martes, 27 de enero de 2015

"De que hablo cuando hablo de correr", Haruki Murakami (2007)

No soy muy aficionado a leer biografías, pero otra cosa muy distinta son aquellos libros en los que los propios escritores renuncian a su mundo de ficción y aterrizan en el planeta para hablarnos de ellos mismos.

En esos casos, las cosas normales que todos hacemos, relatadas por la pluma del maestro, toman otro cariz y pasan a magnífico contenido literario. Así, aunque he leído casi toda la obra de Saramago, parte de lo que más recuerdo son algunos de sus inocentes recuerdos recogidos en Cadernos de Lanzarote.

Seguramente sin valor para alguien que no haya leído a Murakami o al que no le guste su muy particular mundo literario, para un fiel como menda  es un ejercicio estimulante poder conocer al escritor y al hombre desde una de las cosas que, además de escribir y el jazz, más le gustan: correr.

Hace años, yo corría casi a diario, y aunque nunca fuí especialmente bueno, todavía puedo reconocer en lo que cuenta esa sensación de luchar contra uno mismo y los elementos, el "zen del corredor". Y como  justo andaba yo en estas fechas volviendo al tema pues me ha venido al pelo como motivación extra. Y eso que estoy totalmente demodé, ahora que todo el mundo corre puestísimo con ropa transpirante, reflectante y supongo que hasta efervescente. Hemos pasado del canguro cutre que  te hacía sudar nada más ponértelo a tal nivel en la peña que resulta tan caro salir a hacer running como jugar al golf o esquiar en Baqueira. O más. El otro día mientras esperaba el bus había tanta gente corriendo con ropa de marca reflectante que no sabía si era una manifestación de trabajadores de la limpieza pública o toda la plantilla de la policía local en tromba.

En fin. Y también me he comprado unas zapatillas. Mizuno. Siempre hay que hacer caso a los que saben.

martes, 20 de enero de 2015

"Mil cretinos", Quim Monzó (2007)

Si uno mira por la ventana y supiese contar la realidad del día a día, le saldría un libro de Quim Monzó.

Es difícil no estar de acuerdo con esa mirada ácida, desprovista de toda benevolencia social, y que retrata en pocos esbozos las miserias de la especie humana y los muchos sinsentidos de nuestro comportamiento. Monzó describe el mundo -diría-  tal y como es, sin contemplaciones. Y además lo hace de un modo absoluto y de validez casi urbi et orbe. Que daría igual que sus protagonistas vivan mirando por la ventana a las Ramblas que en un piso al lado de Central Park.

Relatos sabiamente cortos: lo bueno si breve... pero aprovechados al máximo. Me recuerda en su acidez al israelí Etgar Keret, otro que también entra en la sociedad como cuchillo en la mantequilla.

Con todo, mil cretinos me parecen pocos para lo que leo en las noticias.

viernes, 9 de enero de 2015

"El juego de Ender", Orson Scott Card (1985)

Con el nuevo año me he propuesto marginar definitivamente una costumbre que me acompaña desde la adolescencia, y que es la estúpida manía de tener que acabar los libros a pesar de que ya no esté disfrutando con ellos.  Siempre puedo inventarme el final, o acudir (como es este caso), a la versión cinematográfica. Pero ya no más, que el tiempo es finito y tratar de pelearme con el texto cuando ya me importa un pito es una estupidez de tamaño mega

Vamos, que es una cuestión de lo que economía se conoce como "coste de oportunidad". Pocos recursos, muchas opciones. El recurso soy yo y mis horas de lector, claro.

Por tanto un poco más allá de la mitad y pico, he plantado a Ender, al que cogí un poco de cariño cuando con seis años se lo llevaron allende la Tierra a formarse como futuro líder-salvador a una estación espacial. Porque esto es -por si no lo saben- una distopía de una civilización casi tan poco apetecible como la de Los juegos del hambre, pero allí la tensión del relato se mantenía en toda la novela y , claro, pues te la acababas sin problema.

Estoy hasta ahí mismo de los juegos de combate en gravedad cero. Que me importan un bledo las estratagemas para impulsarse, que si con los pies, los pectorales o directamente con el culo.
Que dimito, me dedico a otra cosa y ya veré la película en algún rato o aeropuerto perdido.

sábado, 3 de enero de 2015

El cuaderno del 2014

Gracias al Kindle, por mucho que le pese a la otra, he conseguido recuperar este año tasas de lectura aceptables, así que aprovecho para recuperar las reseñas de lo mejor que he leído este año, por si fuesen de utilidad a alguien de los que pululan por ahí.

