domingo, 26 de abril de 2015

"La hierba de las noches", Patrick Modiano (2012)

Miren ustedes, es difícil estar a la altura. A Patrick Modiano no hace tanto que le han dado el Nobel y no voy a ir yo por ahí enmendándole la plana. Pero el libro me supera un tanto. Tal vez no me haya cogido en el momento Zen adecuado, que es cierto que para leer cuando te desvelas en medio de la noche no es. 

Yo soy un hombre sencillo. Casi diría simple. Los tíos como Modiano o como Pierre Michon me cuestan. No niego que escriban bien los jodíos, pero eso no impide que el progreso de sus libros me cueste un huevo. Son mas de una tarde de lectura sosegada delante del fuego o de una larga sesión oyendo jazz en un café de los que casi no hay. Pero no tengo chimenea en el piso , y los veinte minutos de café no dan para casi nada.

Así que la atmósfera enrarecida del siempre apetecible París, la búsqueda del pasado, el amor entrevisto, no me han cundido mucho. Debo ser una mezcla entre esnob y paleto.

A otros se ve que sí. Les dejo un excelente comentario. Si les gusta, léanse el libro, pero si ven que hay muchas palabras raras juntas, déjenlo para otra ocasión:  http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es/2014/10/la-hierba-de-las-noches-patrick-modiano.html


sábado, 25 de abril de 2015

"El lugar sin culpa", José María Merino (2006)

Novela breve y extraña. Todo en ella parece ser simbólico: una bióloga pide el destino de investigadora en una isla semidesierta. Allí, sólo algunos personajes, cada uno con su historia peculiar a cuestas, y de los que nunca sabremos el nombre: el apuesto oficial, el hombre de los tesoros...

Parece ser el Mediterráneo, pero podría ser cualquier lugar. Nada mejor que una isla como sitio en el que huir de la desolación interior, como si eso fuese posible.

La historia es, repito, extraña. Y extraño también es el tempo en el que está contada: a veces da la sensación de que está recordando un sueño. Un relato intencionadamente a medias, que nos permite conocer el origen, pero que no tiene en lo que cuenta principio ni fin.

En todo caso, la escritura de José María Merino es magnífica: un cuento que hipnotiza por la forma de escribir, tanto que a veces da igual que parezca no ir a ninguna parte. Pero el camino es tan hermoso....

sábado, 4 de abril de 2015

"La mesa de los galanes", Roberto Fontanarossa (1995)


En La mesa de los galanes (uno de los cuentos que da título al libro), hay de todo como en botica: unos (los menos) un tanto flojos y otros (los más) tremendamente divertidos. En algunos la lectura se hace para un español un tanto obtusa, por el uso y hasta el abuso de lo que no sé si es lunfardo o ganas de joder. Pero no sigo mucho por esta vía, que hoy la globalización hará que esto lo lean en cualquier sitio, lo entiendan mal y me quieran cagar a trompadas, o me acusen como la última vez de poco menos que ser el culpable de la compra de YPF por Repsol. Además he mejorado mucho en mi don de lenguas, la jerga bonaerense ya no tiene secretos para mí, aunque a veces me lo pongan difícil:

- ¿Y, che?, apuró después, pegándole una palmada a Ricardo en el brazo-. ¿Cómo fue lo del Negro con los trolos?- No -insistió Ricardo- Porque antes caía tupido por acá.- Déjalo, boludo. No le hagas fiestas que por ahí se viene. Contame lo de los trolos..-Venía siempre.-Ya sé, gil. Si yo también venía. ¿O no venía yo?.../...

Roberto el Negro Fontanarossa era sobre todo un extraordinario dibujante, y algunos de los cuentos son tan gráficos que resulta fácil imaginarse la viñeta resultante. Eso es seguramente lo que buscaba y desde luego lo que consigue. Lo tenía claro: 
De mi se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice. "Me cagué de risa con tu libro"


"Noticias de la noche", Petros Márkaris (1995)

Harto de las nada creíbles interpretaciones de la situación de Grecia que nos suele dar la prensa, de la mezcla entre dignidad y estupidez de Tsipras y de la chulería de la Europa rica (incluido algún tonto irredento de la patria que se olvida que somos de los PIGS); he decidido pasar de todos y basar mi homenaje al pueblo griego el calzarme este año buena parte de los libros de Márkaris. No sé si llegaré al último o a los últimos, fechados en plena crisis. Pero me conformaré con llegar a la Grecia de los Juegos Olímpicos. Pelotazo por aquí, pelotazo por allá. Seguro que les suena.

