martes 26 de enero de 2010

"Kitchen", Banana Yoshimoto (1988)


Kitchen es la historia de Mikage Sakurai, una joven que queda absolutamente sola en el mundo al morir su abuela, y se refugia en la tranquilidad de la cocina hasta que su vecino Yuichi llama a su puerta. Mikage se mudará a la casa de los Tanabe y entablará una extraña relación con Yuichi y su madre Eriko, un personaje absolutamente alucinado, un travestido que antes fué el padre de Yuichi (sic) , pero  algunas de cuyas reflexiones son de lo mejor del libro.

Un relato que fue el primer libro de Banana Yoshimoto, y que como ella reconoce  parece un poco verde y problemente falto de un remate definitivo que la haga más redondo. En cualquier caso, promete y recuerda las inquietantes sensaciones  de algunos relatos de Murakami (Haruki, pero también Ryu) o de El embarazo de mi hermana, de Yoko Ogawa. Una visión que luego sí remataría acertadamente, porque aunque sólo he leído los relatos de Sueño Profundo, escritos seis años más tarde, en ellos se consigue transmitir intensamente las mismas turbadoras sensaciones de pérdida y soledad, una constante a lo que se ve en las obsesiones de la autora.

El libro tiene termian con otro cuento: Moonlight Shadow (sí: como la canción de Mike Oldfield:) que me ha gustado mucho, a pesar que es una historia mucho más sencilla, y escrita cuando era una estudiante de veintiún años que a lo que se ve prometía ....

martes 12 de enero de 2010

"El hombre que plantaba árboles", Jean Giono (1953)

Para los que creen que todavía no es tarde, que siempre hay esperanza. Para los que creen que la fe en la honestidad personal todavía puede hacer que las cosas cambien. Seguramente para ellos escribió Jean Giono esta breve y bella historia. Para ellos también seguramente la recordó Saramago en su blog en agosto pasado (Em verdade, estamos esperando o aparecimento de uns quantos Elzéard Bouffier reais. Antes que seja demasiado tarde para o mundo).

Porque el hombre que plantaba árboles en esta historia, ese Elzéard Bouffier, el pastor que dedicó su vida a recorrer paisajes desolados dejando semillas y plantones,  sin esperar a cambio más que recuperar la serena belleza del bosque, es lamentablemente un personaje inventado, fruto de la imaginación de Giono.


Todos los que amamos los árboles sabemos que en ellos reside la esencia de la tierra. Forman parte de la vida y de la literatura de todos los tiempos, desde el fresno Yggdrasil de la mitología nórdica hasta los ents de Tolkien. Por eso el abuelo de Saramago (y mi mujer) se abrazan a ellos con los pies desnudos para tomar energía. Por eso Waangari Maathai recibió el Nobel por luchar por el futuro de África plantando treinta millones de árboles. Por eso no deben dejar de leer este libro si aman el bosque.

En fin, que aunque no deberían renunciar a comprarse o pedir este libro para quedárselo, siguiendo los deseos del propio Giono,  pueden leer el texto aquí.

lunes 4 de enero de 2010

"Desde ahora te acompañaré a casa", Kjell Askildsen (1953-1994)


Desde ahora te acompañaré a casa recoge una selección de relatos que abarcan desde el del mismo título, con el que comenzó a publicar en 1953, hasta relatos de otras épocas, lo que nos permite trazar algún recorrido por la personal manera de escribir de este autor.

Gracias sean dadas a la moda de lo nórdico, que ha permitido que llegue a conocer (con la mediación de algunos destellos que a veces -pocas- conserva el suplemento Babelia de El País) a un escritor que, de todos los calificativos que he podido leer de él, se define fácil y rapidamente con uno: su escritura es cortante como un cuchillo. O diría mejor, incisiva como un punzón:, poca apariencia exterior, pero con muchas secuelas internas: historias breves, descripciones concisas, hechos aparentemente triviales que denotan los más ocultos y tremendos conflictos del alma.