  1. El baile. Irène Némirovsky. La siempre turbadora atracción por los infantes perversos. Breve y brillante
  2. El sótano, Thomas Bernard. Profunda e impactante.
  3. De repente, llaman a la puerta, Etgar Keret. Una mirada brutal a veces a la realidad en general y a Israel el particular.
  4. Las marismas, Arnaldur Indridasson. Asesinatos en el país con menor tasa de homicidios del mundo. Con Nesbo y Mankel, lo mejor que viene del frío.
  5. O Alienista, Machado de Asís. Tan real como la vida misma. Un cuento por el que no pasan los años.
  6. El desierto de los tártaros, Dino Buzzati. Battiato me enseñó el camino con su Fortezza Bastiani, pero tardé años en encontrar el significado.
  7. Ensaio sobre a cegueira, José Saramago. Lo mejor del maestro, que es mucho decir. Una de las mejores noveles que habré leído nunca, ¡y en portugués1
  8. Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, Michael Chabon. Merecido Pulitzer, y un camino largo con premio al final.
  9. El largo adiós, Raymond Chandler. No caduca. ¡Qué bueno era el jodido!
  10. Meridiano de sangre, Cormac McCarty. Dura como el desierto, tanto que a veces duele.
  11. Antigua luz, de John Banville. Junto a Saramago, lo mejor del año. Sensaciones que no recordaba desde Robertson Davies.
  12. Nos vemos allá arriba, Pierre Lemaître. Una historia efectista y contada impecablemente. Premio Goncourt, eso es nada.
  13. El muñeco de nieve, Jo Nesbo. Lo mejor del noir actual. Hole ha vuelto y está casi a la altura de "Petirrojo"



miércoles, 31 de diciembre de 2014

"El don", Mai Jia (2002)

Yo me creia que de esto de los beseler ya estaba curado, pero ¡hombre!, uno ve en una librería un libro que viene avalado por ventas masivas ¡chino! y lo compra. Y va nutrido de páginas además, ¡qué bien!.

Luego, pasados los primeros ardores literarios, comienza a pensar que cinco millones de chinos no son tantos pa-todos-los-chinos-que hay, así que quizá como aval 5 M chinos
no sea suficiente. Esto comienza uno a considerarlo ya cuando lee la primera parte, que es así como la introducción genealógica a los ancestros, legítimos y putativos, del susodicho; que en adelante conoceremos como Rong Jinzhen, a la sazón genio de las matemáticas donde las haya que, después de ser acogido por un profesor universitario, acaba descifrando códigos secretos para el régimen de Mao.

En eso de los códigos se ocupa la parte central del libro: pero no planteando retos o descubriendo el proceso deductivo. Noooooo. No vaya a ser que se emocionen: elucubramos sobre el aspecto filosófico y lo paranormal de estos espías, que acaban todos tarados por el esfuerzo.

Y tras enormes y estériles circunloquios sobre el código PÚRPURA (sic) acabamos concluyendo sobre el casi imposible proceso de descifrar el código NEGRO (sic otra vez).

Ya sé que no entienden nada, pero peor me he quedado yo que lo he leído. Y eso que acaba con una no despreciable (en extensión) parte que parece un tractatus filosofía oriental en diez días.


lunes, 22 de diciembre de 2014

"El muñeco de nieve", Jo Nesbo (2007)

El talento está mal repartido, pero aún así el otro día me puse a buscar una canción del grupo de Jo Nesbo, Di Derre, a ver si por lo menos era malo cantando. Pues va a ser que no: digan que no pude analizar muy a fondo la letra, que el noruego lo llevo algo más flojo que el inglés, pero entonar entonaba bien el jodido.

Porque lo de escribir novela negra ya saben que lo borda. Que habiendo gente buena en este oficio, pocos hay con capacidad de mantener la tensión tanto tiempo, que las historias de Harry ya van pidiendo a gritos que las pasen al cine, o cuando menos a la tele, ahora que por allá arriba también hemos descubierto que hacen series de calidad (vean por favor Bron/Broen ).