Lo que se agradece en primer lugar es que, como pasa con Camilleri y como pasaba con Vázquez Montalbán, el noir mediterráneo tiene un aire de barrio bajo y hasta un poco de fritanga, como la cena a veces incomible que le deja la parienta a Kostas Jaritos. No son los tíos más altos ni más guapos ni los más elegantes y (casi) nunca se ligan a la rubia. Ni siquiera son seguramente los más honrados ni los más listos, pero en el país de los ciegos...

De todos ellos, sin duda el menos glamuroso es Kostas Jaritos, pero tiene un no-se-qué entre honrado y funcionarial que hace que le cojas afición. "Noticias de la noche" es la primera de la saga de Jaritos, pero en ella ya figuran las que serán constantes: los  tomates de Adrianí, la devoción por su hija, las putadas de los jefes....

Ah, ¿el argumento?: Dos albaneses son asesinados, y a nadie parece importarle. La policía griega cumple con el expediente y empapela al primero que hace un amago de confesión. Pero nada es tan sencillo...


jueves, 2 de abril de 2015

"Brooklyn", Colm Tóibín (2009)

He visto tantas veces reflejada la Irlanda emigrante en películas y series que forzosamente este Brooklyn tiene demasiado aroma a ya visto: poco novedosa en su arranque,  la historia de la joven Eilis, emigrada desde Enniscorthy a Nueva York huyendo de una Irlanda pobre en la que no tiene cabida.

Da un poco de rabia decepcionarse un tanto después de las muy buenas críticas que había leído de Colm Tóibín. Aunque el relato es formalmente impecable, y a pesar de su poderoso final; el tránsito hasta la vuelta de Eilis a su país se me ha hecho lento, minucioso y sin tensión. Sólo con la protagonista nuevamente en Irlanda todo parece cobrar sentido, aunque yo ya me había dormido bastante y no conseguí despertar a tiempo.

Toibín promete, pero se queda a medias.

domingo, 15 de marzo de 2015

"El balcón en invierno", Luis Landero (2014)

De Luis Landero sólo había leído su magnífico  Juegos de la edad tardía. Una suerte haberme topado aquí con el don de la palabra que tiene dedicado a contar sus recuerdos de infancia, a ajustar un poco las cuentas con su familia, a la que justamente  devuelve el protagonismo merecido.  Eso que seguramente muchos hubiésemos querido hacer y nunca hemos sabido cómo.

La inmensa belleza de la sencillez, del recuerdo y del cariño. Habla mucho de historias que gente humilde que, vista su vida como nos la cuentan , y comparando con la caterva de chorizos que hace años nos asolan, cobran tamaño de gigantes. Así los coloca un poco en el lugar que les corresponde a esa generación , a los que levantaron este país y nos dieron lo que somos.

...Yo no sé de dónde ha sacado esta gente, esta generación infortunada, su temple y su entereza. Una generación, casi dos, que sufrieron la guerra y la posguerra, que vieron truncados sus proyectos de vida en plena juventud, que trabajaron como mulas y lo sacrificaron todo para que sus hijos corrieran mejor suerte que ellos y cuya obra, no sé si humilde o grande, es esa, el bienestar de los suyos: esa fue la causa por la que lucharon y esa su recompensa. Fueron vidas oscuras, anónimas, de las que ya casi nadie quiere acordarse, aunque fuese al menos para agradecerles los servicios prestados...


miércoles, 11 de marzo de 2015

"La princesa de Burundi", Kjell Eriksson (2002)

John Jonsson aparece asesinado en la blanca nieve de Uppsala. Experto en peces tropicales, y aunque de pasado algo turbulento sin enemigos declarados, parece un crimen sin móvil aparente.

La novela ( mejor novela criminal por la ¿Academia Sueca? ¿Academia sueca de qué? ) empieza bien, describiendo el entorno de los que, de un modo u otro tienen que ver con  la víctima, de manera bastante atinada cuando no brillante. De policial tiene poco, pero como novela comienza definiendo bien: me estaba gustando.