Casi ninguno de los breves cuentos tiene desperdicio, pero yo me quedo con Desde ahora te acompañaré a casa, o de como se puede contar con desgarradora sencillez el inicio sexual (un relato que fue prohibido en sus orígienes) hasta, y sobre todo, los últimos cuentos del libro, episodios apenas esbozados de pequeños conflictos conyugales que retratan con una maestría insuperable miedos, dudas y hasta el hastío momentáneo de una vida en pareja.

domingo 3 de enero de 2010

El cuaderno del 2009

Como ya he convertido en costumbre, y a modo de autorecuerdo de los -lamentablemente pocos- libros que este año me ha dejado leer la pequeña Martina, resumo para quien a esto llegue lo mejor que ha pasado por mis manos :

  1. La Suma de Maqroll el Gaviero, de Álvaro Mutis, porque he terminado de leer la mejor saga literaria que jamás ha llegado a mis manos. Beleza pura, como la canción de Caetano Veloso. Imposible decidir cuál es la mejor de las siete novelas.
  2. La Trilogía de Deptford, de Robertson Davies. Ya se ve que este año las novelas vienen en grupos. Seguramente el descubrimiento literario del año. Como ya he dicho por ahí, me quedo con El quinto en discordia, aunque ni Mantícora ni El mundo de los prodigios tienen desperdicio.
  3. La Carretera, Cormac Mccarthy. Sencillamente impresionante. La leí hace justo un año y las imágenes que provoca las sigo teniendo en la cabeza.
  4. Diarios 1984-89, Sándor Márai. La increíble belleza del amor como resumen de toda una vida.
  5. A viagem do elefante. Porque Saramago no debe faltar. Cuando Sancho Panza va en elefante.
  6. Lo que sé de los vampiros, Francisco Casavella.Un descubrimiento tardío de un prosa de belleza poco frecuente.
  7. La maravillosa vida breve de Oscar Wao, Junot Díaz. No me lo podía creer, me estaba gustando: una mezcla alucinante llena de vida.
  8. El cielo es azul, la tierra blanca, Hiromi Kawakami. La soledad y el amor entre sake y comida. Simple y hermosa.

miércoles 30 de diciembre de 2009

"Tríptico de mar y tierra", Álvaro Mutis (1993)


Ahora que he terminado los siete libros que componen las Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, se me ocurre que debería de conservarlos todos en mi biblioteca en un lugar preferente, como libro de consulta: además del enorme placer que provoca la lectura de una prosa infinitamente bella, constituyen un resumen, tal vez extenuado y excesivo, de las cosas que de verdad importan en la vida: la inmensa libertad del errabundo que no tiene nada , el mar liberador, la tierra hostil, la mujer protectora y amante y por encima de todo, y al calor de los alcoholes más variados, el valor imprescindible de la amistad y de la lealtad.

Distinto a todos los precedentes, despidámonos de nuestro amigo también con la propia presentación de Álvaro Mutis:

Se reunen aquí tres experiencias en la vida de Maqroll el Gaviero que le revelaron, cada una a su manera y en su momento, regiones del alma para él hasta entonces desconocidas y cuyo descubrimiento lo marcó para el resto de sus días. Poco solía hablar de ellas y, cuando lo hacía, buscaba prudentes vericuetos que le evitasen volver de lleno al arduo tránsito que le significaron al momento de vivirlas. Aludía a ellas con frases sibilinas, la más frecuente de las cuales era "He cruzado al borde de abismos junto a los que la muerte es un paso de títeres". No era nuestro amigo muy dado a tornar sobre el asunto y mucho nos ha costado hallar la ocasión para saber, por boca suya o de gentes de sus afectos, en que consistieron tales esquinas que le obligó a doblar el destino.

domingo 27 de diciembre de 2009

"Abdul Bashur, soñador de navíos", Álvaro Mutis (1991)


Llegada tenía que ser la hora de intercalar entre las peripecias de Maqroll algunas piezas del rompecabezas que constituye su relación con Abdul Bashur. Unidos por su amor al mar, su sentido de la fatalidad, su desprecio al peligro y su inquebrantable sentido de la amistad, que no mina ni el amar a la misma mujer.

Bajo el nombre de Abdul, Mutis nos cuenta algunos episodios de su vida, aparentemente inconexos, pero que retratan su carácter y su búsqueda permanente de su barco,soñado, un tramp streamer que siempre se la ha escurrido entre las manos.