Harry Hole sigue en pleno camino  autodestructivo, más excesivo y suicida que nunca, siguiendo la senda de todos los compañeros muertos que se han ido quedando en otras novelas de la saga. Y en esta ocasión -un clásico del género- tras un asesino en serie: The Snowman, que mata mujeres, infieles e infelices con las primeras nieves de la temporada, dejando siempre en el jardín...un muñeco de nieve.

Cuando lei Petirrojo creí que no se podría superar, y como ya han pasado unos años, no sé si ésta será  mejor; pero desde luego probablemente esté a su altura.

domingo, 23 de noviembre de 2014

"Nos vemos allá arriba", Pierre Lemaitre (2013)

Este 2014 se han cumplido ya cien años de la Primera Guerra Mundial y abundan los ciclos, libros y conmemoraciones varias.

Casualidad o no,  la historia que nos ocupa sucede durante la primera Gran Guerra, unos días antes del armisticio. Los soldados Albert Maillard y Édouard Péricourt vegetan en las trincheras comenzando a creerse que saldrán de aquello con vida. Pero no cuentan con Henri D'Aulnay-Pradelle, un teniente de familia noble venida a menos. Un auténtico hijoputa, que decide  aprovechar el poco tiempo de guerra que queda para alcanzar la gloria decidiendo por su cuenta tomar una absurda cota en poder de los alemanes, aún a costa de asesinar a sus propios soldados.

A partir de ahí, vuelve la brutalidad de la guerra, brevemente pero lo bastante para que Maillard quede herido y Péricourt con gravísimas secuelas en su rostro.  Entre ambos -uno de familia humilde, apocado y de pocas miras y otro de familia burguesa, artista al que nunca le ha faltado de nada- se establece una unión inquebrantable, forjada en su mísera situación de excombatientes y en el odio hacia Pradelle.

Pradelle, un redomado cabrón al que resulta fácil situar como el centro de toda la trama y al que comenzaremos a odiar con la misma intensidad que Albert y Édouard. Produce un rechazo tan visceral que  a todos los que la hayan visto llevará al general canalla que magistralmente retrató Kubrik en Senderos de Gloria (he visto que este dejà vu le ha pasado a todo el mundo leyendo después algunas críticas al libro en los medios).

Rechazados por la sociedad de postguerra y basándose en el talento de Édouard Péricourt, los protagonistas llevarán a cabo una gigantesca estafa millonaria... Es ahí donde el libro, Lemaitre dixit, debe mucho a la tradición de la novela picaresca, en especial al Lazarillo de Tormes.

Una buena novela, que se hace pronto adictiva y que -aun con claroscuros- tiene un nivel medio muy alto. De hecho (y esto no lo sabía cuando la leí), significó para Pierre Lemaitre el premio Goncourt, el mayor galardón de las letras francesas.

viernes, 14 de noviembre de 2014

"Crónicas marcianas", Ray Bradbury (1950)

Vuelves a recordar lo mal que está el mundo cuando descubres que en Google -la fuente de toda sabiduría-, está primero el programa de Javier Sardá  -que acabó por ser un infecto contenedor de la más selecta basura nacional- que el libro de Ray Bradbury. Y no sólo eso, sino que puedes acceder directamente a las sugerencias de información  de programas similares, de cuyos nombres no puedo ni quiero acordarme.  

Mi amigo Luis  decía que este mundo tenía que acabarse y empezar otra vez. 

Reset.

Crónicas marcianas , además del programa antedicho que casi cualquier españolito recordará , es un conjunto de relatos del escritor americano Ray Bradbury que recoge en un único volumen historias que fueron originalmente publicadas en momentos diferentes, pero que están unidas por un hilo temporal y argumental: la presunta colonización humana del planeta Marte.

Los relatos, muy dispares en su extensión y también en su calidad  ponen la colonización del planeta como excusa para tratar temas intemporales: el racismo, la pequeñez del hombre frente al universo, la violencia y el poder, entre otros. Los relatos mejoran a medida que el libro avanza -hay algunos magníficos hacia el final- y en ellos fácilmente Marte podría haber sido sustituido por África y hubiese tenido el mismo sentido. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

"Memorias de una vaca", Bernardo Atxaga (1992)

¿Qué coño nos pasa en el norte con las vacas? Algo debe haber que permita que la perspectiva de las vacas sea especialmente para nosotros un privilegiado mirador de la vida: de las Vacas de  Julio Medem al Millón de vacas de Manolo Rivas. 

