domingo, 26 de agosto de 2007

"Piedras ensangrentadas", Donna Leon

Deben correr malos tiempos para la novela negra, cuando (¿Serán verdad las reseñas de contraportada?) a esta mujer la han traducido en medio mundo.

El asesinato de un vendendor ambulante africano sirve de pasajera excusa para dedicar buena parte del libro a hacer reflexiones de baratillo sobre las injusticias del mundo, la inmigración ilegal y la corrupción del sistema público italiano, todo ello en el marco de muchas idas y venidas del comisario Brunetti por la ciudad de Venecia.

Porque, de novela negra, nada. Porque nada pasa prácticamente a lo largo de toda la novela y tras el primer asesinato, perdidos como estamos en tan poca acción y tanta reflexión de política global. ¿No habrá aprendido algo de comisarios mucho más pedestres y menos culturetas como el Wallander de Henning Mankel o el Montalbano de Camilleri?

¡Dios, cuánto echo de menos a Vázquez Montalbán, y a su impagable Carvalho, tan culto, gourmet y putero!.

En fin, que ha sido para pasar el rato. Pero si quieren novela negra, y antes que sufrir este bestseller, ataquen alguno de Walter Mosley o, sobre todo y si no lo han hecho, el Jim Thomson de 1280 almas. Les aseguro que no se arrepentirán.

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