martes, 14 de octubre de 2014

"El guardián invisible", Dolores Redondo (2013)

Vamos a ver cómo se lo digo: que existiendo basurillas foráneas indignas de ser superventas, tipo Camila Lackberg o Asa Larsson (la A con circulito encima), bien está que de vez en cuando nos echemos a la panza un poquito de noir nacional, siendo como somos además tan variados nuestros territorios como los tipos de paella. 

Amaia Salazar es una inspectora de la Policía Foral de Navarra encargada de investigar una serie de asesinatos de chicas adolescentes cometidos en el Valle del río Baztán. Para ello se traslada a Elizondo, la capital del valle, que es además el pueblo en el que nació y vive su familia.  Hasta aquí, todo más o menos bien: un cuerpo policial original, una chica lista y guapa -que estuvo en Quantico, eh... Lo vamos llevando, y además Dolores Redondo escribe bien: la narración es ágil y bien resuelta. 

Coño, y a partir de ahí se va aderezando el plato en demasía: los fantasmas familiares que la esperan en Elizondo son en sí mismo un cruce entre Cuarto Milenio y Annibal Lecter. Y el muy goloso recurso a la rica mitología vasco-navarra, que enriquecería la historia usado con moderación toma cuerpo con la aparición de un bigfoot a la vasca, matando bastante la credibilidad de la historia. Y alguna cosa más que no les cuento, como el super-marido guapo, artista y que-estoy-siempre-a-tu-lado.

En suma: demasiados ingredientes. Novela que se me ha hecho demasiado larga  y que mejoraría bastante con una poda en profundidad.

Va para película seguro, porque la historia lo pide.

lunes, 13 de octubre de 2014

"La excepción", Audur Ava Olafsdóttir (2013)

Hace más de dos años publicaba el comentario de lo que me sugería "Rosa cándida", magnífico fruto de la casi siempre agradecida tarea de leer literatura islandesa.

Tenía pues fundadas esperanzas de encontrarme aquí con un paso más de una literatura sencilla, intimista, de esa de te deja gustito de vivir al terminar el libro, algo así como un calorcito de licor pero sin licor.

Pero no. O debo andar bajo de Karma o me estoy haciendo tan descreído que ya no me levanta el ánimo ni Audur Ava ni el licor. Porque no he entendido nada. La novela me ha parecido una sucesión de episodios un tanto absurdos y desilvanados en los que no pasa casi nada.

Pero se la resumo para que vean
: María está casada con un tío que se llama Floki. El hombre de su vida: guapo, bueno, buen padre y experto en la teoría del Caos -lo juro- . Pues el día de año nuevo, en plena celebración, va el campeón y le dice que se va de casa. Pero que no se preocupe que la deja, pero por otro tío. Que para más inri también es matemático y también se llama Floki. Entonces María se queda flipando toda la película. Viste a los niños, los lleva de excursión (casi los mata de frío porque la tristeza le impide percibir la temperatura ambiental), va de aquí para allá pero haciendo el fantasma. 
En este proceso la acompañan una vecina muy muy bajita que es o dice ser psicóloga y escritora que se pasa el libro comiendo. Ah, y también un estudiante que la ayuda ocasionalmente y que no se acaba de saber qué pinta.  Y lo de la aparición fugaz de su padre biológico ya ni se lo cuento.

Allá ustedes. Aviso.

sábado, 27 de septiembre de 2014

"La mujer de verde", Arnaldur Indridason (2000)

Hace no demasiado leía por primera vez a Arnaldur Indridason (Las marismas) , autor que en medio de la marabunta  nórdica me parece una marca bastante destacable.