No debería de extrañarnos por tanto que en esta ocasión Atxaga nos cuente pues las memorias de una vaca. Pero no de una vaca cualquiera, sino de Mo, una vaca negra que reniega de lo tontas que son las vacas y por eso decide escribir sus memorias desde su vida en el caserío Balantzategui-en el que se abastecía a los maquis- hasta que acaba pastando en el convento de la hermana Pauline Bernadette. Una vaca que nos cuenta un pedacito de historia de la postguerra civil en el País Vasco.

No sé cómo calificarla, y les juro que me gustaría haber podido leerla en el euskera para ver si el truco está en la belleza del texto original, porque en castellano me desconcierta. ¿Una obra juvenil?
 Un relato intencionadamente ingenuo a veces , otros humorístico y a veces trágico. Seguramente igual que la vida de la postguerra, pero es que sigo buscando Obaba en cada rincón y a pesar del indudable talento de este hombre, ya no he vuelto a encontrar la magia...

jueves, 6 de noviembre de 2014

"La casa y el cerebro" , Edward Bulwer-Lytton (1859)

Se autodefine y subtitula como "un relato de fantasmas". Desde Poe y Lovercraft las historias de terror y misterio del XIX constituyen un género en sí mismas. Un género con estilo propio e incontable legión de seguidores entre los que me cuento.

Media un buen trecho de mi vida entre la primera edición de los relatos de Poe que tuve ,  barata y tan mal editada que se desencuadernaba a medida que la ibas leyendo; y la maravillosa edición ilustrada que me regaló hace unos años la que paga la otra mitad de mi hipoteca. Pero como Poe no ha cambiado nada su lectura sigue produciendo el mismo placer que ha servido a millones de personas en los dos últimos siglos.

Viene a cuento esta introducción porque La casa y el cerebro es una magnífica descendencia de las obras de Poe, con el mismo espíritu de nouvelle breve e intensa, y ese tan propicio y fantasmal ambiente victoriano. No desmerece algunas de los mejores relatos del maestro estadounidense.


viernes, 31 de octubre de 2014

"Viajes por el scriptorium", Paul Auster (2007)

Mr Blank está en blanco. Encerrado en una habitación de la que ni sabe si puede salir, trata de encontrar sentido a su existencia mediante la lectura de unos legajos  escrito por un tal Fanshave y la visión de una serie de fotos de personas de las que tiene vagos recuerdos.

Mr Blank, que es mayor y obviamente pudiera ser Auster recibe la visita de diversos personajes que lo son de algunas de sus propias novelas en una espiral metaliteraria (no se me asusten del término: la literatura que habla de la literatura) que parece un cruce de venganza y experimento.

Interesante. Nada austeriana , una prueba o una reflexión sobre su propia carrera. Raruna.

Si nunca han leído a Paul Auster ni se les ocurra, fuera del mismo Auster y como obra aislada, no tiene sentido.

martes, 14 de octubre de 2014

"El guardián invisible", Dolores Redondo (2013)

Vamos a ver cómo se lo digo: que existiendo basurillas foráneas indignas de ser superventas, tipo Camila Lackberg o Asa Larsson (la A con circulito encima), bien está que de vez en cuando nos echemos a la panza un poquito de noir nacional, siendo como somos además tan variados nuestros territorios como los tipos de paella. 

Amaia Salazar es una inspectora de la Policía Foral de Navarra encargada de investigar una serie de asesinatos de chicas adolescentes cometidos en el Valle del río Baztán. Para ello se traslada a Elizondo, la capital del valle, que es además el pueblo en el que nació y vive su familia.  Hasta aquí, todo más o menos bien: un cuerpo policial original, una chica lista y guapa -que estuvo en Quantico, eh... Lo vamos llevando, y además Dolores Redondo escribe bien: la narración es ágil y bien resuelta. 

Coño, y a partir de ahí se va aderezando el plato en demasía: los fantasmas familiares que la esperan en Elizondo son en sí mismo un cruce entre Cuarto Milenio y Annibal Lecter. Y el muy goloso recurso a la rica mitología vasco-navarra, que enriquecería la historia usado con moderación toma cuerpo con la aparición de un bigfoot a la vasca, matando bastante la credibilidad de la historia. Y alguna cosa más que no les cuento, como el super-marido guapo, artista y que-estoy-siempre-a-tu-lado.

En suma: demasiados ingredientes. Novela que se me ha hecho demasiado larga  y que mejoraría bastante con una poda en profundidad.