Luego se lía un tanto, empeñado en seguir sumando al menú más personajes: el pirado de turno, la policía lista con desastrosa vida personal, el niño, los padres,  el compañero capullo... . Ya se pasa de obra coral, y definitiva y lastimosamente perdemos el hilo de la investigación  policial, que nunca ha estado muy nítido.

De más a menos. Y este hombre escribe bien, pero en mi modesta impresión, aquí se ha hecho un lío. Con lo que mola el Montalbano que me estoy leyendo: pin, pam, pum. Sota, Caballo y Rey. Así sí.

domingo, 15 de febrero de 2015

"En el camino", Jack Kerouac (1951)

Mis queridos amigos: nos encontramos en presencia de un libro que -como poco-, todo Dios califica de "mitico", por aquello de ser el padre espiritual de la generación beat (aprovecho aquí para reconocer mi soberana incultura sobre las diversas tribus urbanas que pululan las urbes: todo lo más sé que si te dejas barba larga y negra (sin llegar al punto Sij), eres un Hipster. Supongo que si la barba está cana eres un cruce entre Hemingway y el abuelo de Heidi).

Adelanto lo del libro mítico porque si se me ocurriese, osara u osase ponerlo a caldo o decir que no es para tanto, sería probablemente asaeteado por hordas y hordas de comentaristas cultos de blogs. No quiero con ello decir que vaya a hacerlo, prevengo.

Y ahora les cuento porque es mítico, para que juzguen ustedes:

Primero, porque , literalmente, está escrito en un rollo. Sí, en un rollo de télex de casi 40 metros de largo mecanografiado sin márgenes (esto forma parte de la fase de documentación que conviene hacer antes de leer). En todo caso, no se preocupen por mí, esto se refiere al original, yo lo he leído en el Kindle.

Segundo, porque relata, cambiando los nombres de los personajes, tres viajes reales que Jack Kerouac (Sal Paradise) realiza con quien es el otro elemento central de la novela: Dean Moriarty, cruzando Estados Unidos a lo largo y a lo ancho, incluso llegando a México D.F. Parte de la fama de la mítica Ruta 66 se gestó en esta novela (es decir, es radicalmente falso que Disney Pixar y Rayo McQueen tuviesen algo que ver).

Tercero porque, sí, está muy bien escrita. Con un ritmo enloquecido que refleja magistralmente el viaje. Los relatos de las rutas en coche y sobre todo los episodios dedicados  al Jazz y al Be Bop son increíbles.

El baterista, Denzil Best, estaba sentado inmóvil exceptuadas sus muñecas, que movían las escobillas. Y Sharing empezó a balancearse en el taburete del piano, hacia adelante y hacia atrás, al principio con lentitud, luego de acuerdo con el ritmo, cada vez más deprisa, mientras su pie izquierdo golpeaba el suelo marcando el compás, su cuello se balanceaba retorciéndose , bajaba el rostro hasta las teclas, se echaba el pelo hacia atrás; se despeinó y empezó a sudar. La música se hacía más potente. El bajista se encorvó y tocaba cada vez más fuerte, y cada vez más deprisa; eso era todo. Sharing empezó a tocar su solo.; los acordes salían del piano como grandes chubascos, y se pensaba que el tipo no tendría tiempo de ordenardos. Se agitaban como el mar...

El "pero" es que se me ha hecho un poco largo: cuando lo que mola es viajar, las etapas de descanso son bastante repetitivas y aburridas. Tanta fiesta y tanto pedo desnortado aportan poco al global resultado final, venga de pasar de una mujer a la otra  y trasegar cerveza...

Por otra parte, ¡qué resistencia ante el alcohol!


jueves, 12 de febrero de 2015

"Plataforma", Michel Houellebecq (2001)

Hace ya unos cuantos años comentaba en este blog Las Partículas elementales. Releyéndome a mi mismo, observo que lo que en su momento dije allí es perfectamente aplicable aquí. Se ve que, por lo menos Monsieur Huellebecq tiene estilo propio.

Lo que indudablemente es cierto es que ha "nacido para incordiar".  Del viaje a Tailandia de un bastante anodino funcionario del Ministerio del cultura, con el manifiesto propósito de hacer turismo sexual,  construye una historia en la que entra como un bulldozer en grandes temas de la sociedad occidental. También y sobre todo en el desasosiego y la sensación de vacío que transmite el protagonista, pero de paso en la inmigración, la inseguridad ciudadana , el Islam y, sobre todo, la prostitución.