Ya se sabe que sacar muertos en un país tan pequeño es complicado, a no ser los que sea de frio, así en esta ocasión nos trae un crimen del pasado, cuando el avance de la ciudad de Reikiavik deja al descubierto un cadáver que parece remontarse a los tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

El -como no- amargado inspector Erlendur simultanea la estancia en el hospital para hablar a su-hija-drogadicta-en-coma , con la investigación de un posible asesinato sesenta años atrás. Debo hacer un aparte para reflexionar sobre esto de la vida familiar puteada, que es un clásico del genero negro pero que en el caso de los nórdicos alcanza impensables cimas de perfección: a menudo tienen hijos cuyos problemas suman a los de la pareja y amigos.Véase Mankell si no me creen

Sigamos: ante tal panorama, es obvio que aqui pasarían del tema, que hay muertos más frescos y además el crimen habría prescrito, pero se ve que es Islandia no. O sea que asistimos así a una concienzuda investigación policiaco-histórica contada con gran habilidad, con una enorme capacidad de enganchar al lector y con una muy inteligente reflexión sobre la violencia de género, nombre absolutamente absurdo, porque las que padecen son siempre ellas.

A pesar del rollete hijadrogadictaenhospital, que igual esta de mas, me ha gustado mucho. Se la recomiendo.

viernes, 26 de septiembre de 2014

"El expreso de Tokio", Seicho Matsumoto (1958)

Llevo encima últimamente tal vez una sobredosis de novela negra, será que el mundo achucha y hay que refugiarse en algo.  Si además es japonesa,  obviamente tenía que leerla, en este caso después de haber superado la considerable estupidez de haber comprado -por error- la versión en ebook en lugar del papel. Me he ahorrado ocho cochinos euros pero ahora de esa bonita edición de Libros del Asteroide solo quedara esta penosa reseña. Ya se que es lo legal, pero no me digan que pagar por algo que deja tan poco rastro no  jode un poco. 

Bueno, al caso. Novela un poco viejuna, de cuando se publicaban por entregas en los periódicos,   Y que me ha parecido absolutamente llamativa porque podría pasar fácilmente por occidental: sin ánimo de corroborar lo que dice su publicidad, volvemos a Simenon o a la Christie, con poca chicha social y psicológica y mucha deducción , lógica e investigadora. 

Dos cadáveres aparecen en la playa, un funcionario y una camarera abrazados envenenados por cianuro. Aparente suicidio, policía desconfiado y un profundo estudio de... los horarios de los ferrocarriles como centro de la trama. Muy entretenida. 

jueves, 25 de septiembre de 2014

"La rubia de ojos negros", de Benjamin Black (2013)

No deja de ser curioso que en mi particular descubrimiento de John Banville/ Benjamín Black haya aterrizado en esta sorprendente continuación de las historias de Philip Marlowe, cuando hace no demasiado leía El largo adiós. Les juro que pura y curiosa coincidencia.

Si han llegado a este artículo aislado no entenderán nada, pero si miran ahí arriba en el blog podrán conocer la apasionante tontería de leer a la vez dos novelas bien distintas del mismo autor firmando con dos nombres.

Habiendo dejado claro por tanto ya que John Banville me parece un escritor extraordinario, me descubro además por la desfachatez de despacharse con esta doble personalidad que le permite emular a uno de los grandes como Raymond Chandler y echarle huevos para continuar con las historias de Marlowe. Capacidad prodigiosa, añado, de escribir además con tonos y tiempos bien diferentes. 

Por ahí he leído que Banvillle no es plato de gusto para todos, pero a mi me ha ganado. Tanto él como su otro yo. Chandler redivivo. 

domingo, 14 de septiembre de 2014

"Antigua luz", John Banville (2013)

Aunque hacía ya tiempo que tenía la intención de leerlo (como a otros quinientos), tras la concesión del premio Príncipe de Asturias a John Banville, fue este artículo de El País el que me decidió definitivamente, no ya a leerlo; sino a asumir el juego de empezar a la vez un libro de su alter ego Benjamin Black: La rubia de ojos negros (su reseña irá depués, porque los empecé y acabé a la par).