Va para película seguro, porque la historia lo pide.

lunes, 13 de octubre de 2014

"La excepción", Audur Ava Olafsdóttir (2013)

Hace más de dos años publicaba el comentario de lo que me sugería "Rosa cándida", magnífico fruto de la casi siempre agradecida tarea de leer literatura islandesa.

Tenía pues fundadas esperanzas de encontrarme aquí con un paso más de una literatura sencilla, intimista, de esa de te deja gustito de vivir al terminar el libro, algo así como un calorcito de licor pero sin licor.

Pero no. O debo andar bajo de Karma o me estoy haciendo tan descreído que ya no me levanta el ánimo ni Audur Ava ni el licor. Porque no he entendido nada. La novela me ha parecido una sucesión de episodios un tanto absurdos y desilvanados en los que no pasa casi nada.

Pero se la resumo para que vean
: María está casada con un tío que se llama Floki. El hombre de su vida: guapo, bueno, buen padre y experto en la teoría del Caos -lo juro- . Pues el día de año nuevo, en plena celebración, va el campeón y le dice que se va de casa. Pero que no se preocupe que la deja, pero por otro tío. Que para más inri también es matemático y también se llama Floki. Entonces María se queda flipando toda la película. Viste a los niños, los lleva de excursión (casi los mata de frío porque la tristeza le impide percibir la temperatura ambiental), va de aquí para allá pero haciendo el fantasma. 
En este proceso la acompañan una vecina muy muy bajita que es o dice ser psicóloga y escritora que se pasa el libro comiendo. Ah, y también un estudiante que la ayuda ocasionalmente y que no se acaba de saber qué pinta.  Y lo de la aparición fugaz de su padre biológico ya ni se lo cuento.

Allá ustedes. Aviso.

sábado, 27 de septiembre de 2014

"La mujer de verde", Arnaldur Indridason (2000)

Hace no demasiado leía por primera vez a Arnaldur Indridason (Las marismas) , autor que en medio de la marabunta  nórdica me parece una marca bastante destacable.

Ya se sabe que sacar muertos en un país tan pequeño es complicado, a no ser los que sea de frio, así en esta ocasión nos trae un crimen del pasado, cuando el avance de la ciudad de Reikiavik deja al descubierto un cadáver que parece remontarse a los tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

El -como no- amargado inspector Erlendur simultanea la estancia en el hospital para hablar a su-hija-drogadicta-en-coma , con la investigación de un posible asesinato sesenta años atrás. Debo hacer un aparte para reflexionar sobre esto de la vida familiar puteada, que es un clásico del genero negro pero que en el caso de los nórdicos alcanza impensables cimas de perfección: a menudo tienen hijos cuyos problemas suman a los de la pareja y amigos.Véase Mankell si no me creen

Sigamos: ante tal panorama, es obvio que aqui pasarían del tema, que hay muertos más frescos y además el crimen habría prescrito, pero se ve que es Islandia no. O sea que asistimos así a una concienzuda investigación policiaco-histórica contada con gran habilidad, con una enorme capacidad de enganchar al lector y con una muy inteligente reflexión sobre la violencia de género, nombre absolutamente absurdo, porque las que padecen son siempre ellas.

A pesar del rollete hijadrogadictaenhospital, que igual esta de mas, me ha gustado mucho. Se la recomiendo.

viernes, 26 de septiembre de 2014

"El expreso de Tokio", Seicho Matsumoto (1958)

Llevo encima últimamente tal vez una sobredosis de novela negra, será que el mundo achucha y hay que refugiarse en algo.  Si además es japonesa,  obviamente tenía que leerla, en este caso después de haber superado la considerable estupidez de haber comprado -por error- la versión en ebook en lugar del papel. Me he ahorrado ocho cochinos euros pero ahora de esa bonita edición de Libros del Asteroide solo quedara esta penosa reseña. Ya se que es lo legal, pero no me digan que pagar por algo que deja tan poco rastro no  jode un poco. 

Bueno, al caso. Novela un poco viejuna, de cuando se publicaban por entregas en los periódicos,   Y que me ha parecido absolutamente llamativa porque podría pasar fácilmente por occidental: sin ánimo de corroborar lo que dice su publicidad, volvemos a Simenon o a la Christie, con poca chicha social y psicológica y mucha deducción , lógica e investigadora. 