Pero como, ya he escrito ya mucho sobre ellos , no me resisto, casi a punto de terminar la saga, a que sea el propio Mutis quien les hable de Maqroll y de Bashur, en su hipnótico y bellísimo castellano:

La complicidad con Maqroll, sobre la cual ya tenía de antes más de una noticia, se explicaba fácilmente al conocer al Bashur. Estaba cimentada en un doble juego de rasgos de conducta opuestos y otros complementarios o afines que terminaba creando una armonía inquebrantable. Maqroll partía de la convicción de que todo estba perdido de antemano y sin remedio. Nacemos ya, decía, con vocación de vencidos. Bashur creía que todo estaba por hacer y que quienes en verdad acababan como perdedores eran los demás, los necios irredentos que minan el mundo con sus argucias de primera mano y sus camufladas debilidades ancestrales. Maqroll esperaba de las mujeres una amistad sin compromiso ni tráfico de culpas y siempre acababa abandonándolas. Bashur se enamoraba con infalible regularidad, como si fuera la primera vez, y aceptaba, sin examen ni juicio, como un don inestimable caído del cielo, todo lo que de ellas viniese. Maqroll en raras ocasiones enfrentaba a sus adversarios; prefería que la vida y las vueltas de la fortuna se encargaran de la lección y el castigo correspondientes. Abdul respondía de inmediato y brutalmente, sin calcular riesgos. Maqroll olvidaba las ofensas y, por lo tanto, la venganza. Bashur la cultivaba durante el tiempo que fuese necesario y la cobraba sin piedad, como si la ofensa hubiera ocurrido en ese instante. Maqroll carecía por completo de todo sentido del dinero. Abdul era generoso sin medida, pero en el fondo , mantenía un balance de pérdidas y ganancias. Maqroll no tuvo jamás lugar sobre la Tierra. Abdl, lejano descendinte de beduinos, añoró siempre al aduar que lo acogía con el calor de los suyos....

martes 15 de diciembre de 2009

"El mundo de los prodigios", Robertson Davies (1975)


El mundo de los prodigios cierra la Trilogía de Deptford, cuyos otros dos títulos fueron oportunamente reseñados ahí atrás. Como el libro sólo encuentra sentido dentro y ligado a la trilogía, probablemente sea ahora buen momento de recordar el comienzo de la misma, cuando un niño lanza a otro una bola de nieve que, esquivada a tiempo, alcanza a Mary Demptser provocándole un parto prematuro y abocándola a la locura. El quinto en discordia contará la historia de Dunstan Ramsay (quien esquiva), Mantícora la de Boy Stauton (el que lanza) y esta última la de Paul Dempster, el hijo abruptamente nacido.

Ese hecho, casual y aparentemente inocente (que -será por la nieve- me recuerda la escena final de Ciudano Kane) será el hilo conductor y la conexión de por vida entre esas tres personas. Tres vidas ligadas entre sí hasta el la aparición del cuerpo de Boy Stauton en el fondo de puerto de Toronto, y que describe magistralmente Davies en cada uno de los libros.

Como ya me he deshecho en elogios en los comentarios anteriores, no me reiteraré bajo riesgo de resultar pesado. Hay simplemente quien tiene un don para escribir, y Robertson Davies lo tenía. Me han parecido todas magnificas, aunque de las tres me quedo con El quinto en discordia, por su poderoso ritmo narrativo y quizá por haber sido el descubrimiento de uno de los mejores escritores que he leído. Aunque probablemente las dos siguientes, algo más pausadas en su desarrollo, tengan más subtexto, como dirían sus propios personajes .

Este Mundo de los prodigios nos cuenta la historia de cómo Paul Dempster acaba siendo el famoso mago Magnus Eisengrim. Un relato que, como toda la trilogía, está lleno de símbolos y demuestra un conocimiento muy profundo de gran variedad de temas, con especial dedicación en este caso a homenajear al mundo del teatro y del ilusionismo. O tal vez a decirnos que no haya mucha diferencia entre el mundo del espectáculo y el espectáculo del mundo.

martes 17 de noviembre de 2009

"El zorro ártico" (Skugga-Baldur), de Sjón (2005)


La literatura islandesa, por increible que pueda parecer en un país de 300.000 habitantes, tiene una rica tradición que viene desde las Sagas, historias en prosa casi siempre anónimas que tienen origen en la época medieval. Eso ayuda a comprender el significado de este libro, que sólo puede medio entenderse en el mar de la rica corriente literaria de Islandia: está tan lleno de códigos, de símbolos y de juegos de palabras que además sin el postfacio de Enrique Bernárdez, su traductor, sería en buena parte ininteligible.