Les recomiendo la experiencia. No sé como puede ser posible convertirse en Jekyll y Hyde y escribir con tan poca distancia dos textos, magníficos ambos pero de estilos totalmente diferentes. Pero ya tocará hablar de La rubia... , hoy es el turno de Antigua luz.

Hay escritores magníficos, más de los que uno puede leer. Y, de cuando en cuando, descubres a alguno que está -sencillamente- a otro nivel. Que convierte la lectura en una pura gozada. Que tiene shamanstvo, el don del encantador que decía Nabokov. Otra cosa.  Banville es de ese club.

"Billy Gray era mi mejor amigo y me enamoré de su madre. Puede que amor sea demasiado fuerte, pero no conozco otra más suave que pueda aplicarse."



miércoles, 2 de julio de 2014

"Meridiano de sangre", Cormac McCarthy (1995)

Antes de haber leído este libro, mi imagen literaria de McCarthy era la apocalíptica pero impresionante La Carretera y los algo lejanos diálogos de No es País para viejos y los recientes de El Confidente. Si en la película de los Cohen, la fuerza de las imágenes y los diálogos andaban a la par, en la de Ridley Scott el guión se come con patatas al director, los protagonistas y las imágenes.

Pero esto no es un blog de cine, así que anticipo esta vaina porque tal vez no tengo el conocimiento suficiente de Cormac McCarthy y estoy sacando conclusiones apresuradas, pero a lo que se ve en su carrera literaria no suele hacer muchas concesiones a la parte más dulce de la vida

Bastantes años antes de la descorazonadora La Carretera, era posible encontrar un escenario igualmente apocalíptico yendo no a un futuro posible sino a un pasado real: la frontera entre Estados Unidos y Mexico en el s. XIX, poblada de colonos, indios, soldados de fortuna y todo tipo de buscadores, vividores y redomados homicidas. Un tiempo y un lugar en el que la vida de un hombre valía más bien poco y la ley era la del más fuerte.

McCarthy retrata con bastante frialdad  las salvajes peripecias del "Grupo de Glanton", una pequeña compañía de soldados de fortuna a los que contrataron las autoridades de Texas y las mexicanas para limpiar la frontera de apaches, pagando "a tanto por cabellera".  Las atrocidades se van sucediendo sin demasiados problemas hasta que los hombres de Glanton se descontrolan y  comienzan a violar y asesinan ya sin distinguir indios y lugareños.

Hay tanta violencia y tan explícita en la novela que se vuelve casi irreal, como si fuera una mera excusa para intercalar entre las descripciones del áspero paisaje fronterizo, para mí uno de las imágenes más fuertes que quedan después de la lectura. La otra, sin duda, es el personaje del Juez Holden, el verdadero protagonista: dos metros de hombre que lo mismo diserta de antropología o fabrica explosivos que descerraja un tiro en la cabeza de un niño.

Ya ven que la novela da mucho de sí, y eso que yo me precio de ser más bien escaso en mis comentarios. Es una novela dura,  no creo que sea para todo el mundo, pero esto voy descubriendo que debe ser  Cormac McCarthy. Hay una rara e inexplicable atracción en las historias de violencia cuando están bien contadas, del Grupo Salvaje de Peckinpah a las películas de Takeshi Kitano. Pero en la media de muertos por obra, Meridiano de sangre se gana holgadamente su título...

lunes, 30 de junio de 2014

"El enigma Flatey", Viktor Arnar Ingólfsson (2003)

Recién publicado en castellano, a pesar de ser una obra ya del 2003, El enigma Flatey cuenta la historia de unos crímenes sucedidos en los años 60 en la isla del mismo nombre, en el noroeste de Islandia.  Una isla que existe realmente para unos crímenes que bien pudieron existir en un país sin crímenes pero lleno de locos por la literatura.