La prostitución es el tema central de la novela, y a la postre el eje sobre el que evolucionarán todos los protagonistas. Está tratada con naturalidad, como ir a un servicio de peluquería o pedir un taxi. Es esa total objetividad desprovista de toda crítica la que ha puesto de los nervios a muchos sectores en la sociedad francesa. Pero no se debería culpar a nadie por lo que digan sus personajes, al fin y al cabo la literatura ha sido siempre el lugar en el que todo es posible, incluso lo imposible.

A veces -esto pasaba ya en Las partículas- nuestro hombre se pasa de frenada, porque hay disertaciones técnicas que están probablmente de más (o no). Y quizá se excede cuando a partir de la mitad conviene en convertir al libro en una novela erótica -rianse ustedes de Grey sus sombras-, y aparecen escenitas poco creíbles que parecen una continuación de Emmanelle XII.

Con todo es un libro interesante. No sé si Houellebecq es un amoral, un fanático, o un tío que simplemente expresa cosas que muchos piensan y nadie dice. Y además no me importa.  Pero escribe muy bien, implica al lector y habla sobre cosas que le gente entiende. 

Por favor, si el mundo no les gusta, no disparen al pianista.

martes, 10 de febrero de 2015

"Los amigos del crimen perfecto", Andrés Trapiello (2003)

Había oído hablar mucho y bastante bien de Andrés Trapiello, así que decidí comenzar por algo suave, una novela de intriga que en su día ganó el Premio Nadal.

Un grupo de amigos que se reúnen en un bar del Madrid de los 80 para hablar de novela negra acaban implicados en la comisión de un crimen real, un policía fascista, a la sazón suegro del protagonista. Un hombre tan cabrón desde los tiempos de la Guerra Civil
que la verdad nadie (ni yo) tiene gana de encontrar al asesino.

Libro bastante intrascendente , que me ha decepcionado bastante. Muy previsible, en buena parte va tomando el cariz de una novelita rosa (que si yo quiero a mi mujer, pero no le presté atención, si me da otra oportunidad voy a cambiar y novoyaperseguir a todas las tías que pueda....). Se lee con facilidad. Viene a ser como el pan de molde: comer se come, pero para pan de verdad el de Lugo.

martes, 27 de enero de 2015

"De que hablo cuando hablo de correr", Haruki Murakami (2007)

No soy muy aficionado a leer biografías, pero otra cosa muy distinta son aquellos libros en los que los propios escritores renuncian a su mundo de ficción y aterrizan en el planeta para hablarnos de ellos mismos.

En esos casos, las cosas normales que todos hacemos, relatadas por la pluma del maestro, toman otro cariz y pasan a magnífico contenido literario. Así, aunque he leído casi toda la obra de Saramago, parte de lo que más recuerdo son algunos de sus inocentes recuerdos recogidos en Cadernos de Lanzarote.

Seguramente sin valor para alguien que no haya leído a Murakami o al que no le guste su muy particular mundo literario, para un fiel como menda  es un ejercicio estimulante poder conocer al escritor y al hombre desde una de las cosas que, además de escribir y el jazz, más le gustan: correr.

Hace años, yo corría casi a diario, y aunque nunca fuí especialmente bueno, todavía puedo reconocer en lo que cuenta esa sensación de luchar contra uno mismo y los elementos, el "zen del corredor". Y como  justo andaba yo en estas fechas volviendo al tema pues me ha venido al pelo como motivación extra. Y eso que estoy totalmente demodé, ahora que todo el mundo corre puestísimo con ropa transpirante, reflectante y supongo que hasta efervescente. Hemos pasado del canguro cutre que  te hacía sudar nada más ponértelo a tal nivel en la peña que resulta tan caro salir a hacer running como jugar al golf o esquiar en Baqueira. O más. El otro día mientras esperaba el bus había tanta gente corriendo con ropa de marca reflectante que no sabía si era una manifestación de trabajadores de la limpieza pública o toda la plantilla de la policía local en tromba.

En fin. Y también me he comprado unas zapatillas. Mizuno. Siempre hay que hacer caso a los que saben.

martes, 20 de enero de 2015

"Mil cretinos", Quim Monzó (2007)

Si uno mira por la ventana y supiese contar la realidad del día a día, le saldría un libro de Quim Monzó.