El Skugga Baldur es personaje de la mitología islandesa: mitad gato mitad zorra que devora el ganado. El zorro ártico comienza con la caza de un zorro por Baldur Skuggason, el pastor del pueblo (conviene saber que el zorro es el único depredador de la isla y su caza es una exclusiva del clero) y narra la leyenda de creación del Skugga, partiendo de cuatro historias que se entremezclan sólo al final: Abba, una extraña joven, será la medida tanto de la maldad del ser humano como de la bondad de la que el hombre es capaz; y como no podía ser menos, al final el espíritu del zorro se transformará en el arma de la justicia.

Una historia destacable, contada con elegante sencillez, aunque nos perdamos buena parte de los juegos de palabras (cuenta el traductor como los nombres de los personajes también tienen un significado en la historia) que han hecho que esta obra reciba el premio de literatura del Consejo Nórdico de 2005.

jueves 29 de octubre de 2009

"Amirbar", Álvaro Mutis (1990)


La verdad es que el tiempo vuela. Vengo de repasar los comentarios a los cuatro libros precedentes de la saga de Maqroll el Gaviero ("La nieve del almirante", "Ilona llega con la lluvia", "La última escala del tramp streamer" y "Un bel morir") y les juro que creí que los había leído este año. Y resulta que leía el último de ellos hace catorce meses. Me pasa con estos libros como al Gaviero con sus amigos: no importa el tiempo que pase sin verlos, pero cuando vuelves siempre se continúa la conversación, sin más.

Qué decir a estas alturas de las peripecias de Maqroll. Convalenciente en un hotelucho de mala muerte de Los Ángeles de un grave episodio me malaria es el propio narrador quien lo lleva a un hospital y, para terminar su recuperación, a la casa de su hermano. Allí, en largas veladas en compañía del bourbon, el Gaviero cuenta a sus anfitriones la historia de su peculiar fiebre del oro, provocada por los comentarios escuchados a un gambusino de Vancouver.

Y allá lo tenemos, en busca de oro en las vetas abandonadas de las minas de los Andes. En esta nueva desventura, tenemos todos los ingredientes con los que Mutis dibuja su personaje: la errancia permanente, llevada al extremo de descolocar a un marino en las entrañas de la tierra; la brutalidad innecesaria del ejército, la soledad y el recuerdo de los amigos, la amistad y la bondad de Eulogio, que será su guía en esta nueva locura. Y -como no- la pemanente necesidad de la presencia femenina, que este caso se reparten las figuras de Antonia, que será su compañera y amante en la mina, y Dora Estela, que asume el papel maternal y protector que Maqroll siempre acaba encontrando en todas sus empresas.

Amirbar. Al Emir Bahr. Almirante. El eco que repite el discurrir del agua en la mina. Sonidos que recuerdan al mar al marino que se adentra en la tierra buscando el oro de un nuevo fracaso.

Por favor, que le den ya el Nobel a este hombre.

martes 20 de octubre de 2009

"Némesis", Jo Nesbo (2002)


No es buena cosa comentar los libros por comparación. Tampoco tenía previsto leerlo tan pronto, pero me encontré tirado en Madrid....sin un libro en la maleta, así que faltando a mis principios más elementales, me lo compré en El Corte Inglés (qué mala cosa comprar libros en un supermercado: la señorita no sabía quien era Jo Nesbo y creía que Némesis era una pomada).

Bueno, pues como se ve ahí abajo que acabo de leerme la última de Millenium, les diré que ésta es más. Más absolvente. Más elegante. Más compleja. Más acabada . Y mejor escrita. Aún sin llegar a la altura de Petirrojo, no defraudará a los amantes de la novela negra, porque tiene en muchos capítulos un delicioso aroma a los clásicos norteamericanos. Y sobre todo porque es absorvente y engancha terriblemente...

Un Harry Hole que sigue intentando ordenar su caótica vida marcada por una peligrosa afición por el alcohol investiga un complejo caso de atraco con homicidio al tiempo que se va a ver implicado en la muerte de Anna, una antigua amante. Historias y personajes cruzados, problemas del pasado que vuelven para tejer una red que atrapa desde la primera página hasta el final.

Némesis es la diosa griega de la venganza y de venganza va sobre todo esta novela. Una reflexión sobre la justicia personal vista desde la trastienda del muy ordenado, pulcro y correcto estado del bienestar nórdico.