Dos cadáveres aparecen en la playa, un funcionario y una camarera abrazados envenenados por cianuro. Aparente suicidio, policía desconfiado y un profundo estudio de... los horarios de los ferrocarriles como centro de la trama. Muy entretenida. 

jueves, 25 de septiembre de 2014

"La rubia de ojos negros", de Benjamin Black (2013)

No deja de ser curioso que en mi particular descubrimiento de John Banville/ Benjamín Black haya aterrizado en esta sorprendente continuación de las historias de Philip Marlowe, cuando hace no demasiado leía El largo adiós. Les juro que pura y curiosa coincidencia.

Si han llegado a este artículo aislado no entenderán nada, pero si miran ahí arriba en el blog podrán conocer la apasionante tontería de leer a la vez dos novelas bien distintas del mismo autor firmando con dos nombres.

Habiendo dejado claro por tanto ya que John Banville me parece un escritor extraordinario, me descubro además por la desfachatez de despacharse con esta doble personalidad que le permite emular a uno de los grandes como Raymond Chandler y echarle huevos para continuar con las historias de Marlowe. Capacidad prodigiosa, añado, de escribir además con tonos y tiempos bien diferentes. 

Por ahí he leído que Banvillle no es plato de gusto para todos, pero a mi me ha ganado. Tanto él como su otro yo. Chandler redivivo. 

domingo, 14 de septiembre de 2014

"Antigua luz", John Banville (2013)

Aunque hacía ya tiempo que tenía la intención de leerlo (como a otros quinientos), tras la concesión del premio Príncipe de Asturias a John Banville, fue este artículo de El País el que me decidió definitivamente, no ya a leerlo; sino a asumir el juego de empezar a la vez un libro de su alter ego Benjamin Black: La rubia de ojos negros (su reseña irá depués, porque los empecé y acabé a la par).

Les recomiendo la experiencia. No sé como puede ser posible convertirse en Jekyll y Hyde y escribir con tan poca distancia dos textos, magníficos ambos pero de estilos totalmente diferentes. Pero ya tocará hablar de La rubia... , hoy es el turno de Antigua luz.

Hay escritores magníficos, más de los que uno puede leer. Y, de cuando en cuando, descubres a alguno que está -sencillamente- a otro nivel. Que convierte la lectura en una pura gozada. Que tiene shamanstvo, el don del encantador que decía Nabokov. Otra cosa.  Banville es de ese club.

"Billy Gray era mi mejor amigo y me enamoré de su madre. Puede que amor sea demasiado fuerte, pero no conozco otra más suave que pueda aplicarse."



miércoles, 2 de julio de 2014

"Meridiano de sangre", Cormac McCarthy (1995)

Antes de haber leído este libro, mi imagen literaria de McCarthy era la apocalíptica pero impresionante La Carretera y los algo lejanos diálogos de No es País para viejos y los recientes de El Confidente. Si en la película de los Cohen, la fuerza de las imágenes y los diálogos andaban a la par, en la de Ridley Scott el guión se come con patatas al director, los protagonistas y las imágenes.

Pero esto no es un blog de cine, así que anticipo esta vaina porque tal vez no tengo el conocimiento suficiente de Cormac McCarthy y estoy sacando conclusiones apresuradas, pero a lo que se ve en su carrera literaria no suele hacer muchas concesiones a la parte más dulce de la vida

Bastantes años antes de la descorazonadora La Carretera, era posible encontrar un escenario igualmente apocalíptico yendo no a un futuro posible sino a un pasado real: la frontera entre Estados Unidos y Mexico en el s. XIX, poblada de colonos, indios, soldados de fortuna y todo tipo de buscadores, vividores y redomados homicidas. Un tiempo y un lugar en el que la vida de un hombre valía más bien poco y la ley era la del más fuerte.

McCarthy retrata con bastante frialdad  las salvajes peripecias del "Grupo de Glanton", una pequeña compañía de soldados de fortuna a los que contrataron las autoridades de Texas y las mexicanas para limpiar la frontera de apaches, pagando "a tanto por cabellera".  Las atrocidades se van sucediendo sin demasiados problemas hasta que los hombres de Glanton se descontrolan y  comienzan a violar y asesinan ya sin distinguir indios y lugareños.