Es difícil no estar de acuerdo con esa mirada ácida, desprovista de toda benevolencia social, y que retrata en pocos esbozos las miserias de la especie humana y los muchos sinsentidos de nuestro comportamiento. Monzó describe el mundo -diría-  tal y como es, sin contemplaciones. Y además lo hace de un modo absoluto y de validez casi urbi et orbe. Que daría igual que sus protagonistas vivan mirando por la ventana a las Ramblas que en un piso al lado de Central Park.

Relatos sabiamente cortos: lo bueno si breve... pero aprovechados al máximo. Me recuerda en su acidez al israelí Etgar Keret, otro que también entra en la sociedad como cuchillo en la mantequilla.

Con todo, mil cretinos me parecen pocos para lo que leo en las noticias.

viernes, 9 de enero de 2015

"El juego de Ender", Orson Scott Card (1985)

Con el nuevo año me he propuesto marginar definitivamente una costumbre que me acompaña desde la adolescencia, y que es la estúpida manía de tener que acabar los libros a pesar de que ya no esté disfrutando con ellos.  Siempre puedo inventarme el final, o acudir (como es este caso), a la versión cinematográfica. Pero ya no más, que el tiempo es finito y tratar de pelearme con el texto cuando ya me importa un pito es una estupidez de tamaño mega

Vamos, que es una cuestión de lo que economía se conoce como "coste de oportunidad". Pocos recursos, muchas opciones. El recurso soy yo y mis horas de lector, claro.

Por tanto un poco más allá de la mitad y pico, he plantado a Ender, al que cogí un poco de cariño cuando con seis años se lo llevaron allende la Tierra a formarse como futuro líder-salvador a una estación espacial. Porque esto es -por si no lo saben- una distopía de una civilización casi tan poco apetecible como la de Los juegos del hambre, pero allí la tensión del relato se mantenía en toda la novela y , claro, pues te la acababas sin problema.

Estoy hasta ahí mismo de los juegos de combate en gravedad cero. Que me importan un bledo las estratagemas para impulsarse, que si con los pies, los pectorales o directamente con el culo.
Que dimito, me dedico a otra cosa y ya veré la película en algún rato o aeropuerto perdido.

sábado, 3 de enero de 2015

El cuaderno del 2014

Gracias al Kindle, por mucho que le pese a la otra, he conseguido recuperar este año tasas de lectura aceptables, así que aprovecho para recuperar las reseñas de lo mejor que he leído este año, por si fuesen de utilidad a alguien de los que pululan por ahí.

  1. El baile. Irène Némirovsky. La siempre turbadora atracción por los infantes perversos. Breve y brillante
  2. El sótano, Thomas Bernard. Profunda e impactante.
  3. De repente, llaman a la puerta, Etgar Keret. Una mirada brutal a veces a la realidad en general y a Israel el particular.
  4. Las marismas, Arnaldur Indridasson. Asesinatos en el país con menor tasa de homicidios del mundo. Con Nesbo y Mankel, lo mejor que viene del frío.
  5. O Alienista, Machado de Asís. Tan real como la vida misma. Un cuento por el que no pasan los años.
  6. El desierto de los tártaros, Dino Buzzati. Battiato me enseñó el camino con su Fortezza Bastiani, pero tardé años en encontrar el significado.
  7. Ensaio sobre a cegueira, José Saramago. Lo mejor del maestro, que es mucho decir. Una de las mejores noveles que habré leído nunca, ¡y en portugués1
  8. Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, Michael Chabon. Merecido Pulitzer, y un camino largo con premio al final.
  9. El largo adiós, Raymond Chandler. No caduca. ¡Qué bueno era el jodido!
  10. Meridiano de sangre, Cormac McCarty. Dura como el desierto, tanto que a veces duele.
  11. Antigua luz, de John Banville. Junto a Saramago, lo mejor del año. Sensaciones que no recordaba desde Robertson Davies.
  12. Nos vemos allá arriba, Pierre Lemaître. Una historia efectista y contada impecablemente. Premio Goncourt, eso es nada.
  13. El muñeco de nieve, Jo Nesbo. Lo mejor del noir actual. Hole ha vuelto y está casi a la altura de "Petirrojo"



miércoles, 31 de diciembre de 2014

"El don", Mai Jia (2002)

Yo me creia que de esto de los beseler ya estaba curado, pero ¡hombre!, uno ve en una librería un libro que viene avalado por ventas masivas ¡chino! y lo compra. Y va nutrido de páginas además, ¡qué bien!.