En un islote cercano a la isla, unos pescadores descubren un cuerpo descarnado que, obviamente, pertenece a alguien ajeno a una comunidad en la que todos se conocen y nadie falta. Enviado desde la prefectura , un triste funcionario notarial, Kjartan, se hará cargo del levantamiento del cadáver y de los primeros pasos de una investigación en la que -de un modo u otro- participa y a la vez es sospechosa casi toda la población de Flatey.

Aunque su prosa no es excepcional, y la consabida longitud de los nombres islandeses desconcentra al principio, hay dos motivos por los que me ha resultado muy agradable su lectura: de un lado y como siempre, el omnipresente paisaje islandés y la manera en que transmite el entorno de Flatey . Incluso en esta ocasión  hice algo que no había hecho nunca y que les recomiendo: buscar el lugar en Google Earth. Creo que merece la pena, aunque en la novela el paisaje de los sesenta resulta un tanto más duro que en la realidad actual, con sus bellas casas de colores vivos sobre un mal de azul intenso.

El otro motivo no es para todo el mundo, pero yo -ya lo he contado por ahí- comencé a interesarme por la literatura nórdica con las sagas islandesas, que al fin y a la postre son también unas estupendas historias de aventuras. Y es que la solución  del Enigma de Flatey está precisamente en una recopilación de Sagas: El Libro de Flatey, un códice medieval que existe realmente (en los años 70 fué repatriado a Islandia desde el Museo real de Dinamarca). También aquí les recomiendo que hagan una ciberexcursión al tiempo que leen la novela, verán como les cunde...


sábado, 31 de mayo de 2014

"El ruido de las cosas al caer", Juan Gabriel Vasquez (2011)

Antonio Yamnara, un joven profesor de Derecho,  conoce jugando al billar a Ricardo Laverde; y el progresivo interés por su figura de expresidiario se volverá una autodestructiva obsesión el día que es asesinado.

La novela , construída sobre el antes y el después del asesinato de Laverde, es un impresionante repaso a un momento crucial de la historia de Colombia, que asiste al nacimiento de un negocio creciente -la coca- que habrá de cambiar para siempre las reglas de buena parte del mundo y en especial de algunos países de América latina.

No tenía idea ni de la mera existencia de Juan Gabriel Vásquez (de hecho, leí la novela de purita chiripa,  porque me gustó el título y me daba confianza la editorial -Seix Barral-), y sólo luego me enteré que con ella había ganado el premio Alfaguara de Novela y algunos premios europeos más. Y me alegro de haberlo hecho, porque me parece un libro verdaderamente destacable, de entre lo mejor que he leído últimamente de literatura en español (fuera de los grandes, obviamente): está bien construído, con indudable ritmo y escritura que me ha parecido de gran calidad:

...Desde una distancia antipática vi sus ojos sin pestañas, vi la boca más pequeña que había visto nunca, y lamenté que la hubieran acostado con las manos escondidas, porque nada me pareció tan urgente en ese instante como verle las maños a mi hija. Supe que nunca volvería a querer a nadie como quise a Leticia en ese instante, que nadie nunca sería para mí lo que llí fue esa reción llegada, esa completa desconocida...

martes, 13 de mayo de 2014

"El largo adiós", Raymond Chandler (1953)

Hace algo así como mil años yo tenía, con mis amigos de entonces, una afición poco frecuente: todos los viernes, íbamos a la biblioteca pública y pasábamos allí la tarde husmeando un rato entre los libros y decidiendo cuáles nos íbamos a llevar. Recuerdo haber sacado un día (las fichas eran de cartulina, y "el" ordenador paría una larga lista en papel continuo azul y blanco) El halcón maltés, de Dassiell Hammett. Les aseguro que lo recuerdo, porque esa fue creo la primera novela negra que leí, y así sigo hasta hoy.

Fuera de los lingotazos que últimamente me meto entre pecho y espalda con el incuestionable Jim Thomson, llevaba mucho tiempo sin leer uno de los grandes: demasiado tiempo sin Dassiell Hammett ni Raymond Chandler. Imperdonable.