No se la pierdan.

domingo 11 de octubre de 2009

"La reina en el palacio de las corrientes de aire", Stieg Larsson (2007)


Bueno. La tercera de la serie. En realidad, la continuación de La chica que soñaba con una cerilla un bidón de gasolina. Mejor que la segunda y peor que la primera. Entretenida. Si ha leído las dos primeras, no le queda más remedio.
Y como aprovecho siempre, para leer buena novela negra nórdica, acaba de salir el segundo libro en castellano de Jo Nesbo, Némesis. Yo todavía no lo he leído, pero ya me han dicho en algún comentario por ahí atrás que merece la pena.

domingo 27 de septiembre de 2009

"El cielo es azul, la tierra blanca", Hiromi Kawakami (2001)


Si este libro pudiera olerse, olería a sake. Al sake que, botella tras botella Tsukiko y su viejo maestro de japonés vacían en la taberna de Satoru. Allí acuden, sin cita, y se encuentran o no, para compartir su soledad con el alcohol y la comida. Huele a tofu y huele a soledad.

Poco a poco, una Tsukiko que va a entrar en la cuarentena y el maestro, treinta años mayor y de cuyo nombre no se acuerda, van estableciendo una relación de compañía y dependencia mutua, hecha de ver pasar el tiempo y compartir el taburete de al lado en la taberna. Una historia de amor poco convencional, que progresa con paciencia japonesa y que está contada con la sencillez de un haiku.

No es quizás una novela para los veloces tiempos de hoy: el progreso pausado de la historia, la omnipresencia de la comida y el sake como elementos fundamentales en la narración, el poder del paisaje y del silencio.

Nada occidental (lo que en este caso es un elogio) , con la belleza serena de lo esencial que por aquellos lares se maneja tan extraordinariamente. Una bonita manera de contar sentimientos profundos con párrafos sencillos. Muy zen. Muy japonés. Muy hermoso.

domingo 13 de septiembre de 2009

"La esposa deseada", Naguib Mahfuz (1981)


Si de algo sirve el premio Nobel es para dar a conocer a autores que, de otro modo hubieran pasado desapercibidos. De no ser por estas ediciones baratas que salen -como los hongos- en otoño, nunca hubiese conocido a Naguib Mahfuz.

Con él me pasa como tantas veces: cuando leí El callejón de los milagros no tenía blog, creo que ni siquiera tenía internet, así que aprovecho este comentario para decirles que es un libro absolutamente maravilloso, un pequeño tesoro que describe con impagable dulzura y realismo el pequeño y gran cosmos que vive en el estrecho callejón de Midaq.

Me crié en un pequeño pueblo, así que fue en su momento un descubrimiento fascinante ver muchos de mis recuerdos de infancia trasladados miles de kilómetros, en medio de Egipto. Debe ser que, a pesar del empeño de algunos, no hay tanta distancia entre los seres humanos.

No me pasó sólo a mí. Mi mujer quedó igualmente maravillada de ver en El Cairo que describe Mahfuz muchos de los recuerdos y los personajes de su niñez, así que se convirtió en admiradora irredenta de su obra, y se leyó de un tirón su Trilogía de El Cairo (Entre dos palacios, El palacio del deseo y La azucarera) que, ahora que he vuelto a este autor, no puedo dejar pasar.

Será entonces el momento de hablar también de Naguib Mahfuz, un merecido Nobel, por la calidad de su escritura y por su compromiso en pro de la libertad y la tolerancia que casi le cuesta la vida.

La esposa deseada (me olvidaba), es más de lo mismo: un cuento maravillosamente escrito, aún sin llegar al nivel de El callejón, que nos cuenta la historia de Izzat, un niño hijo de madre rica y que verá toda su vida marcada por una manifesta incapacidad para tomar decisiones, yendo a dónde lo lleva la corriente. Una reflexión sobre la abulia de los que lo tienen fácil, en medio de un entorno -el barrio- omnipresente en toda la obra.

sábado 5 de septiembre de 2009

"La túnica negra", Wilkie Collins (1881)


Conocí la obra de Wilkie Collins hace unos años, cuando nos regalaron "La mujer de blanco", un libro que se autodefinía como el origen del género de misterio, y que -milagrosamente- hacía honor a las maravillas que prometía la portada: una novela fantástica, en que la misma historia es narrada por tres personajes diferentes y que es capaz de mantener la tensión hasta el final como muy pocos autores han sido capaces.