Luego, pasados los primeros ardores literarios, comienza a pensar que cinco millones de chinos no son tantos pa-todos-los-chinos-que hay, así que quizá como aval 5 M chinos
no sea suficiente. Esto comienza uno a considerarlo ya cuando lee la primera parte, que es así como la introducción genealógica a los ancestros, legítimos y putativos, del susodicho; que en adelante conoceremos como Rong Jinzhen, a la sazón genio de las matemáticas donde las haya que, después de ser acogido por un profesor universitario, acaba descifrando códigos secretos para el régimen de Mao.

En eso de los códigos se ocupa la parte central del libro: pero no planteando retos o descubriendo el proceso deductivo. Noooooo. No vaya a ser que se emocionen: elucubramos sobre el aspecto filosófico y lo paranormal de estos espías, que acaban todos tarados por el esfuerzo.

Y tras enormes y estériles circunloquios sobre el código PÚRPURA (sic) acabamos concluyendo sobre el casi imposible proceso de descifrar el código NEGRO (sic otra vez).

Ya sé que no entienden nada, pero peor me he quedado yo que lo he leído. Y eso que acaba con una no despreciable (en extensión) parte que parece un tractatus filosofía oriental en diez días.


lunes, 22 de diciembre de 2014

"El muñeco de nieve", Jo Nesbo (2007)

El talento está mal repartido, pero aún así el otro día me puse a buscar una canción del grupo de Jo Nesbo, Di Derre, a ver si por lo menos era malo cantando. Pues va a ser que no: digan que no pude analizar muy a fondo la letra, que el noruego lo llevo algo más flojo que el inglés, pero entonar entonaba bien el jodido.

Porque lo de escribir novela negra ya saben que lo borda. Que habiendo gente buena en este oficio, pocos hay con capacidad de mantener la tensión tanto tiempo, que las historias de Harry ya van pidiendo a gritos que las pasen al cine, o cuando menos a la tele, ahora que por allá arriba también hemos descubierto que hacen series de calidad (vean por favor Bron/Broen ).

Harry Hole sigue en pleno camino  autodestructivo, más excesivo y suicida que nunca, siguiendo la senda de todos los compañeros muertos que se han ido quedando en otras novelas de la saga. Y en esta ocasión -un clásico del género- tras un asesino en serie: The Snowman, que mata mujeres, infieles e infelices con las primeras nieves de la temporada, dejando siempre en el jardín...un muñeco de nieve.

Cuando lei Petirrojo creí que no se podría superar, y como ya han pasado unos años, no sé si ésta será  mejor; pero desde luego probablemente esté a su altura.

domingo, 23 de noviembre de 2014

"Nos vemos allá arriba", Pierre Lemaitre (2013)

Este 2014 se han cumplido ya cien años de la Primera Guerra Mundial y abundan los ciclos, libros y conmemoraciones varias.

Casualidad o no,  la historia que nos ocupa sucede durante la primera Gran Guerra, unos días antes del armisticio. Los soldados Albert Maillard y Édouard Péricourt vegetan en las trincheras comenzando a creerse que saldrán de aquello con vida. Pero no cuentan con Henri D'Aulnay-Pradelle, un teniente de familia noble venida a menos. Un auténtico hijoputa, que decide  aprovechar el poco tiempo de guerra que queda para alcanzar la gloria decidiendo por su cuenta tomar una absurda cota en poder de los alemanes, aún a costa de asesinar a sus propios soldados.

A partir de ahí, vuelve la brutalidad de la guerra, brevemente pero lo bastante para que Maillard quede herido y Péricourt con gravísimas secuelas en su rostro.  Entre ambos -uno de familia humilde, apocado y de pocas miras y otro de familia burguesa, artista al que nunca le ha faltado de nada- se establece una unión inquebrantable, forjada en su mísera situación de excombatientes y en el odio hacia Pradelle.

Pradelle, un redomado cabrón al que resulta fácil situar como el centro de toda la trama y al que comenzaremos a odiar con la misma intensidad que Albert y Édouard. Produce un rechazo tan visceral que  a todos los que la hayan visto llevará al general canalla que magistralmente retrató Kubrik en Senderos de Gloria (he visto que este dejà vu le ha pasado a todo el mundo leyendo después algunas críticas al libro en los medios).