Ya no es sólo que Philip Marlowe sea la raíz y el arquetipo de la mayoría de los detectives que le siguieron, ni que la compleja trama te atrape como sólo puede hacerlo una buena novela negra. Es que hablamos de literatura de verdad, de una definición de los personajes y de las sensaciones increíblemente bien lograda, de una prosa -en definitiva- de enorme calidad.

Yo creo que actualmente hay buenos escritores del género negro (Indriasson, Camillieri, Fred Vargas, Nesbo...). Incluso Montalbán era grande a su manera. Pero Chandler juega en otra liga.

Por supuesto, hay una película, además de Robert Altman. La película era imprescindible, porque el ritmo de la novela la exige (ya te la vas tú proyectando en la cabeza, de hecho). Habrá que volverla a ver. 

La sinopsis la dejo para otro sitio, si quieren un resumen para clase vayan al Rincón del Vago. Buenas noches.

martes, 29 de abril de 2014

"Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay", Michael Chabon (2001)

Nunca he sido muy pro-yanki, enfermedad que a lo que se ve se va curando con la edad, porque voy aprendiendo que por allí se toman en serio algunas cosas largo tiempo olvidadas por estos lares. No, no les voy a hablar de la importancia del I+D+i (que aquí nunca se lo han tomado en serio), sino de los premios literarios. 

Del Pulitzer, en concreto, que a base de leer obras premiadas sin saberlo (La carretera, La maravillosa vida breve de Oscar Wao, Gilead...) he aprendido a considerar como un premio serio serio, de esos que reconocen la buena literatura. Así que, ni corto ni perezoso allí me puse a buscarme la lista de los últimos premiados , y en eso me ando.

Así, y no de otra manera llegue a Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay (Pulitzer 2001) nombre seguramente muy poco afortunado y que en otras circunstancias , y habiendo tanto libro de Dios que leer, le dejaría pocas posibilidades de estar entre los elegidos... 

Y me hubiera perdido un gran libro: denso, eso sí (más de setecientas...), una de esas novelas-río que cuentan media vida de nuestros protagonistas: dos primos judíos que se crían y despiertan a la vida en el -impresionantemente contado- New York de los años 40, de la preguerra y de la postguerra, unidos sobre todo por un profundo amor a los Cómics. 

Porque la historia se construye sobre todo a partir de esas dos cosas: Nueva York, simbolizado por el Empire State, la meca del sueño americano y de la libertad para un niño judío. Y el papel que juega el Cómic: en lo que tiene de arte, en lo que tuvo de liberación y de estímulo para los niños en una época convulsa. Reconozco que a mí, que he leído muchos tebeos (sí: tebeos. también teníamos calcomanías y no tatoos como dice ahora mi hija)  de los clásicos y mucho Superman (aunque Batman siempre ha sido mi favorito) , me ha hecho pensar en ellos de un modo muy distinto.

Así que, amantes del Cómic: aunque no soy nadie para daros recomendaciones, y comprendo vuestro temor a enfrentaros con semejante libraco, pienso que deberíais de dejar por unos días los dibujitos , echarle valor y subiros al Empire.

jueves, 17 de abril de 2014

Gabo


Uno quiere a Gabo como a la luna, porque le pertenece a cada quién de distinto modo y a todos tanto como quieran gozarla".Ángeles Mastretta

Hoy se nos ha muerto. Un superdotado de la literatura, un creador de mundos irrepetibles.
Decía Dalí que los genios no deben morir, y tal vez no mueran del todo.
Hasta siempre, Gabo.

lunes, 31 de marzo de 2014

"El tren nocturno de la vía láctea", Kenji Miyazawa (1927)

A finales del año pasado recogía las magníficas impresiones que me había dejado La vida de Budori Gusko , y por eso no acabo de comprender cómo, una obra más famosa y conocida en Japón como El tren nocturno de la vía láctea, me ha dejado totalmente frío. El pobre Miyazawa vivió tan poco que se trata además de relatos muy cercanos en el tiempo. Sin embargo con éste no he llegado a meterme en el relato nunca. He estado perdido todo el rato, y lo que debería haber sido un maravilloso mundo imaginario al que comparan con El Principito se me quedó en un relato absolutamente plano y totalmente ausente. Está lleno de simbolismos, pero yo me los he perdido casi todos.