Sé que este no es el libro que toca, pero con él me hice fan de Collins y por eso me compré La túnica negra. Además, para un amante de la literatura , es un placer recomendar un libro del siglo XIX, por el que han pasado más de 125 años, y hacerlo porque mantiene una calidad y una capacidad de enganchar al lector bastante mayor que la saga de Millenium.

Afortunado me siento porque La túnica negra es más de lo mismo. Visto es que Collins, que fue contemporáneo, amigo de Dickens y un escritor muy popular en su tiempo, tenía un don para la creación de historias de misterio, para mantener la tensión en le lector, para hacer giros imprevisibles en el guión y hasta para que los personajes no tengan los papeles tan claros como en las novelas al uso.

Porque así es Wilkie Collins: una historia en que un jesuita, el padre Benwell trata de interponerse entre el amor de la joven Stella y el torturado Romayne, con el fin -no tanto pero también- de convertir a Romayne al catolismo pero sobre todo de hacerse con la herencia en beneficio de la Iglesia. Todo parece una historia clásica, pero no lo es, y sin duda en la galería de personajes que desfilan, todos tienen su papel para hacernos dudar de quién es el bueno y quién es el malo.

En suma, un libro estupendo, que aunque sin llegar a la altura de la fantástica La mujer de blanco, se lee con sorpresa y atención creciente hasta su verdaderamente inesesperado final.

viernes 28 de agosto de 2009

"Mantícora", Robertson Davies (1972)

A mí me gusta leer porque me produce placer. Placer cuando puedo identificame con una historia y placer cuando puedo disfrutar de la belleza de la escritura.

Por eso, si padecen com yo este este mal, les recomiendo a Robertson Davies: entrar en uno de sus libros es recuperar el goce de leer: la intensidad de la historia, la profundidad de las reflexiones, la erudición sin pedantería. Hacía tiempo que no encontraba un conjunto de historias humanas tan gozosamente bien enlazadas y descritas.

Mantícora es el segundo de los libros de la Trilogía de Deptford, que sigue a El quinto en discordia, que reseñaba ahí atrás. Es verdad que puede leerse aisladamente y seguiría siendo una buena obra, pero es dentro de la trilogía como encuentra todo su sentido. Una mirada desde otra óptica a algunos hechos y personajes que aparecían en el primer libro.

Una mantícora, creo que esto puedo anticiparlo, es un animal mitológico con cuerpo de león, cabeza de hombre y un aguijón en la cola. Mito, que tiene mucho que ver con esta trilogía. Y que tiene que ver mucho también con los sueños, que juegan un papel muy importante en esta historia: Boy Staunton ha muerto, ahogado en su coche en el fondo del puerto de Toronto con una piedra en la boca. Si en el primer libro la historia de Boy nos la cuenta su mejor ¿amigo? Dunstan Ramsay, es ahora su hijo David Staunton quien, afectado por la muerte de su padre, acuede a una clínica de psicoanlálisis de Zurich para tratar de revisar su historia y dar solución a muchas interrogantes.

A lo largo de un año de tratamiento con la doctora Von Haller, David hará un feed-back de la historia de su padre y de su propia historia. Análisis que -al margen de algunos conceptos psicoanalíticos junguianos que tal vez espesen por momentos la trama, dará algunas frases verdaderamente antológicas.

Una obra magnífica, con un enfoque y una estructura totalmente diferente a El quinto en discordia, pero íntimamente unida a ésta. Y un escritor extraordinario, que no entiendo como ha podido ser tan tardíamente publicado en castellano. A propósito de Davies, leía en El país que decía Nabokov que el don más importante de un escritor es shamanstvo, una palabra rusa que hace referencia a "la cualidad del encantador". Robertson Davies sin duda iba sobrado.


miércoles 19 de agosto de 2009

"Todos los cuentos", Cristina Fernández Cubas (2008)



Todos los cuentos agrupa (obvio ¿no?) toda la producción de historias cortas de la carrera literaria de Cristina Fernández Cubas. Una autora de cuya existencia -mea culpa- me enteré por los entresijos de la red -internet gratias-. Fueron varios los lugares en los que vi reseñado el libro hablando elogiosamente de su contenido.

He terminado el libro con una sensación un tanto extraña, porque aunque hay de todo, muchas historias me han dejado un poco frío. Tal vez sería más justo, no obstante, no tratarlo como una obra única, porque en realidad incluye cinco libros distintos, publicados desde 1980 (Mi hermana Elba) hasta 2006 (Parientes pobres del diablo). El punto común a todos ellos, que sí reconozco que está magníficamente conseguido, es mantener una atmósfera en el relato que no sé si llamar de inquietud, de desasosiego, de intranquilidad, que te mantiene en la historia esperando a que en cualquier momento pase algo. Eso y que algunas de los temas sobre las que se construyen los cuentos son muy buenas.