Rechazados por la sociedad de postguerra y basándose en el talento de Édouard Péricourt, los protagonistas llevarán a cabo una gigantesca estafa millonaria... Es ahí donde el libro, Lemaitre dixit, debe mucho a la tradición de la novela picaresca, en especial al Lazarillo de Tormes.

Una buena novela, que se hace pronto adictiva y que -aun con claroscuros- tiene un nivel medio muy alto. De hecho (y esto no lo sabía cuando la leí), significó para Pierre Lemaitre el premio Goncourt, el mayor galardón de las letras francesas.

viernes, 14 de noviembre de 2014

"Crónicas marcianas", Ray Bradbury (1950)

Vuelves a recordar lo mal que está el mundo cuando descubres que en Google -la fuente de toda sabiduría-, está primero el programa de Javier Sardá  -que acabó por ser un infecto contenedor de la más selecta basura nacional- que el libro de Ray Bradbury. Y no sólo eso, sino que puedes acceder directamente a las sugerencias de información  de programas similares, de cuyos nombres no puedo ni quiero acordarme.  

Mi amigo Luis  decía que este mundo tenía que acabarse y empezar otra vez. 

Reset.

Crónicas marcianas , además del programa antedicho que casi cualquier españolito recordará , es un conjunto de relatos del escritor americano Ray Bradbury que recoge en un único volumen historias que fueron originalmente publicadas en momentos diferentes, pero que están unidas por un hilo temporal y argumental: la presunta colonización humana del planeta Marte.

Los relatos, muy dispares en su extensión y también en su calidad  ponen la colonización del planeta como excusa para tratar temas intemporales: el racismo, la pequeñez del hombre frente al universo, la violencia y el poder, entre otros. Los relatos mejoran a medida que el libro avanza -hay algunos magníficos hacia el final- y en ellos fácilmente Marte podría haber sido sustituido por África y hubiese tenido el mismo sentido. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

"Memorias de una vaca", Bernardo Atxaga (1992)

¿Qué coño nos pasa en el norte con las vacas? Algo debe haber que permita que la perspectiva de las vacas sea especialmente para nosotros un privilegiado mirador de la vida: de las Vacas de  Julio Medem al Millón de vacas de Manolo Rivas. 

No debería de extrañarnos por tanto que en esta ocasión Atxaga nos cuente pues las memorias de una vaca. Pero no de una vaca cualquiera, sino de Mo, una vaca negra que reniega de lo tontas que son las vacas y por eso decide escribir sus memorias desde su vida en el caserío Balantzategui-en el que se abastecía a los maquis- hasta que acaba pastando en el convento de la hermana Pauline Bernadette. Una vaca que nos cuenta un pedacito de historia de la postguerra civil en el País Vasco.

No sé cómo calificarla, y les juro que me gustaría haber podido leerla en el euskera para ver si el truco está en la belleza del texto original, porque en castellano me desconcierta. ¿Una obra juvenil?
 Un relato intencionadamente ingenuo a veces , otros humorístico y a veces trágico. Seguramente igual que la vida de la postguerra, pero es que sigo buscando Obaba en cada rincón y a pesar del indudable talento de este hombre, ya no he vuelto a encontrar la magia...

jueves, 6 de noviembre de 2014

"La casa y el cerebro" , Edward Bulwer-Lytton (1859)

Se autodefine y subtitula como "un relato de fantasmas". Desde Poe y Lovercraft las historias de terror y misterio del XIX constituyen un género en sí mismas. Un género con estilo propio e incontable legión de seguidores entre los que me cuento.

Media un buen trecho de mi vida entre la primera edición de los relatos de Poe que tuve ,  barata y tan mal editada que se desencuadernaba a medida que la ibas leyendo; y la maravillosa edición ilustrada que me regaló hace unos años la que paga la otra mitad de mi hipoteca. Pero como Poe no ha cambiado nada su lectura sigue produciendo el mismo placer que ha servido a millones de personas en los dos últimos siglos.

Viene a cuento esta introducción porque La casa y el cerebro es una magnífica descendencia de las obras de Poe, con el mismo espíritu de nouvelle breve e intensa, y ese tan propicio y fantasmal ambiente victoriano. No desmerece algunas de los mejores relatos del maestro estadounidense.