Por eso, o yo me encontraba en un estado de total desorden del Yin y el Yang o qué sé yo, un desalineamiento de los chakras. O directamente la traducción es una castaña, cosa que a veces pasa y lo notas.  En cualquier caso, si a este puerto llegase alguien que lea libros con algo más de criterio, ya anticipo que agradecería que si lo ha leído me dé su opinión, por aquello de corroborar la mía o acabar pensando que ya voy perdiendo facultades.

Porque el libro (entendido como objeto) es bonito, el jodío: le perdono la pasta que me he dejado porque es una edición preciosa, con sobrecubierta y ese detallito en la portada de ponerla al modo Manga, empezando por atrás. Y es que debo reconocer el valor y todo lo que aportan a los amantes de los libros editoriales como Nórdica Libros o, en este caso Satori Ediciones (www.satoriediciones.com), que nos permiten acceder a autores hasta ahora imposibles en castellano. 

Y eso, con la mala conciencia que tengo ahora con el Kindle, me reivindica.

martes, 25 de marzo de 2014

"Ensaio sobre a cegueira" , José Saramago (1995)

Si todavía queda por ahí alguno de los lectores históricos del blog, no debería de resultar muy difícil deducir mi pasión por la literatura de Saramago. Seguramente era más fácil apasionarse por la persona, cuya lucidez seducía a no pocos aunque no a todos cautivaba igualmente su literatura.

Quizá leer a Saramago no es sencillo en un principio, pero una vez que ya eres de los suyos no importa. Aprendes sus maneras, sus largos párrafos en que los diálogos se suceden separados únicamente por un heterodoxo punto o una coma. La increíble belleza de sus palabras y del paisaje humano que dibujan. 

Además, y ya puestos a superar dificultades que merezcan la pena, desde "A viagem do elefante"decidí leerlo sólo en portugués: un ejercicio bastante llevadero para los que vivimos del otro lado de la raia, y que de verdad recomiendo encarecidamente: el beneficio supera con mucho la dificultad. Ni el mejor traductor es capaz de transmitir la belleza de las palabras de Saramago.

Claro, está el libro, que para eso es una reseña. 

Pues es bien sencillo. Ésta es la mejor obra suya que he leído. Todas me gustan y me parecen buenas. Este Ensaio sobre a cegueira me parece una obra maestra. Uno de esos libros que -como pueden ser La Colmena o La familia de Pascual Duarte- justifican de largo un Nobel. Hay más conocimiento del ser humano, más descripción y análisis de sus miserias y de sus proezas que en una biblioteca de sociología o filosofía. Casi todo lo que importa. Casi todo lo que nos mueve. Casi todo lo que merece la pena y lo que lo parece pero no lo merece está aquí. Es absolutamente magistral.

Queres que te diga o que penso, Diz, penso que não cegamos, penso que estamos cegos, Cegos que vêem. , Cegos que, vendo, não vem.

domingo, 16 de marzo de 2014

"El marino que perdió la gracia del mar", Yukio Mishima (1963)

Debo reconocer ante todo que tengo debilidad por esta obra porque fue la primera novela de Mishima que leí, ya hace probablemente más de veinte años; y sin duda una de los motivos que despertaron mi interés por la literatura japonesa, de la que me hice lector habitual y comprador compulsivo en momentos en que encontrar un libro japonés publicado en español era extremadamente difícil.