No obstante, esos elementos provocan en algunos de los cuentos una cierta sensación de barullo esotérico que no me lleva a ninguna parte, como si estuvieran resueltos a medias. A menos en la mitad de la obra, porque en las historias de dos últimos libros, Con Agatha en Estabul y Parientes pobres del diablo sí veo cuentos mucho mejor rematados, algunos realmente muy buenos (La mujer de verde me ha parecido una obra maestra).

En fin, un libro con contenido dispar, como corresponde a toda una vida literaria, escrito impecablemente y que nos introduce -eso es verdad- en un universo distinto y propio. Y con un prólogo de Fernando Valls que recomiendo que se lean....AL FINAL DEL LIBRO. Debería ser penalmente sancionable poner un prólogo que de destripa las historias...de misterio que vas a leer.

jueves 6 de agosto de 2009

"La maravillosa vida breve de Oscar Wao", Junot Díaz (2008)


En la cocina hay con frecuencia ingredientes que aparentemente no deberían de ir juntos: las lentejas y la pasta, el pollo y las cigalas, la lechuga y las fresas...Qué quieren qué les diga, me costó hasta acostumbrarme a comer piña en la ensalada.

Por eso, durante las primeras páginas de la novela, pensé seriamente en dejarla: no parecía a priori compatible con la buena literatura el mezclar spanglish, palabras de argot dominicano, élficas o razonamientos y comparaciones que van desde los X-Men hasta los personajes de la Tierra Media, pasando por Akira, todos los de la Marvel y la Guerra de las Galaxias. Todo junto y todo revuelto.

Pero ya ven: igual que las fresas en la ensalada, o el pollo con las cigalas, todo es cuestión de seguir un poco más, de hacer el intento, de tomarle el sabor.

Oscar es un nerd. Un chaval dominicano, negro y tremendamente gordo. Inteligente, sumamente enamoradizo, aislado en su mundo de pelis, cómics e historias de fantasía y ciencia ficción. Un tío cuyo mayor problema es su incapacidad para rapar con las jevitas (si les cuesta seguirme, no saben lo que les espera...). Cuyo mayor miedo es ser el primer varón dominicano que muera virgen.

Pero la historia de Óscar es también un pretexto para dar un repaso a muchas otras cosas en clave dominicana: De un lado, el infausto recuerdo de la negra etapa de la dictadura de Trujillo , aquella que también recogía Vargas Llosa en magnífica La fiesta del Chivo (a la que el autor de la novela le manda un par de andanadas). Y también y sobre todo para hablar del papel y de la fortaleza de las mujeres, ejemplificadas aquí por la tía, la madre y su hermana Lola.

No quisiera extenderme más. A pesar de saltarse todas las reglas y alguna más, de mezclar registros, idiomas. De utilizar como recurso narrativo las notas al pie o de disponer la historia en una caótica sucesión de capítulos, el libro es fokin bueno. Jodidamente tierno y terrible a la vez. Como la historia, supongo, de muchos que han tenido que emigrar a los USA. Incluso puede que del autor, que escribe una obra dominicana hasta la médula...en inglés.

Pero como se diría en el libro, Igual es la maldición de la RD, el fukú. O igual es la puta vida.

Ah. Y les juro que sólo después de leerlo me enteré que había ganado el Pulitzer en 2008. Palabrita.

domingo 2 de agosto de 2009

"La zapatilla de cristal", Shotaro Yasuoka (1951-1954)


Con este libro voy a hacer lo mismo que en los diarios deportivos con los jugadores que salen a diez minutos del final del partido: n.c. No califica: la edición es físicamente horrorosa y sólo encuentro una palabra castellana para definirla: cutre. "Pobre, descuidado, sucio o de mala calidad", dice la RAE.

Y además -mejor contratamos un traductor del inglés, que los hay a cientos- la edición es una traducción desde la versión en lengua inglesa. Así que no sé por dónde se han perdido algunas cosas buenas que se atisban en algunos cuentos: si en el que tradujo del japonés al inglés, o en el contratao para traducir del inglés al español. Voy a pensar en traducirlo al gallego, para ir enriqueciendo la cosa.

