuve la suerte de toparme con mi adorado Auster. Eso sí, me sentí como si estuviera paseando por las páginas de sus libros. Mágico.

Roberto dijo...

No sé que tiene este hombre, pero cuando escribe, destila la magia de las situaciones normales con una sencillez tal, que es un deleite leer sus historias: tan convencionales y al mismo tiempo tan maravillosas.
Y no me considero un fan de él, apenas he leído esta obra, y alguna más hace ya tanto tiempo que ni siquiera recuerdo el título.
Sí que me hace reflexionar en que normalmente llenamos nuestra vida de asuntos cotidianos, obligaciones, televisión, responsabilidades, enfados y alegrías... todo pequeñas tonterías que nos ciegan a la magia del día, al saber ver la vida con otros ojos.
En fin, menudo rollo filosófico. Sólo quería decir: Gracias, Paul Auster.