Me pareció en su momento un libro impactante, y recobrado tantos años después me sigue pareciendo una obra brillante. Ahora que conozco algo mejor la obra de Mishima y sus extremas peripecias vitales, parece un resumen de partes de su ideario: la historia de Ryuji, el rudo marino y Fusako, la bella y delicada viuda por la que abandonará su vida a bordo. El mar, el amor, la belleza y el deseo. Lo oriental y lo occidental. Y también los sueños abandonados y Noboru, el adolescente hijo de Fusako y verdadero protagonista: él y su clan de atroces adolescentes inadaptados (imposible no acordarse de El señor de las moscas) habrán de hacer justicia al marino que -bellísimo e inolvidable título- eligió perder la gracia del Mar.

Junto con El rumor del oleaje (una breve y positiva delicia entre su compleja obra) la más occidental y fácil de leer de sus novelas, pero en mi opinión una de las más brillantes.

domingo, 9 de marzo de 2014

"Abandonarse a la pasión", Hiromi Kawakami (2006)

Hace no demasiados días que reseñaba Grotesco, una mirada a las relaciones humanas tan gélida y desprovista de sentimientos que impresionaba. Ya decía allí que es probable que sólo en una sociedad como la japonesa y su para nosotros incomprensible manera de ver muchas veces la vida puedan darse relatos tan extremos donde el amor, el dolor y la muerte están tan peligrosamente cerca.

Hiromi Kawakami, que es la autora de ese canto al amor que es  El cielo es azul, la tierra blanca , y que más tarde ya se deslizaba por mayores pendientes con Algo que brilla como el mar (ambas aqui comentadas) da una vuelta de tuerca a su visión del amor para sorprendernos con ocho historias de pareja que llamaré no convencionales por no llamarlas extremas

Ocho historias sorprendentes, unas mejores que otras sin duda, pero que en conjunto constituyen una ocasión para reflexionar sobre  las muchas formas que toma el amor -algunas dolorosas y crueles- Amor que -a menudo- es el nombre que damos a  nuestra angustiosa huida de la soledad. 

jueves, 6 de marzo de 2014

"Texas", Jim Thompson (1965)

Al año siguiente de escribir su obra maestra, la celebrada 1.280 almas (Pop.1280), Jim Thompson escribió este homenaje a Texas, una novela en la que -incluso más que en otras- hay mucho de autobiográfico: no sólo por la Texas que conoce bien, y de la que recorre buena parte de sus ciudades en el texto , sino sobre todo por el prota: un jugador profesional de dados, honesto y puteado por la vida. Tal vez el tipo que quiso ser un Jim Thompson al que nunca las cosas se le pusieron fáciles.

No se parece a ninguna otra novela suya que haya leído (1.280 almas, El asesino dentro de mi, Noche salvaje). Extraña no encontrar aquí ese relato perfecto del psicópata asesino que -frecuentemente- está del lado de la Ley, sino un personaje como Mitch Corley, en el fondo adorable -como-de-bueno-de-la-pelicula , y por cuya integridad física nos pasamos temiendo toda la novela.

Hay petróleo, juego,  dinero, poder, corrupción, no poca sensualidad (descrita con enorme maestría) y menos violencia explícita que nunca: por no haber, no hay ni muerto. Pero da lo mismo: Jim Thompson, un grande de la novela negra, escribe una magnífica obra que nos atrapa como si en nuestra cabeza ya hubiésemos filmado lo que hubiera sido... un fantástico guión de cine.


viernes, 28 de febrero de 2014

"Siete casas en Francia", Bernardo Atxaga (2009)

Al comenzar al leer el libro, se me dio por buscar alguna referencia , y encontré una entrevista en El País en la que Bernardo Atxaga contaba como primero fue la historia humana que quería contar y después el emplazamiento geográfico y temporal. Contaba como pensó en situarla en los brutales episodios que se dieron en la construcción del ferrocarril en los Estados Unidos, pero finalmente se decidió por el Congo cuando era posesión del Rey Leopoldo II de Bélgica.