Hay tanta violencia y tan explícita en la novela que se vuelve casi irreal, como si fuera una mera excusa para intercalar entre las descripciones del áspero paisaje fronterizo, para mí uno de las imágenes más fuertes que quedan después de la lectura. La otra, sin duda, es el personaje del Juez Holden, el verdadero protagonista: dos metros de hombre que lo mismo diserta de antropología o fabrica explosivos que descerraja un tiro en la cabeza de un niño.

Ya ven que la novela da mucho de sí, y eso que yo me precio de ser más bien escaso en mis comentarios. Es una novela dura,  no creo que sea para todo el mundo, pero esto voy descubriendo que debe ser  Cormac McCarthy. Hay una rara e inexplicable atracción en las historias de violencia cuando están bien contadas, del Grupo Salvaje de Peckinpah a las películas de Takeshi Kitano. Pero en la media de muertos por obra, Meridiano de sangre se gana holgadamente su título...

lunes, 30 de junio de 2014

"El enigma Flatey", Viktor Arnar Ingólfsson (2003)

Recién publicado en castellano, a pesar de ser una obra ya del 2003, El enigma Flatey cuenta la historia de unos crímenes sucedidos en los años 60 en la isla del mismo nombre, en el noroeste de Islandia.  Una isla que existe realmente para unos crímenes que bien pudieron existir en un país sin crímenes pero lleno de locos por la literatura.

En un islote cercano a la isla, unos pescadores descubren un cuerpo descarnado que, obviamente, pertenece a alguien ajeno a una comunidad en la que todos se conocen y nadie falta. Enviado desde la prefectura , un triste funcionario notarial, Kjartan, se hará cargo del levantamiento del cadáver y de los primeros pasos de una investigación en la que -de un modo u otro- participa y a la vez es sospechosa casi toda la población de Flatey.

Aunque su prosa no es excepcional, y la consabida longitud de los nombres islandeses desconcentra al principio, hay dos motivos por los que me ha resultado muy agradable su lectura: de un lado y como siempre, el omnipresente paisaje islandés y la manera en que transmite el entorno de Flatey . Incluso en esta ocasión  hice algo que no había hecho nunca y que les recomiendo: buscar el lugar en Google Earth. Creo que merece la pena, aunque en la novela el paisaje de los sesenta resulta un tanto más duro que en la realidad actual, con sus bellas casas de colores vivos sobre un mal de azul intenso.

El otro motivo no es para todo el mundo, pero yo -ya lo he contado por ahí- comencé a interesarme por la literatura nórdica con las sagas islandesas, que al fin y a la postre son también unas estupendas historias de aventuras. Y es que la solución  del Enigma de Flatey está precisamente en una recopilación de Sagas: El Libro de Flatey, un códice medieval que existe realmente (en los años 70 fué repatriado a Islandia desde el Museo real de Dinamarca). También aquí les recomiendo que hagan una ciberexcursión al tiempo que leen la novela, verán como les cunde...


sábado, 31 de mayo de 2014

"El ruido de las cosas al caer", Juan Gabriel Vasquez (2011)

Antonio Yamnara, un joven profesor de Derecho,  conoce jugando al billar a Ricardo Laverde; y el progresivo interés por su figura de expresidiario se volverá una autodestructiva obsesión el día que es asesinado.

La novela , construída sobre el antes y el después del asesinato de Laverde, es un impresionante repaso a un momento crucial de la historia de Colombia, que asiste al nacimiento de un negocio creciente -la coca- que habrá de cambiar para siempre las reglas de buena parte del mundo y en especial de algunos países de América latina.

No tenía idea ni de la mera existencia de Juan Gabriel Vásquez (de hecho, leí la novela de purita chiripa,  porque me gustó el título y me daba confianza la editorial -Seix Barral-), y sólo luego me enteré que con ella había ganado el premio Alfaguara de Novela y algunos premios europeos más. Y me alegro de haberlo hecho, porque me parece un libro verdaderamente destacable, de entre lo mejor que he leído últimamente de literatura en español (fuera de los grandes, obviamente): está bien construído, con indudable ritmo y escritura que me ha parecido de gran calidad:

...Desde una distancia antipática vi sus ojos sin pestañas, vi la boca más pequeña que había visto nunca, y lamenté que la hubieran acostado con las manos escondidas, porque nada me pareció tan urgente en ese instante como verle las maños a mi hija. Supe que nunca volvería a querer a nadie como quise a Leticia en ese instante, que nadie nunca sería para mí lo que llí fue esa reción llegada, esa completa desconocida...