El Tercer hombre. Y todavía dicen que son una editorial. Señor, señor, ....

lunes 27 de julio de 2009

"El quinto en discordia", Robertson Davies (1970)


En primer lugar, y comenzando por la edición, es sumamente gratificante que Libros del Asteroide se dedique, no ya a rescatar escritores y obras poco conocidas, sino a hacerlo con un resultado final tan sencillo y elegante, que tiene a bien cuidar hasta la tipografía utilizada y agradecer al final al lector el tiempo que ha dedicado al libro. Algo para felicitar a los editores, que han sabido encontrar una línea gráfica que hace identificables sus volúmenes entre los demás.

La obra. Yo no les voy a contar mucho del argumento, porque para mi gusto hasta la contraportada cuenta demasiado. Baste saber quelo que va a leer es lo que Dunstan Ramsay , un profesor al borde de la jubilación, relata al director de su colegio: buena parte de su vida y su relación con Percy Boyd Stauton, criados ambos en el hipotético pueblo canadiense de Depford..Porque Boy Stauton será el hilo conductor de una historia que se prolongará más allá de este libro....

No me quiero liar mucho -tentaciones no me faltan- , pero baste decir que a pesar del escaso tiempo libre que tengo últimamente, he sacado ratos debajo de las piedras para leerlo en cuatro días: un relato aparentemente sencillo, de lenguaje nada artificioso y lectura fácil...en la superficie. Sin embargo, a medida que uno se introduce en la historia, van apareciendo más y más matices que reflejan un análisis minucioso de muchos comportamientos humanos: Ramsay, oscuro profesor experto en vidas de santos, se nos aparece a la luz de su propio examen como un ser intenso en sus sentimientos y en sus experiencias (riqueza interior que tal vez sea como la suya, la mía o la de su vecino ) , un agudo analista de las absurdas convenciones sociales y un sui generis relator de la historia de la primera mitad del siglo XX cruzada por las dos guerras mundiales y la Depresión del 29.

En suma: una obra magnífica, de lo mejor que he leído en mucho tiempo, llena de frases acertadas y pasajes memorables . Y lo mejor del libro, espero, es que hay más: alrededor de esa historia se teje la llamada Trilogía Depford, así que, ahí fuera, me esperan Manticora y El mundo de los prodigios.

Allá voy. No puedo esperar más. Y si no se fía, mire por el ciberespacio y verá que somos muchos los deslumbrados.


lunes 29 de junio de 2009

"Lo que sé de los vampiros", Francisco Casavella (2007)


Llevaba mucho tiempo tentándome este libro. Reacio a los premios literarios (a pesar de ser el Nadal, que pasa por premiar buenas novelas), me resistía a comprarlo una y otra vez, hasta que tuve la oportunidad de leer una reseña en El País. O más que una reseña, un homenaje, porque Francisco Casavella murió, joven, a finales de 2008. No recuerdo de quien era , pero estaba tan llena de afecto, por el autor y por la obra, que me sentí obligado. Aunque no encontré lo que suponía, no me arrepiento.

No busquen vampiros, que si los hay no son los que ustede piensan. Lo que sé de los vampiros es (supongo) una novela histórica, o al menos ambientada en el siglo XVIII. Cuenta, a trazos, la vida de Martín de Viloalle, un joven hijo de un modesto noble gallego, en su errabunda vida por media Europa, en un periplo que comienza con la expulsión de los jesuitas de España y pasa entre otros lugares por Italia y la Francia de la Revolución: Madame Pompadour, Cagliostro, Federico de Prusia, Voltaire o Mirabeau transitan con naturalidad por el relato.

Es difícil hacer una reseña que le haga justicia a este libro. Prefiero empezar con el único pero que le encuentro: la historia en si misma es nebulosa, discontinua, hecha a trazos y devorada por el prodigioso -eso sí- retrato que hace del siglo en que transcurre y de la fuerza de los personajes y los momentos históricos que pueblan el relato. Es la única traba para que sea una obra maestra.

Porque está cerca. He leído pocos libros en castellano tan bien escritos, con un manejo tan hábil del lenguaje que leerlo constituye, cuente lo que cuente, un inmenso placer. Lleve a dónde lleve la historia, me he leído el libro como un breviario, a pequeños trozos. Un verdadero ejemplo de que, muchas veces, lo importante no es la meta sino disfrutar por el camino.