No sé si hubiera cambiado las cosas, o tal vez sí;  porque la sombra de El corazón de las tinieblas es tan larga que, para cualquiera que la haya leído, El Congo , Leopoldo II y el horror de la barbarie son los que Conrad dibujó de modo insuperable. 

La historia, la de tres oficiales de la muy corrupta y brutal Force Publique belga que pastoreaba a los nativos y se dedicaba a traficar con caucho, marfil y ébano, está contada con el buen hacer y el oficio que se le presume a Atxaga: la historia fluye fácil y eficientemente hacia un final bastante predecible. Lo importante no es el final, sino el desgranar de las historias que hay detrás de esos tres, empezando por el capitán Lalande Biran , poeta y jefe de la guarnición de Yangambi, que sólo aspira a desviar un último cargamento de ébano y marfil que le permita comprarle a su esposa la séptima casa en Francia.

Pero falta algo. Chispa, alma. Algo más. No he vuelto a ver la magia de Obabakoak ni en Siete casas en Francia ni tampoco en El hijo del acordeonista: Bernardo, regresa a tu tierra, que siempre sale mejor cuando uno escribe sobre lo que ama.

lunes, 24 de febrero de 2014

"El desierto de los tártaros", Dino Buzzati (1940)


A lo largo de mi vida como lector, me he quedado con un puñado de libros que -por una u otra razón- significan algo más que los demás. Tal vez fue cosa del momento en que los leía, de la compañía o de la vida que tocaba vivir en aquel entonces. Tal vez solamente era porque se trataba de buenos libros paridos por buenos escritores.

Me ha tocado mucho la historia del joven teniente Giovanni Drogo, que llega destinado a la Fortaleza Bastiani, un lugar entre montañas, abandonado del mundo desde el que que custodian la frontera del reino del norte. La frontera delante de la gran llanura: el desierto de los tártaros. Allí, en medio de la nada, permanecerá esperando la guerra y la gloria.

Si hay un reflejo de la soledad y del a veces sinsentido de la vida, creo que por mucho tiempo será la que reside entre los muros de esta Fortezza Bastiani (por cierto, una hermosa canción de Franco Battiato cuyo significado desconocía hasta este libro).

Obra maestra. 

lunes, 17 de febrero de 2014

"Grotesco", Natsuo Kirino (2003)

El muy peculiar universo de Natstuo Kirino tiene su momento en la magnífica Out, que ya reseñamos aquí hace unos años. Comparte muchas cosas: una manera de escribir que atrapa, la descripción de un mundo eminentemente femenino  en el que los hombres simplemente cruzan casualmente para ser víctimas (Out) o verdugos (Grotesco).

No les desvelo nada, porque desde el inicio sabemos que en la novela gira en torno al asesinato de dos prostitutas: la que fue bellísima Yuriko ya en su declive; y Kazue, subdirectora en una oficina de día y prostituta de noche. La historia recompone lo que fue la vida de estas dos mujeres como si fuera un puzzle, a través del relato de la hermana mayor de Yuriko, de los diarios de ambas, del informe policial y las declaraciones de su presunto asesino.

Llama poderosamente la atención lo descarnado del relato, puesto siempre en primera persona. La total ausencia de sentimiento alguno prácticamente en todos los personajes, que caminan siempre hacia su propia autodestrucción. Un tempo claramente japonés, que ya he vivido en otros autores y que sólo he sentido así en la literatura nipona.

La novela es bastante larga, y se consume bien hasta la parte final: el diario de Kazue, con el que concluye, es bastante simple, previsible, tedioso y no aporta prácticamente nada a la novela, como si a Natsuo Kirino le hubieran fallado las fuerzas.

No sé que decirles. Yo creo que hay que leerla.